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jueves, 16 de diciembre de 2010

EL DERECHO, A LA ESCUPIDERA DEL CONSEJO DE MINISTROS: VUELTA A LA “LÓGICA” DEL “GAL”


APOTEOSIS DEL "PENSAMIENTO ALARMANTE"
La destrucción del Estado de Derecho empezó en serio con la expropiación de RUMASA y la posterior bendición de esa expropiación en la Sentencia 111/1983, de 2 de diciembre, por la mayoría mínima del Tribunal Constitucional (empate a votos, pero voto dirimente del entonces Presidente, Manuel García Pelayo). Y ha terminado -finito, kaputt, killed- con el Real Decreto 1673/2010, de 4 de diciembre, “por el que se declara el estado de alarma para la normalización del servicio público esencial del transporte aéreo”, con el funeral de su más que probable prolongación, ya decidida por el “Gobierno de España” (“GdE”) y a la espera de la aprobación del Congreso de los Diputados. Decretar el “estado de alarma” ilegalmente, mantenerlo ilegalmente y prolongarlo ilegalmente ha sido estrenar en la historia de nuestra reciente y nunca consolidada democracia lo que se hacía, con mayor y más fundamento legal, en la dictadura franquista. Se trata de un colofón perfectamente proporcionado a la magnitud e importancia de la paulatina demolición del Estado de Derecho establecido en la Constitución de 1978. Entre aquel puente de la Inmaculada del año 1983 y éste del 2010, el Estado de Derecho ha sufrido muchos traumas, amputaciones y enfermedades, incluídas, por supuesto, las venéreas. Pero ahora se ha enterrado vilmente el Derecho y se ha prostituido al Estado, convertido en un monstruo sin entrañas y sin otro rumbo que su máxima continuidad posible en el tiempo para beneficio de una pequeña minoría de españoles -los jefes de la partitocracia- que han hecho de la existencia de este Estado su modus vivendi, su industria extractiva, su empresa personal a coste cero.
Lo que hicieron los controladores estuvo muy mal. Pero el Estado nunca puede ponerse al nivel de quienes, en ocasiones, carezcan de consideración hacia sus conciudadanos. El Estado es una máquina jurídica y legal: jurídica y legal en su raíz legitimadora y necesariamente jurídica y legal en su comportamiento. Podemos comprender e incluso disculpar -que no es justificar- a un conjunto de trabajadores que nos dejan sin Metro o sin transporte aéreo. No podemos comprender ni disculpar ni justificar a quienes utilizan la máquina del Estado haciéndola funcionar en contra de aquello que la legitima y para su exclusivo y personalísimo beneficio. Los ciudadanos que, pese a tantos abusos, aún nos creíamos sustancialmente libres, vemos que el “GdE” no se iguala simplemente con un grupo profesional que paraliza servicios esenciales, no se sitúa al mismo nivel de quienes ese “GdE” denomina “chantajistas”, “privilegiados”, “secuestradores”. No: el "GdE" supera enormemente en bajeza y terriblemente en gravedad a la desmesurada reacción de un colectivo previamente machacado sin pausa durante muchos meses (todo hay que decirlo).
Como los controladores son (o eran) unos privilegiados retributivamente y son pocos, son malos. Y si, además, caen en mi trampa y hacen algo muy mal, no son malos, sino “los malos”, de modo que, para este “GdE”, todo vale. Es, si bien lo miran, la misma lógica del “GAL”: contra los etarras, pistoleros a sueldo y cal viva, pagando todos los españoles las primas por asesinato. «Esto está justificado -pensaron y siguen pensándolo: lo ha confesado hace poco ese enfermo ególatra que es el Gran González- porque se trata de “los malos”». Y contra “los malos” todo vale. Todo vale cuando soy yo, claro, quien decide quiénes son “los malos” y tengo a mi disposición el BOE, el dinero de los españoles y hasta las pistolas.
La gente que quiso empezar por vía aérea el mega-puente festivo de comienzos de este mes lo pasó mal, muy mal. Pero querría yo que intentasen imaginar lo que es -desde hace tiempo, pero más ahora- dar clases en una Facultad de Derecho, en España, como si en España hubiese de verdad un Estado de Derecho, cuando no es que no lo haya, sino que su misma idea está siendo escarnecida bellacamente. Sin duda, algunos colegas han desarrollado una epidermis paquidérmica y de algunos sé que no leen los periódicos y se han aislado de toda información.. Esos pueden abstraerse y hablar de los temas de su asignatura que correspondan como si estuviesen en Heildelberg o en Alfa-Centauro. Pero no somos pocos los que nos vemos obligados a un esforzadísimo disimulo de la tristeza interior más profunda, como si por dentro llorásemos ante las ruinas de Itálica y oyésemos, Patria, tu aflicción, a todas horas.
EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS. Estas palabras deben figurar cuanto antes, en gigantescas letras, compuestas con gruesas cadenas y alambre de espinos, en el frontispicio de todas las Facultades de Derecho. Una vez advertidos bien a las claras de lo que hay, los que entren en esas Facultades verán que en ellas se enseña a conocer y a apreciar en cuántas materias y ocasiones y hasta qué punto y de cuántos muy diversos modos puede el poderoso afrentar, dañar, lesionar, engañar, defraudar y explotar antijurídicamente a quien carece de poder, propio o prestado. Porque al débil no le protege ya el Estado de Derecho, impensable e imposible sin Derecho. Las Facultades de Derecho son ya los recintos en cabe aprender las iniquidades, los abusos y los dolores todos contra el Derecho, convertido en salivazos de los delincuentes de cuello blanco, que trituran y mascan con sus dientes la Constitución y las leyes, escupiéndolas después a los antihigiénicos recipientes de loza blanca, que creíamos desaparecidos, pero han tenido que ser recuperados.
Un nuevo pensamiento: el pensamiento alarmante
Lo peor de todo es el conformismo. Porque mucho peor que el abuso del tirano es la aceptación, incluso complacida, de la tiranía. En realidad, no oímos la aflicción de la patria, sino el balido de los corderos. Un gran diario nacional ha consultado a sus lectores internéticos y casi el 60 por ciento eran partidarios de despedir a todos los controladores aéreos. Así funciona de bien la maquinaria de los Rubalcabas, los Pepiños, los González, los Jáureguis, engrasada por un descontrol imperdonable de los controladores y por la envidia y el rencor social, que, paradójicamente, saben atizar muy bien en los mal pagados y mal tratados ciudadanos, justo aquellos que los malpagan y maltratan, esto es, unos cuantos politicastros sin oficio conocido, vividores que no se privan de nada con el dinero de todos. La propaganda más estúpida y sucia funciona tan bien que 60 de cada cien ciudadanos, agobiados por unos gobernantes incompetentes, están dispuestos a que España se quede sin comunicación aérea. Algo así, completamente ilógico, ha sido fruto del nuevo pensamiento: el pensamiento alarmante. El pensamiento alarmante conduce a alinearse con el suicidio colectivo, que sería también la miseria para muchos y la penuria para todos. Por eso es alarmante.
Tenemos un Fiscal General del Estado que lleva bastantes días amenazando públicamente con la cárcel a los controladores (así, genéricamente, a todo controlador) y que, al llegar cada noche, se retira a sus aposentos sin formular acusación alguna ante algún Juzgado, que es para lo que está y no para acompañar a su compinche Pepiño en algaradas que no arreglan ningún problema. Este Conde-Pumpido, que lo mismo asesora al “Ambasador USA” que se planta en La Moncla con sus “productos”, ha alumbrado una nueva criatura: el “matón togado”. Está a sus anchas en el clima del pensamiento alarmante. Como lo están, con publicidad gratis en los noticiarios de TV, varios “prestigiosos bufetes” que recaban adhesiones de afectados y afirman (¡qué cosas!) que van a pedir ¡al Fiscal! que “embargue los bienes de los controladores”. ¿Demuestran ocurrencias como ésta un mínimo, ínfimo, microscópico, conocimiento del Derecho? ¿Qué creen estos “prestigiosos bufetes” que dicen las leyes españolas?
El pensamiento alarmante es un nuevo tipo de producto humano de apariencia intelectual. Se caracteriza por ser espasmódico, desestructurado, incoherente y, ordinariamente, de muy baja, casi imperceptible, intensidad eléctrico-cerebral. El “pensamiento débil” fue un modo elegante de referise a desarrollos intelectuales caracterizados por sincretismos improvisados y discursos banales, sin originalidad sustancial ni formal. Pero el nuevo pensamiento, el pensamiento alarmante, es un sustituto de la actividad cerebral producido por otras vísceras humanas (se han localizado varias como posibles orígenes) y lo único comprobado sin lugar a dudas es que sus convulsiones en forma de aparentes ideas van acompañadas de taquicardia e hipertensión. O sea, lo típico de la ira ciega.
Para el pensamiento alarmante, será muy buena idea, en estos días, despedir a todos los controladores, ya que fusilarles en las cunetas encierra dificultades técnicas, porque no se han repartido armas, munición y plenas impunidades. Los que abracen y cultiven el pensamiento alarmante se dejarán esquilmar por las plataformas y asociaciones que les van a conseguir indemnizaciones suculentas por la módica cuota asociativa de 500 euros, por ejemplo, lo que hace un capitalito inicial de 500.000 euros a nada que firmen 1000 afectados. No importa que AENA deba 12.000 (DOCE MIL) millones de euros, a causa de haber construido aeropuertos nuevos en lugares desde los que vuelan y a los que vuelan algo así como tres docenas de personas al mes. No importa qué empresas construyeron esos aeropuertos, cobrando lo suyo por levantar esas fuentes de la ruina de todos. No importa a qué bancos extranjeros se deben gran parte de esos DOCE MIL MILLONES. No importa que esté en marcha una “privatización” de AENA que, dice la Vicepresidenta Salgado, nos reportará 8.000 (OCHO MIL) millones de euros (hagan los cálculos). Con el pensamiento alarmante, en eso no se piensa. No se piensa tampoco en que, por la lógica de “contra los malos, vale todo”, cualquier día uno se puede encontrar clasificado entre “los malos”. Cualquier día, uno se entera de que ha sido convertido en judío en el III Reich. Con el pensamiento alarmante, lo que ocurre es que deja de interesar saber, conocer. Y los que sacrifican, no una pequeña porción de libertad por algo más de seguridad, sino la libertad entera por la promesa de total seguridad (siempre una falsa promesa), de inmediato dejan de pensar por libre y, poco después, dejan de pensar en absoluto.
Lo curioso es que los promotores del “pensamiento alarmante” (y los que nada hacen contra él) estén seguros de que los despersonalizados adeptos y adictos a ese pensamiento nunca pueden tener la “idea”, muy simple, muy propia del “pensamiento alarmante”, de linchar, ahorcar o quemar vivos a quienes ahora les tienen enganchados. Porque el “pensamiento alarmante” no es una enfermedad propiamente incurable (algunos tratamientos de shock han funcionado) y, sobre todo, es muy difícil de controlar. Mucho más incontrolable que los controladores aéreos.

sábado, 20 de noviembre de 2010

ESPAÑA, TODO UN MUNDO DE OBSESIÓN SEXUAL. Y EL CEREBRO, DEGRADADO


OTRO FRENTE ANTI-PENSAMIENTO, MÁS INGENIERÍA SOCIAL DE DISTRACCIÓN

Llevamos unas semanas, en España, girando alrededor de personajes, individuales o agrupados, que no tienen otros mensajes que difundir que el supremo atractivo del orgasmo y la más intensa inclinación a las jovencitas, casi niñas. Por sí solos, esos personajes no provocarían la enfermiza atmósfera que a la fuerza respiramos. Pero los “medios” sintonizan plenamente con esos personajes, de modo que recogen y amplifican cada una de sus expresiones de obsesión sexual. La sintonía es tanta que, antes, en medio y después de las hazañas o fantasías sexuales de esos aludidos sujetos, los “medios”, en papel o en internet (más aún en internet) y no digamos en TV, ya publicitan -no digo publican, sino “publicitan”, porque se trata de publicidad- las noticias sobre “fotos de escándalo”, “tórridos fines de semana” de fulano con mengana, índices sobre “deseabilidad” de tales y cuales mujeres (aquí, allá o en el planeta entero), estadísticas sobre satisfacción sexual por países o regiones, instantáneas involuntariamente reveladoras de prendas interiores y, por supuesto, cambios de “novia” y “cuernos” de éste o aquélla, sujetos sin otro curriculum y trascendencia que el de suministrar ese tipo de noticias, personajes, muchos de ellos, creados como tales por los mismos medios. De los más zafios “reality shows” son reclutados buena parte de los “mediáticos” y “mediáticas”.

Coherentemente con ese ambiente, un relato vulgar de Sanchez Dragó sobre una rijosa proeza personal -si imaginaria o real o novelada es una parte de la importante discusión- (en el libro “Dios los cría... y ellos hablan de sexo, drogas, España, corrupción...”, que recoge conversaciones con Albert Boadella; un libro claramente dirigido a un público muy especializado) provoca una polémica nacional alimentada por todos los “medios”: libertad de expresión vs. respeto a la mujer e incluso delito sexual y comparaciones con Roman Polanski. Francamente, sólo el morbo más grosero y extendido ha podido generar tamaña distracción, ante la que no se ha alzado una voz autorizada que pusiese las cosas en su sitio. Sólo los consabidos figurantes del show, “opinantes de pago” llamados para atizar la fogatita de una anécdota desprovista de interés real.

Pocos días después, los encendidos y sumamente descriptivos elogios al sexo con jovencitas, voceados por un tal Sostres durante la pausa de un programa de Telemadrid, se hacen públicos, tal cual se produjeron (alguien graba toda la pausa en el plató y la difunde), y se arma otra gran polémica. Desconocía yo hasta ese momento la existencia del personaje -el tal Sostres- y me da igual que alguien haya difundido indebidamente lo que no iba a emitirse. Me da igual porque ese Sostres (que he comprobado poseedor de escaso bagaje profesional pero importante historial de provocaciones gratuitas, aunque no inofensivas), grita sus muy rijosos comentarios, en la presencia y a pesar de la presencia de bastantes niños en el plató (un hecho innegable, al que el mismo Sostres se refiere en medio de sus vulgaridades). He visto el video y me ha llamado la atención cómo otro contertulio, varón él (o, más bien, macho) le ríe a carcajadas las “gracias” a Sostres. De este ignoto contertulio nadie ha hablado, pero sus carcajadas son casi tan obscenas y machistas como las personalísimas fantasías sexuales que el Sostres chillón obliga a los demás a conocer. A consecuencia del suceso, Sostres es cuestionado como futuro colaborador de Telemadrid y los redactores de “El Mundo”, masivamente, piden al Director que prescinda de sus servicios también como colaborador. El Director lo defiende y la misma Presidenta de la Comunidad de Madrid expresa su rotunda oposición al uso ilegal de conversaciones privadas, con lo que no puedo estar más de acuerdo como criterio general, pero que no viene a cuento porque los gritos del prematuro viejo verde no fueron ninguna conversación privada.

Por supuesto, estos asuntos se politizan con el más descarado oportunismo y ocasionalismo. Y, así, el PSOE pide dimisiones, como si el PSOE no fuese responsable de que a niños y niñas se les adoctrine, por diversos medios, para que no pasen un día sin satisfacción sexual, de cualquier tipo. Uno de esos medios es la “Educación para la Ciudadanía”. Al parecer, los pequeños, ciudadanos de nuestro futuro inmediato, tienen, ante todo, que ver garantizados sus orgasmos, mucho más que la oportunidad y hasta el deber de poseer conocimientos y desarrollar su capacidad intelectual para votar, como ciudadanos, lo que vean preferible para su Ayuntamiento, su Comunidad o su Nación (discutida y discutible, vale: pues después de informarse y discutirla), para enjuiciar y para criticar lo que consideren mal hecho o mal omitido, para ejercitar sus derechos, etc.

Más sexo aún. Campaña electoral en Cataluña. Un partido político supuestamente serio como partido (el Partido de los Socialistas de Cataluña: PSC) no tiene otra ocurrencia que presentar como ingrediente de su campaña un “video” en el que votar es presentado como un acto sexual, con sus preliminares y su final orgásmico. En aras de la corrección y la igualdad de género, el acto es protagonizado, eso sí, por una electora. Otra candidata en las mismas elecciones, Montserrat Nebrera, de Alternativa de Govern, recurre a otro video en la misma línea: intercala imágenes de distintas habitaciones, siempre sobre un fondo sonoro de de coitos y de fugaces mensajes escritos de denuncia política, para finalizar apareciendo cubierta supuestamente con una simple toalla y anunciar: "Si quisiera provocar un escándalo, me la quitaría". El mensaje del "video" consiste en emplazar a los electores a escandalizarse más por las frases de denuncia que acaban de leer (o no, porque son muy rápidas y se leen mal) que por lo que el video insinúa visual y sonoramente. Es probable que la Sra. Nebrera y sus asesores piensen haber parido algo ingenioso y eficaz. Yo entiendo que lo que han logrado es que volviéramos a acordarnos de la existencia de la protagonista, aunque también que nos percatemos de su elevada autovaloración erótica, lo que resulta muy penoso y casi grotesco. No sé qué rentabilidad electoral tendrá ese mensaje en Cataluña, pero mi idea del “seny” de los electores me conduce a vaticinar que será insignificante.

El “video” del PSC ha sido sesudamente analizado por Doña Bibiana Aido, ahora Secretaria de Estado de Igualdad, con la muy acertada conclusión de que se trata de publicidad engañosa. Dice la Sra. Aido que si fuese cierto lo que el “video” publicita (esto es, que se experimentase un orgasmo al votar a Montilla y su lista del PSC), “la participación subiría de forma muy importante”.

Lo más relevante es que Doña Bibiana habla completamente en serio. No le llama la atención ni le importa lo más mínimo, en ese “video”, la presentación de una votación como acto sexual y la cooperación a un ambiente malsano de obsesión patológica. En perfecta coherencia con su ideología, lo que le importa es que no se hagan trampas con el orgasmo. Y es que se ha eliminado el “Ministerio de Igualdad”, pero cada vez resulta más claro que ese Ministerio fue concebido y ejercido como Ministerio de la Sexualidad de la Mujer y de la Homosexualidad, con un subprograma de “género”, para proteger y primar a las mujeres mucho más allá de lo que la mayoría de ellas pedían y necesitaban. Y subsisten, faltaría más, una Secretaría de Estado de Igualdad y los propósitos que el extinto Ministerio quería llevar a cabo. Y lo tienen fácil, muy fácil: no recuerdo un momento de nuestra historia en que se haya usado más que ahora la “mujer objeto”, por decirlo con expresión acuñada. Si el machismo ambiental puede medirse (y no veo por qué no) por la utilización de imágenes de mujeres concretas (la mujer, en abstracto, exigiría pensar), en fotografías, videos, películas, noticiarios y shows de TV, como llamadas de atención sobre cualquier clase de producto o servicio o como medio de obtener audiencia e ingresos, estamos en un momento cumbre del machismo. Pero ese potentísimo machismo subyacente que se sobreexplota a todas horas no merece el menor comentario a los guardianes de la ortodoxia de género.

La “ingeniería social”, de la que ya traté, definiéndola incluso, en otro “post” o entrada de este “blog” (v. 24 de julio de 2010), parece pretender que los españoles y españolas anden sumamente distraídos, si no enteramente preocupados y concentrados, con imágenes, sonidos, iconos y demás imaginables o casi inimaginables reclamos de sexualidad y, de ser posible, con apremios de esa naturaleza. Los “ingenieros” suponen, no sin motivo, que así distraídos o “ansiados”, apenas habrá espacio y oportunidad para el deseo de conocer más y mejor la realidad y para el uso del cerebro. Es lo mismo, pero a mayor escala, que el famoso destape del tardo- y postfranquismo. Menos Cicerón y más Calígula. Y ya que  hay poco "panis", "circenses" a tope, subidos de tono.

De paso, el cerebro está saliendo muy mal parado de este sesgo político-cultural. Pensar, preferir, amar, desear, etc., venían siendo asociados con áreas, neuronas, sinapsis neuronales, sustancias estimulantes, etc., todas en relación con el cerebro, centro de conexiones y de recepción y emisión de señales para reacciones químicas y puente de mando de actitudes y órdenes. Pero el cerebro, como rector de nuestra vida, está siendo degradado en favor de otros órganos. Muy costosas y prolongadas investigaciones van a resultar inútiles. Porque no ya no pensamos con el cerebro, que está dentro de la cabeza. Si diría que muchos piensan ya, y los demás debemos hacerlo sin tardanza, con otras porciones anatómicas, hasta ahora tenidas como inhábiles para la actividad intelectualPero, en realidad, se trata de que no pensemos. Se trata de que estemos distraídos.

domingo, 15 de agosto de 2010

EL "SISTEMA" NO QUIERE QUE PENSEMOS ("POR LIBRE")


¿ES MORALMENTE ACEPTABLE ABDICAR DEL ESTUDIO Y DEL PENSAMIENTO?


El 15 de diciembre de 1999, publiqué en el periódico EL MUNDO, un artículo con el título “ODIO AL PENSAMIENTO”. Lo reproduzco ahora en este “blog” porque, no sólo no ha cambiado nada mi apreciación del gran peligro en los 10 años que han transcurrido, sino que, por el contrario, veo con mucha claridad que el fenómeno del odio a pensar se ha intensificado en esta década pasada y, consiguientemente, hoy me inquieta aún más la maldad que ese odio entraña y las consecuencias a las que ha conducido y va a conducir.

El sistema, el establishment, ha sido sometido en estos años a durísimas pruebas. Tras ellas, resulta hoy mucho más fácilmente cuestionable que antes la pretendida perfección del sistema y ahora es casi absurda, racionalmente, la perspectiva de su deseable mantenimiento indefinido. Sin embargo, el sistema ha sobrevivido a todas esas pruebas -desde el 11-S hasta la megacrisis financiera y económica que aún padecemos y que durará mucho- y se ha perfeccionado hasta extremos que, al menos a mí (y sé que no soy el único), me causan una muy inquietante mezcla de vértigo e incertidumbre, con una miaja de pánico. Entre otros perfeccionamientos está el de no detenerse ni vacilar antes sus contradicciones internas (su irracionalidad) y el de procurar que no prospere nada que pueda suponer el menor principio de superación y sustitución del sistema mismo.

Seguidamente reproduzco completo, en negrita y entrecomillado, el texto de 1999, con alguna interpolación actual entre corchetes.

«Dice Bernard-Henry Lévy, en “La pureza peligrosa”, que “una democracia que ya no piensa o que, todavía peor, odia el pensamiento, es una democracia condenada. Porque, por encima de las creencias, de los deseos y de la política, lo que está en juego es el pensamiento mismo. Y, al final, este desdén por el pensamiento que hoy en día reina en el ambiente, sólo puede beneficiar a aquellos que no han dejado de pensar, o que vuelven a pensar.” (la cursiva es mía).»

«El mundo occidental no se encuentra, “hoy en día” (es decir, desde hace años), en una situación remotamente parecida al esplendor intelectual. Se diría —y, de hecho, se dice por personas más autorizadas que yo— que estamos, más bien, en un empantanamiento apático e indisimulablemente decadente.»

«Pero no se trata sólo de que no se produzcan —o no circulen ni tengan vigencia— conjuntos de ideas bien trabados y fecundos; no es ya que escaseen los buenos productos de la actividad consistente en pensar. La “crisis” es más radical: es una crisis del pensamiento en el sentido en que la Academia suele construir definiciones: es crisis de la acción o efecto de pensar. Hay crisis, en este sentido, porque no es habitual pensar, porque no se estimula pensar y, además y sobre todo, porque se piensa muy malamente. Ejemplos de pensar viciado: tomar conclusiones (el término de una cadena de hechos, verdaderos principios y argumentos) como principios; manejar argumentos (discutibles) como si fueran hechos (que sólo pueden ser ciertos o falsos, o dudosos) y, muy frecuentemente, edificar argumentaciones sin ningún hecho o con hechos falsos como base.»

«Este fenómeno es antiquísimo. La “novedad” de “hoy en día” consiste en que son millares las necedades y sofismas que, sin detectarse como tales, pasan diariamente ante los ojos y zumban en los oídos de millones de seres humanos.»

«Iba a decir que esto les sucede también a los que viven en los llamados países occidentales, pero probablemente sea más exacto decir que a quienes les sucede es precisamente a los habitantes de esos países. Y esas necedades surten efectos decisivos, es decir, influyen en muchas vidas.»

«Junto a una compleja estructura de estímulos sensitivos y de teclas pulsantes de la afectividad, de estimuladores de los más simples y primeros impulsos —la aceptación o el rechazo netos—, la falsificación del raciocinio alcanza enorme validez social. No importa si se tiene razón, o no. Lo que importa es tener altavoces, tribunas, mensajes y artilugios creadores de imagen. Se mantiene la apariencia de que se sigue apelando a la condición racional de cada ciudadano o, por mejor decir, de cada consumidor o usuario, que es la faceta que interesa. Pero es sólo apariencia.» [La prueba de que se trata sólo de apariencia engañosa es que, en estos diez años, no se ha podido apreciar ningún avance significativo en la calidad de la enseñanza. Muy al contrario: lo más sobresaliente en ese ámbito es también lo más grave y negativo: la progresiva destrucción de las instituciones educativas y de los planes de estudios exigentes, en todos los niveles y en demasiados países. Puede decirse que ésta es la gran empresa del sistema contra el pensamiento.]

«Con todos esos elementos, hay configurado un sistema o establecimiento, que anida en la democracia occidental, como un parásito que la fagocita hasta dejarla en poco más que la osamenta. Este sistema establece límites, fuera de los cuales se cae en la marginalidad o el ostracismo.»

«El sistema establece lo políticamente correcto o, mejor, lo culturalmente correcto, pues comprende, no sólo la política (partidos, Estado, Administraciones), sino la vida social entera. Le interesan anchos márgenes. Se admiten y hasta se agradecen y fomentan actitudes críticas y gestos escandalosos, como flores raras y adornos estrafalarios que doten al sistema del máximo exotismo multicultural: cabe cualquier heterodoxia de guardarropía. De eso, todo lo que se quiera: provocación, obscenidad, magia blanca y negra, toda especie de marginalidad cultural prefabricada.» [Los ejemplos de marginalidad prefabricada, de “heterodoxia de guardarropía” son hoy más abundantes y notorios que hace 10 años: al sistema le conviene que existan “provocadores” e “infractores”, porque así crea una imagen de libertad y pluralismo. Pero esos “provocadores” e “infractores” no sólo no cuestionan el sistema, sino que lo encarnan y lo apoyan, aunque sólo sea (que no lo es) por fomentar la banalidad y distraer la atención.]

«En cambio, no cabe que, a base de verdades -modestas, pequeñas y punzantes verdades-, se salga nadie de lo establecido. Los límites existen y se resumen en menos letras que la Ley y los profetas: no perturbar el sistema. Si alguien no se conforma con los “amplios” márgenes, es un loco peligroso o cualquier otra categoría de réprobo. Y, sobre todo, no es de fiar. Y como no es de fiar, no se le fía. Ha entrado en la lista negra, figura en el RAI (registro de aceptaciones impagadas): nadie en el circuito le da crédito.»

«No me parece que este sistema o establishment, que, sin ser la democracia occidental, se enseñorea de ella, sea ningún invento ni que haya exageración al describirlo. El mundo de "El Show de Truman", un mundo feliz y estúpido —sumamente estúpido: el principal éxito de Weir es hacer palpar la estupidez— es una realidad, como lo es la falsa guerra de “Cortina de humo” y como lo son las descripciones americanas de Tom Wolfe.» [A los lectores de este “blog” les debe resultar familiar la idea de que las instituciones políticas y las económicas mienten y engañan casi sistemáticamente sin apenas excepciones en ningún lugar. La parte más agresiva de la estrategia institucional contra la resistencia a aceptar mentiras, engaños y ocultamientos es el uso de la etiqueta “teoría conspiratoria” o “paranoia conspirativa”. No habrán encontrado nunca en este “blog” la exposición de ninguna teoría o versión de hechos que pudiese ser así etiquetada. No me adhiero a conjeturas e hipótesis y menos aún puedo aceptar presentarlas como “verdades alternativas” a la verdad oficial y defenderlas empecinadamente como tales. Pero no caer en paranioas conspirativas es una cosa y otra muy distinta la credulidad máxima hacia lo que se presenta como verdad incontrovertible desde instancias de apariencia respetable, pero sin datos creíbles y sin argumentos claros y sólidos. No hace falta adherirse a una teoría frente a la verdad oficial para no creer en ésta. Un servidor no se fía ni del Informe Warren sobre el asesinato de Kennedy ni de la versión oficial del golpe del 23-F ni de la relativa al 11-M en Madrid, aunque no tenga sino impresiones y conjeturas personales más o menos fuertes y más o menos fundadas, pero que nunca he pretendido convertir en historia. Reconozco, sin embargo, que, en ocasiones, las verdades oficiales son la mejor promoción imaginable de las teorías conspiratorias.]

«El sistema está muy bien trabado. Para conseguirlo y mantenerlo, hay, como dice Bernard-Henry Lévy, quien no ha dejado de pensar o vuelve a pensar. Si alguien pregunta adónde conduce este sistema, la respuesta es sencilla: a ninguna parte, porque es el término, el final de la Historia (aunque no se lleve citar a Fukuyama, la idea ha calado hondo): ya no necesitamos ir, porque ya hemos llegado.»

«La debilidad de esta idea estriba, en una dimensión planetaria, en las reales amenazas al sistema y su más que difícil trasplante a inmensas porciones del globo terráqueo. Desde luego que el sistema puede intentar desentenderse de todo eso, del mismo modo que uno puede decidir vivir como si careciera de vecinos. Pero el fingimiento de un universo completo y terminado resulta muy problemático cuando a poca distancia hay matanzas masivas y uno de los elementos del sistema es la globalidad de la aldea. No es nada fácil pretender que no existen vecinos mientras te sacuden los tabiques. Ni hay seguridad de que los vecinos permanecerán pacíficamente en su territorio.»

«Pero los problemas para la pretensión de que el sistema es perfecto prosiguen en cuanto preguntamos, no adónde conduce, sino adónde nos conduce ese sistema. Una pregunta que interesa a quienes se encuentran dentro del sistema, válida incluso si se aceptara que no queda nada por recorrer y aun en la hipótesis de que no hubiera ni Tercer ni Cuarto Mundo y todos fuéramos G-8.»

«Porque suponiendo —y es mucho suponer— que todos aceptaran la sistemática falsificación del raciocinio, están, no sólo los mendigos que duermen en portales cercanos al nuestro, sino, en todo Occidente, las bolsas de miseria, el universo de los drogadictos, las muchedumbres de los delincuentes y sus víctimas y la legión de insatisfechos de todas las especies. Todos éstos, más los odiados por pensar, no se consideran -no nos consideramos- ni situados ni conducidos a nada que se parezca a un paraíso.»

«No pretendo hoy responder a todo esto. Hoy me conformaría con reclamar respeto —verdadero respeto— a la libertad de pensar y un comienzo de aversión a la intolerancia sorda —porque se trata de una sordera pertinaz y persecutoria— que ejerce lo políticamente o culturalmente correcto, el pensamiento único, o como se le llame. Un primer paso podría ser no odiar el pensamiento que no suene a políticamente o culturalmente correcto, sino querer y poder escuchar. Claro es que no puede quererse la libertad de pensamiento si no se quiere que se piense, si se confunden principios y axiomas —que son muy pocos— con conclusiones, si se decide no prestar atención a los hechos. Es irrisorio pedir a quien no sabe ni quiere saber conducir un automóvil que ejercite y respete la libertad de moverse en automóvil.»

«En su “Elogio de la locura”, subtitulado “Encomio de la Estulticia”, Erasmo hace declarar a ésta que su padre es Pluto, el dios de las riquezas, y —aclara— no “aquel Pluto aristofánico, que tenía un pie en el ataúd y la vista perdida, sino un Pluto vigoroso, embriagado por la juventud.” Sospecho que el sistema es el fruto apoteósico de un Pluto vigoroso y embriagado, un estado de cosas donde el dinero no se maneja con lógica y razón, sino que genera su propia y excluyente lógica, a partir de la cual todo se construye. Esto lo sospecho, pero en un plano más modesto y próximo, veo claramente que la simple proclividad a la adoración de Pluto obnubila la inteligencia hasta extremos tremendos. En los últimos tiempos, las cosas más disparatadas y sorprendentes —por su procedencia— que se han dicho las ha engendrado la ansiedad por el dinero. No lo demonizo. El dinero es necesario. Pero sin la embriaguez de Pluto. Sin convertirse en padre y dueño del pensar y del saber, de la política y de la justicia.»

Hasta aquí el viejo texto, al que añado algunas consideraciones. La primera va a procurar, aunque quizá sea innecesario, disolver la impresión de que cuando atribuyo una subjetividad protagonista al sistema o establishment estoy remitiendo a los lectores a una instancia vaga e inconcreta, que pretende sugerir oscuridades y anonimatos no verificables, como si se tratase de una sociedad secreta o un círculo iniciático. Y no es así, aunque no poseo conocimientos que me permitan excluir por completo la existencia de sociedades secretas y círculos iniciáticos. “Sistema” o “establishment” quiere designar el entramado de 1) instituciones políticas (no sólo oficiales, también privadas); 2) entidades empresariales, económicas, financieras; y 3) medios de comunicación, especialmente los integrados en grupos o muy conectados y dependientes de redes de información y difusión de opinión. Es una realidad patente y casi tangible. Y cae dentro de lo evidente, para cualquiera que no se haya constituido en ermitaño, la creciente implicación de esos tres tipos de entidades: los poderes públicos recurren a la banca, ésta a los poderes públicos y los medios de comunicación necesitan de los poderes políticos y económicos (no siempre y en todas partes, pero sí en España y en otros países) e influyen en unos y otros. La interacción es constante, no siempre o pocas veces limpia y ya casi nunca conforme a reglas jurídicas y económicas conocidas y aceptables.

Es verdad que en estos diez años, han surgido publicaciones y medios de comunicación en parte y aparentemente contrarios al sistema (sólo en parte y en apariencia, insisto). Son una novedad reseñable, pero ni es seguro que se vayan a mantener mucho tiempo ni menos aún que, de mantenerse (y para mantenerse), no ingresen en el sistema, incluso de buena gana, como quien, desde la marginalidad, ha logrado el éxito máximo.

También está, no lo olvidamos, el auge de internet, con publicaciones digitales, blogs, redes, etc. Es innegable que internet amplifica la individualidad y la discrepancia individual, permite conexiones antes imposibles y difunde información con enorme rapidez. Pero el sistema también accede a internet de mil formas y también logra en el espacio radioeléctrico (o lo que sea) marginalidades decisivas a la hora de conformar y manejar la opinión pública y a la hora de movilizar (o inmovilizar) a la gente.

Ahí va una segunda consideración: está meridianamente claro que la Historia no ha llegado a su final con una instalación general de los seres humanos en el sistema. No estamos ante nada remotamente parecido, no sólo porque más de dos tercios del planeta se encuentren entre muy lejos de la prosperidad y demasiado cerca de la miseria (o inmersos en ella) ni porque no hayan cesado las matanzas en el Tercer y el Cuarto Mundo, sino porque, de un lado, el sistema ha entrado en pérdida con la mega-crisis económica, dentro del ámbito del G-20 y del mismísimo G-8 y, porque, de otro lado, es innegable un retroceso mundial incluso de la democracia formal (basta mirar a Iberoamérica y África, que, de ordinario, conocemos mejor que Asia). Las amenazas a la seguridad en la aldea global no han disminuido, sino aumentado, como se reconoce al referirse -más abierta y frecuentemente desde hace meses- al creciente y real peligro de conflictos nucleares.

En tercer lugar: reconozcan que el párrafo final sobre la influencia de Pluto, dios de las riquezas, bestia tan poderosa como ebria, se ha cumplido asombrosamente y hasta extremos inimaginables. La mega-crisis ha sido una gesta apoteósica de Pluto. Ante esa crisis, personalidades muy diversas han pronunciado solemnemente la misma palabra clave: “avaricia”. Y es que la condición humana no ha cambiado, en sustancia, desde Erasmo de Rotterdam hasta hoy mismo. Pero, puestos a tomarnos en serio lo descubierto desde antiguo, no dejen de releer el texto bien y reparen en que Pluto es reconocido como padre por la Estulticia. Las tonterías masivas de hoy tienen mucho que ver con el “ansia viva” (como dice José Mota, nuestro mejor sociólogo) de echar más dineros “a la saca”. Y, por supuesto, los adoradores de Pluto cometen estupideces tremendas, cósmicas. A la vista está.

Me falta, para terminar, algo que explique el subtítulo de este post. Voy a intentarlo con brevedad y siempre podré volver sobre el asunto. Quienes piensan o creen (o ambas cosas) que el hombre tiene una naturaleza y que la racionalidad es esencial en esa naturaleza, no pueden, con un mínimo de coherencia, considerar éticamente indiferente, neutral, ni bueno ni malo, el hábito de no pensar (informadamente), de no estudiar en serio los problemas. Si somos “animales racionales” dimitir del esfuerzo racional es ir contra nuestra naturaleza y traicionar nuestro destino personal. Y lo que alimenta la falta de estudio y de reflexión es contrario a la ética natural. Seriamente y gravemente contrario. Arrojarse, con desprecio del esfuerzo intelectual, del estudio y del raciocinio, en manos de lo que en 1999 procuraba describir como “estructura de estímulos sensitivos y de teclas pulsantes de la afectividad, de estimuladores de los más simples y primeros impulsos”, con la penosa justificación de que el estudio (que es leer pensando con esfuerzo por entender a fondo lo que se lee) es arduo y “poco entretenido”, es una incoherencia monumental en el plano antropológico y ético para quienes piensen o crean (o las dos cosas) que el hombre se define por ser racional y por ser libre. Las personas que reconocen la naturaleza racional del homo sapiens no pueden acabar actuando, a todas horas, como si suscribiesen, para todo, la frasecita ésa de “una buena imagen vale más que cien palabras”. O sea, que, en vez de Platón y Aristóteles, unas cuantas fotos y un buen video. Las buenas imágenes son muy expresivas respecto de algunos fenómenos, es decir, de parte de todo  lo que resulta aprehensible por los sentidos externos (y muchas veces las imágenes demandan un examen racional). Para todo lo demás, lo que se necesita es estudiar y pensar más. Para vivir como seres humanos se necesitan una buena dosis de sentido crítico (sin pasarse tampoco) y una actividad personal de estudio (pensar "por libre" no significa prescindir de conocimientos y sustituirlos por rápidas ocurrencias) y de análisis y reflexión.

Defender la libertad de opinión y de expresión de modo que estén verdaderamente protegidas hasta las tonterías más claras; defender que no se crucifique verbalmente, ni en la conversación ordinaria ni en los medios, a quien dice una bobada y oponerse a que se criminalicen las opiniones no es igual y no tiene nada que ver con actuar como si se pensase que es tan verdadera y valiosa la tontería como la afirmación bien fundamentada. Y menos aún, si cabe, tiene que ver con legitimar éticamente (por acción o por omisión) la pereza y la abulia del intelecto.

viernes, 18 de junio de 2010

LIBROS, “PECÉS” Y PALABROTAS: DOS ESTUDIOS CIENTÍFICOS “LOW COST”


REMEDIOS CONTRA LOS EFECTOS DE LA PEDAGOGÍA MODERNA Y LOS DOLORES AGUDOS DE LA CRISIS



Mientras se aclara quién debe más a quién y quién miente a los otros (y a todos, de paso) con más “efficiency”, hay que seguir viviendo. Y suceden algunas otras cosas aparte de la gran madeja económica global, que nadie parece capaz de ir desenredando (quizá porque hay situaciones que no tienen arreglo, contra el axioma implícito que afirma exactamente lo contrario).

Ya saben los lectores que en este “blog” se apoya “a muerte” (ahora, si no es “a muerte”, no hay apoyo verdadero) la investigación científica de calidad. Hoy les doy noticia de dos estudios científicos de diversa naturaleza (el primero mucho más serio que el segundo), pero ambos interesantes y muy útiles en estos tiempos. Además, los dos se han realizado sin grandes inversiones y gastos, lo que

Aprendizaje mediante papel o por pantalla de PC: resultados comparativos; el grave peligro de TV y PCs

Traduzco con cierta libertad una parte del artículo que pueden encontrar en este enlace:


Los monitores del ordenador tienen un efecto similar [al de la TV] debido a la luz que irradian. A tres grupos de estudiantes del mismo nivel de lectura se les presentó por tres medios distintos la misma información. Al Grupo A se le facilitó una hoja de papel. Al Grupo B se le proyectó una película con la misma página. El Grupo C la vio en un monitor de ordenador. Entonces, se comprobó la retención de la información por los estudiantes.”

El Grupo A arrojó un porcentaje de 85% de retención después de ver el papel. El Grupo B retuvo entre el 25% y el 30% después de ver la pantalla de cine. El Grupo C alcanzó una retención de entre el 3% y el 5% tras ver el monitor del ordenador. Joseph Chilton Pearce, responsable de la investigación afirma: “Los ordenadores y la televisión están cambiando los cerebros de nuestros niños. Debemos animar a los niños a desarrollar su capacidad de pensar y sólo después darles un ordenador". Pearce cita la investigación sobre el desarrollo de Piaget: “Los primeros doce años de vida se dedican a construir las estructuras cognitivas que permiten a las personas captar tipos de información abstracta, metafórica y simbólica…el peligro es que los ordenadores y la televisión interrumpen ese desarrollo.”

A quienes este asunto crucial les interese más, les aconsejo vivamente que lean el artículo íntegro. En todo caso, empieza a resultar incontrovertible lo que ya captó Herbert Marshall McLuhan en los años 60, a partir de la para él dolorosa experiencia de que sus alumnos cada vez leían menos... porque la TV –eso descubrió- les absorbía. El bombardeo de imágenes retrasa o disminuye la capacidad de pensar, de entender y de expresar abstracciones, como lo son todos los conceptos. Lo más interactivo es un libro (afirmación de un informático).

Decir “tacos” o palabrotas reduce el dolor

No es que no supiéramos lo mucho que alivia soltar un “taco” cuando te das con el martillo en el dedo y no atinas en el clavo, pero ahora se ha estudiado universitariamente el fenómeno. Simplemente les copio la noticia, tal como apareció, ya hace unos meses.

“Según una investigación realizada por la Universidad de Keele (Reino Unido), decir palabrotas y maldecir reduce el dolor que sentimos cuando nos caemos o nos golpeamos. El estudio, que publica hoy la revista ‘NeuroReport’, concluye que emplear los términos malsonantes del lenguaje alarga en un 50 por ciento el tiempo que podemos soportar el dolor.”

“El director de la investigación fue el profesor de Psicología de esta Universidad Richard Stephens, quien explica que tuvo la idea de estudiar esta conexión cuando accidentalmente se golpeó un dedo con un martillo al construir un cobertizo.”

Stephens pidió a 64 estudiantes voluntarios que metieran una de sus manos en una cuba con agua helada y que resistieran lo más posible mientras repetían una misma palabrota de su elección. Después, les pidió que repitieran el experimento, pero esta vez utilizando una palabra común con la que describirían una mesa. El resultado fue que los estudiantes resistían una media de 2 minutos cuando empleaban términos ofensivos, indecentes o groseros, y una media de un minuto y quince segundos cuando no lo hacían.”

“El estudio admite que no queda claro el cómo o el por qué de la existencia de este vínculo, pero sugiere que el efecto de reducción de la sensación de dolor tiene que ver con que las palabras gruesas desatan lo que denominan `la reacción natural lucha-huida’.”

“Stephens explica que el corazón se nos acelera cuando utilizamos un vocabulario malsonante, lo mismo que ocurre cuando nos encontramos en una situación de debilidad o de miedo y tratamos de reducir la sensación de amenaza para hacerle frente.”

“Esta sería la razón por la que a lo largo de los siglos se ha creado en todos los idiomas un lenguaje paralelo de palabrotas, hasta completar diccionarios casi tan extensos como los oficiales.”

“El estudio de la Universidad de Keele también hace un ejercicio de pedagogía y advierte de que es importante no malgastar munición: ‘quien quiera utilizar este efecto de reducción del dolor en su beneficio debe limitar el uso de este lenguaje en el día a día’.”

"Decir palabrotas es un lenguaje emocional, pero si se emplea en exceso se pierde su vínculo emocional", concluye Stephens.

En resumen: no nos privemos, ahora y en el futuro, de aliviar los dolores habituales y otros venideros, menos habituales pero fáciles de conjeturar. Ahora bien: cuantas menos palabrotas digamos de ordinario, más alivio sentiremos en los momentos en que sean oportunas.

¡Qué cosas nos enseñan ahora las “Ciencias Sociales” y, sobre todo, la Psicología! Yo echo de menos, no obstante, un perfeccionamiento en los planes de estudio de Psicología y Sociología. Debería existir una materia titulada “Fenomenología de lo obvio”, que podría constar de dos partes: “Parte I: Teorización de lo obvio” y “Parte II: Comprobaciones empíricas de lo obvio”.

lunes, 22 de febrero de 2010

¿A QUÉ SE DEBE LA MEGA-CRISIS?


LA RESPONSABILIDAD, PASADA Y ACTUAL, DE LAS “BUENAS PERSONAS”



Preferiría escribir sobre casi todo (de lo que sé algo, claro) en vez de volver sobre la crisis, pero veo que mucha “buena gente”, muchas “buenas personas”, no se toman en serio la situación. Y es tremendamente seria, aquí, en USA, en GB y, por supuesto, en Grecia. Vayan para esas “buenas personas” estas líneas. A ver si se enteran. Y vayan también por los "dirigentes" a los que, en gran medida, siguió durante años esa “buena gente”. Porque los muy desvergonzados insisten. Y no acabamos de jubilarlos.


No haría yo la pregunta del título si no fuese capaz de ofrecer una respuesta. Pero, por una vez, puestos a sintetizar, no tengo la menor duda sobre la clave de la crisis financiera, de la burbuja inmobiliaria, del déficit público, del paro, del fracaso de los reguladores, de las grietas exhibidas por las grandes firmas de auditoría, de la decadencia de la prensa, de la corrupción político-económica, del enorme deterioro del sistema educativo, de los engaños masivos, de la falsificación de la democracia, del desprestigio de la clase política, de la dificultad de encontrar remedios, de la resistencia a reformas profundas y del pesimismo y la desesperanza generales.

¿Qué tenemos ante nuestros ojos? Tenemos una sociedad profundamente desmoralizada, en todos los sentidos. Desmoralizada en el sentido coloquial (como un equipo de fútbol se considera incapaz de remontar un marcador adverso o una prolongada racha desfavorable) y desmoralizada en el sentido literal, más profundo: una sociedad sin moral, como no podía ser de otra manera tras un constante y prolongado despojo de su moralidad. Una sociedad, por tanto, sin ánimo, sin fuerzas.

La inmoralidad, una inmoralidad sostenida, creciente, generalizada y no reconocida, durante más de tres décadas, ha sido y es la clave de la crisis. Ha ocurrido que la inmensa mayoría se ha dejado llevar por los que ha considerado dirigentes en todos los terrenos, unos super-listos, que -en la derecha, en la izquierda y en el centro- entendían lo moderno y lo progresivo como la liberación de la servidumbre de una moral exigente. Entronizaron, en lugar de los valores clásicos, unos nuevos, muy asequibles: la bondad de lo que funciona, la bondad de lo que nos lucra, la bondad de lo placentero, la bondad de la “imagen”. Correlativamente, predicaban y predican la maldad de lo que requiere esfuerzo, la maldad de lo que no produce enseguida beneficios personales, la maldad de preocuparse tanto por la verdad en vez de ocuparse a fondo de la apariencia. Han predicado, sobre todo con el ejemplo, la bondad del engaño y la mentira, disfrazados de exageración aceptable, de propaganda necesaria, de conveniente imagen atractiva. Han acanzado la apoteosis del sofisma. Y en este punto del engaño y la mentira ha estado el núcleo más duro, profundo y efectivo de la inmoralidad.

Ha resultado que los super-listos se pasaban de listos, como ya he dicho aquí alguna vez. Ha resultado que eran tan tontos que desconocían la historia universal y la condición humana, sustancialmente inalterable, que esa historia revela. Desconocían, al parecer, las experiencias anteriores de sus viejísimos “nuevos valores”. Pero éstos, patrocinados con una fuerza incomparable gracias a los nuevos medios, no han dejado títere con cabeza en nuestra sociedad. Ahora, el fracaso global de los super-listos y sus recetas es evidente aunque procuren a toda costa disimularlo o lo nieguen sin cesar. Si lo que valía era lo que funcionase, lo que enriqueciese y lo que procurase placer, lo cierto es que, a resultas de afanarse exclusivamente en esos "valores", hoy la sociedad tiene problemas gigantescos de mal funcionamiento, de empobrecimiento general y de nuevos y viejos sufrimientos que alcanzan a casi todos. Si lo importante era la imagen y la apariencia, no puede ya ser peor la indisimulable imagen o apariencia de tantos sectores y de tantas instituciones. En España no queda una sola institución decisiva que no esté marcada por la corrupción (que no es sólo la del cohecho) y el desprestigio. No es catastrofismo. Las cosas están así.

En la educación, en la familia, en la vida económica, en la gestión de la cosa pública, en el terreno del Derecho, en la praxis de las más diversas profesiones, en la invención de nuevos quehaceres, nada hay que no haya sido mil veces pisoteado con la marcada huella de esa inmoralidad profunda de unos paupérrimos contravalores.

No sé quién comenzó a decir que todos somos responsables de la crisis. Pero veo que esa afirmación bienpensante lleva camino de convertirse en un tópico de amplia y acrítica circulación. Y no es verdadero ni justo. Todos somos débiles y ninguno estamos libres de equivocarnos y de cometer alguna que otra maldad. Pero eso -los fallos personales, de toda clase- no es lo mismo que la responsabilidad por la situación presente. De hecho, algunos llevamos décadas avisando de la deriva equivocada (por ahí anda, ahora incluso como e-book, un libro mío “Cápsulas para la memoria 1966-2006”, Ed. Ramón Areces, 2006, 358 págs., que recoge una selección de artículos publicados en esos 40 años: 40 años avisando: no es cuña publicitaria, sino prueba de mi legitimación). No nos hacíamos ilusiones, sabíamos que escribíamos contra corriente, insistíamos sin ánimo de reconocimiento, pero no dejaba de extrañarnos y dolernos la insensibilidad o la indiferencia de tantas “buenas personas” (tantos compañeros, tantos amigos): nos dolía, a fin de cuentas, su incomprensión y su rechazo de nuestros razonados avisos. A mí me dolía poco por mí mismo, pero mucho por los efectos que se veían venir (aunque no imaginé jamás las dimensiones de esta crisis).

Si esas “buenas personas” se hubiesen tomado en serio lo que venía sucediendo, especialmente en el ámbito de la educación (en las familias ante todo: no sólo en escuelas, institutos y colegios), si la ética en los negocios y en la vida pública verdaderamente les hubiese preocupado, si no hubiesen arrinconado la calidad del pensamiento y del raciocinio en beneficio de la imagen y de la utilidad inmediata, si no se hubiesen decantado tan descaradamente por la eficacia frente a la sabiduría, si hubiesen sostenido el valor de la experiencia frente a la moda de la exaltación de la juventud por sí sola, si no se hubieran rendido culto bocalicón al éxito social y económico, si hubiesen sido menos frívolos a la hora de aceptar y promocionar prestigios trucados o enteramente falsos, si hubieran sido quizá más comprensivos con clásicas debilidades humanas pero mucho menos condescendientes con crónicas omisiones del cumplimiento de importantes deberes sociales y cívicos… Si esas “buenas personas”, si esa “buena gente”, no hubiesen colaborado tanto, de esos y de otros modos, con los promotores de la inmoralidad, seguramente ahora el daño no sería tan grave y extenso.

Aún hoy, cuando se muestran horrorizados (aunque lo disimulen con impostados optimismos y “sonrisas profindén”) ante esto, lo otro y lo de más allá, esas “buenas personas” siguen sin entender. Sí, reconocen que la crisis es dura, pero, bondadosos como son, se muestran seguros de que, más o menos pronto, saldremos de ésta. Ignoro en qué apoyan semejante pronóstico. A mí me parece puro whishful thinking. Pera las "buenas personas" son de las que piensan que todo tiene arreglo, aunque la historia no respalde ese axioma. De hecho, ha habido decadencias y crisis sin arreglo. Ahí tienen a Grecia. Deseo vivamente que "esto" tenga arreglo. Y probablemente lo tendrá, más bien después que antes. Nunca, sin embargo, a base de no pensar a fondo cómo estamos y por qué.

miércoles, 3 de febrero de 2010

ZAPATERO FILOSOFA EN ETIOPÍA: VERDAD Y LIBERTAD, AL REVÉS


ZAPATERO HA PENSADO ALGO ("SIEMPRE")


El domingo 31 de enero de 2010, el Presidente del “Gobierno de España” y “presidente rotatorio” de la UE (esa denominación, más apropiada para artefactos como el autogiro o la veleta, no es “mala uva” mía: es del mismo Zapatero) protagonizó en Addis Abeba una jornada que, sin hipérbole, bien podemos calificar como un hito en la historia del “pensamiento débil, que es como se viene llamando postmodernamente a las endebles elucubraciones de ciertos cosidetti intelectuales (ni que decir tiene que son elucubraciones siempre correctas).

Zapatero se dirigía ese 31 de enero de 2010 a los asistentes a la XIV Cumbre de la Unión Africana. Y al inicio de su discurso -que los más preparados y dispuestos pueden ver y escuchar en video (no se ofrece el texto escrito) mediante el enlace http://www.la-moncloa.es/default.htm- pidió a sus oyentes, con acentos de máximo intimismo, que le permitiesen hablar de sus “convicciones”, de sus “ideales”. Ni que decir tiene que, dado el carácter meramente retórico de la petición de permiso, los Jefes de Estado y otros altos dirigentes africanos no dijeron nada, pero contuvieron la respiración en unos instantes de máxima expectación.

Entonces, serio y solemne, Zapatero dijo de inmediato unas palabras, que, aunque no en lirismo, superan con mucho en profundidad las de su ya histórica frase en la “cumbre climática” de Copenhague: "la tierra no pertenece a nadie; sólo al viento". Dijo el “presidente rotatorio” lo siguiente:

“Siempre he pensado que es la libertad lo que nos hace verdaderos y no la verdad lo que nos hace libres”.

Y con la emoción que imprime habitualmente a sus palabras, el Presidente del “Gobierno de España”, continuó:

“Siempre he pensado que la condición más humana en nuestras vidas es la libertad. Sin libertad no hay nada. Sin libertad no hay condición humana. Por ello, desde que he tenido uso de razón, capacidad de pensar y conocer la historia, he tenido un sentimiento de rabia, de desafecto con la condición humana, al conocer y saber que está (sic) en nuestra memoria episodios tan aberrantes como la esclavitud que sufrió el pueblo africano.”

La prensa escrita (en papel o mediante dígitos) no ha reparado en la importancia de este central pensamiento de Zapatero. A los columnistas más finos, a los analistas de mayor fuste, se les ha escapado del todo la más profunda idea personal jamás expresada por el Presidente del “Gobierno de España”. Pero para eso está POR DERECHO, el “blog” de los “comentarios libres” y de las “noticias subrayables”.

Y, sin embargo, no es éste el lugar y el momento adecuados para unas extensas consideraciones -como merecerían ser, por su objeto: la libertad, la verdad- acerca de las solemnes palabras de Zapatero. Aquí sólo cabe una glosa breve, aunque sintética, a la que me aplico de inmediato.

Veamos, en primer lugar, lo que Zapatero piensa y piensa desde siempre. Piensa que si somos libres, seremos verdaderos. Y aunque esa “verdad de nosotros mismos” suscita muchas cuestiones  y se presta a muchos matices, parece que no le falta razón a Zapatero: si no somos libres, diríase que, en cierto modo, dejamos de ser nosotros mismos, perdemos nuestra condición humana. La falta de libertad niega nuestra verdad de seres humanos, estaría diciendo Zapatero. No le falta razón, salvo -y es una grandísima salvedad- que la tiranía no puede privar radicalmente a todos los tiranizados de su condición de seres humanos, que algunos ligamos axiomáticamente a la libertad. La falta de libertad, la tiranía o esa esclavitud de los africanos -que generó en Zapatero “un sentimiento de rabia” y que le hizo nada más y nada menos que “desafecto con la condición humana”- no logró nunca que todos los tiranizados o esclavizados dejasen de ser humanos y dejasen de ser constitutivamente libres. Hay egregios tiranizados y esclavizados -supervivientes de la esclavitud nazi o soviética, p. ej.- que han dejado claros testimonios de su inalienable libertad interior.

Pero tan importante como lo que Zapatero piensa afirmativamente es lo que Zapatero piensa negativamente. En realidad, lo que uno no piensa, en el concreto sentido de que uno lo niega (es decir, “piensa que no”), forma parte del propio pensamiento. Zapatero no piensa que la verdad nos haga libres. O, por decirlo con un lema clásico de muchas instituciones del saber,en todo el mundo, Zapatero no piensa que “veritas liberabit vos”. Piensa que no se necesita la verdad para la libertad. Y sabemos por qué no acepta esa necesidad: porque piensa que la libertad por sí sola nos da la verdad.

Con lo que resulta que Zapatero, desde siempre, entiende que la libertad no sólo es necesaria, sino que la libertad es la única necesidad relevante. Es como si Z., impersonando (es cursi, lo sé, pero es moderno) el viejo ideal clásico del gobernante-filósofo, nos preguntase: “¿Se considera Vd. libre, se siente Vd. en libertad? ¿Sí? Entonces, ya le es dada la verdad”.

Y yo planteo: los “episodios aberrantes” de “la esclavitud que sufrió el pueblo africano” ¿fueron todos protagonizados por alienados, por sujetos desprovistos de libertad y de su condición humana? No consta. Consta, más bien, que los negreros, los esclavistas de todas las especies -los capturadores de hombres, mujeres y niños; los transportistas terrestres y marítimos de esa “mercancía; los compradores al por mayor de esclavos y los “consumidores finales” de éstos- eran, de ordinario, negreros y esclavistas libres, esclavizaban libremente y libremente se lucraban con la esclavitud ajena. ¿Se comportaban estos esclavistas de conformidad y en armonía con la condición humana? Claro que no. Luego ("ergo") su conducta libre, su libertad, era contraria a la verdad del hombre. Lo único que de verdad determinaba la conducta libre de los negreros era que fuesen verdaderos negreros y esclavizadores.

Por tanto, no veo claro el primer enunciado del pensamiento de Zapatero. O mejor dicho, veo claro que, siendo un pensamiento libre, es erróneo. Sé, no desde "siempre" ni desde que tuve uso de razón, pero sí desde hace muchos años, que no hay, ni mucho menos, esa especie de relación automática entre libertad y verdad que "siempre" ha pensado el “presidente rotatorio”. La búsqueda de la verdad es plenamente humana si se hace con plena libertad. Cierto. Pero la libertad no garantiza la verdad. Y, por lo mismo, la libertad no inmuniza contra el error.

Ahí está Zapatero, que sin duda se considera libre, como prueba viviente de lo que acabo de decir. Porque el pobre “presidente rotatorio”, seguramente libérrimo, no puede, muchas veces, estar más lejos de la verdad. Lo está, a mi parecer, en ese pensamiento suyo proclamado en Etiopía. Se equivoca también, por ejemplo, cuando predica la esclavitud de “el pueblo africano”, como si todos los africanos, en tiempos pretéritos (según él, aunque la esclavitud se sigue dando hoy) hubiesen sido esclavos. Ni en todas partes de África se dio la esclavitud ni los africanos fueron únicamente víctimas. Y se equivoca también Zapatero si supone -y eso dan a entender sus palabras- que una persona privada de libertad no puede buscar y encontrar la verdad. Lo hacen los internos en centros penitenciarios cuando cursan carreras universitarias u otros estudios o cuando leen un libro. Y conocieron y descubrieron verdades personas que eran esclavos, esclavos procedentes del continente africano. No lo digo yo, véalo, Sr. Zapatero, véanlo si quieren, lectores de POR DERECHO, en una “web” de la mismísima UNESCO:

Por supuesto, no son los únicos ejemplos.

Pero mucho más importante que lo anterior es, en primer lugar, dejar claro que el esfuerzo por un mayor y mejor conocimiento de la realidad, por la aprehensión de “la verdad de las cosas”, no es excusable porque se goce de libertad. "¡Ea, como soy libre, ya no me importa saber o no saber, acertar o errar, conocer tal realidad o no tener ni idea!" La lapidaria frase lanzada por Zapatero en Addis Abeba es, más bien, una pedrada a todo esfuerzo de estudio, a toda investigación, al I+D, etc. Ya puede el señor Presidente recortar el gasto público: cierre dos Ministerios (Cultura y Educación), cierre las Universidades, cierre el CSIC, suprima las becas y nada de aprendizaje (esto último ya está en marcha con éxito). Establezca, eso sí, un Ministerio de la Libertad (donde, por cierto, moraría a gusto el metafísico Gabilondo, que últimamente confunde ya el diálogo con el saber, la proximidad con la biología, la convivencia con la física, la velocidad con el tocino y otras más tajantes contraposiciones).

Pero, pasemos a la segunda parte del pensamiento del “presidente rotatorio”. Que la verdad no nos hace libres, más libres. Tengo como algo patente que la ignorancia nos limita y nos desorienta a todos y que, por tanto, combatirla con la verdad y las verdades nos permite ejercitar en mejores condiciones nuestra libertad, ser más libres. El error conduce a adoptar decisiones desacertadas, equivocadas, por libre que sea quien las adopte. Teología aparte, es en ese sentido en el que, desde Jesucristo al menos (v. Io, 8, 32), se relaciona estrechamente la verdad con la libertad, se tenga o no fe y se profese esta o aquella religión o ninguna.

Este escrito no es una broma sobre Zapatero. Todo lo contrario: el pensamiento de este señor se toma aquí muy en serio. Por tres razones: primera, para intentar evitar que el juego de palabras confunda a alguien; segunda, porque pensar un poco sobre la filosofía de Zapatero puede contribuir a que nosotros pensemos con más acierto sobre la libertad y la verdad; tercera, porque lo que piensa un Presidente del Gobierno no carece de efectos prácticos, de consecuencias reales. Si alguien creyese que lo que sucede en España no tiene nada que ver con lo que piensa y dice el Presidente del “Gobierno de España”, le aconsejo que, por disconformidad radical con lo que defiendo en este “blog”, se abstenga en adelante de perder su tiempo leyéndolo. Confieso y declaro la moraleja que intento. Es ésta: con “Maestros Ciruelos” al frente de la Nación -antes, ahora o en el futuro- toda calamidad nacional es y será perfectamente explicable. Si alguien opina que los grandes errores conceptuales carecen de consecuencias prácticas, es, desde luego, muy libre... de equivocarse. ¡Qué le vamos a hacer!.
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PS. Podría ocurir, claro, que el Sr. Zapatero fuera, filosóficamente, un escéptico o un relativista.  No me cuadra, sin embargo, con la emoción que pone al hablar de sus "convicciones", de sus "ideales". Pero podría ser, eso sí, un tardío seguidor de Antístenes, aunque un seguidor muy soso.

sábado, 3 de octubre de 2009

FRASES LAPIDARIAS O "CÓMO CALLAR EN PÚBLICO" (y pensar en privado)

TRACA VERBAL PARA TERMINAR SEPTIEMBRE
(Que no se repita en octubre, por favor)



22 de septiembre de 2009: "A nadie le gusta que le bajen el sueldo, y yo no soy distinto al resto del mundo, pero no me importaría".  Mariano RAJOY, en Telecinco, programa de Ana Rosa Quintana.

Habría que ver, pienso, a qué sueldo suyo se refería Rajoy. Porque no tiene sólo uno. En todo caso, el pasado día 22 ya estábamos con subidas de impuestos a la vista. Había que decirle a Ana Rosa que bajar los sueldos y subir los impuestos es un "mal rollo".

28 de septiembre de 2009: “La mejor manera de obtener el voto de los ciudadanos es ser fieles y coherentes con nuestros valores, ser el partido de la gente que no tiene de todo”, José Luis RODRÍGUEZ ZAPATERO, en la Conferencia Laborista Anual, Brighton (Fuente, EL PAÍS, 29 de septiembre de 2009).

Al día siguiente de este consejo, las encuestas británicas situaban al Partido Laborista en tercer lugar en intención de voto.

29 de septiembre de 2009: “Todas las crisis son inoportunas y, por tanto, indeseables”.  José Luis RODRÍGUEZ ZAPATERO, en el diario PÚBLICO.


Más bien ocurre que todas las crisis indeseables son inoportunas. Pero, sobre todo, es que las crisis, de muy diversa naturaleza, unas buenas y otras malas, carecen de sentido de la oportunidad. Que una enfermedad "haga crisis" o que un menor se encuentre en una "crisis de crecimiento" y le duelan las piernas es bueno o normal, respectivamente. Nunca inoportuno ni indeseable.


30 de septiembre de 2009: "Heredamos una economía en apariencia saludable, pero que tenía un colesterol muy alto. Ese colesterol no es otro que el excesivo peso de la construcción residencial". José BLANCO, en EL PAÍS.

Buen símil, sí señor. Pero, ¿cómo no aparecía tanto colesterol en las analíticas periódicas?. Y el "excesivo peso de la construcción residencial" ¿no era visible?


Decididamente, debo poner en marcha mi vieja idea de unos cursos titulados "CÓMO CALLAR EN PÚBLICO".

viernes, 26 de junio de 2009

"MÁS DE 20 BUENAS RAZONES PARA NO VOTAR A W. Y NI UNA SOLA PARA VOTAR A H."

RELEYENDO A JULIO CAMBA: COSAS QUE NO CAMBIAN
(de 1916 a 2009)

Soy, desde hace mucho tiempo, un "fan" de Julio Camba, que, además de perspicaz observador y excepcional escritor, era de Villanueva de Arosa (ahora Vilanova de Arousa), un rincón de ese universo singularísimo que es la gran Ría de Arosa (Arousa). Si alguien me busca en agosto, es probable que me encuentre en Vilanova, donde nació también Don Ramón de Valle Inclán, aunque durante cierto tiempo a Valle se lo disputaron La Puebla del Caramiñal (A Pobra do Caramiñal) y Vilanova, porque se llegó a alimentar la leyenda de que Valle había nacido en el vapor que unía las dos riberas de la Ría ("a banda da terra": ribera sur, con Villagarcía, Vilanova y Cambados, etc.; "a banda do mare", la norte, con Rianxo, A Pobra, Ribeira, etc.).

El caso es que el 30 de mayo pasado salí para Nueva York y Toronto con "Un año en el otro mundo" como parte del equipaje de mano. El librito apareció en 1917, cuando Camba tenía 30 años y ha sido muy preciosamente reeditado por "Rey Lear" en el mismo mayo de este 2009. Es una colección de crónicas desde Nueva York. No pude leer mucho ni durante el viaje, ni en la vorágine de Nueva York ni en la International Conference de la IAPL (International Association of Procedural Law) en Toronto. Lo he acabado ahora mismo, como quien dice, en tierra castellana, pura cuna de la Ribera del Duero, por más señas.

En varios de sus artículos, Camba comenta la campaña presidencial americana de 1916, en que W. Wilson, que ganó su reelección, tuvo enfrente a Charles E. Hughes, candidato republicano, que, para presentarse, dejó su puesto de Magistrado (Chief Justice) del Tribunal Supremo Americano. Hughes había sido antes Gobernador de Nueva York, derrotando al conocido William Randolph Hearst.

Todo esto viene a cuento de haberme encontrado unas frases especialmente interesantes en un artículo titulado "La esfinge parlante". Camba lo titula así, cuando va a hablar de Hughes, porque en un artículo anterior nos ha contado lo siguiente:

"Su cargo de la Suprema Corte de Justicia le impedía en absoluto formular manifestaciones políticas, y desde hace varios años Hughes no ha despegado los labios nada más que para comentar el estado del tiempo o para saludar a sus amigos. No ha escrito una línea, no ha pronunciado un discurso, no ha recibido un reportero..."

"-Pero, en fin -le he preguntado yo a alguien-, sus amigos, los que han trabajado su elección, conocerán seguramente sus opiniones. Algunas declaraciones habrá hecho Hughes en el seno de la amistad."

"-Usted- me comentó la persona a quien yo había interrogado- no tiene idea de lo que es esto que aquí llamamos 'un justicia'. Cenar con un justicia equivale a cenar con un idiota. No se puede decir nada interesante durante la cena."

"-Y cómo es posible que se haya elegido a Hughes si no se sabe lo que piensa?"

"-Pues se le ha elegido por eso. Porque no se sabe lo que piensa."

De ahí lo de "la Esfinge". Pero, metido en campaña, Hughes tiene que hablar. Y Camba relata:

"'Yo conozco más de veinte buenas razones para no votar por Mr. Wilson -escribe un elector-; pero no conozco ni una sola para votar por Mr. Hughes'. Mr. Wilson, en efecto, tiene muchas faltas, y Hughes se pasa la vida señalándoselas. Lo que ocurre es que, frente a esas faltas, Mr. Hughes no presenta ninguna cualidad."

(...)

"...para Mr. Hughes lo importante es la forma, y esto se comprende muy pronto. La forma, en efecto, es él. Él quiere darle su forma personal a los discursos parlamentarios, a las notas diplomáticas y a todos los actos presidenciales. En una palabra, quiere ser presidente. ¿Presentar un programa? No. Míster Hughes presenta su propia persona. El pueblo no verá tal vez la ventaja de elegir a Hughes en vez de reelegir a Wilson, ya que el primero no va a hacer nada que no haya hecho el segundo; pero Hughes la ve perfectamente."

"Desde el comienzo de la campaña electoral, Hughes habrá pronunciado ya sus cien discursos y hasta ahora no ha dicho nada. ¿No es admirable esto de pronunciar cien discursos sin decir nada? Mientras Mr. Hughes estaba en la Suprema Corte de Justicia, era el hombre que menos hablaba en los Estados Unidos. Hoy es el hombre que habla más. Sin embargo, y aunque entre ambos Hughes haya una gran diferencia de forma, no hay ninguna diferencia de fondo. El pensamiento de Hughes continúa siendo un misterio."

Estoy seguro de que los lectores de este blog le ven a estos textos su miga actual, aquí y "en el otro mundo". Por tanto, yo no digo nada.