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sábado, 22 de diciembre de 2012

PARA ENTENDER TODO LO QUE PASA...Y LA NAVIDAD NO SUPRIMIDA



 
EL FIN DEL MUNDO YA HA SIDO

 
Nos han tenido distraídos con los neutrinos que viajaban a más velocidad que la luz (para luego descubrir que los cronómetros fallaban), con el calendario maya y los montes de nombres raros (Pech de Thauze; Sirince, Rtanj, etc.) aquí y allá (en Francia, Turquía, Serbia, etc.), donde los “preppers” (los milenaristas de cada año, continuamente expectantes) se iban congregando para ser abducidos por ciudadanos de la Alien Nation; con la humanitaria propuesta de la Asociación Nacional del Rifle americana para brindar protección armada a las escuelas USA; con el “banco malo” que es buenísimo (tan buenísimo que, compuesto por “activos tóxicos”, aun así repartirá dividendos); con la deslocalización de Gerard Depardieu y la generosa oferta de Vladimir Putin de hacerle ruso; con la aparición de 100.000 apps en este año 2012 para los smartphones, que los españoles usan más que nadie en Europa; y, para remate, con la sorprendente iniciativa de elevar 3’9 euros mensuales el salario mínimo en este país.

Pero, en el ínterin de estas distracciones, ha perecido, no ya el Estado de bienestar, sino el Estado como instrumento para aliviar sufrimientos a los más sufrientes, para administrar Justicia a quien la necesite, para regular racionalmente un sistema educativo y mantener funcionando las instituciones educativas necesarias. El Estado no está, en suma, para servir de algo positivo al conjunto de la población. El Estado se mantiene firme sencillamente para financiarse. Y financiado, su función es repartir dolor, especialmente a los funcionarios, que son los efectivos humanos del Estado, pero, a la vez, sus peores enemigos. El Estado no está al servicio de la sociedad, sino al revés y la sociedad es simplemente el territorio para la actividad predatoria del Estado.

El Estado se prepara para reducirse al mínimo, de modo que sólo conste de políticos profesionales, más Notarios y de Registradores, acompañados por Abogados del Estado y Fiscales. Lo demás se privatiza. Se privatiza la nacionalidad, se vende la condición de residente, se privatizan nacimientos, bodas y bautizos, lo judicial se hace administrativo y se lee al revés una Superley llamada Constitución: donde dice “interdicción de la arbitrariedad”, debe leerse “promoción de la arbitrariedad”; donde dice “jerarquía normativa” debe leerse “anarquía normativa”; donde dice “regulación de las incompatibilidades” debe leerse: “eliminación de las incompatibilidades”; donde dice “veinte” debe leerse “siete”; donde dice “Jueces y Magistrados independientes” debe leerse “Jueces y Magistrados eficientes, dependientes del Tribunal Supremo”; donde dice “gratuita” debe leerse “onerosa”; donde dice “con sometimiento pleno a la ley y al Derecho” (las administraciones, los gobiernos) debe leerse “sin sometimiento alguno a la ley y al Derecho”; donde hay una negación debe leerse una afirmación (en vez de “no estarán sujetos a mandato imperativo alguno” léase que “estarán sujetos…”) y donde hay una afirmación (“los españoles son iguales ante la ley”) debe leerse una negación (“los españoles no son iguales ante la ley”, ni son iguales en nada).

La lógica ha desaparecido o ha sido sustituida por lo que, en nuestro antiguo mundo, considerábamos su opuesto o contrario: el absurdo.  Una cosa puede ser y no ser a la vez. Las partes pueden ser mayores que el todo, dos cosas iguales a una tercera son plenamente desiguales entre sí, por ejemplo. Asimismo, en la geometría euclidiana, la línea recta no es la distancia más corta entre dos puntos, los triángulos escalenos pueden ser equiláteros, lo cuadrado puede ser redondo y el ángulo recto hierve a los 45 grados.

El conocimiento no debe fundamentar la acción; la verdad de las cosas es un estorbo global y la democracia, una ilusión obsoleta; la apariencia es la realidad; la imparcialidad y la objetividad son espejismos perturbadores del progreso. Las castas han de robustecerse y consolidarse, en vez de ser eliminadas. Se debe ser juez y parte: nada mejor que juzgar y decidir en causa propia.

El ignorante y el vago deben ser ascendidos y el inteligente y el trabajador, degradados y, finalmente, si no se enmiendan, castigados. El pobre debe ser empobrecido y el rico ha de enriquecerse más. Apláudase la mentira, encómiese el engaño, repruébese la compasión y la generosidad,  vitoréese la codicia habilidosa, despréciese la austeridad discreta.

La libertad era un lujo, con malas estadísticas. Una sociedad de individuos libres y titulares de derechos, algunos inalienables e indeclinables, era un sueño, un delirio excesivo, foco de infecciosas pandemias de rebeldía. Las mujeres y los hombres de este planeta debíamos ser decididamente controlados en los límites de un aprisco sostenible y gobernable por los profesionales del poder. El poder, que es único, tenía que mantenernos a buen recaudo, precisamente para seguir recaudando.

Sí, el fin del mundo ya ha sido. Hace tiempo. Nuestro mundo ha desaparecido y estamos en otro, muy distinto. Y ya es hora de enterarse. Porque quienes se empeñen en aferrarse al mundo extinguido serán multados, proscritos y, si fuere necesario, internados en gulags psiquiátricos o condenados al ostracismo.

PERO LA NAVIDAD AÚN PERMANECE

Con todo, la Navidad permanece tras del fin de aquel mundo. No han tenido tiempo de derogarla por Decreto-Ley. Es un momento mágico en que van a seguir aflorando —están aflorando ahora mismo— los tesoros de la naturaleza humana, tampoco enteramente suprimida y totalmente cambiada: el amor al otro, el consuelo de la amistad y de la familia, el sentimiento de la hermandad general, la compasión, la necesidad del perdón que se pide y se otorga, el anhelo de grandes cosas, el instinto de remediar generosamente las necesidades de quienes sufren más, la pasión por que se dé a cada uno lo suyo. Para los creyentes, esta Navidad intacta añade a todo eso la convicción, inexplicablemente inconmovible pese a la prolongada agonía del mundo, de que hay un Dios, que quiso hacerse Niño y sufrir lo indecible y que, a fin de cuentas, cuida paternalmente de cada uno de nosotros.

A Él podemos decirle que sabemos cómo, especialmente ahora en Navidad, está,  como si dijéramos, bajando de las estrellas. Tu scendi dalle stelle. Así lo canta, muy a modo suo,  Lucio Dalla: http://www.youtube.com/watch?v=6q4E2O6fB-4

 

Tu scendi dalle stelle,                                Tu bajas de las estrellas
O Re del cielo,                                           Rey del Cielo
e vieni in una grotta                                   y vienes en una gruta
al freddo e al gelo.
(2 v.)                           al frío y al hielo.

O Bambino mio divino,                               O Niño mío divino
io ti vedo qui a tremar;                                te veo aquí temblar
o Dio beato !                                               ¡O Dios Santo,
Ah, quanto ti costò l'avermi amato!
(2 v. )  ay, cuánto te costó haberme
                                                                      amado!

A te che sei del mondo                               A Ti, que eres del mundo
il Creatore,                                                el Creador,
mancano panni e fuoco,                             te faltó pan y calor
o mio Signore.
(2 v.)                                  O mi Señor.

Caro eletto pargoletto,                                 Querido pequeño elegido
quanto questa povertà                                  cuánto más esta pobreza
più m'innamora,                                            me enamora
giacche per nostro amor tu soffri ancora.   pues que por nuestro amor
                                                                      sufres aún
.

Habrá, pues enseguida, una noche plácida, que nadie nos puede arrebatar, una Notte Placida, como ésta del antiguo villancico italiano: http://www.youtube.com/watch?v=ptkL8MHn9xk  Y podremos quizá proponernos luchar por un nuevo mundo.

 

miércoles, 25 de abril de 2012

LA BATALLA ECONÓMICA USA-UE (y II)



MANHATTAN: MOTOS, NO;  LIMUSINAS, SÍ


No circulan motos en Manhattan. Se ven, en cambio, esas limusinas gigantescas, sin las que parece que a la Gran Manzana le faltaría uno de sus iconos distintivos, un rasgo de su incomparable fisonomía, un ingrediente de su específico glamour. Esas limusinas -que han comenzado a utilizarse, alquiladas, en grandes ciudades europeas- son como la apoteosis hiperbólica del automóvil, plantada en el mejor escaparate del gran país del Ford T. Son el no va más de lo que en España llamamos, durante tantas décadas, el cochazo. Así decíamos, porque los cochazos eran, por definición, apodícticamente, los “coches americanos”.

Pues no crean que la ausencia de motos en Manhattan es por incompatibilidad con la imagen, el carácter y el glamour neoyorkinos, porque las motos destrozarían el ambiente como podrían hacerlo en Paris dos docenas de planeadoras que surcasen a toda marcha el Sena junto a los apacibles bateaux mouches. El fenómeno no puede tener una causa más prosaica. Apenas hay motos en Manhattan a causa del pésimo estado de las calzadas. Las limusinas, con suntuosa suspensión a juego con lo demás, no lo notan. Los motoristas probablemente sufrirían bajas mortales. No me extrañaría que la abundancia de “yelow cabs”, otro icono de NY, se deba al propósito de que sean principalmente esos destartalados cacharros los que afronten un pavimento penoso. Las limusinas, por su parte, simbolizan bien la desmesura del culto a la riqueza o a su apariencia.

Viene esto a cuento de la situación económica en general y, en particular, de los EE. UU., patria de millones de personas trabajadoras y generosas (lo tienen archidemostrado históricamente), pero también de los dominadores de esos “mercados”, que, no sin motivos poderosos, no creen en España y ya, en los últimos días, tampoco creen en Europa: ni en Merkel, ni en Sarkozy/Hollande ni en el euro ni en el Banco Central Europeo (BCE).

El gran ejemplo de entidades que han enfangado y confundido el estado económico del mundo hasta el punto de convertirlo en una aporía insoluble lo han dado gigantes económicos de los EE.UU. como Enron (repasen esta edificante historia googleando un poco: no tiene desperdicio) y Arthur Andersen (cooperador necesario de Enron) (les recomiendo, para el week-end próximo, ver este documental: “Enron: los tipos que estafaron a América”: http://www.youtube.com/watch?v=mnyzZ7r1zdA) (para ponerse en ambiente antes, con datos en general fiables, pueden leer varios papeles, por ejemplo: http://www.monografias.com/trabajos12/posible/posible.shtml). Estos chicos de Enron -los más listos entre los superlistos- fueron pioneros en convertir materia prima energética (en concreto, gas natural) en “productos financieros”, bursátiles, manipulando el valor y convirtiendo el real (razonablemente calculado) en un valor absolutamente subjetivo, pero que funcionó bastante tiempo (el suficiente para enriquecer enormemente a unos cuantos, empobreciendo a muchos).

Pero también en EE.UU. nació y quebró Lehman Brothers  (v. http://es.wikipedia.org/wiki/Lehman_Brothers), sobre la que la BBC produjo un excelente documental relativo a sus últimos días (otro entretenimiento para el week end, sea el próximo o el siguiente: http://www.documaniatv.com/social/los-ultimos-dias-de-lehman-brothers-video_202413eeb.html) (es opinión casi unánime que el documental es muy superior a la película  Margin Call, que parece tratar de LB, pero sin citar una sola vez a la compañía). Y vuelvo a recomendar muy vivamente el documental Inside Job, tras contrastar su contenido con un amigo muy experto en finanzas y extraordinario conocedor del mundo bursátil y de la reciente historia económica de los EE.UU (vale la pena comprar el DVD, para verlo y escucharlo a gusto y guardarlo como documentación, pero les dejo este link con el que ahora mismo acceden on line legalmente y con más que decente imagen y sonido en su PC:  http://vimeo.com/27292661). Para terminar con los botones de muestra, en el post I de esta mini-serie he aludido ya a la trayectoria, no precisamente edificante, de Merrill Lynch y Citigroup, principales e instantáneos críticos de los esfuerzos españoles. De Goldman Sachs poco espacio es necesario ocupar aquí (datos suficientes en http://es.wikipedia.org/wiki/Goldman_Sachs): las han hecho de todos los colores y ahí (es decir, aquí) siguen: a diferencia de España, donde la quiebra o concurso de acreedores de un banco o de una compañía importante rarísimamente permite que revivan, todos estos gigantes USA con pies de barro, que se derrumban estrepitosamente con miles de perjudicados y escándalos penales, resucitan en dos o tres años.

De todo lo anterior, que son sólo unos pocos ejemplos, quiero concluir que desde las tribunas y foros y económicos estadounidenses debieran mirar los problemas ajenos -los europeos y los españoles, por ejemplo- con una mezcla de pudorosa y comprensiva moderación -dada la nacionalidad USA de la crisis y los malos ejemplos del mundo estadounidense- y de una capacidad de análisis completo, sereno y certero, que sin duda poseen no pocos expertos norteamericanos. Cuando estas características no se aprecian en lo que sale de los foros y tribunas económicas USA (que, al contrario, rezuman con excesiva frecuencia acidez, mal disimulado alborozo por los males ajenos y, por añadidura, un tono de superioridad, no ya técnica, sino incluso moral, que ya es el colmo), no es insensato pensar que, no sólo no reconocen su parte de culpa en los apuros ajenos, sino que, en conjunto, con excepciones de muy minoritario conocimiento, el mundillo estadounidense de la selección de noticias y del comentario y análisis en el ámbito económico ha adoptado una posición de neta beligerancia. Están más preocupados por censurar y dañar a los demás que por explicar y ayudar a todo el mundo e incluso a ellos mismos. Están en guerra, están librando una batalla y, aunque no descuiden otros frentes, uno de gran importancia es Europa y, en especial, la eurozona y los países encuadrados en ella.

En esa batalla de ideas, impresiones y datos, paso a trasladarles, ante todo, mi impresión sobre el enemigo, impresión que no creo haber formado a la ligera.  En síntesis: los Estados Unidos de América andan muy regular tirando a bastante mal, aunque haya unos cuantos, pocos, enriqueciéndose mucho, incluso de forma indescriptible. Las motos no pueden circular por Manhattan porque las calzadas de la fascinante Nueva York están hechas una pena (mordiéndome la lengua y los dedos con que tecleo, logro sustituir shit por pena). En los USA sufren repetidamente apagones eléctricos masivos, casi impensables en Europa. El país de la poderosísima industria del automóvil, con la General Motors como abanderada general (“cuando la General Motors estornuda, América se resfría”: este dicho fue certero durante muchas décadas), empezó a ir por detrás y a rastras de europeos y asiáticos hace bastantes años. GM quiebra en 2009 y a los dos años, with a little help of my friends (p. ej., 50.000 millones US$ del US Government), ya se había rehecho (de lo que me alegro, que conste), pero el ideal del acomodado US citizen sigue siendo un vehículo BMW, Mercedes, Porsche o Audi (por no hablar de Ferrari) y el menos acomodado se lanza a por los coches orientales. En cuanto a ferrocarriles, la red ferroviaria es vieja y no se renueva a fondo al menos desde Eisenhower. Ni un solo trayecto con tren de alta velocidad (TAV) en EE.UU. Pero es que los EE.UU., siempre adelantados en aviación, están siendo igualados e incluso superados por EADS/Airbus, que puede ganar la batalla a Boeing/General Dynamics, etc. Hay, sin duda, muchos sectores económicos en que los EE.UU. siguen por delante, pero a cualquier viajero atento, español o de cualquier otro país de Europa Occidental, le pueden llamar la atención diferencias bien visibles y significativas en cualquier viaje a los EE.UU., sin necesidad de recalar en las diferencias entre los sistemas sanitarios, como es muy frecuente. En limpieza, estado de las calles, mobiliario urbano, transportes públicos, accesos y comunicaciones por carretera, no pocas ciudades europeas (también, desde luego, muchas españolas), superan con mucho a nuesta admirada Nueva York y a otras ciudades de los Estados Unidos. Si quieren un último ejemplo, la reacción ante catástrofes como la de Nueva Orleans y la del vertido del Golfo de México no son precisamente muestras de potencia y determinación para la consecución del bien común, si es que este concepto aún les resulta comprensible a los dirigentes de los EE.UU., con Barak Obama, el Gran Incumplidor, a la cabeza (el hombre que no ha hecho nada de lo que prometió y que ha hecho, eso sí, todo lo contrario, comenzando por someterse al sector financiero de su país).

Pero vean ahora lo que hay en materia de deuda USA, no sin antes recordar que “billion” es, para los norteamericanos, no un un millón de millones, sino simplemente mil millones: un millón de millones es one trillion. La deuda USA, a 1 de enero de 2012, es de $15,170,600,000,000, es decir, más 15 millones de millones de dólares (quince trillones en su terminología, 15 billones en la nuestra). Los Estados Unidos deben ahora más dinero que su producción anual (PIB), cifrada en $15,064,816,000,000. Hay quien sostiene -y parece que con buenas fuentes, del mismo Tesoro USA- que los compromisos de pago que el US Government) sabe que tiene que afrontar, con no sabe qué ni cómo, alcanzan los 114,5 billones (nuestros) de dólares (v. http://vanityfea.blogspot.com.es/2012/01/deuda-usa.html).

¿Por qué, pese a algunas aisladas voces de alarma, esta situación, malísima para todos, apenas se airea, mientras las dificultades de los países europeos son voceadas por Wall Street Journal, New York Times, etc.? En parte, porque los mejores analistas norteamericanos, por un patriotismo que me parece explicable y en cierta medida incluso envidiable, rehuyen empeorar la situación de su país con sus publicaciones, que, además, serían duramente criticadas como catastrofistas por el entorno y el sistema (es, pienso, el caso de John Mauldin, un muy respetado analista y escritor: sus newletters resultan muy interesantes, documentadas y serenas). Pero también, en una parte mayor, porque a los patrones o mandamases de la política y de la economía -muy simbiotizados desde hace tiempo- NO LES INTERESA hablar de su propia casa. Lo entiendo. Lo que digo es que su beligerancia contra Europa es muy clara y tan clara como ilegítima.

En los EE.UU. no sólo se mantienen, sino que aumentan en la población unas diferencias sociales y económicas incomparablemente mayores que las de los países europeos civilizados (entre los cuales incluyo a España, claro está). Pero los mejores cerebros económicos USA siguen preferentemente dedicados a sacarle rentabilidad al dinero de sus dueños o arrendadores en vez de a mejorar, no ya la situación mundial, sino la de su propio país. Y mientras idean cómo enriquecer más a sus dueños o arrendadores y enriquecerse más ellos mismos, se les da una higa la suerte de este mundo que han contribuido a sumir en la confusión, engañando o sobornando a los gobernantes y explotando a los gobernados (en primer lugar a los ciudadanos USA).

La producción USA en China es un escándalo plurifacético (del que el caso de Apple sólo es ejemplo más significativo). Se ha estimado que medio millón de empresas americanas se han establecido en China. It’s OK si se piensa sobre todo (aunque no exclusivamente) en China como mercado de consumo, pero no es tan OK si se piensa en mano de obra baratísima. Desde que el complejo dirigente político-financiero permitió a China entrar en la Organización Mundial de Comercio (OMC) hasta nuestros días han recorrido un camino muy largo, sin decencia ni patriotismo. Es probable que ya no les quede mucho camino, pero, por ahora,  siguen consintiendo todas las trampas del Gobierno chino y la absoluta opacidad de su economía, porque aún se aprovechan de ella.

Así las cosas, Europa es el gran competidor y, en especial, la eurozona. Y si nos vamos devaluando -también, por supuesto, por nuestros propios errores- podrán comprar muy baratos los activos europeos e incluso la mano de obra. Además, hablar de la crisis europea, globalmente o por partes, distrae a los US citizens de las propias debilidades, causadas, en grandísima medida, por las fechorías de sus dirigentes. Eso, la distracción, es -lamentablemente, pero lo sabemos con certeza- del máximo interés de los políticos y de los financieros. Ni que decir tiene que en la batalla EE.UU-UE, los estadounidenses pelean con ventaja. Ellos están sujetos por menos reglas y sus mecanismos de decisión y de actuación son mucho más sencillos. Europa pelea con una mano atada a la espalda, como me decía un amigo (su política arancelaria y su desfase entre crecimiento económico, población y prestaciones sociales, a las que, en sustancia, no quiere renunciar, son lastres respecto de la economía estadounidense). Y, por si fuera poco, los cerebros económicos europeos no atinan demasiado.

Ya termino, por hoy. Y me parece que debo hacerlo con alguna elevación por encima de la economía y apuntando a asuntos más básicos, a criterios elementales y fundamentales de nuestra vida social, que deberíamos procurar no perder en Europa. Quizá los Estados Sociales y Democráticos de Derecho europeos no sean ya sostenibles sin muchas podas de extravagancias introducidas por ilusos y manirrotos, pero, como idea de la sociedad y del Estado, peores, no son peores, sino más bien mejores, que el establishment USA (es decir, todo lo producido tras su controvertida Constitución). Aquí (me refiero ya a España) ha habido hipertrofia estatal, corrupción, despilfarro y superendeudamiento, pero, por ejemplo, la Seguridad Social no es una mala idea, como no lo es que los españolitos se puedan plantear y se planteen acudir al Juzgado, aunque no sean económicamente fuertes. Son buenas ideas y fueron buenas realidades, como lo era, durante un tiempo, la de unas Universidades decentes, abiertas a quienes no necesitaban andar económicamente sobrados. Hoy, España está en una crisis tremenda y Europa en una muy grave, aunque muchos europeos no se hayan dado los gustazos que los poderes públicos españoles (demasiado numerosos: una clase endogámica y endofágica) se han permitido desde hace mucho tiempo, pero la crisis económica y social de los EE.UU. es enorme, gravísima. La erosión de todas sus instituciones, sencillamente espantosa. Y, desde luego, no están en condiciones de darnos lecciones sobre modelos (el jurídico y judicial, por ejemplo, es lamentablemente elitista, pese al papanatismo fervoroso con el que aquí se mira aún) y tampoco sobre el uso de los fondos públicos. Los Estados Unidos de América son un gran pueblo, al que admiro por muchos motivos y en muchos aspectos. Pero sólo sin ojos o con ojos provistos de estrechas anteojeras o sin cerebro, con el añadido de una pavorosa incultura, puede admirarse e imitarse todo lo estadounidense y menos aún, sin duda, sus peores defectos. Lo grande del caso es que esta llamada de atención no es mía, entre unos cuantos europeos, sino que nos llega constamente desde ese extraordinario país de América. Los mejores norteamericanos nos lo dicen de mil formas distintas. Basta ver y leer.

sábado, 5 de diciembre de 2009

RELEER A ALEXANDER SOLZHENITSYN (I)


ANTE LA CRISIS, CORAJE Y ALTURA

Cuando la crisis es en muchos paises tan indisimulablemente grave en las más diversas facetas (convivencia pacífica y segura, economía, libertad real, igualdad sustancial, justicia, trabajo digno, protección de los más débiles) y cuando esos países están constituidos en Estados democráticos, es hora de mirar un poco más allá de las estructuras y de las normas constitucionales y legales. Porque algo o muchas cosas están fallando estrepitosamente y, salvo para ciegos voluntarios o voluntarios miopes agudos, se impone la evidencia de que las normas y las estructuras no bastan para una vida digna, no bastan para evitar que vivamos sumidos en una atmósfera de corrupción, falsedades masivas, hirientes injusticias y desigualdades, coacción o pura negación de la libertad, villanía e incoherencia.

Muchos habían visto ya (desde los clásicos griegos) que las leyes y las estructuras no garantizan la felicidad de las naciones (de la polis o de la civitas) y de sus habitantes, pero hoy me vuelvo hacia un hombre, que hace más de 20 años, contemplaba y describía nuestro mundo occidental con ojos nuevos, mente abierta, meditadas y probadas convicciones, un talento excepcional para expresarse y un corazón sensible, acrisolado por el sufrimiento propio y ajeno.

Me refiero a Alexander Solzhenitsyn. Un escritor fuera de lo corriente -no hay más que leer, sin necesidad de llegar al excepcional Archipiélago Gulag (1975 y 1978), Un día en la vida de Iván Denisovich, Pabellón del cáncer o El Primer Círculo- al que se concedió un indiscutible e indiscutido Premio Nobel de Literatura en 1970. Pero Solzhenitsyn, una personalidad extraordinaria por muchos conceptos, difícilmente menospreciables o desdeñables (pero, de hecho, menospreciados y desdeñados, hasta nuestros días), comenzó a vivir su libertad en Occidente diciendo lo que había vivido y, lo que fue peor para su “éxito”, lo que estaba viviendo y viendo en nuestro mundo. Y entonces, tras haber dejado atrás más de cuarenta años estalinistas y soviéticos, y aunque había sido inicialmente reconocido en Occidente como un gigante literario y moral, empezó para él una segunda odisea, una suerte de Gulag soft. Se había convertido en un sujeto muy incómodo, muy perturbador. Había que anularle. Los “progresistas” españoles -que ostentan, entre los “progresistas” de todos los continentes, el record de zafiedad sectaria e intolerante- llegaron a pedir que se reinventaran los gulags para él. Tantos cientos de cosidetti intelectuales, escritores y artistas que se habían negado a ver la realidad soviética o que, más aún, expresamente formaron coro de alabanzas, no soportaban de Solzhenitsyn ni lo que había historiado ni lo que estaba diciendo. No tardó una década en ser estigmatizado y condenado al ostracismo, a la "nada" social e incluso literaria por la cultura dominante, por la corrección política, el pensamiento débil y el pensamiento único del neocapitalismo. Los mismos elementos que, si bien se mira, han sido decisivos en la tremenda crisis social y económica que sufre nuestro mundo, por mucho que desde Wall Street hasta Shangai, pasando por la City londinense, se esfuercen en disimular lo ocurrido y sus raíces, en ignorar los efectos colaterales humanos y en enarbolar cualquier indicador de recuperación, para que todo siga igual.

Poco antes de su marginación por el stablishment occidental, Alexander Solzhenitsyn pronunció en la Universidad de Harvard, el 8 de junio de 1978, un discurso, que se convirtió en un pieza clásica, pese al escándalo que provocó en los bienpensantes sostenedores de la corrección dominante y de la disidencia ornamental que era, por su inocuidad política y económica, no ya tolerada, sino incluso bienvenida para el montage pluralista. Un montage, un montaje, que sigue vigente ahora mismo.

Hoy reproduzco en negrita algunos párrafos de ese discurso, que se títuló “A world split apart”, (en inglés, tal como se pronunció, pueden leerlo, p. ej., en este link: http://www.columbia.edu/cu/augustine/arch/solzhenitsyn/harvard1978.html.)

No comentaré los párrafos, porque no debiera ser necesario y por no alargar esta entrada. Sólo me permito enfatizar mediante cursiva ciertas frases.

Después de unas primeras palabras de saludo, Solzhenitsyn dijo:

“El lema de Harvard es ‘Veritas’. Muchos de ustedes ya han aprendido y otros lo aprenderán a lo largo de sus vidas que la verdad nos elude si no nos concentramos plenamente en alcanzarla. Pero incluso mientras nos elude, la ilusión por conocerla todavía persiste y nos lleva a algunos desaciertos. Además, la verdad raramente es grata; casi siempre es amarga.”

(…)

El declive del coraje puede ser la característica más sobresaliente que un observador imparcial nota en Occidente en nuestros días. El mundo occidental ha perdido en su vida civil el coraje, tanto global como individualmente, en cada país, en cada gobierno, en cada partido político y, por supuesto, en las Naciones Unidas. Tal descenso de la valentía se nota particularmente en las élites gobernantes e intelectuales y causa una impresión de cobardía en toda la sociedad. Desde luego, existen muchos individuos valientes, pero no tienen suficiente influencia en la vida pública. Burócratas, políticos e intelectuales muestran esta depresión, esta pasividad y esta perplejidad en sus acciones, en sus declaraciones y más aún en sus autojustificaciones tendentes a demostrar cuán realista, razonable, inteligente y hasta moralmente justificable resulta fundamentar políticas de Estado sobre la debilidad y la cobardía. Y este declive de la valentía es acentuado irónicamente por las explosiones ocasionales de cólera e inflexibilidad de parte de los mismos funcionarios cuando tienen que tratar con gobiernos débiles, con países que carecen de respaldo, o con corrientes desacreditadas, claramente incapaces de ofrecer resistencia alguna. Pero quedan mudos y paralizados cuando tienen que vérselas con gobiernos poderosos y fuerzas amenazadoras, con agresores y con terroristas internacionales.”

“¿Habrá que señalar que, desde la más remota antigüedad, la pérdida de coraje ha sido considerada siempre como el principio del fin?”

“Cuando se formaron los Estados occidentales modernos, se proclamó como principio fundamental que los gobiernos están para servir al hombre y que éste vive para ser libre y alcanzar la felicidad. (Véase, por ejemplo, la Declaración de Independencia norteamericana). Ahora, por fin, durante las últimas décadas, el progreso tecnológico y social ha permitido la realización de esas aspiraciones: el Estado de Bienestar. Cada ciudadano tiene garantizada la deseada libertad y los bienes materiales en tal cantidad y calidad como para garantizar en teoría el alcance de la felicidad, en el sentido moralmente inferior en que ha sido entendida durante estas últimas décadas. En el proceso, sin embargo, ha sido pasado por alto un detalle psicológico: el constante deseo de poseer cada vez más cosas y un nivel de vida cada vez más alto, con la obsesión que esto implica, ha impreso en muchos rostros occidentales rasgos de ansiedad y hasta de depresión, aunque sea habitual ocultar cuidadosamente estos sentimientos. Esta tensa y activa competencia ha venido a dominar todo el pensamiento humano y no abre, en lo más mínimo, el camino hacia el libre desarrollo espiritual. Se ha garantizado la independencia del individuo a muchos tipos de presión estatal; la mayoría de las personas gozan del bienestar en una medida que sus padres y abuelos no hubieran siquiera soñado con obtener; ha sido posible educar a los jóvenes de acuerdo con estos ideales, conduciéndolos hacia el esplendor físico, felicidad, posesión de bienes materiales, dinero y tiempo libre, hasta una casi ilimitada libertad de placeres. De este modo ¿quién renunciaría ahora a todo esto? ¿Por qué y en beneficio de qué habría uno de arriesgar su preciosa vida en la defensa del bien común, especialmente en el nebuloso caso que la seguridad de la propia nación tuviera que ser defendida en algún lejano país?”

“Incluso la biología nos dice que la seguridad y el bienestar extremo habitual no resultan ventajosos para un organismo vivo. Hoy, el bienestar en la vida de la sociedad occidental ha comenzado a revelar su máscara perniciosa.”

La sociedad occidental ha elegido para si misma la organización más adecuada a sus fines, basada, diría, en la letra de la ley. Los límites de lo correcto y de los derechos humanos se encuentran determinados por un sistema de leyes, y son límites muy amplios. La gente en Occidente ha adquirido una considerable capacidad para usar, interpretar y manipular la ley (aun cuando estas leyes tienden a ser tan complicadas que la persona promedio no puede ni comprenderlas sin la ayuda de un experto). Todo conflicto se resuelve de acuerdo a la letra de la ley y este procedimiento está considerado como una solución perfecta. Si uno está a cubierto desde el punto de vista legal, ya nada más es requerido. Nadie mencionaría que, a pesar de ello, uno podría seguir sin tener razón. Exigir una autolimitación o una renuncia a estos derechos, convocar al sacrificio y a asumir riesgos con abnegación, sonaría a algo simplemente absurdo. El autocontrol voluntario es algo casi desconocido: todo el mundo se afana por lograr la máxima expansión posible del límite extremo impuesto por los marcos legales. (Una compañía petrolera es legalmente libre de culpa cuando compra la patente de un nuevo tipo de energía para prevenir su uso. Un fabricante de un producto alimenticio es legalmente libre de culpa cuando envenena su producto para darle más larga vida: después de todo, la gente es libre no comprarlo.)”

“He pasado toda mi vida bajo un régimen comunista y les diré que una sociedad carente de un marco legal objetivo es algo terrible, en efecto. Pero una sociedad sin otra escala que la legal tampoco es completamente digna del hombre. Una sociedad basada sobre los códigos de la ley, y que nunca llega a algo más elevado, pierde la oportunidad de aprovechar plenamente lo mejor de las posibilidades humanas. Un código legal es algo demasiado frío y formal como para poder tener una influencia beneficiosa sobre la sociedad. Siempre que el tejido de la vida se teje de relaciones juridicistas, se crea una atmósfera de mediocridad moral, que paraliza los impulsos más nobles del hombre.”

“Y será simplemente imposible enfrentar los conflictos de este amenazante siglo con tan sólo el respaldo de una estructura legalista.”

El “amenazante siglo” del horizonte de 1978 es lo que estamos viviendo ahora. Las palabras de Solzhenitsyn suenan a profecía cumplida. Me parece que sólo eran valentía al expresar un análisis sólidamente fundado en el conocimiento de la condición humana y de su historia. El Derecho y el Estado de Derecho son bienes preciosos. Pero sin elevación espiritual y moral, sin la altura intelectual que proporciona el esfuerzo y la genuina libertad, ya vamos camino no sólo de perder el Derecho y el Estado de Derecho, sino incluso de que sea insostenible el Estado de Bienestar.