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miércoles, 11 de abril de 2012

UN (MUY DESEABLE) ÚLTIMO SERVICIO DE LAS TELEVISIONES PÚBLICAS, ANTES DE SER CERRADAS: QUE DESDE ELLAS NOS EXPLIQUEN LOS “AJUSTES”



EL ESTADO NO ESTÁ NI PARA INFORMAR NI PARA ENTRETENER: SI NUESTROS POLÍTICOS NO CIERRAN TV Y RADIOS PÚBLICAS NO TIENEN LEGITIMACIÓN PARA AJUSTAR NI RECORTAR NADA
(Actualizado a 12 de abril de 2012: la necia injuria de un funcionario político, que desprestigia a España)


Continuaré, a no mucho tardar, el asunto de la “guerra económica” USA-Europa, pero hoy me parece necesario ajustar algunas cuentas con los “ajustadores”. No estoy seguro de la bondad pero tampoco de la maldad de ciertas medidas de ajuste presupuestario: de medidas adoptadas y de medidas que proponen adoptar unos y otros, con el consabido lanzamiento de “globos sonda” (que debería cesar y ser prohibido por la superioridad, porque es sumamente peligroso para todos). Pero estoy absolutamente seguro de dos cosas: la primera, es que, ya que nuestros gobernantes miran más a Bruselas que los españoles, deben evitar espectáculos como el de la desautorización de un Ministro de Economía por un cargo mediano del Partido Popular, desautorización clarísima aunque ahora, casi una semana después, resulte que siguen planteándose desde ese Partido lo que el Ministro puso sobre la mesa (el “copago” sanitario, concepto que no puede ser, por otra parte, menos preciso y menos apto para una discusión seria: ¿hay “copago” tanto si pongo de mi bolsillo la mitad del precio como si, aun provisto de receta “salvadora”, pongo 10 céntimos de euro cada vez que compro un medicamento?: el concepto puede aplicarse a lo uno y a lo otro y cualquiera aprecia que no es lo mismo) . Pero, a lo que voy: si el Ministro no hubiese estado acertado, él mismo, motu proprio o por mandato superior, debería hacer matizado sus declaraciones. Que saliera al paso de sus concretas declaraciones un Vicesecretario de Organización del PP no es nada acertado para la impresión que en Bruselas, en Nueva York, en Londres y en Berlín, conviene muy mucho que tengan de la autoridad de un Gobierno que afronta una crisis gravísima. No estoy abogando por fingir una autoridad de la que se carezca: sólo de que no se socave imprudentemente, insensatamente, la que se pueda tener.

[INCISO DE ACTUALIZACIÓN: El 12 de abril de 2012, todos los servidores públicos o, al menos, los del Estado, nos desayunamos con este mensaje del Sr. Beteta, de profesión funcionario del Partido Popular, con destino político interino como Secretario de Estado de Administraciones Públicas: "los funcionarios deben olvidarse del cafelito y de leer el periódico". Con tan generalizadora gracieta, el Sr. Beteta, para empezar denigra e injuria a muchos funcionarios públicos que ocupan puestos en virtud de los principios de mérito y capacidad tras superar pruebas competitivas -cosa que no ha hecho nunca Beteta- y que no merecen tacha alguna de vagancia, como la que él, irresponsablemente, nos ha arrojado a todos. Pero es que, además, Beteta, dando pruebas de nula prudencia, ha lanzado a los cuatro vientos, precisamente con la que está cayendo sobre España, el mensaje de que la Administración del Estado español está en manos de vagos. ¡Genial! En mi condición de funcionario del Estado, me siento personalmente personalmente ofendido y como los sindicatos de funcionarios no van a reaccionar (o muy poco), porque, al fin y al cabo, son sindicatos, tendré que decirle directamente a Beteta, para más inri "jefe de los funcionarios": "debe Vd. olvidarse de vivir de la política, que lleva Vd. haciéndolo desde 1983, y debe olvidarse de disponer de coche oficial con chófer: ¡váyase, Beteta, váyase del Gobierno y pruebe a intentar ganarse la vida por ahí, quizá donde no se lea el periódico ni se tomen cafelitos!" Y si no se va, porque no tiene tanta categoría, cumpla dignamente como Secretario de Estado de Administraciones públicas y haga que funcione la Inspección de Servicios, de modo que se expediente y se sancione a los funcionarios incumplidores, sin insultar a los demás. De lo contrario, tendremos que pensar que Vd., Beteta, es un resentido, que ha abusado de su cargo para un desahogo injusto e injurioso, muy dañino para España.] 

Pero aún más importante que evitar espectáculos como los referidos, es la segunda cosa de la que estoy seguro: los “ajustes” se están haciendo, no sólo a trompicones, no sólo con una dilación electoralista reprobable (que ya se apuntó en este blog), sino simplemente mal, en el fondo y en la forma. Comenzaré por la forma, que es rematadamente mala. En primer lugar, para hacer ajustes hay que legitimarse muy bien, muy contundentemente, sobre todo cuando los tijeretazos y los sablazos al contribuyente común llueven sobre mojado. Y esa legitimación continúa sin fundamentarse como es necesario. Por poner un par de ejemplos: resulta indecoroso que, tras el episodio aquí referido en el post de 25 de marzo de 2012, el Gobierno no haya actuado para eliminar “retribuciones” de consejos de administración -de cualquier clase de empresas- que ningún ciudadano decente puede entender, ni siquiera en tiempos de bonanza económica. A mí me parece vomitivo que se persiga el pluriempleo de mil formas distintas (vía incompatibilidades administrativas que no sean incompatibilidades reales, vía jurídico-laboral) y, en cambio, se admita como normal que Zutano y Perengano -siempre personas importantes, claro es- acumulen “retribuciones” por lo que se ha llamado y debe llamarse figurar. Estos figurantes riquísimos, acumuladores de “consejos”, son suficientes para desmoralizar al ciudadano, deslegitimar al gobierno y legitimar la cólera general. Otrosí digo: es lamentable la tardanza en la poda de empresas públicas injustificadas o en la fusión de organismos que, como diría Ockham (aunque, en muy diverso sentido, ya lo había apuntado Boecio), fueron en su día entes multiplicados sin necesidad.

Legitimados a fondo y con urgencia nuestros gobernantes, hay un segundo punto formal que tampoco se puede eludir por más tiempo: explicar los ajustes, cada uno (al menos los más importantes) y en su conjunto. Y eso no es una cosa que el Presidente del Gobierno pueda limitarse a desear o sustanciar con una amonestación a sus mesnadas a que expliquen “la política del Gobierno”.  Eso, en vista de lo que ocurre, lo tienen que hacer, en directo, los mismos gobernantes o dirigentes que nos aprietan el cinturón o el cuello. Los que aumentan impuestos directos e indirectos, los que suben tarifas de eléctricas y de gas, los que partipan en empresas que aumentan el precio del transporte público.

También en el fondo no son acertados los “ajustes”.  No lo son, porque hay algunas cosas, al parecer intocables, que no se tocan sin otro motivo que el menos elevado de los intereses políticos. Me refiero a las Televisiones públicas (y a las radios públicas). Que subsista Televisión Española (TVE), incluso con dos canales, quizá pueda tener la justificación histórica de haber sido la primera y, en aquellos tiempos, probablemente la única posible. Pero que haya 3 canales de TV autonómica en Andalucía, 6 canales en Cataluña, 2 en Madrid, 4 en Valencia, 4 en Galicia, 5 en el País Vasco, 2 en Canarias, 1 en Castilla-La Mancha, 1 en Murcia, 1 en Aragón, 2 en Asturias y 1 en Baleares es un desatino espectacular. No sólo por lo que gastan, sino por un cuestión de principio: porque para la información específica que el Estado (sea el Central, las Autonomías o los Municipios) tiene que proporcionar, no se necesita para nada la televisión. La información general, la opinión y el entretenimiento no están entre los fines claros del Estado. Lo dicho para los canales autonómicos de TV vale, por supuesto, para las emisoras públicas de radio.

Empezamos muy mal hace tiempo cuando se admitió -buena parte de mis colegas de Derecho Administrativo, no todos, tienen de qué arrepentirse- que el ejercicio de la libertad de difundir información por cualquier medio y el ejercicio de otras libertades de las llamadas ideológicas, fuese tratado como servicio público en sentido estricto y, por tanto, objeto de concesión administrativa. No me callé ante aquel esperpento jurídico, pero sí se me dio la callada por respuesta y, en privado, se enarboló como argumento la limitación del espacio radioeléctrico (¡qué diferente es hoy el estado tecnológico del asunto!).

CIERRE DE LAS TV Y RADIOS PÚBLICAS: NO PRIVATIZACIONES PARA QUE ALGUNOS HAGAN NEGOCIOS SUCULENTOS

No quiero extenderme más: ahora es el momento de cerrar -así, cerrar- las TV y las radios autónómicas y no aferrarse a lo que carece de otra justificación que el puro interés rastrero de la clase política. No mareen la perdiz con la privatización. Y nada de privatizar TVE para que unos cuantos compren a bajo precio sus activos y luego hagan negocio (esa película ya está muy vista): o la mantienen reestructurada y limitada, o la cierran. En cuanto a las TV autonómicas (y las municipales que pueda haber), echen el cierre, que hay modos de no dejar a la intemperie a los trabajadores de esos entes -por ejemplo, pagarles lo convenido hasta la jubilación, que sería la fórmula más costosa- bastante más económicos que mantener esos “medios de comunicación”.

Antes de cerrar esos “medios”, rotundamente supérfluos, acudan a explicar los gobernantes a explicar los ajustes. Que ése sea el último servicio que preste lo que nunca debió existir. En algunas cosas -autovías, trenes de alta velocidad (AVE), etc.- quizá hemos estirado más el brazo que la manga, pero esas infraestructuras son activos valiosos, que ahí están, mientras que las Televisiones y radios autonómicas no son ni activos, ni prestaciones sociales: son puras rémoras.  Es absurdo que se caiga en el meaculpismo por el AVE (o en la crítica, como la que acaba de hacer Artur Mas al AVE a Galicia) y nada se diga de las TV y radios públicas (¡seis tiene la Generalitat del Sr. Mas!). Y que, mientras las TV y radios públicas subsisten, se recorten becas y se congele la investigación en la Universidad no es sólo absurdo, es obsceno.

Si PP y PSOE no se ponen de acuerdo (“yo cierro Telemadrid; tú cierras Canal Sur”), llame el Gobierno a esos legisladores de emergencia, como los que tuvo Boyer (que se mejore le deseo sinceramente) para reprivatizar Rumasa o, sin ir tan lejos, ZP, Pepiño Blanco y Rubalcaba para la encerrona de los controladores aéreos, porque la situación no consiente contemplaciones. Seguro que en el equipo de Rajoy son capaces de producir instrumentos jurídicos aseaditos y decentes. El Decreto-Ley está aquí justificado.

Si no adoptan esa medida -que causaría, a buen seguro, un fuerte impacto positivo en “los mercados” y, mejor aún, en la ciudadanía- que sepan que no les creemos y que no les queremos. Así de clarito he pensado que debía decirlo.

domingo, 25 de marzo de 2012

¿QUIEREN DE VERDAD REDUCIR EL GASTO PÚBLICO?


¿QUIEREN DE VERDAD REEEMPLAZAR EL “ESTADO DE PARTIDOS” POR UN LIMPIO ESTADO DE DERECHO?


("Lo dudo, lo dudo, lo dudo..."
Trío Los Panchos)



Este post y el anterior quizá marquen el periodo de tiempo más largo entre nuevos textos en la pequeña historia de POR DERECHO, este blog que cumplirá tres años dentro de un par de meses.  En el tiempo transcurrido desde el 12 de marzo de 2012 hasta hoy, no han faltado noticias dignas de comentario, como las que aquí salen a relucir habitualmente. Lo que ha faltado -me ha faltado- es ocasión medianamente tranquila para escribir, sin incurrir en repeticiones. Curiosamente, no se ha producido una importante disminución de visitas, pese a que -lo comprendo- a los lectores habituales les podía desanimar no encontrarse con un nuevo “producto”. Ocurre, por un lado (el mío), que rechazo esclavizarme con una determinada periodicidad y, por otro lado, que la excesiva insistencia en ciertos temas y asuntos -por importantísimos que sean objetivamente- insensibiliza a los lectores, que rechazan ponerse a leer lo que les parece -quizá con toda razón- que ya leyeron y que, por añadidura, no va hacerles más felices, porque no se trata ni de buenas noticias ni de algo que les vaya a alegrar el día. Como no quiero oficiar de agorero ni de aguafiestas, si las novedades en sí mismas dignas de comentario van en la misma línea de lo que aquí ya se ha tratado, me abstengo de escribir. Porque, creánme, no encuentro ningún placer en reflejar y valorar la realidad en el mundo en que vivimos. Lo hago porque me parece necesario y porque los lectores habituales parecen considerar útil lo que aquí encuentran. Quizás eso explique que, aun sin post nuevo, las visitas se hayan mantenido: hay ya mucho material acumulado en este blog, que puede ser descubierto o releído.

Dicho lo anterior para explicarme, cosa que bien merecen los pocos fieles seguidores de POR DERECHO, vuelvo a las andadas con las dos preguntas de los titulares. Y la “percha” de la actualidad para el comentario (reiterativo: ¡qué le vamos a hacer!) me la proporciona indirectamente Dña. María Dolores de Cospedal, Secretaria General del Partido Popular (que ahora gobierna en España) y Presidenta de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha. Su marido fue nombrado miembro del Consejo de Red Eléctrica de España (REE), una empresa de esas nacidas de las privatizaciones a medias, que tanto han abundado. REE, empresa cotizada semi-pública, en la que el paquete de control (20%) está en manos del Estado, tiene como principal actividad mantener y gestionar la infraestructura que transporta la energía eléctrica que España necesita: http://www.ree.es/

Tenemos pluraridad de empresas de producción y suministro de energía a los consumidores, pero sólo una -REE- de transporte y operación para recibirla y repartirla: es la dueña de las líneas de alta tensión y de otras instalaciones necesarias. Bien: pues ocurre que D. Ignacio López del Hierro, consorte de la Sra. Cospedal, iba a ser consejero de REE con una retribución anual de 180.000 euros, que nadie ha desmentido. Son doce mensualidades de 15.000 euros.  Lamentablemente para los sacrificados consejeros de REE, se trata de la retribución bruta, con lo que, al mes, neto y sin pagas extras, vendrían a ser unos 7.000 euros y pico, a nada que las retenciones del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) se pusiesen en su tramo más alto, lo que no tendría nada de extraño. En todo caso, es un puesto -que no, insisto, un trabajo- de esos calificables como perita en dulce.

Porque ser consejero de REE no es un trabajo constante, sino un cargo sin apenas trabajo. El consejo se presta por esos consejeros, denominados “independientes”, cuando asisten a unos pocas sesiones del Consejo, cada año. Es una ocupación discontinua, pero, como ven, muy bien retribuida. La cosa de López del Hierro se frustró y mucho se ha escrito acerca de quién o quiénes acercaron a López del Hierro hasta el nombramiento (además de él mismo, claro está) y quién o quiénes frustraron el éxito de la operación, que se presentó como renuncia voluntaria en vista del revuelo mediático, para no perjudicar la carrera de la mujer (lo mismo que la de otro consejero frustrado, para no dañar la imagen de su hermano gemelo, que ocupa un alto cargo muy próximo al presidente del Gobierno). Se ha hablado y aún se habla, como decisiva en la frustración, de la Vicepresidenta primera del Gobierno, Dña. Soraya Sáenz de Santamaría, con el ingrediente de que su marido ha sido contratado recientemente por Telefónica (o Movistar) para un puesto ejecutivo relevante, del que no se conoce la remuneración. Las comparaciones entre las dos situaciones se han echado a la palestra, así como las versiones contradictorias de lo sucedido.

El “culebrón” ha proseguido en torno a la Sra. De Cospedal, a causa de informaciones sobre el también frustrado nombramiento de su hermano, D. Ricardo, como mandamás de la Fundación Carolina, una entidad mixta, público-privada, constituida en 2000, que todavía dirige Rosa Conde, ex-ministra con D. Felipe González, millonario hombre de negocios, que antaño fue Secretario General del PSOE. Vean, si quieren, qué es, qué hace y a quién se ha involucrado en esta fundación: http://www.fundacioncarolina.es/es-ES/Paginas/index.aspx

Vaya por delante que no son iguales, sino diferentes, las situaciones de partida de los dos consortes. El marido de la Vicepresidente del Gobierno, Iván Rosa Vallejo, que es abogado del Estado desde el año 1996,  ha trabajado en la Comisión Europea como experto en cooperación judicial internacional, ha sido Consejero de Justicia en la Representación Permanente de España en la Unión Europea y ejercía hasta su fichaje como Abogado del Estado en la Secretaría de Estado de Hacienda y Presupuestos. Ignacio López del Hierro, marido de la Sra. Cospedal, es una figura conocida por los expertos en el mundo inmobiliario español, ahora dedicado a otros negocios, pero, en todo caso, con muy variada experiencia en consejos de administración (Metrovacesa, de la que fue consejero delegado, Gecina, Bami NewCo, donde fue sancionado por la Comisión Nacional del Mercado de Valores), aunque lo más llamativo es que alcanzara el consejo de la denominada Corporación Industrial de Caja Castilla La Mancha (CCLM), intervenida en 2008 por el Banco de España. Se inició en la política como Gobernador Civil de Toledo, en 1977 y posteriormente de Sevilla. En Sevilla comenzó a tejer sus relaciones de negocios, casó en primeras nupcias y comenzó a ser lo que se llama un ganador.

Se trata, como pueden ver, de dos “perfiles” y trayectorias profesionales muy diferentes. Lo de Iván Rosa Vallejo está en la clarísima línea, que se remonta -por lo que sé personalmente- al paleofranquismo, de la fuerza social y política del Cuerpo de Abogados del Estado, en el que -justo es subrayarlo- D. Iván se encontraba en activo. Pero importan más aún las diferencias entre el trabajo que ha aceptado el marido de Dña. Soraya S. de S. y el cargo que ocupó durante sólo dos días el consorte de Dña. María Dolores de Cospedal. El primero es eso, un trabajo; el segundo, un cargo. Seguramente no estará mal remunerado el trabajo, acorde con el curriculum de D. Iván y, por lo que se sabe, ofrecido a este señor en razón de lo que tiene acreditado y de lo que Telefónica (o Movistar) quiere que haga. Sólo le veo una pega al fichaje de D. Iván. Y es que no me parece muy convincente la consecuencia, ya anunciada por la misma Vicepresidenta del Gobierno, su mujer, de que ella va a abstenerse en lo sucesivo, en el Consejo de Ministros, siempre que se decida algo que afecte a Telefónica (o Movistar). Esa abstención es, en principio, claramente indeseable, porque lo deseable y procedente es que todos los miembros de un Gobierno puedan participar con plenitud en él. Si la Vicepresidenta considera necesario abstenerse cuando aparezca Telefónica (o Movistar), se estaría admitiendo un conflicto de intereses entre su cargo y el trabajo de su marido. Y si existe de verdad tal conflicto (no lo tengo por cierto porque habría que ver cuál es el nivel de decisión de D. Iván en Telefónica y cuál su implicación directa en lo que afecte a Telefónica (o Movistar), entonces, aunque parezca injusta limitación de la carrera de D. Iván, no debería haber aceptado el puesto, para no mermar las funciones públicas de su mujer. Evidentemente habría que ver la intensidad del interés de D. Iván en Telefónica, porque si no se trata de un directivo que se lucre según resulten beneficios para su empresa de lo que decida el Gobierno, sino sólo de un trabajador con alta cualificación pagado exclusivamente en razón de su trabajo, me parece que la abstención sistemática de la Vicepresidente sería quizás una exageración poco razonable, como si un Ministro de Educación tuviese que abstenerse en todo lo relacionado con las Universidades por estar casado con una Catedrática de Universidad o una Ministra de Sanidad estuviese limitada en su capacidad de decisión en todo lo relativo a la Sanidad Pública, por ser su marido Jefe de un Servicio en un Hospital público. Hay que pensar esto un poco más.

Pero, aparte de esta cuestión, lo principal es que resulta sencillamente escandaloso pagar 180.000 euros anuales por un puesto que, a lo sumo, exigirá asistir a diez reuniones en un año, un puesto para el que cualquier lector y yo mismo probablemente estaríamos ya cualficados.

La “nuez” de esta historia no es la discusión anterior sobre mujeres y maridos, sino el hecho de que en empresas públicas -públicas en la práctica- se paguen sumas astronómicas a los consejeros, que, para mayor escarnio, denominan “independientes” y que nos enteremos de ese “pequeño detalle” precisamente cuando nos estaban contando medidas adoptadas para adelgazar el sector público en ese ámbito de las empresas públicas o semi-. No es suficiente con lo que han hecho Vds., Sres. del Gobierno: acaben con estas prebendas en las grandes, medianas y pequeñas empresas semi-públicas, sin intentar ampararse en que parte del capital es de accionistas privados ni en que cotizan en Bolsa. Acaben con el reparto de cargos entre amigos de unos y otros partidos en esas islas de exceso retributivo injustificable. Paguen bien el trabajo diario que requiera una alta cualificación, pero no intenten simular que están haciendo recortes serios cuando aún mantienen docenas o centenares de chollos. Y no intenten despojar aún más a los ciudadanos corrientes y a los funcionarios de carrera de sus magras retribuciones mientras no hayan liquidado lo superfluo que cuesta muchos millones.

La legitimación imprescindible para pedir más sacrificios o imponer más recortes exige que se nos informe detalladamente de empresas mantenidas y eliminadas, de cargos mantenidos o eliminados, de las retribuciones mantenidas, disminuidas o suprimidas y, del mismo modo, de todo lo concerniente a asesores perfectamente reemplazables por funcionarios cualificados ya en nómina (número, remuneraciones, etc.). El sector público está muy lejos de haber “adelgazado” razonablemente y de forma equitativa.

ULTRALIBERALES LOCOIDES QUE ODIAN LO PÚBLICO PERO SE ENRIQUECEN CON ELLO


No deje el Gobierno de sentirse urgido al “adelgazamiento” del sector público a causa de las inyecciones de dinero del Banco Central Europeo (más deuda futura). Revise a fondo lo que, más allá de cualquier liberalismo sensato, se hizo a causa de una demonización extrema de lo público y de una fanática exaltación de lo privado que, no sólo eran injustas y contrarias a la experiencia, sino que constituyeron una amalgama aprovechada para una muy oscura implicación de lo público y lo político con lo privado, de la que resultaron demasiados episodios de desmedido lucro personal, manejados por la clase política en beneficio de los más listos de los suyos. El efecto de demasiados empresarios winners, supertriunfadores, a base de especular con el dinero ajeno, ha sido, está siendo aún, demasiado prolongado y con demasiado aprovechamiento de listillos y listillas sin más experiencia real que la de la política de partidos.

Ha habido una alianza de aprovechados y de fanáticos de un ultraliberalismo locoide, generadora de beneficios estrictamente privados con un enorme aumento del gasto público. No quiero detenerme a hablar, al menos hoy, de la impostura o de la locura pretendidamente liberal que, además de engendrar montajes impresentables bajo la bandera de la libre competencia, del mercado libre y de la libertad económica, ha prostituido y enfangado la consideración social de cualquier genuino liberalismo. Y resulta que sí, que lo privado es lo bueno, lo buenísimo (hablan, claro, de su lucro privado, privadísimo), pero eso sólo fue posible gracias a lo que esos ultraliberales locoides presuntamente más odian (pero más han deseado y fomentado): un engrosamiento monstruoso, una mórbida obesidad del Estado (central, autonomías y municipios). Son pseudoliberales sin vergüenza (o sea, sinvergüenzas mal disfrazados de liberales) los que tienen siempre a flor de labios la necesidad de altas remuneraciones en el sector público o semipúblico a fin de que, con los esquemas de la competitividad, se pueda reclutar a los mejores. Con esa cantilena, justifican que ellos mismos o sus amigos cobren mucho por no trabajar nada o muy poco y, a la vez, promueven que se recorten aún más los sueldos de la generalidad de los funcionarios.

La vorágine pretendidamente liberalizadora ha debilitado al Estado al llevarlo, a la vez, a la quiebra económica y al hundimiento moral. El Estado esta siendo visto por la generalidad como un tinglado insaciablemente depredador del ciudadano común con el menor pretexto. Los funcionarios, seleccionados con cierto nivel de exigencia y con parámetros de mérito y capacidad revisable incluso ante los Tribunales de Justicia, fueron y son presentados colectiva y generalmente como vampiros, justo mientras las estructuras decisorias se llenaban de empleados públicos digitales, teóricamente interinos y, sobre todo, de cargos medios bien remunerados, de libre designación, a quienes se confiaba lo que le correspondía a una sana y profesional Administración Pública. La ineficiencia administrativa -de la que se habla poco, porque el chivo expiatorio es la Justicia, no ya desatendida, sino ocupada e internamente machacada por políticos y amigos de políticos- ha aumentado penosamente. Repetidos intentos de “ventanilla única” y otras iniciativas parecidas -p. ej., la máxima profesionalización de la carrera administrativa, tantas veces prometida- han conocido un fracaso estrepitoso, siempre atribuido falsamente a los funcionarios. De manera que no sólo no hemos avanzado, sino que seguimos retrocediendo en la quiebra social y moral del Estado, que es incompatible con toda seria pretensión de restaurar un Estado de Derecho.

Hay que identificar muy bien -tampoco sería muy difícil, si se quisiera- las zonas y rincones del Estado (incluidas Comunidades Autónomas y Municipios) que sirven y que de hecho son aprovechadas, no ya para el negocio oscuro y maloliente, con el tráfico de influencias y el cohecho como instrumentos, sino para la prebenda y la sinecura injustificables. No está de moda, lo sé, pero hay que volver a que se considere el Estado como un espacio para el servicio, no para el lucro y menos para enriquecerse rápida e injustamente. Puede ser una labor larga. Por eso hay que comenzarla con decisión y sin pérdida de tiempo. No discutan con los pretendidos liberales que pongan pegas a este planteamiento. No merecen sino desprecio, descrédito social y, muchas veces, cárcel.

¿Piensan Vds. que todo lo anterior nada tiene que ver con la indisimulada impaciencia y enfado con España y Rajoy expresados por Mario Monti, Primer Ministro italiano y Olli Rehn, Comisario europeo de Asuntos Económicos, aunque luego hayan medio rectificado? Yo lo veo muy relacionado.

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P.S. Al ver el "post" por tercera vez, me ha venido a la cabeza el tema central de ese bolerazo de Los Panchos: "Lo dudo, lo dudo, lo dudo... (que halles un amor más  puro como el que tienes en mí)"; por si quieren entretenerse, escuchen: http://www.youtube.com/watch?v=rcRfi1B-0E0. Podría, si acaso, adaptarse la letra en otro sentido: "lo dudo, lo dudo, lo dudo, que halles un lucro tan puro como el que viene de mí". Que cada uno elucubre lo que quiera sobre el "mí".



jueves, 1 de diciembre de 2011

¡CUIDADO CON LOS "RECORTES"! PEGAR TIJERETAZOS NO ES GOBERNAR



DOS MALES MUY TEMIBLES: MÁS PARO Y RECESIÓN Y UN AGRAVIO COMPARATIVO EN MASA



A nadie le debería extrañar que D. Mariano Rajoy se esté tomando su tiempo en relación con la gravísima crisis económica española. Nunca se ha caracterizado el Presidente del Gobierno in pectore por ser veloz y expeditivo. En estos momentos, viene a cuento el viejo dicho “vísteme despacio, que tengo prisa”.  Cuando casi nadie informa con veracidad de lo que realmente sucede aquí, es necesario tomarse cierto tiempo -no mucho, pero alguno- para aterrizar bien en la realidad y estar en condiciones de actuar rápida y contundentemente, pero no, nunca, jamás, de cualquier forma que dé imagen de rapidez y contundencia. De imágenes, talantes y demás “merchandising” político ya nos han empachado para varias décadas. De mentiras y engaños estamos absolutamente hartos. Y para globos sonda, nos basta el extraordinario ejemplo del Honorable President Artur Mas, que lanza a diario varias ideas de posibles machetazos al presupuesto catalán. Así que, por el momento, bien estará una cierta pausa si se evitan después improvisaciones, especialmente en los recortes. Porque cualquier cosa, incluso no hacer nada, es mejor que improvisar tijeretazos presupuestarios al buen tuntún. Improvisar tijeretazos está al alcance de cualquier cerebro de mosquito, pero es de peligroso como dejar suelto a un monito juguetón con cuchillas de afeitar en las manos, sólo que sustituyendo al monito (travieso tití o simpático chimpance) por King Kong con cuchillas de tamaño proporcionado. Catástrofe segura.

Hace falta, además, una política. Repito algo que ya dije aquí mismo. Lo de ajustar y recortar no es un proyecto político, sino el stop rotundo a la mentecatez del gasto y del endeudamiento: es el saneamiento elemental (aunque gigantesco) que cualquiera tendría que hacer, por simple necesidad e instinto de conservación a corto plazo. Aplazo hablar más sobre el proyecto político, que no es cosa de mañana o pasado mañana.

Difícilmente, desde la guerra civil, habrá habido una expectación en España y en el mundo respecto de España, con su próximo Gobierno, como la que se palpa en estos días. Se acabó echar las culpas a Zapatero, grande, grandísimo, pero no único culpable. No les vale ya a los políticos esa copla y tampoco a la ciudadanía. Ahora, dentro de unos días y durante 30 ó 60 días más con un nuevo Gobierno, lo que está en juego es si se pierde del todo la esperanza -en una situación altamente inflamable como la actual- y España se va al garete o si se comienza a avistar, no unos miserables “brotes verdes” falsos, sino un horizonte, duro, muy duro, pero esperanzador. Esto de ahora no tiene nada que ver con la rutina de un bipartidismo turnista. Ésta es una crisis gigantesca dentro de una decadencia de civilización. Algo infinitamente menos cruento -por ahora y que así siga- que la Segunda Guerra Mundial, pero probablemente más difícil.

Si el futuro Gobierno quiere que los españoles no nos subamos por las paredes y nos planteemos estudiar en cinco días al Padre Mariana y su luminosa doctrina sobre la licitud del tiranicidio, haga de inmediato tres cosas: primera, no toque las retribuciones actuales (otra cosa serían las retribuciones futuras) del español común (categoría a la que no pertenecen, desde luego, los jerifaltes del sistema financiero y de las entidades subvencionadas: partidos, sindicatos, patronales, empresas públicas, etc.). Porque si, para recortar y recaudar, vacía aún más los bolsillos de millones de españoles, la recuperación o reactivación de la economía real es un imposible físico, metafísico e incluso matemático y sin esa recuperación o reactivación, lo inexorable es más paro, recesión monstruosa, miseria prolongada. Además, mientras la gente siga viendo mamandurrias por doquier, se subleverá con razón ante nuevos ajustes y recortes. Los agravios comparativos resultan insufribles.

Segunda cosa: no dedique el Gobierno más recursos económicos  a las entidades financieras. No más recursos, ni directos ni indirectos ni propios (si quedan) ni prestados. Ni un euro más al salvamento, recapitalización, estabilización, refuerzo, aval, etc., de las entidades financieras. Después de los miles de millones “inyectados”, déjese a las entidades financieras que se arreglen por sí mismas, entre otras razones, porque son las que más saben de arramplar euros. Las que no logren arreglarse, que quiebren. Lo que hay que evitar que quiebre es el país en su conjunto. Y quebrará si los escasos recursos se siguen dedicando a arrojarlos a un pozo sin fondo conocido y que no da agua. Recuerdo que, tras la primera gran “inyección de liquidez” a los bancos y a las cajas, Don Pepiño Blanco, pobre, exhortaba al “sistema financiero” a que reanudase el crédito a los ciudadanos y a las PYMES. ¡Qué entrañable y bondadosa ingenuidad!

Más en concreto sobre las entidades financieras: no se le ocurra al nuevo Gobierno dejarse engañar con lo del “banco malo”. Y menos aún se le ocurra, no engañado, ser cómplice de la segunda entrega de la Gran Estafa. Verán. Nadie explica muy bien qué es eso de un "banco malo". Tengo la completa seguridad de que hay varias personas que saben muy bien lo que es. ¿Por qué no lo explican? Porque veríamos que “un banco malo” es, decididamente, algo malo e incluso muy malo, dado el gran afán de “vendernos” la idea sin explicarla. Pero no le demos vueltas: aquello a lo que se ha decidido llamar “un banco malo” es, sin duda, un mal banco. Y como este mal banco no se constituiría por el libre albedrío de unos seres humanos que decidiesen hacer un buen negocio, sino para salvarse de las consecuencias de un cúmulo de malos negocios, nada de “banco malo”. Lo diga D. Rodrigo Rato o el sursum corda (y aunque lo hayan hecho ya en otros países, porque aquí sería distinto). Pero, ¿cómo rayos puede alguien, con un miligramo de cerebro y unos nanogramos de decencia, constituir un denominado Banco con los llamados “activos tóxicos”, es decir, con basura, con los impagados e impagables? Si se permitiese que las entidades financieras se “limpiasen”, repristinasen y relanzasen (¡pobrecitas ellas, con los dividendos que no han repartido, con las pérdidas que han sufrido!), a base de trasladar a otra parte lo que tienen en balance como “activo”, pero que es, en realidad, tóxico, venenoso, ¿por qué no podríamos todos los demás “crear” un “padre malo” o un “hijo malo”, a modo de “avatares”, para transferirles todos los errores propios? Además, constituir y mantener un “banco malo” no es gratis y como, sin duda, no lo pagarían quienes lo patrocinan, porque lo que persiguen es exactamente lo contrario, lo pagaríamos entre todos (o sea, más recortes, más tijeretazos a millones de semi-esclavos, “muy competitivos”, eso sí).

Tercera cosa: aplíquense D. Mariano Rajoy y equipo a pensar en lo que realmente puede reactivar nuestra economía real y a disponer lo que, en consecuencia, sea menester. No desoigan a “los mercados”, a Merkel, a Sarkozy, a Obama. No pueden hacerlo. Pero no dejen de pensar por sí mismos y de pensar en nuestra concreta situación, para ponerse, sin pensar demasiado, a trabajar al dictado, que siempre sería mucho más fácil. Hagan el plan que más nos convenga, el que encaja con el estado de nuestra Nación. Lo que reactive nuestra economía real, frene el paro y comience a crear empleo es lo que convencerá a “los mercados”, aunque se sufran algunos zarandeos e incluso algún terremoto. Si las cosas se hacen bien, si el plan es bueno, será bueno para “los mercados”, para la Eurozona y para Merkel, Sarkozy y Obama (y si alguno se enfada, que se enfade).

Instrumentalmente, hay algo “metodológico” imprescindible: no claudiquen ante ningún sector, ante ningún “lobby”, ni ante CEOE ni ante sindicatos, ni ante éstos o aquéllos, del mismo “cuerpo” que este o aquel nuevo mandamás. Escuchen, estudien, tomen buena nota, pero no claudiquen. Tienen mayoría absoluta. Utilícenla bien, en lugar de dilapidarla como el Sr. Aznar. Hay muchos y fortísimos intereses creados, acostumbrados a ser, no ya atendidos, sino secundados y obedecidos. Gran parte de nuestros males -en España y en el mundo- provienen de haber dejado actuar a personajes y sectores con graves conflictos de intereses, como si esos conflictos no existieran. Eso se tiene que acabar, es una cizaña que debe ser arrancada ya, sin esperar al día del Juicio. Ejemplo bien actual: “¿qué le parece el indulto del Sr. Sáenz?”, me preguntan mucho en estos días. Me parece mal, rematadamente mal, porque el indultado es acreedor del partido del Gobierno. Un acreedor que, por si fuera poco, de vez en cuando perdona, con lo que resulta que los créditos son donaciones condicionadas. Por eso es indecente que un Juez simplemente pida dinero a un Banco: porque el Banco es o puede ser -tanto da- “cliente” del Juez. Eso son conflictos de intereses.

El futuro Gobierno del PP tiene por delante, como requisito de todo esto, la necesidad de una catarsis interna inmediata. Porque tiene que abandonar y prohibir prácticas viciosas que han sido actuaciones cotidianas tenidas por normales e incluso como virtuosas. Pierdan el miedo a hablar de la corrupción, como si no la hubiese y como si denunciarla y actuar contra ella fuese cosa sólo de radicales anti-sistema o de perturbados mentales. Muestren, con hechos, palabras y normas, que sintonizan con la ciudadanía, que hace mucho tiempo que no se chupa el dedo.

Dos cuestiones más, para terminar por hoy. ¿De dónde recortamos, podrían preguntarme? De la estructura del Estado, Comunidades Autónomas y Municipios incluidos. Digo de nuevo lo que dije en su momento y quizá se consideró una “boutade”: reduzcan a la mitad el número de Ministerios, Secretarías de Estado, Direcciones Generales, Consejerías, Viceconsejerías y todos los altos cargos y asesores y adjuntos correspondientes (v. http://www.andresdelaoliva.blogspot.com/2010/02/gobierno-de-concentracion-y-reduccion.html).   Dejen de pagar a la mitad de quienes ocupan cargos con excedencia y reserva de plaza. No dejen de pagar a los servidores públicos que se ganaron su puesto en buena lid. Dejen de pagar alquileres, amortizaciones, electricidad, aparatajes, etc. Cierren las televisiones públicas duplicadas o triplicadas en un mes (y más tarde, las otras): no dejen a nadie de las plantillas sin cobrar lo que cobraba (que tengan la pitanza garantizada y se reciclen como quieran y puedan), pero ahorren ya todo lo demás, que después vendrán nuevos ahorros. Eliminen subvenciones a lo que no presente un innegable interés público, general, perceptible por los ciudadanos como necesitado de financiación por todos. Cierren empresas públicas, cientos de ellas minúsculas y sin sentido alguno, pero un platal sumadas todas ellas. Cierren o fusionen Universidades públicas disparatadas, archideficitarias, dado su escasísimo número de alumnos, y abocadas a no ser nunca verdaderas Universidades. Esos cierres no tienen por qué dejar a nadie en el desamparo o la penuria.

Si se ponen en serio a esa labor, a mí, desde luego, me pueden pedir que pague algo más por las medicinas que lo que pago ahora con mis recetas de MUFACE. Con ejemplaridad de los poderes públicos en los recortes de lo público que es supérfluo, los ciudadanos pueden entender que lo que no les cuesta, o les cuesta mucho menos que su coste real, no es, en realidad, gratuito o semi-gratuito, sino que lo pagamos todos y no equitativamente repartido. Pienso, por ejemplo, en que las tasas de matrículas de las Universidades públicas sean iguales cualquiera que sea el nivel de ingresos de los padres o familias de los alumnos, o de ellos mismos.

Por último, voy a proporcionar a los dirigentes del PP un argumento de estímulo absolutamente desprovisto de altura literaria, doctrinal, ética o cosa que les suene a música celestial. Es éste: el PSOE perdió, del 2008 al 20 de noviembre de 2011, más de cuatro millones de votos. El PP, con todo el zapaterismo y demás, ganó medio millón de votos. Si el Gobierno del PP no acierta en los dos primeros meses (y entonces difícilmente acertará en lo que siga), en bastante menos de cuatro años el PP puede muy bien perder más de cuatro millones y medio de votos. Y entonces no estará como ahora el PSOE, sino mucho peor, porque unas siglas con más de un siglo de historia son un activo -ahora muy devaluado, pero un activo no tóxico- del que carece el PP.

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PS. No recorten en educación o instrucción, como quiera llamarlo Dña. Esperanza Aguirre. Ahí nos jugamos el futuro. Un anónimo comentarista añade y le copio: tampoco recorten la Sanidad, que ahí nos jugamos el presente. Pero matizo: lo que sí cabe hacer es revisar la aparente gratuidad de todas las prestaciones sanitarias.

jueves, 8 de septiembre de 2011

LO QUE FALTABA: LOS “EMPRESARIOS” ATACAN A LOS FUNCIONARIOS: ASÍ, SIN ANESTESIA



EL PRESIDENTE DE LOS EMPRESARIOS
NO DEBE HABLAR COMO UN POLÍTICO


LO PÚBLICO Y LO PRIVADO: MANIQUEÍSMO "NEOLIBERAL"


Tiempo hubo en que la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) estuvo en manos dignas y competentes. Ahora la preside el Sr. Juan (o Joan, a mí me da igual) Rosell, en sustitución de D. Gerardo Díaz Ferrán, de tan discutible y discutida actuación empresarial. Este Sr. Rosell (no confundir con el Presidente del F.C. Barcelona) no venía diciendo tonterías para ser un personaje público de trayectoria ya larga. Pero, por razones o motivos que ignoro, el Sr. Rosell se ha contagiado del virus microfónico, que está siendo devastador. La estructura de este virus es desconocida, pero se sabe por innumerables observaciones empíricas que las posibilidades de infección son directamente proporcionales a la confluencia en las personas de dos factores no mensurables, pero reales: la ambición y la vanidad.  Y son bien conocidos los efectos del virus: aunque llevamos años presenciándolos, su visibilidad (como ahora se dice) ha aumentado en los últimos meses. Y como el aumento ha sido enorme, hay que calificarlo, como también ahora se estila, de exponencial. Así se explica que centenares de dirigentes (reales o aparentes) estén perdiendo el ipurdi (basque word for “ass”) y, lo que es peor, la cabeza, en cuanto simplemente olfatean la cercanía de un micrófono, llegándose al paroxismo cuando el micrófono va acompañado de una cámara.

Pues bien, el actual Presidente de la CEOE ha contraído el antedicho virus y, al parecer, en una de sus peores variantes. En la muy grave situación empresarial, que soy el primero en deplorar, el Sr. Rosell no ha encontrado una ocupación mejor, en los últimos días, que atacar a los funcionarios. Así, atacar a los funcionarios: a los de todo tipo y en todos los ámbitos.

Aunque las inquietudes políticas del Sr. Rosell vienen de antiguo y no son ningún secreto (incluso llegó a estudiar Ciencias Políticas en mi Universidad Complutense, sin llegar a graduarse, lo que puede tener una interpretación muy favorable a Rosell, a la que me apunto) y su “curriculum vitae” oficial no muestra una trayectoria de empresario nato y neto (el que tiene ideas, arriesga dinero y reúne gente para producir o dar servicios), sino que refleja mucho más una vocación de gestión, mando y representación, con acusados rasgos de publicista u opinador general, el Sr. Rosell haría bien, mientras represente al conjunto del empresariado español, en defender los legítimos intereses de los empresarios, que no es leve tarea, para lo que no tiene ninguna necesidad de atacar infundadamente a los no empresarios y, en concreto, a los funcionarios. Más aún: no debe dedicarse a esos ataques en tanto represente a los empresarios.

¿En qué consiste el ataque infundado del Sr. Rosell? En señalar, como pecado social máximo e imperdonable de los funcionarios, su estabilidad profesional. Y en derivar de esa estabilidad la consecuencia de que, puestos al sacrificio general -para salvar, no ya a la Patria, sino al mundo occidental o a la civilización del siglo XXI- los funcionarios son -somos: yo soy funcionario del Estado y añadiré hoy, por primera vez, frente a la simpleza del Sr. Rosell, que lo soy “a mucha honra”- un sector de la población que debe sacrificarse (o, más bien, ser sacrificado) preferencialmente. A la vez, el Presidente de la CEOE no se ha ahorrado  insinuaciones de vagancia e ineficiencia del funcionariado, sin excepciones, que él considera inherentes a la estabilidad profesional del funcionario.

La inmensidad del doble error del Sr. Rosell y de la CEOE me abruma, porque este Sr. Rosell no es un Presidente del Gobierno, un Ministro, un Secretario de Estado o el jefe de un partido político. Es el presidente de los empresarios españoles, al que se le debe suponer prudencia y conocimientos. Y no sé qué es peor: si que ese encadenamiento de “argumentos” del Sr. Rosell se deba a una demagogia suicida -ningún favor y sí bastante daño le hace al empresariado ese ataque- o que provenga de la ignorancia. Excluyo que se trate de una bellaca maniobra de distracción, aunque las circunstancias permitirían esa sospecha.

Que la estabilidad profesional de los funcionarios sea denostada y ligada claramente al demérito puede ser el exabrupto de un pequeño autónomo, exasperado por un revés o una tardanza atribuible a una Administración pública. Se podría entender y disculpar. Y,  más aún: no faltaría un funcionario dispuesto, precisamente por razón de su función, a asesorar gratis al autónomo de nuestro ejemplo, dueño de una taberna o una pequeña droguería. Que el Presidente de la CEOE ataque, como privilegio injusto ligado a la indolencia y la ineficacia, la estabilidad en el empleo propia de los funcionarios públicos en la inmensa mayoría de los países civilizados es un disparate mayúsculo o una demagogia rechazable con la máxima contundencia.

En España, como en otros países civilizados, criticar la condición funcionarial estable es postular una brutal regresión al régimen de cesantías. La estabilidad de los servidores públicos ha sido una conquista para un Estado eficiente. Otras cosas, muy distintas, son la hipertrofia de la función pública, el gigantismo del sector público con pléyades indebidas de interinos y contratados laborales (sí, Sr. Rosell, de contratados laborales), la tolerancia del incumplimiento de algunos funcionarios por parte de sus jefes y otros fenómenos negativos. Es evidente que la principal responsabilidad de esos fenómenos recae, no en los mismos funcionarios, sino en los dirigentes políticos, a los que tanto se está asemejando el Sr. Rosell.

LO PÚBLICO Y LO PRIVADO: MANIQUEÍSMO “NEOLIBERAL”

Durante mucho tiempo, me he tenido por liberal. Aún pienso que lo soy y que quienes no lo son son otros muchos que afirman serlo a cada paso que dan. A fuer de liberal (aunque sea provisional), quiero un Estado fuerte. Pequeño, pero fuerte. Debe ser fuerte porque no tiene que hacer muchísimas cosas, pero las que tiene que hacer son de enorme importancia. Pues bien, gran parte de la necesaria fortaleza del Estado reside en una Administración pública compuesta por profesionales exigentemente seleccionados según los razonables y constitucionales principios de mérito y capacidad. Profesionales que no cesen con los cambios políticos. Profesionales al servicio de todos y a un precio o coste menor, casi siempre, que los profesionales semejantes contratados por las empresas privadas.

Si al Sr. Rosell no le gusta el tamaño del Estado español actual (en sentido amplio: es decir, incluyendo Comunidades Autónomas y Municipios y empresas públicas, con cierta frecuencia innecesarias y en competencia, no siempre equitativa, con empresas privadas), que se ponga a la cola de los que venimos quejándonos de tamaña elefantiasis desde hace décadas. Si no le gusta la degeneración del Estado de Derecho, que lo diga con detalle: consta que sabe leer y escribir. Pero mientras el Sr. Rosell presida la CEOE no debería castigarnos con ignaras e insultantes generalizaciones. Y no debe hacer demagogia, porque no debe dar ocasión a que ésta se ejercite contra aquéllos a los que representa, ahora tan desatinadamente.

A fuer de liberal (aunque sea provisional) y, sobre todo, de ciudadano medianamente informado, no debo aguantar ni el maniqueismo socialista (de cualquier socialismo) ni el “neoliberal”. Pero éste último es, desde hace algún tiempo, especialmente peligroso. Que el representante de los empresarios españoles, el Presidente de la CEOE, cargue contra la función pública in toto y que, como a los funcionarios de carrera no nos pueden despedir, insinúe que somos todos unos vagos y debemos soportar mayor presión fiscal (¡cosa que el Sr. Rosell dice, vaya por Dios, justo cuando se debate en este y otros países subir los impuestos a los mega-ricos!) sitúa al Sr. Rosell en el maniqueismo neoliberal (en realidad, me parece, pseudoliberal: de liberales analfabetos y acríticos) según el cual lo privado es siempre excelente y lo público siempre maligno. Y la realidad no es ésa. Con eso -como con el maniqueísmo contrario: lo privado es el Mal y lo público, el Bien- se puede hacer demagogia, pero con demagogia nunca se progresa, porque es, por definición, un arma de destrucción...masiva.

La realidad es que lo público y lo privado se necesitan y se complementan. La realidad es que el sector privado necesita un Estado serio y fuerte. Si no hay seguridad ciudadana y seriedad jurídica (la seriedad jurídica es la genuina seguridad jurídica), no hay inversión, no hay actividad económica competitiva protegida por una legalidad razonable, no hay empleo, no hay dinero. (Por cierto, si no hay normas, algunas regulaciones, no hay actividad económica estable y duradera. La manía anti-regulación no es sino la manía de regulaciones torpes, que favorecen la estafa y la competencia desleal… sin que bajen los precios)

A ningún representante de ningún sector funcionarial se le ha ocurrido hasta ahora -y espero que, en esto, sigamos así- atacar a los empresarios sobre la base, p. ej., de las retribuciones fastuosas de unos cuantos Epulones del mundo empresarial. ¿Qué crítica puede merecer la condición de empresario, pese a las empresas que han vivido como parásitos del sector público? Entonces, ¿qué legitimidad tiene el representante de todos los empresarios españoles para criticar lo público y cargar contra los funcionarios sin excepción, cuando muchos sabemos hasta qué extremos inaceptables y dañinos han vivido pegados a las ubres de los caudales públicos enteros sectores empresariales? ¿Acaso los grandes pelotazos de las décadas pasadas no han sido posibles por la hibridación voluntaria de cierta empresas privadas -no precisamente PYMES- con mandamases políticos?  No se atreva el Sr. Rosell a negarlo y, como dice un viejo chotis sobre la bomba atómica, apliquése lo de “Hiro-Hito, Hiro-Hito, recapacita un poquito”. Déjese de tonterías personal e institucionalmente indignas de un Presidente de CEOE.

Hace ya bastantes años, tuve el honor de colaborar en el Libro Blanco sobre el papel del Estado en la Economía Española, que pilotó Rafael Termes Carreró, un catalán y español eximio. Para el que sienta curiosidad: http://web.iese.edu/rtermes/libros/libro08.htm

Al cabo de cierto tiempo de terminarse y publicarse ese Libro Blanco (del que, por cierto, era también coautor un hombre muy de CEOE, José Folgado, 16 años en CEOE), Termes, que se ocupaba ya de programas para empresarios en el IESE (campus de Madrid), nos invitó a una sesión con un buen grupo de empresarios al Prof. Alejandro Nieto y a mí, que nos habíamos ocupado de los capítulos del Libro dedicados a la Administración y a la Justicia, respectivamente. Moderaba el mismo Termes. Llegados al coloquio, brotó impetuosamente en los asistentes al Programa de Alta Dirección el maniqueísmo al que me he referido: lo privado era todo maravilloso y lo público, todo deplorable. Yo, que tiendo a la vehemencia cuando escucho lo que me parecen exageraciones, simplificaciones o valoraciones injustas, repliqué no menos impetuosamente, con idénticas consideraciones a las que ahora he dejado dichas (no me faltaba alguna intensa experiencia directa en la empresa privada). Pero lo interesante del episodio es que, con gran sorpresa mía, Termes, que destacaba por su prudencia y su suavidad verbal y que, a mi parecer, no estaba, por su trayectoria y su dedicación profesional en aquel momento, en las mejores condiciones para pronunciarse públicamente con toda libertad, tomó la palabra para darme la razón (así se expresó) y, acto seguido, atestiguó, a modo de ejemplo, la rendición, convoluto incluido, de todo un importantísimo sector empresarial a las exigencias (muy próximas al chantaje, todo hay que decirlo) del poder político aún predominante en aquel momento. Al sorprenderme, no hice honor a la honradez y al rigor intelectual de Rafael Termes. Pero no he perdido la memoria de aquel suceso. Y miren por dónde, hoy se me ha presentado la ocasión de reparar mi injusto acto interior (que fue breve).

Otro día, más sobre libertad, liberalismo y neoliberalismo de actualidad. Yo, con tanta bobada dicha y tanta barbaridad hecha, a diario, por pretendidos “neoliberales”, quizá ya no puedo ser o llamarme liberal. Seré otra cosa, aún innominada. El tema tiene su interés, pero no por las etiquetas, que ya vamos viéndolas cambiadas hace bastantes años. Tiene interés por la sustancia: por la libertad y su falsificación. Y por el Derecho, que garantiza la libertad.

Mientras tanto, a ver si nos dejan en paz, un poquito, a los probos funcionarios, pobres probos.  Busquen los políticos, con la ayuda de D. Juan Rosell, bolsas de fraude fiscal y no le hagan muchos ascos a los mega-ricos. Pero sólo a los “megas”, porque ahí no hay confusión: los "mega-ricos" no son la clase media.

miércoles, 24 de agosto de 2011

DE PRONTO, ZAPATERO & CO. CREEN EN LA CONSTITUCIÓN, PERO, ¿QUIÉN CREE A ZAPATERO & CO?



LOS NUEVOS “AJUSTES” DEL “GOBIERNO DE ESPAÑA”: EXPRIMIR A LOS DEMÁS PARA MALGASTAR ELLOS

(actualizado a 25 de agosto de 2011)

El “Gobierno de España” no es una entelequia, como algunos piensan y hasta lo dicen. No: ahí están el Presidente, dos Vicepresidencias y trece Ministerios, con sus Secretarías de Estado,  Subsecretarías y Direcciones Generales. Ahí están los centenares de asesores, las Agencias, los Consejos, los Observatorios y las todavía numerosísimas empresas públicas, muchas de ellas dudosamente útiles. No hablemos ya de las Comunidades Autónomas ni de los grandes Ayuntamientos, a los que por ley cabría reducir de tamaño. Eso sigue igual tras el último Consejo de Ministros. Las grandes medidas fueron: reducir el IVA en la compraventa de viviendas, imponer los medicamentos genéricos en el sistema público de salud e introducir cambios en el pago del impuesto de sociedades para que el Tesoro ingrese más rápidamente algunos millones de euros más.

Nadie ha considerado que esos “ajustes” fuesen en verdad relevantes en cuanto al déficit público. Incluso resulta que el del IVA favorece a los bancos con activos inmobiliarios, mucho más que animar el exánime mercado de la vivienda. De manera que ahora se anuncian, para dentro de unos días, dos medidas. Una es reducir un 8% lo que los funcionarios de la Administración del Estado -al parecer, no los de otras Administraciones- perciben como retribución ligada a la productividad (sin que esté claro qué parte de la retribución será considerada así). Es una reforma de color gris, de la que se ha hablado muy poco en los “medios”, oscurecida del todo por la segunda medida.

Porque la segunda medida presenta los colores del arco iris con su máximo fulgor y se pregona con focos y música apropiada para enfervorizar al mundo (me parece escuchar marchas militares y también una versión marchosa del segundo movimiento del Cuarteto de cuerda nº 62, op. 76, nº. 3, de Franz Joseph Haydn, el Kaiserquartett.) (A ver si les suena: http://www.youtube.com/watch?v=4t3Vmo_EM8Y.) ¿Pensarán que “los mercados” son idiotas y que Frau Merkel, que a veces se equivoca, se va a dejar engañar? ¿Pensarán que así se amansarán los analistas y los números dejarán de significar lo que significan?

Y es que la segunda medida consistiría, nada más y nada menos, que en reformar la Constitución Española de manera que en ésta constase expresamente un límite (por ahora sin definir) al déficit público. No es una idea muy original (de hecho, es copia de antiguas y recientísimas propuestas, nacionales y extranjeras), pero ha quedado resultona, con aspecto de gran cosa y todo el mundo está aplaudiendo.

Me niego a sumarme al aplauso. Todo lo contrario. Primero, porque la constitucionalización del límite del déficit sólo sería buena ahora si se acertase en el límite y el acierto no es seguro, sino muy difícil arriesgado. Si se fuese a constitucionalizar un “déficit 0” se exageraría, porque una economía puede estar sana con algún endeudamiento razonable. En cualquier otro caso de límite de déficit, podríamos, como quien dice, pillarnos los dedos, porque lo que ahora conviene puede ser malo dentro de pocos años y no es serio andar reformando la Constitución cada dos por tres.

[ACTUALIZACIÓN: Introducir en la Constitución una fórmula "flexible" de limitación del déficit, como ahora se está matizando, resultaría nefasto: la mucha "flexibilidad" sería, no ya lo mismo que no decir nada, sino algo mucho peor: el germen de discusiones constantes sobre constitucionalidad de la acción de los poderes públicos, con remisión de parte de esas discusiones al Tribunal Constitucional. ¡Lo que nos faltaba! O, más castizamente: "¡por si fuéramos pocos, parió la abuela!". ¡El TC dictaminando sobre el déficit!]

Así que reformar la Constitución para limitar el déficit público me parece una bobada peligrosa, porque un buen límite actual se podría pactar públicamente, con la máxima solemnidad, sin necesidad de abrir el melón de cambiar el texto constitucional, precisamente ahora, con nacionalismos independentistas rampantes y otros extremismos no menos dañinos. De hecho, cuando esto escribo ya están “las redes” ardiendo con peticiones de reformas y referenda con los más diversos contenidos.

En segundo lugar, no aplaudo, sino que silbo y pateo la propuesta,  porque no puedo creer que quienes han hecho y hacen de la Constitución (y del Derecho) tan grandísimo y constante escarnio se hayan convertido o se vayan a convertir ahora en personajes respetuosos con la Norma fundamental y con el Derecho, que han tenido la costumbre de pisotear. Esta iniciativa, viniendo de Rodríguez Zapatero, con el respaldo del PSOE, es una burla, un sarcasmo, una tomadura de pelo. ¿Acaso no será el déficit un concepto “discutido y discutible”? ¿Que la reforma es avalada también por el PP? Me da igual. También el PP ha sido cooperador necesario de la repetida infracción de los artículos 117 y 122 de la Constitución Española, en materia más importante aún que el déficit público, como es la independencia de la Justicia y su impartición por los Jueces y Magistrados constitucionalmente previstos.

Mas, por si fuera poco, ocurre -y es lo más irritante- que la medida -puramente verbal- de constitucionalizar no se sabe qué límite del déficit público, viene acompañada de una enésima ocasión desperdiciada de reducir enseguida el gasto público y del anuncio de un nuevo expolio de varios millones de familias españolas: las de los funcionarios, bastantes de los cuales han de vivir con un régimen de incompatibilidades en algunos puntos más duro que el de los mismísimos jueces.

Los funcionarios de carrera no son millonarios y sí han debido superar, en muchos casos, unas pruebas competitivas de cierta dureza. Pero los políticos se han encargado de desmoralizarlos y de crear en España un laberinto normativo y organizativo que impide cualquier Administración Pública seria. Sin embargo, los funcionarios, con los que lidia el ciudadano, son los malos de la película. Los malos son los Inspectores del Banco de España que avisaron inútilmente a su jefe de la burbuja financiera y de la excesiva “exposición al ladrillo” de bancos y cajas. Los malos son los Inspectores de Hacienda que, de vez en cuando, hacen llegar al público algunas verdades. Los malos son los profesores que, a pesar de los pesares ajenos y propios, han alzado la voz sobre la degradación de la enseñanza con cada reforma. Los malos son los médicos que, también a pesar de parecidos pesares, dispensan una sanidad pública de buena calidad. Pues, todos éstos, los funcionarios, los malos, van a ser, de nuevo, los atracados en beneficio de las arcas públicas vaciadas por una clase política intelectualmente indigente y éticamente inane. Los funcionarios, los malos, se empobrecerán de inmediato, no para reactivar la economía española real (el consumo, la demanda y la producción) (todo lo contrario), sino para que no eche el cierre la insaciable industria extractiva de la clase política.

[ACTUALIZACIÓN: Después de publicado este post, desde el Gobierno se empieza a hablar de aumentar los impuestos a "los ricos", como para hacer más presentable el expolio al funcionariado y no quedarse atrás de lo que es clamor en otros países. La cuestión es qué van a entender  por "ricos". Y me temo, por los criterios que se han barajado en otros momentos, que no se trate de los "mega ricos" o "super-ricos" que diría Warren Buffet, sino que afecte a la clase media y no sólo a la clase "media alta", lo mismo que a las "grandes fortunas". Cuanto más amplia fuese la noción de "ricos", mayor sería la explotación fiscal, depresiva de la economía real. Y menos se entendería el 8% de reducción a los funcionarios a cuenta de la productividad.]

Es grosero, casi lascivo y obsceno, el modo en que nuestros gobernantes miran a los votantes. Miran a los votantes sin mirar la realidad, ni la doméstica ni la mundial. Y miran a los votantes exclusivamente como los elementos necesarios para no perder, de aquí en unos meses, sus propios empleos, sus sueldos, su poder y los grandes negocios que, de vez en cuando (es decir, siempre que se tercie), pueden hacer con ciertos amigos del “sector económico”. Los negocios de los aeropuertos innecesarios, del AVE con 9 pasajeros diarios, de privatizaciones muy sospechosas de gran lucro individual sin beneficio general, de la informatización doblemente analfabeta de la Justicia, que la paraliza pero que viene suponiendo contratos millonarios, de los carnet de identidad con microchip que no sirven para nada, de las políticas energéticas super-primadas que luego dejan caer, etc., etc.

Ante esto, tan sabido y verbalmente aborrecido como inalterado e inalterable, vuelvo a repetir, primero, que los votantes no son tontos y, segundo, que estos gobernantes (jobernantes, más bien) y sus acólitos siguen, erre que erre, jugando con fuego. Se quemarán, sin duda, pero lo malo es que el fuego hará otros estragos que no nos merecemos.

Nada que no sea entre malo y  catastrófico se puede esperar de la concreta tropa socialista de este PSOE, que es tanto el de ZP  como el del Sr. Rubalcaba, “llamadme Alfredo”. Otra tomadura de pelo sangrante lo de la gran promesa de la izquierda renovada, el Sr. Rubalcaba, descubridor de instituciones inútiles que ha mantenido durante lustros sin el menor problema, con González y con ZP, y que ya anuncia la continuidad de las más preciadas joyas del equipo ZP (Chacón, Pajín, Jiménez, etc.) Mientras, D. Mariano y su gente, a la expectativa y a remolque. Pero de las opciones para el 20-N habrá que tratar con más detenimiento en el futuro.

sábado, 22 de mayo de 2010

UN GOBIERNO DE TRACA, UN MAL TRAGO DE 20 AÑOS DE DURACIÓN, UNA REALIDAD MUY BUENA Y LA GUASA QUE LE ECHAMOS


¿RECUERDAN AQUELLO DE "ESTOLOARREGLAMOSENTRETODOS"?

EL "GOBIERNO" DICE: ESTO LO APUNTILLAMOS NOSOTROS SOLOS

Resultó de verdadera traca y un recital de descomunal desconsideración e inepcia el extraño Consejo de Ministros vespertino del pasado jueves, 20 de mayo de 2010, que no acababa nunca, con rueda de prensa archi-retrasada mientras millones de españoles esperaban dispuestos a tomar nota para saber en qué se quedarían sus retribuciones y con una “información” final que nos dejó peor informados y mucho más anonadados de lo ya estábamos. Estamos a sábado y nada sabemos aún, a ciencia cierta, de las medidas adoptadas por Decreto-Ley presuntamente aprobado en el citado Consejo de Ministros. En el Boletín Oficial del Estado (BOE) no aparece. Está claro que aprueban un Decreto-Ley que, en realidad, no estaba escrito y que no han podido escribir en los días siguientes. Nuestras incertidumbres sólo han aumentado.

El mismo viernes 21 de mayo leí que la prensa internacional acogía “con tibieza” el plan español anunciado por Zapatero en el histórico mensaje de 12 de mayo. La crónica de esa “tibieza” dice dos cosas: que no se fían de lo anunciado y que, pese a ciertas alabanzas de algunas personalidades económicas de la eurozona, les impresiona el previsible impacto que el plan de ajuste puede tener en la situación económica real: más recesión, mucho más paro y, sobre todo, desgobierno. Dado que hemos sido intervenidos por otros, lo que resulta más temible a cortísimo plazo es que nadie crea en la seriedad del “Gobierno de España” y que no se fíen del “ajuste” del gasto, por más que anuncien medidas que harían polvo -que lo harán, antes o después, pero más bien antes- a las economías de tres millones largos de familias españolas de modo directísimo y a nadie sabe a cuántos otros millones de españoles indirectamente.

Los españoles, avergonzados hasta el sonrojo por la ineptitud de nuestro Gobierno central -en otros Gobiernos autonómicos, empeñados en mantener intactos dispendios escandalosos, más vale ni pensar-, nos vemos obligados a entender perfectamente esa desconfianza internacional a la que nos sumamos, porque el espectáculo del Presidente, sus Vicepresidentes (o Vicepresidentas, si lo prefieren ellas) y varios Ministros, desde el 12 de mayo de 2010 a la noche del 20 de mayo, ha sido de caos y desconcierto totales: como si no hubiese Gobierno (que es lo que, sin tremendismo alguno, afirmé aquí hace días) o más exactamente y peor: como si, en vez de Gobierno, un par de docenas de ignorantes y mentirosos se hubiesen apoderado del escenario político con ocurrencias diversas y contradictorias a cada hora, sin nadie capaz de imponer orden o al menos silencio y con varios altos cargos (en especial, Dña. María Teresa Fernández de la Vega) capaces de negar lo que todos escuchábamos, veíamos y leíamos.

A todas éstas, al Sr. Zapatero, en el colmo de su indigencia mental e intelectual, perfectamente armónica con su inmoralidad sociopática, no se le había ocurrido algo más estúpidamente inoportuno que alardear, en un foro europeo, del prolongado efecto de las medidas adoptadas por él: veinte años, fue la cifra concreta que ofreció, tirando por bajo. Es algo tan evidentemente tonto que podemos descartar el sadismo. No nos dice: "estos sacrificios que decido y que reconozco muy duros e injustos, estos dolores, por si fueran leves os los vais a tragar al menos veinte años". No es eso: es que la cabeza no le da para más. Hoy, no cabe duda de que la dimisión de Zapatero y su sustitución por alguien con mediana seriedad sería un factor de inmediatos efectos positivos sobre nuestro panorama económico.


¿Nos servirá de algo el "ajuste"? ¿O sólo les servirá a quienes lo impusieron, a costa de nuestra pobreza?

Por mucho que, con la sola objeción de ser tardío, los analistas y comentaristas económicos acepten a pies juntillas la bondad del “ajuste”, aún incierto en sus piezas, me parece que presenta elementos muy discutibles, en sí mismos y por comparación. Para los funcionarios, es radicalmente censurable el recorte salarial, como quiera que se acabe concretando, mientras delante de nuestras narices prosiguen hirientes despilfarros y subsisten organismos y cargos perfectamente prescindibles, en la Administración central y en las autonómicas. No dos ni tres, muchísimos despilfarros y mucho tinglado superfluo. Había mucho en que meter la tijera, que ha quedado intacto. Y, por añadidura, es perfectamente comprensible que persista la alarma internacional si se ven venir claras consecuencias depresivas del “ajuste”. Digo yo que al acreedor no le puede interesar que su deudor en apuros caiga en una pobreza extrema. Y si baja el déficit público pero baja también el PIB, la tasa de déficit puede seguir en las mismas cifras. No sabemos tampoco por dónde se corta el capítulo de inversiones en obras públicas, pero cabe que no sólo no valga la pena el recorte, sino que acabe saliendo más caro y no compense.

Todo transmite una fortísima impresión de chapuza improvisada. Y como también a todos nosotros -no sólo a los españoles- nos han dado sobrados motivos de desconfianza quienes han impuesto a Zapatero el ajuste o recorte, cada hora que pasa me zumba más intensamente la mosca detrás de la oreja. No tengo claro que los fuertes sacrificios españoles sean adecuados a nuestro resurgir junto al de los “hermanos europeos” y comienzo a sospechar que más bien, por culpa de un Gobierno que no ha hecho los deberes ni a tiempo ni a destiempo, vamos a contribuir a salvar la coyuntura del euro con un hundimiento propio que no es inevitable. Que nos toquen más sacrificios que a los nacionales de países medianamente gobernados es cosa que se debe aceptar, aunque no se tenga ninguna culpa cuando no se ha contribuido a la burbuja del ladrillo, al apalancamiento excesivo ni a la creatividad financiera del humo monetario. De lo que dudo mucho es de que los sacrificios ideados por Zapatero sirvan para algo que, al final, nos permita resurgir.

ESPAÑA, EN HIPER-MEGA CRISIS, PERO CON EXCELENTES ACTIVOS: DOS CONCLUSIONES

De pronto, hace unas horas, he caído en la cuenta de una situación paradójica, que me causa especial tristeza, aunque no deje de contener ingredientes positivos. De la paradoja cabe extraer al menos dos conclusiones operativas.

La paradoja es ésta: España agoniza (en el sentido literal, de la αγωνία griega: lucha, pugna extrema) en medio de una realidad material brillante e incluso esplendorosa. Porque nuestra hiper-mega crisis está en curso mientras cualquier extranjero que llega a España puede fácilmente tener la sensación, muy real e impactante, de estar entrando en un país de primera. Y, en cierto modo, así es: no seamos paletos. Como vivo en Madrid, pienso en quien llega a Barajas y luego se dirige a la Corte: verá primero unas infraestructuras entre muy buenas y excelentes (mucho mejores, sin duda, que las que se encuentra quien llega al JFK de Nueva York y se dirige a Manhattan) se encontrará una ciudad más limpia que Nueva York, infinitamente mejor asfaltada, con aceras perfectas en muchas zonas, con una jardinería y un arbolado espectaculares (hace años Madrid era la segunda ciudad con más árboles del mundo, pero la primera era Guayaquil, Ecuador), mobiliario urbano sideralmente mejor que el de Roma e incluso superior al de París. Podrá disponer de un transporte público muy bueno y plantearse ir a Sevilla, a Barcelona y a Córdoba (o a Toledo y Valladolid) en un santiamén, por no hablar de otras muy decentes comunicaciones. Dispondrá de gran número de hoteles entre buenos y estupendos. Y a todo eso hay que añadir nuestras obras de arte, desde los conjuntos urbanos a las más pequeñas joyas, pasando por monumentos y museos extraordinarios, con el añadido del clima, de los paisajes y de una ciudadanía formal en la prestación de servicios: hace tiempo que distingo, en el mundo, entre los países y zonas en que los taxis tienen precios fijos y aquéllos en que se regatea el coste y las condiciones de cada carrera. Ese pequeño índice sitúa a España entre los países y zonas mejores y preferibles. Et coetera.

Ese viajero, en Madrid y en muchos otros lugares de nuestra geografía, no verá nuestra crisis actual y su inminente agravamiento, sino realidades llamativamente positivas. En vez de gozar de la belleza que ha venido a disfrutar y de las comodidades y facilidades que le sorprenderán, tendría que fijarse mucho en la enorme cantidad de tiendas en liquidación, de locales comerciales cerrados o que anuncian cierre, en los miles de carteles “se vende” y “se alquila”. Tendría que saber que la facilidad para encontrar mesa en los restaurantes es cosa bastante reciente. Aun con eso, no podría, lógicamente, hacerse una idea aproximada de lo que nos ocurre.

Pero a lo que voy es a que lo malo que nos sucede no es más real que los grandes activos materiales y tangibles de España (enormemente superiores, por cierto, a los de Portugal, Italia y Grecia, los otros “PIGS”) a que me acabo de referir. Y, aunque quizá sean dos tonterías, a mí se me ocurren un par de conclusiones a partir de esos aspectos positivos. Ahí van.

La primera es que en cualquier plan de austeridad no puede figurar nada que deteriore esos activos. Por el contrario, habría que mantenerlos cuidadosamente actualizados. Son una base, que no debemos dejar que se estropee, para cualquier recuperación. Y lo que esté comenzado -autovías, autopistas, líneas de AVE, etc.- no debería verse afectado por ningún “ajuste”. Vamos a necesitar esos activos en perfectas condiciones, también, por supuesto, para evitar depresiones masivas: ¿se imaginan Vds. el efecto que tendría para el ánimo de todos ver deteriorarse y ensuciarse aeropuertos, estaciones de ferrocarril, calles y paseos, autopistas y autovías, museos, etc.? Pues si perdemos del todo el ánimo, entonces sí que no habrá arreglo alguno, ni en 20 años ni en 200.

La segunda conclusión es que necesitamos, pese a la crisis mundial, potenciar sobre nuevas bases, urgentemente, la tradicional fuente de riqueza y empleo que ha sido nuestro turismo. No estoy pensando en una solución mágica, sino en una prioridad lógica. Si quieren, lo digo con términos más fríos y económicos: es una industria en la que no nos resultaría difícil ser máximamente competitivos. No llegará, de la noche a la mañana, a niveles de pleno rendimiento: ni falta que nos hace volver a la “alegría” de la plena ocupación hotelera, con playas abarrotadas, pero con servicios deteriorados y precios excesivos. Podemos, en cambio, ajustar rápidamente distintos factores, para ir mejorando sin parar.

Y LA GUASA QUE LE ECHAMOS: QUE NO SE PIERDA

Nada de ir como corderitos a un sacrificio indiscutiblemente necesario. Sospechamos que ese concreto sacrificio no es ni el mejor ni el único posible. Podemos y debemos examinar la racionalidad de los sacrificios -porque son muchos y diversos-, podemos y debemos protestar y exigir responsabilidades. Pero nos viene bien, muy bien, echarle nuestra guasa a la situesion. Vean dos ejemplos.

Alguien ha cambiado una campaña publicitaria:

NO DEJES QUE TU NEGOCIO SE PARE

Cuenta con nosotros para pararlo

                        GOBIERNO DE ESPAÑA - ECONOMÍA SOSTENIBLE - ICO


Por otro lado, me llega un e-mail con una ocurrencia muy guasona, que he retocado ligeramente.

CARTA DE UN FUNCIONARIO A SU BANCO:

Banco Sardiner Litoral Lusitano
Agencia 215
Avda. de Rodríguez Zapatero, esquina Salgado, s/n.
Ciudad.

Muy señores míos:


Por la presente lamento comunicarles que he decidido pagar un 5% menos en el recibo mensual de la hipoteca (leasing/crédito personal/renting) que tengo con su banco. Ha sido una decisión muy difícil y dolorosa para mí, pero absolutamente necesaria para recortar gastos y así salvar mi economía y reducir mi déficit.

En situaciones como ésta, todos debemos arrimar el hombro, por lo que estoy seguro de su comprensión y solidaridad.

Además, no es de olvidar que, al fin y al cabo, yo colaboré en su día -como el resto de ciudadanos, tantos de ellos clientes de esa benemérita entidad- en la inyección de liquidez que recibieron ustedes para salvar el sistema financiero.

Por otra parte, me he visto forzado a tomar esta decisión porque mis padres, parientes, amigos y allegados, al conocer el inminente importe futuro de mi nómina, me han manifestado muy expresivamente su deseo de no verse en el trance de recibir de mí peticiones de dinero, con mi único aval personal. Ustedes, como empresarios financieros, saben mejor que nadie lo razonable de ese deseo desde el punto de vista económico.

Los poderes públicos, por su parte, han manifestado con claridad, el pasado12 de mayo, la licitud de decisiones unilaterales y sin previa negociación, como la que tengo el obligado disgusto de comunicarles.

Aprovecho la ocasión para comunicarles que dispongo ya de suficientes sartenes y no necesito que me regalen ninguna más.


Atentamente,


Francisco Alegre Yolé
Funcionario recortado.

Ánimo, añado. Mucho ánimo.