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lunes, 3 de octubre de 2011

HASTA EL 20-N, UN PARÉNTESIS; DESPUÉS DEL 20-N, ¿“MÁS DE LO MISMO”? (I)



JOSÉ BONO Y EL NUCLEO DURO DEL CGPJ COINCIDEN EN LA "RECETA" DEL "CONSENSO" POST 20-N

[Aclaración previa sobre el contexto personal. Es muy probable que no pocos lectores de este “blog”, que ya recibe visitas desde los cinco continentes, desconozcan la trayectoria personal y profesional de Andrés de la Oliva Santos, aunque mi curriculum completo esté disponible como se indica en los “Datos personales” que aparecen siempre al acceder a POR DERECHO. Lo que ahora interesa no son estos o aquellos pormenores, sino señalar que, aficiones (más o menos intensas) aparte, son o han sido tres mis centros de interés (llamarle “pasiones” me suena mal). Me importan o me han importado, con la consiguiente dedicación ininterrumpida desde hace más de 44 años, 1º) La Justicia, en todos los sentidos de esta palabra; 2º) La educación y, más en concreto, la Universidad; pero también 3º) Conocer y entender la realidad más allá de apariencias, tópicos y modas. Estos tres “intereses” son coherentes, el primero con mi condición de cultivador del Derecho Procesal y el segundo y tercero, con la de profesor universitario. En el conocimiento y comprensión de la realidad incluyo destacadamente la política y social, a su vez conectadas en especial con la Justicia y la educación superior. He utilizado en esta aclaración el pretérito perfecto, porque debo reconocer que, respecto de la Universidad, he tirado la toalla en el ring, aunque aún me permita, de vez en cuando, opinar como espectador. Dicho todo esto, se entenderá que, respecto del futuro de España, ahora en trance de singular incógnita a causa del 20-N, me interese especialmente lo que se refiere a la Justicia. Como procesalista, no me atrae ya seguir y estudiar los constantes cambios legales. Pero mi preocupación por la Justicia en España es más fuerte que nunca porque como ciudadano, veo clarísimo que sólo en una Justicia independiente y servida por verdaderos juristas (los dos elementos) cabe apoyar la esperanza de que España se regenere social y políticamente y sea, en sustancia, aun con los naturales fallos que siempre y en todas partes derivan de la fragilidad humana, un Estado de Derecho, un país donde el poder no mande omnímodamente, de modo que los que más pueden siempre se salgan con la suya y los menos poderosos o desprovistos de fuerza siempre lleven las de perder y pierdan. Del estado de la Justicia depende, por tanto, la realidad de las libertades, los derechos y los deberes reconocidos, otorgados o establecidos por la Ley. Y depende también nuestro futuro económico, porque, lamentablemente, nos vamos acercando a grandes pasos a una situación de inseguridad jurídica y de habitual arbitrariedad, que, con toda lógica, desacredita a un país, lo que, literalmente, significa perder crédito o credibilidad y desalentar todo género de inversiones y, con ellas, el comienzo de una recuperación del empleo. Por todo lo expuesto, lo que más me importa del "post 20-N" es qué va a pasar con la Justicia. Supongo que nadie discutirá que no es mal indicador de un cambio sustancial.]  

Pensando en la situación posterior a las elecciones generales convocadas en España para el próximo 20 de noviembre (20-N), D. José Bono, aún Presidente del Congreso de los Diputados, dijo hace unos días que el que gane "tiene que tener la seguridad" de que el otro "no le va a criticar ni va a inflamar la calle" y lo ilustró con estas expresivas palabras: "es muy fácil un megáfono, una tienda de campaña y una acera llena que puede dar motivo para una fotografía y para mil periódicos". De ahí concluía en la necesidad de un “pacto de Estado” entre “el que gane” y “el otro”. Dichas esas palabras el 29 de septiembre de 2011, era indudable a quién se refería Bono con “el que gane” y con “el otro”. Finalmente puede ser que gane Rubalcaba (PSOE) y no Rajoy (PP), pero en ese día, se daba por sentado lo contrario.

La mayoría de los comentaristas o analistas políticos españoles han relacionado estas declaraciones de José Bono sólo con la situación económica y los “ajustes” o “recortes” de gasto público que serán necesarios tras el nuevo Parlamento y el nuevo Gobierno, resultantes del 20-N. Y, así entendidas las palabras del Sr. Bono, los comentaristas o analistas se han situado entre la aquiescencia y el aplauso más o menos fervoroso.

Como quiera que vengo siguiendo la trayectoria de D. José Bono desde mucho, mucho antes de que salieran a relucir, en estos últimos tiempos, sus importantes elementos patrimoniales y sus intensas relaciones con discutibles empresarios, sería del género tonto, por mi parte, una interpretación tan bienpensante e ingenua como la de esos comentaristas o analistas. Dispongo de muchos y muy significativos datos para desconfiar absolutamente del Sr. Bono como persona y para considerarle, como político, uno de los más funestos de su clase. No he dejado de pensar que, entre Bono y Rodríguez Zapatero (ZP), los grandes electores del PSOE probablemente acabaron prefiriendo a ZP, porque muchos de ellos conocían bien a Bono y no sólo no sentían simpatía alguna por él, sino que, más aún, eran conscientes del peligro que suponía, para todos, el que aún era gran cacique de Castilla-La Mancha.

Consecuentemente con lo anterior, la “advertencia” de José Bono tendría que ser considerada como una clara amenaza al PP, más clara y más grave cuanto más disimulada, porque al personaje, de gigantesco ego, le caracterizan, precisamente, su habilidad para el disfraz, el disimulo, la impostura, el manejo de las medias verdades y la disposición para cualquier componenda, sin límite de ningún tipo.

Pero, por si la interpretación de las palabras de Bono resultase dudosa para algunos, hay otro dato aún más significativo, si cabe: la propuesta de siete Vocales del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) para un nuevo “pacto de Estado” sobre la Justicia en el próximo futuro. Lo que dice esa propuesta, que pretenden convertir en acuerdo del Pleno del CGPJ (y seguramente lo lograrán), es lo de menos (cualquiera suscribiría más inversiones en la Justicia, mejor política de nombramientos, etc.) Lo importante es de dónde sale la propuesta, quiénes son sus patrocinadores y cómo proponen que se lleve a cabo lo que postulan.

Me detendré en estos tres puntos. Primero: de dónde sale la propuesta del nuevo “pacto de Estado”. Sale del CGPJ, el órgano que más perfectamente encarna el “Estado de partidos”, degeneración  del Estado Social y Democrático de Derecho en que se constituyó España según el art. 1 de nuestra Norma Fundamental vigente, de 1978. No es ninguna manía personal esta idea de que el CGPJ es el exponente más intenso del “Estado de partidos”, corrupción de la democracia parlamentaria, sin atisbo ya de una genuina separación de poderes. Entender al CGPJ como órgano constitucional convertido en máximo exponente de la corrupción objetiva de la democracia constitucional tiene un fundamento claro: el último sistema de elección de los 12 Vocales del CGPJ que han de ser Jueces y Magistrados provoca que el ámbito partidista-parlamentario y el judicial se empasten con una mixtura que no tiene parangón.  Que Diputados y Senadores tengan que designar a esos 12 Vocales de entre los Jueces y Magistrados que figuran en unas listas confeccionadas sobre todo por las asociaciones judiciales no conduce, como se quiso hacer pensar, a limitar la capacidad de decisión de los Diputados y Senadores a cambio de un mayor peso del conjunto de los Jueces y Magistrados: conduce a que, en cuanto se aproxima la renovación del CGPJ, se inicie un largo, intenso y duradero compadreo entre los partidos y las asociaciones judiciales, aunque éstas, sumadas, no alcancen a integrar a la mitad de los Jueces y Magistrados en activo. Las asociaciones judiciales (o cualquier iniciativa independiente que pretenda no ser meramente testimonial) operan en función de lo que a los responsables políticos les pueda parecer y les parezca aceptable. Así, tras ese compadreo o “negociación”, salen las listas pretendidamente limitativas de posibles Vocales judiciales y, después, por cuotas parlamentarias, como desde 1985, los partidos designan los 12 Vocales. Tamaña implicación del mundo del Derecho y de la Justicia con el mundo de los partidos políticos no se produce ni siquiera al designar Magistrados del Tribunal Constitucional: ahí, la pugna y la “negociación” son directamente político-parlamentarias (para más ilustraciones sobre el CGPJ, pinchen, si quieren, la etiqueta correspondiente: hay muchas, muchísimas, “entradas” sobre el CGPJ).

Segundo punto: quiénes son los patrocinadores de la propuesta. No conozco a todos, a los siete. Pero entre ellos destacan los miembros más influyentes de la actual “edición” del CGPJ: Manuel Almenar (Asociación Profesional de la Magistratura, APM; “ala conservadora”, según la usual taxonomía periodística, próximo al PP) y Margarita Robles (Jueces para la Democracia y “ala” o “sector progresista”, próxima al PSOE, siempre según las habituales etiquetas), acompañados por el Vicepresidente, Sr. De Rosa (ex-Conseller de Justicia de la Generalitat valenciana) y por el Prof. Gómez Benítez (asimismo “progresista” y también próximo al PSOE, pese a ciertos enfrentamientos con la Sra. Robles, ex-Secretaria de Estado de Interior en tiempos del biministro Belloch). Estos Vocales son los que “negocian” los nombramientos discrecionales, ahora muchas veces por el sistema de “packs” o grupos de plazas vacantes. Como se necesitan al menos 3/5 (siempre sobre 21) de votos conformes para los nombramientos discrecionales más importantes y no basta la mayoría simple de los Vocales presentes, hay una llamada “minoría de bloqueo”, con la que es preciso llegar a un acuerdo o los nombramientos no se producen (como está ocurriendo con gran frecuencia). El “desbloqueo” y el acuerdo sólo se puede lograr mediante un “do ut des”: “ésta para mí” a cambio de “ésta para ti”. Es el denominado “cambio de cromos”. Con sarcástico escarnio y cruel burla de la ciudadanía, son precisamente los Vocales más decisivos en el “cambio de cromos” los que ahora proponen “mejorar la política de nombramientos”.

Los citados Vocales se han distinguido también por la promoción fervorosa de ciertas reformas legales, casi todas nefastas, a mi parecer, no precisamente aislado. Paradigma de esas reformas, la de la Nueva Oficina Judicial (NOJ), que ya no debería ser materia opinable, porque sobre los hechos no se opina y es un hecho que la NOJ no funciona y paraliza la Justicia (v. aquí mismo http://andresdelaoliva.blogspot.com/2011/04/el-secreto-voces-ya-no-es-secreto-la.html).  Estos Vocales fueron los que acudieron a presionar a ZP y a Rajoy en favor de Proyectos de Ley como el de los Tribunales de Instancia, que no ha logrado salir adelante al disolverse las Cortes, o como el de Agilización Procesal, que se aprobó in extremis y que nada agiliza, porque sólo recorta recursos, con inclusión de algunos disparates, en los que no puedo detenerme ahora. Todos esos proyectos han sido conchabados, en el fondo y muchas veces en la forma (v. http://andresdelaoliva.blogspot.com/search/label/Partido%20Popular) con los responsables de la Justicia en el PP.

Tercer punto. Se propone un nuevo “pacto de Estado” sobre la Justicia, ya encarnado por los citados Vocales con su consensuada actuación, que ha incluido la máxima implicación nunca vista con el Ejecutivo por parte de un órgano llamado constitucionalmente a “desapoderar al Ejecutivo” (TC dixit: v.  108/1986, de 29 de julio) (v. dos post reveladores: http://andresdelaoliva.blogspot.com/2011/04/casorio-de-la-cupula-de-la-justicia-y.html y http://andresdelaoliva.blogspot.com/2011/04/casorio-de-la-cupula-de-la-justicia-y_23.html). ¿En qué consiste, para los referidos Vocales y para el CGPJ, un “pacto de Estado” sobre la Justicia? En pocas palabras, consiste en que PSOE y PP sigan de acuerdo en domesticar la Justicia y en desactivar la independencia de los Jueces y Magistrados, a los que, además, se les recorta una y otra vez el ejercicio de la potestad jurisdiccional. Digo “sigan de acuerdo” porque, aunque a los electores del PP (y también a bastantes del PSOE) les importe mucho una Justicia independiente, los dirigentes de uno y otro partido, desde hace algo más de una década, coinciden en el intento de neutralizar la Justicia constitucional. No lo reconocen de palabra, claro está, pero lo que legislan y lo que deciden es meridianamente claro para quienes estamos en condiciones de analizar las reformas legales y seguimos de cerca las vicisitudes de la Administración de Justicia.

Voy a repetir lo mismo que acabo de decir, pero en un lenguaje político inteligible para los electores que abriguen grandes esperanzas de cambio en relación con la convocatoria electoral del 20-N, del próximo 20 de noviembre. Tengo especialmente en cuenta a quienes, habitual u ocasionalmente, se inclinen por apoyar al PP, porque el PP sería el cambio, a su juicio.  A todos esos ciudadanos va este mensaje, que lanzo con enorme tristeza: obviamente, es innegable que, respecto del actual “Gobierno de España” e incluso respecto de la candidatura de Rubalcaba, candidatura del PSOE, el PP significaría un cambio. Pero de lo que estoy firmemente convencido es de que, en cuanto a la Justicia, es muy alta, altísima, la probabilidad de que el cambio tras el 20-N se limite a que ciertos cargos (Ministro de Justicia y colaboradores inmediatos, Fiscal General del Estado, en su día, dentro de dos años, Presidente del Supremo, etc.) sean ocupados por distintas personas, pero no varíe un ápice la política sobre la Justicia, incluido el sentido de las iniciativas legislativas del PSOE, que se tomarían como punto de partida. Es decir, y aún más claro: si votan al PP esperando que cambie algo para bien en materia de Justicia, que se enmienden graves errores, que no se cometan otros incoados, también muy graves ("la instrucción a los Fiscales", por ejemplo), es altamente probable que se encuentren defraudados por completo, porque lo que se avizora en el horizonte es, lisa y llanamente, “más de lo mismo”.

Continuará, porque he de explicar el por qué de esta apreciación y conviene explicar o recordar los antecedentes y otras circunstancias. Y también continuará porque no quiero dejar de contemplar la hipótesis de que el PP quisiese trabajar por una Justicia independiente, despolitizada y eficaz. Adelanto que quizás no se encontraría con acampadas y pancartas, pero sé con qué obstáculos sí se encontraría. Y los quiero decir con libertad y conocimiento de causa.

miércoles, 27 de julio de 2011

¿CARECE POR COMPLETO DE VERGÜENZA EL MAGISTRADO GÓMEZ BERMÚDEZ?



UN CONDECORADO Y PENSIONADO POR RUBALCABA INTERVIENE EN EL “CASO FAISÁN”


Relean, por favor, el “post” de este blog, del lunes 8 de noviembre de 2010, titulado «DE LAS CORBATAS A LAS CRUCES PENSIONADAS: “LES LIASONS DANGEREUSES” EN LA JUSTICIA», subtitulado «LA SIMBIOSIS DEL EJECUTIVO Y ALGUNOS “JUDICIALES».  Les facilito el link:  http://andresdelaoliva.blogspot.com/2010/11/de-las-corbatas-la-cruces-pensionadas.html

Narraba entonces la concesión por el Ministro del Interior, a la sazón D. Alfredo Pérez Rubalcaba, de unas condecoraciones policiales pensionadas a dos miembros en activo de la Carrera Judicial y a otro, de la Carrera Fiscal, los tres actuantes en el ámbito penal de la Audiencia Nacional. Además de la inelegancia o desvergüenza de aceptar esas dádivas, analizaba la legalidad, para concluir, me parece que necesariamente, en la ilegalidad de tales distinciones con premio económico (un 10% de plus del sueldo que vayan teniendo). A la concesión siguió un almuerzo en el restaurante “Currito” de los premiados con los premiantes, entre los que se encontraba el entonces Ministro y el entonces Secretario de Estado, hoy Ministro del Interior. No era el almuerzo o cena de homenaje habitual, que se celebra tras una convocatoria general a los colegas y amigos de los condecorados. Tenía todo el aspecto de una comida de amigos. Pero el almuerzo, que levantó la liebre en los "medios", no fue lo importante. Lo importante era el compadreo entre el Ministerio del Interior y esos señores Magistrados y Fiscal.

Viene esto muy a cuento, porque, pendiente ahora un recurso ante la Sección 2ª de la Sala de lo Penal, del que depende que se acuse o no de colaboración con banda armada a los imputados del llamado “caso Faisán” (una confidencia policial a un miembro de ETA, confidencia que frustra una operación policial, judicialmente controlada, contra ETA; “Faisán” es el nombre del bar francés al que se telefonea para advertir al etarra de su inminente detención e incautación de "impuestos revolucionarios", que se frustran), el Presidente de la Sala de lo Penal, acuerda, conforme al art. 197 de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ), que sean todos los Magistrados de la Sala (18 y, entre ellos, el mismo Presidente) los que resuelvan ese recurso, en vez de que lo resuelvan los 3 Magistrados que, como regla (art. 196 LOPJ), iban a ser llamados a juzgar. Esta medida del art. 197 LOPJ puede ser adoptada por el Presidente unilateralmente o porque así lo quieran y lo pidan (en ocasiones, por escrito) la mayoría de los Magistrados. En este asunto, ha sido decisión exclusiva del Presidente de la Sala. Los imputados por el “chivatazo” a ETA son tres altos cargos de la policía y del Ministerio del Interior. Y, no sin lógica, abundan los ciudadanos y comentaristas que consideran altamente improbable que una actuación tan chocante e irregular como la de los “chivatos” a ETA -con la que a la sazón se negociaba- se haya adoptado sin conocimiento y consentimiento de quienes eran el Ministro (Sr. Pérez Rubalcaba) y el Secretario de Estado (Sr. Camacho, hoy Ministro).

Ahora viene lo que considero escandaloso, indecente e ignominioso, aunque sea legal. Resulta que es uno de los comensales de “Currito”, uno de los previamente condecorados y gratificados económicamente de forma injustificada, el Presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, quien ha decidido cambiar drásticamente la composición del tribunal para esa delicada decisión. Este Magistrado había concitado las iras de muchos españoles por su labor como Presidente del tribunal y ponente de la sentencia sobre el "caso del 11 M" (la atroz matanza de las bombas en los trenes, el 11 de marzo de  2004). No dije yo una sola palabra sobre él, ni como presidente ni como ponente, en la línea de los airados con Gómez Bermúdez. Excepto el análisis de los razonamientos jurídicos, no suelo hablar de casos judiciales y de sentencias sobre esos casos. Salvo que los hechos sean muy simples y no controvertidos, juzgar las conclusiones fácticas de una sentencia sin presenciar lo que ha presenciado el tribunal sentenciador me parece inadmisible. Nadie podrá decir, sin mentir, que me encuentro entre las personas que sienten animadversión personal hacia el Sr. Gómez Bermúdez. Inevitablemente, no tengo un buen concepto de esta caballero judicial a causa de algunos de sus comportamientos públicos -y, muy en especial, dejarse obsequiar con una improcedente distinción honorífica y económica por unos constantes "clientes" de su Tribunal- y de algunas de sus propuestas estrictamente jurídicas -como la de menoscabar la acción popular con “argumentos” reveladores de ignorancia supina-, pero puedo decir, sinceramente, que no me cuento entre sus sistemáticos detractores, aunque no son pocos.

Establecida mi actitud previa, me parece indecente y escandaloso que Gómez Bermúdez, que cada mes recibe un “bonus” del 10% de su legal y reglamentaria remuneración a causa de una distinción discrecional y de muy dudosa legalidad, dispensada no hace mucho por el Ministerio del Interior, no se abstenga de tener iniciativa e intervención alguna en una causa penal que afecta tan de lleno a altos cargos de ese Ministerio y, en concreto, a quienes le condecoraron y pensionaron. Probablemente se puede defender que, al pasar Gómez Bermúdez a ser también juez, no concurre en él causa de abstención y recusación conforme a la letra del art. 219 LOPJ, siempre interpretable restrictivamente. Y, desde luego, Gómez Bermúdez, como Presidente de la Sala de lo Penal -adonde llegó, todo hay que decirlo, por sus muy cultivadas buenas relaciones políticas con tirios y troyanos-, puede legalmente llevar la delicada resolución a manos de 18 Magistrados en vez de a los 3 previstos ordinariamente. Pero es que, así como analicé la Cruz del Mérito Policial pensionada a la luz de su regulación, aquí no hablo de legalidad. Hablo de decencia. Este comportamiento es indecente y, en no pocas ocasiones, la indecencia es más grave y reprochable que la ilegalidad.

Y hablo de escándalo. Del escándalo que a algunos, que nos hemos resistido a formar una epidermis de paquidermo, nos siguen produciendo estas desvergüenzas de quienes estarían más obligados que nadie a la ejemplaridad legal y ética, evitando hasta la menor apariencia de parcialidad y amiguismo. Y debo hablar también del escándalo que no se produce. Por ejemplo, de la falta de reacción de los “compañeros” de Carrera Judicial del Sr. Gómez Bermúdez. Estoy bastante inclinado a pensar que una inmensa mayoría de ellos no ve con buenos ojos su intervención. Pero callan. Han aceptado como inevitable y habitual lo que será inevitable y habitual exclusivamente a causa de su propio silencio, que sólo tiene un calificativo: cobarde. Ya sé que tienen miedo y no injustificadamente. Pero, si se quiere ser una persona decente, si se quiere ser un Juez o un Magistrado digno, hoy como ayer -que no se engañen: nihil sub sole novum- hay que echarle coraje a la vida cuando  es necesario. Venciendo el miedo, sí. Porque no todos los miedos son irresistibles, por decirlo en términos jurídicos. Hay miedos que son perfecta, aunque algo arduamente, resistibles, vencibles, que uno puede y debe sacudirse de encima. Y, además, sólo cuando se resiste al miedo a posibles (no seguras) represalias, a posibles complicaciones, se hace uno respetable, inmune a futuros amedrentamientos. Los medrosos son fácilmente manejables: a nada que se les amague con un susto, van como corderos al matadero.
Para remache, no voy a buscar e insertar una frase redonda de Montesquieu, Locke o algún otro gran autor. Lo que me viene a la cabeza es bien distinto: es una frase, una metáfora bien sencilla, popular y expresiva, de Las Murgas de Emilio el Moro, de mi gran Carlos Cano:

“Si en vez de ser pajaritos fuéramos tigre bengala, a ver quién sería el guapito de meternos en una jaula.”

Para disfrutar después del disgusto, del gran disgusto que nos proporciona este figurón presidencial, Gómez Bermúdez, escuchen, escuchen enteras Las Murgas de Emilio el Moro:

sábado, 1 de mayo de 2010

PRIMERO DE MAYO: CARADURA POLÍTICA Y, PARA NO DEPRIMIRSE, ALGO DE MÚSICA MADRILEÑA


DESDE EL 2 DE MAYO A SAN ISIDRO, REVOLUCIÓN Y CHOTIS

Escribí: atentos al Consejo de Ministros del 30 de abril de 2010, porque vendrá un “plan de ajuste” o “de austeridad” o como se le quiera llamar. Eran de esperar medidas de recorte del gasto público que al menos aparentasen una seria determinación de ahorro, aunque sólo fuese por no empeorar la imagen exterior de España. Y resulta que, después de repetir enfáticamente que estaban haciendo los deberes y haciéndolos bien, se ha anunciado un “ajuste” en la Administración que afecta sólo a 32 altos cargos, a la existencia de unas cuantas empresas públicas y a la reducción de sus consejeros (muchos de ellos, simultáneamente altos cargos, p. ej., ministros) por un importe total –y ahora viene lo bueno- de ¡¡¡dieciséis (16) millones de euros anuales!!! (esta cifra la da el mismo “Gobierno de España”). Hay otras medidas, es verdad, incluso desde antes del 30 de abril, pero aguardábamos un gesto significativo respecto del gigantismo insoportable del sector público. Y resulta que nos salen con semejante ridiculez de número de altos cargos (¿qué son 32?) eliminados y un ahorro total de dieciséis (16) millones de euros al año. Esos dieciséis millones no son ni el chocolate del loro ni el alpiste del canario ni las hojas de morera del gusano de seda. Son en sí mismos un escarnio y un sarcasmo insultante contra todos si se comparan con los 55 millones de la Expo de Shangai o con el gasto de los traductores de euskera, catalán, valenciano y gallego en el Senado.

Los gobernantes nuestros (entiéndanme bien: es un decir, una expresión convencional) que han adoptado semejante acuerdo y se han atrevido a comunicarlo a la ciudadanía: ¿son tontos de capirote, nos toman a todos por deficientes mentales o han alcanzado una caradura por encima del grado de dureza 9 e incluso 10, que obliga a revisar la Escala de Mohs? Tal vez se pueda responder afirmativamente a las tres preguntas, pero me inclino sin vacilación a pensar que lo decisivo es lo tercero y que de ahí se pasa a lo segundo, sin que esté probada una intrínseca idiocia de estos gobernantes. Porque, como tantas veces hemos dicho todos, el tonto (presunto) que nunca regala billetes de cien euros y que nunca se golpea a sí mismo con el martillo o la sartén que tiene por el mango, sino que siempre es a otros a quien atiza los martillazos o sartenazos, resulta, en cuanto tonto, muy sospechoso. Que ese presunto tonto o loco (o tontiloco) siempre sepa “pa su avío” obliga a pensar que se hace el tonto o el loco, pero no lo es.

Lo peor, con todo, es que estos gobernantes (más bien “jobernantes”) no sólo no arreglan ni hacen ademán siquiera de arreglar nada público, sino que, en vez de eso, en nombre de lo público nos arreglan jorobadamente lo privado: los fumadores ya no vamos a poder fumar ni en reservados como las narco-salas y, en el colmo de los colmos, se suprimirán por fin los “chiringuitos” de las playas. En un país con playas a un océano y dos mares, de economía en gran medida asentada en el turismo, deciden que la defensa –“integral”, por supuesto- del litoral marítimo requiere cerrar las más modestas, discretas e incluso desmontables construcciones humanas que en el litoral han sido. En esa línea y puesto que están decididos a salvarnos de nuestra connatural incapacidad para velar por nosotros mismos, pronto nos exigirán un certificado médico actualizado y sin indicaciones restrictivas si queremos escoger cualquier plato de las cartas de restaurantes, tabernas, fondas, etc. Porque, insisto, como nos toman por tontos, nos consideran incapaces de cuidar por nosotros mismos de nuestra salud. Podemos esnifar lo que nos dé la gana e incluso matarnos de golpe cuando queramos siendo delictivo que alguien nos lo impida y sin que lo sea que alguien nos ayude. Y, al llegar a cierta edad, acabaremos recibiendo poderosas sedaciones hasta el otro barrio, a juicio de los evaluadores públicos de la calidad de vida. Pero no podemos generar más gastos al sistema sanitario por aumento indebido de nuestro colesterol “malo”, adquisición de sobrepeso o incremento del riesgo -siempre estadístico- de cardiopatía. Eso sí: de los costes de las depresiones (laborales y sanitarios) no se habla, claro, porque igual habría que concluir que sobran más, muchísimos más, que 32 altos cargos.

Sin embargo, de nosotros, de cada uno de nosotros, por tontos irresponsables que seamos, dependerá dentro de poco el futuro de nuestra ciudad. Más adelante, el de nuestra Comunidad Autónoma y, en un par de añitos, el porvenir de España. Sí, dependerá de Vd. y de mí, de nuestra meditada decisión en el santuario democrático de la cabina electoral. De eso sí podemos y debemos ser responsables. De nuestra propia salud, en absoluto. Todo muy lógico y de reconfortante coherencia (“al revés te lo digo pa que m’entiendas”).

Por eso ahora es necesaria la música. Y como mañana es la fiesta oficial de la Comunidad de Madrid, Dos de Mayo, (de 1808: ya saben, los Alcaldes de Móstoles: “Españoles, la patria está en peligro. Madrid perece víctima de la perfidia francesa. Españoles, acudid a salvarla…”) (aunque no fue así), lo suyo es que la música sea muy madrileña. Ahí van unas seguidillas extraordinarias y, de inmediato, el tango de “Wamba”, el padrino anarquista de “EL BATEO” (bautismo), genial zarzuela y última obra del gran Federico Chueca. Ante la caradura política, me siento muy "Wamba". Vean y oigan lo que era también sentir popular en 1901.


Letra: Seguidillas:

En el Lavapiés/No quiere el Municipio regar/en el Lavapiés,/pa que no se deshaga la sal/que está por coger./En el delantal/llevan las madrileñas, ¡olé!/en el delantal,/un ramo de claveles, ¡olé!/y cuatro de azahar,/para adornar la Virgen, ¡olé!/de la Soledad.

Letra: Tango de Wamba:

Wamba. El día menos pensado/pasa una barbaridad.

Coro. ¡Ah! Cuchichí, cuchichí,/cuchichí, cuchichí.

Wamba. Me paece que ni los rabos/quedan de la sociedad.

Coro. ¡Oh! Cuchichí, cuchichí,/cuchichí, cuchichí.

Wamba. Estamos de tal manera/que si esto siguiera así,/la dinamita y el fuego/tendrán que venir.

Coro. ¡¡Uf!!

Wamba. Pues tanto nos van haciendo/que al fin habrá que gritar:/arriba los socialistas y abajo ...

Coro. ¿Eh?

Wamba. No se puede hablar.

Coro. Tun, turuntún, etc./Cuchichí, cuchichí, etc.

Wamba. El día que yo gobierne,/si es que llego a gobernar.

Coro. ¡Ah! Cuchichí, cuchichí, etc.

Wamba. Lo menos diez mil cabezas/por el suelo rodarán.

Coro. ¡Oh! Cuchichí, cuchichí, etc.

Wamba. Haremos de carne humana/la estatua de Robespier,/para que sirva de ejemplo/el mártir aquél;/y haremos doscientas partes/del oro de la nación;/la una para vosotros/y el resto …

Coro. ¿Eh?

Wamba. Para un servidor.

Coro. Cuchichí, cuchichí, etc.

Todos. ¡Qué tango más levantisco,
más chulapo y más guasón. ¡Pom!

Y de propina, desde Madrid (de paso al cielo), porque no falta mucho para San Isidro, dos escenas de LA CHULAPONA, una zarzuela espléndida de Moreno Torroba.

La escena segunda, con unas chulerías extraordinarias y excelente pasodoble:

http://www.youtube.com/watch?v=TnYpwj5uJxc&NR=1

Y un cuadro madrileño en la Plaza de "la Cebá". No se pierdan la habanera y el pasacalles posterior.

http://www.youtube.com/watch?v=P9wdpLhRq-A

Al final, el chotis, chotís o schottiss, espectacular: "Hace usté el favor, reina de Madrí..."

http://www.youtube.com/watch?v=4Mi2h_LJtms&feature=related