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miércoles, 8 de julio de 2015

SOBRE POLÍTICOS COMPETENTES: ELEMENTALIDADES OLVIDADAS O DESPRECIADAS (BIS)


EL "EX-OPOSITOR" (TRIUNFANTE) Y EL “EX-JOVEN” (Y EL MERO JOVEN)
 
(REEDICIÓN DE UN POST DE 10 DE MARZO DE 2011)
 
 
En vista de lo que está pasando y de lo que va a pasar con seguridad si se sigue la vereda de la tontería por la que andan a toda prisa muchos de nuestros dirigentes (ya saben el dicho, que escuché por vez primera en Andalucía: “cuando un tonto coge una verea, se acaba la verea y el tonto sigue”), he rescatado de este baúl de textos que ya va siendo POR DERECHO un post de hace más de cuatro años. Y va tal cual. No voy a escribirlo de nuevo cuando ya lo escribí y no veo necesario ningún cambio. Igual me equivoco, pero he pensado que las elementalidades de hace más de cuatro años son de interés actualísimo porque hoy en España, aparte de un nuevo Rey al que no objetaré en absoluto su relativa juventud (preparación la ha tenido desde que nació), se registra un exceso de figuras emergentes, auto- o hetero-propulsadas, jóvenes y ex-jóvenes, a quienes no les hace ningún favor otro tremendo exceso, que es el de la bobaliconería y la adulación con que se les está presentando y tratando. Ya bastantes de estos “emergentes” se están expresando y están actuando con una fatua suficiencia y una presunción que asustan y que tienen la misma entidad que su ignorancia. Y no: la competencia y la talla personal y profesional hay que demostrarla, hay que ganársela. Y no digamos la condición de líder… o de “lideresa”. Copio (me copio):

 
Hace días, trataba de la “competencia” a propósito de la que tienen o no tienen nuestros dirigentes políticos o de otra especie. Lo que hoy quiero decir, verdaderas elementalidades, vale también para cualquier ámbito de la vida social. Y, en síntesis, es esto: no se debe confundir el principio con el final.
Esa confusión es exactamente la que se manifiesta (o la que se fomenta, porque en ocasiones parece intencionada) cuando, sin más, se presenta como credencial definitiva de competencia e incluso de prestigio poseer un grado de Doctor o haber ganado (en buena lid, es de suponer) una oposición difícil (o dos). En la trayectoria profesional de un profesor universitario (única en la que el doctorado cuenta), el grado de Doctor es un segundo paso, al que deben seguir años de docencia, de investigación y publicaciones. Si después del doctorado se hace poco, no se estudia, no se enseña y no se investiga, magro será el curriculum. Si se sacó el número 1 en unas oposiciones de Notarías hace 15, 20 ó 30 años, pero apenas se ha ejercido el Notariado, estamos ante un lejano éxito inicial, pero no ante una trayectoria profesional ni ante una prueba de que, en la actualidad, aquel brillante opositor sabe Derecho. Lo único que acredita haber sacado Notarías a la primera, con 25 años, es que se trabajó muy duramente 3 ó 4 años y que, a los 25, se tenía magnífica memoria, buena cabeza y más que decente forma física. Pero hoy, a los 35, 45 o a 55 años, cuánto sabe, qué experiencia tiene e incluso quién es esa misma persona depende de lo que hizo (o no hizo) en los 10, 20 ó 30 años posteriores a su brillante triunfo inicial. El mero transcurso del tiempo sólo procura olvido del saber y enmohecimiento intelectual. Y el transcurso de 10, 20 ó 30 años de dedicación plena a la política, sin más, puede procurar los mayores olvidos y los más graves deterioros, intelectuales y éticos.
Indudablemente es legítimo, p. ej., sacar una oposición a Cátedra universitaria o a plaza de Letrado de las Cortes y dedicarse de inmediato a la política, como lo es ingresar en la Carrera Judicial y quedar excedente en ella al poco tiempo para dedicarse a la abogacía. Pero por la misma razón por la que ni el Catedrático y el Letrado de las Cortes pueden razonablemente exhibir esa mera condición como si constituyese un curriculum vitae rico en méritos, tampoco debería hacerlo el miembro destacado de la clase política que, en su día, ya lejano, ganó una oposición a un cuerpo funcionarial más o menos ilustre, pero en el que no ha desempeñado funciones más que por una corta temporada.
Fuera de la política y de la vida pública, es muy mala cosa confundirse hasta el punto de considerar un triunfo inicial (y, concretamente, en una oposición muy difícil, difícil o no facilona: grados bastante relativos) como éxito irrevocable y culminación del itinerario vital que de verdad atribuye competencia y mérito. Pero es en la política donde más se suele exhibir el triunfo inicial como certificado de idoneidad o de excelencia, precisamente a falta de una trayectoria posterior de sucesivos y constantes esfuerzos, con nuevos éxitos y con otras experiencias quizá no exitosas, pero muy relevantes para la personal formación profesional y la madurez humana, que son de gran importancia para desempeñar funciones públicas.
Por lo demás, para la res publica como para todo, es muchas veces preferible, por más prudente, el ignorante consciente de esa condición que el ignorante sabelotodo. Yo, desde luego, siento mucho menos pánico ante un ignorante perfectamente (re)conocido como tal que ante un sabihondo que no ha perdido las grandes ínfulas que le inflaron el ego de falsa superioridad el día en que, hace 10, 20 ó 30 años, fue “número uno” de su promoción de Profesional Importante. El ignorante actual pero prudente puede aprender y, sobre todo, estará inclinado a preguntar y a estudiar lo que haga falta. El cerebrito presuntuoso y creído no tiene que preguntar (o eso se cree él; de ahí que se le llame creído): lo considera innecesario. Y, si le contradicen con argumentos, lo toma muy mal, como si de un ataque personal se tratara. No acepta ni tolera la discrepancia y menos una completa discrepancia. Si, imprudentemente, coloca a los demás en el trance de discrepar y efectivamente discrepan con claridad, se considera víctima de una humillación. Como no comete errores (o, si los comete, no está dispuesto a reconocerlos), no rectifica ni en el asunto de que se trate ni en su actitud habitual. Y sigue cometiendo los mismos errores.
LA MERA JUVENTUD, COMO MÉRITO
(Y, FRECUENTEMENTE, COMO ÚNICO Y DECISIVO MÉRITO)
 
Hay otro fenómeno social frecuente en nuestros días, que es muy conveniente descubrir: la juventud como mérito. Ser joven es, por sí solo, para ciertos dirigentes políticos y para un número aún mayor de jóvenes (interesados), un mérito e incluso un mérito decisivo. Se trata de una de las grandes idioteces que impregnan desde hace unos años la vida social, aquí y en el ancho mundo. Cualquiera sabe que hay jóvenes muy inteligentes, inteligentes, lentos, cortos y muy cortos. Cualquiera sabe que hay jóvenes con mucho ímpetu y otros que se diría que nacieron ya cansados y no han hecho sino cansarse más en su infancia y su adolescencia. Vemos jóvenes trabajadores y otros sumamente vagos. Los vemos con ganas de comerse al mundo y cambiarlo, junto a otros sumidos en el sopor del más absoluto conformismo. Los vemos con ideales y los vemos con un utilitarismo y un egoísmo que asustan. La juventud es -si dejamos a un lado discursos tópicos, en un sentido y en el opuesto- una circunstancia temporal de la vida humana, que no incluye o arrastra, por sí misma, otros rasgos de temperamento, carácter, personalidad, cualidades y defectos, sino que se combina, en cada individuo, con los más diversos rasgos. Una persona joven puede, aun siéndolo, revelar una madurez y una sabiduría de la que carecen personas mayores, ancianas e incluso longevas, que quizá siguen siendo tan atolondrados y tarambanas como a sus 20 años, si no más, por la mayor “práctica”. A pesar de estas genuinas evidencias, hemos vividos y aún vivimos una época en que la juventud, en sí misma, parece considerarse como equivalente a capacidad y mérito.
En la vida política sobre todo, donde, a ciertos efectos, la juventud es algo demasiado relativo y se es joven (de las Juventudes Socialistas, Populares, Convergentes, etc.) tanto a los 18 como a las 37 años, muchas personas ocupan puestos de responsabilidad -incluso de mucha responsabilidad- por el simple hecho de ser jóvenes: algo más de 20 y menos de 36 años. Fulano (o Perenganita) llegó a ser Jefe de esto o de aquello, Director General, Secretario de Estado, Consejero, Viceconsejero, Asesor áulico, Secretario General, etc. cuando era lo que se dice “un joven (o una joven) brillante”, con una carrera universitaria y una conversación que parecía revelar cultura amplia, “lecturas complementarias” (si eran muchas y bien asimiladas o meras citas de ocasión, se descubriría después). Tal vez era también un “joven activo” y voluntarioso. Así empezaron muchos dirigentes políticos actuales y luego, pasados 10, 20 ó 30 años, esas personas siguen, en términos de mérito y capacidad, exactamente igual que cuando empezaron. Si tuviéramos que decir qué son ahora estos dirigentes, sólo podríamos afirmar que son “ex-jóvenes” o, si se prefiere, “ex-jóvenes brillantes”. Suena raro, ¿verdad? Pero, ¿acaso no es exacto en gran número de casos?
Quiero procurar ser objetivo y justo: algunos de los “jóvenes brillantes” dedicados a la política pueden exhibir, tras sus comienzos, una buena gestión de los empleos que obtuvieron. Llegan a ser personas maduras y competentes, con prestigio real y con oportunidades de empleo fuera del sector público. Cuando hablan, se nota que saben de lo que hablan (cosa imposible de fingir) y se les escucha con interés. Pero, por desgracia, se trata de excepciones a la regla. La regla es que los antaño jóvenes alcanzan la cincuentena y nadie, con desapasionamiento, los considera ya "profesionales brillantes” y ni siquiera profesionales, ni buenos ni mediocres. De modo que, por mucho que se estire temporalmente la juventud, han dejado de ser jóvenes y han pasado a ser únicamente “ex-jóvenes”.
He dicho antes que el mero transcurso del tiempo sólo procura olvido del saber y enmohecimiento intelectual. No tengo que rectificar, pero sí completar lo que viene con el tiempo. Por razón del tiempo, hay algo que los jóvenes nunca tienen (nunca hemos tenido): experiencia. O, al menos, suficiente experiencia. Ni experiencia de la vida ni experiencia profesional bastante. Y la experiencia hace falta, es un excelente “activo” para el desempeño de muchos empleos y funciones (aunque no hay que confundir experiencia con antigüedad; sólo interesa la experiencia buena: la mera antigüedad, por sí sola, no dice nada). Prescindir de la (buena) experiencia o minusvalorarla es una necedad tan asombrosa como extendida, que cometen los que, siendo jóvenes, desdeñan ser inexpertos y no toman precauciones. Pero la cometen también y es mayor aún el delito de los que, en el trance de seleccionar y designar a otros, lo hacen en favor de quienes, como suele decirse, aún están “verdes” (y a los que harán bastante daño). Y no deciden en ese sentido por necesidad (por falta gente experimentada, p. ej.) ni adoptan prevenciones y cautelas. Lanzan jovencitos y jovencitas al estrellato (a las estrellas y a estrellarse), porque la falta de experiencia -que seguramente les aqueja a ellos mismos- no les parece de ninguna importancia, adoradores como son de la simple juventud. Así nos hemos visto en las malas manos de una efebocracia, que puede llegar a ser gerontocracia a cargo de “ex-jóvenes”.
 

 

jueves, 23 de agosto de 2012

ESPAÑA: TIEMPO DE ESTUDIAR EN SERIO SALIRSE DE LA EUROZONA


 
 
LA POLÍTICA ALEMANA YA NO SE PUEDE ACEPTAR



Vuelvo sobre la situación económica porque estamos a pocos días de momentos decisivos. Decisivos, no para un país entero, sino también para cada uno de nosotros. Estas lecturas de agosto, tan “económicas”, tratan, no tengo duda, sobre lo que más importa y cuando más importa. Así que los asuntos y asuntillos domésticos, quizá con más morbo, deben ceder el paso a la encrucijada histórica.

 
Vengo diciendo aquí, desde hace más de un año, que Alemania y, en concreto, su Canciller federal, Angela Merkel, tiene una gran responsabilidad en lo que nos ocurre y, sobre todo, en nuestro futuro inmediato (incluido el de la misma Alemania y el de Europa). Durante un tiempo, pensé que Frau Merkel no entendía hasta qué punto su actuación respecto de España e Italia comprometía el futuro de la misma Alemania. Después dije que era inaceptable el trato político que recibíamos e hice ver -siempre a la vez que reconocía muy grandes y en parte persistentes errores españoles- que no éramos, sin embargo, ni los únicos ni los principales responsables de la crisis. Y he terminado por estar seguro de que, a ciencia y conciencia, Alemania es en grandísima medida responsable de la crisis europea y que esa nación y sus satélites (especialísimamente el Banco Central Europeo, de Don Draghi) están buscando nuestra ruina en su propio provecho. Lamento mucho llegar a este convencimiento, pero no puedo evitarlo.

(Si quieren, repasen los cuatro siguientes “post”:
12 de agosto de 2011: MENSAJE A DÑA. ANGELA MERKEL: NO TODOS LOS ESPAÑOLES SOMOS ZAPATERO:  http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2011/08/mensaje-dna-angela-merkel-no-todos-los.html;

18 de noviembre de 2011: LA EXPLOSIVA MEZCLA DE UN ENORME CRIMEN Y UNA GIGANTESCA INCOMPETENCIA (y II):  http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2011/11/la-explosiva-mezcla-de-un-enorme-crimen_18.html

4 de junio de 2012: NI LOS ERRORES AJENOS EXCUSAN LOS PROPIOS, NI LOS PROPIOS BORRAN LOS AJENOS: http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2012/06/ni-los-errores-ajenos-excusan-los.html
15 de julio de 2012: EL "CÍRCULO INFERNAL" PARA INTERVENIR Y COMPRAR ESPAÑA (I): http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2012/07/el-circulo-infernal-para-intervenir-y.html)

Parece necesario decir que la República Federal de Alemania no ha sido ni es la Cruz Roja ni una ONG humanitaria y sin ánimo de lucro; sus bancos han prestado y han comprado títulos y valores a quien libremente han querido prestar y comprar; las empresas alemanas han hecho lo que han querido; se desconocen entregas masivas de productos alemanes a título gratuito; se desconocen impagos masivos del precio de productos alemanes y nadie se ha atrevido ni a sugerir que Alemania se desangraba como una mamá pelícano para que con su sangre se alimentasen otros países, sus poyuelos. No: legítimamente, Alemania estaba y está a sus bussines.

Jamás he sido germanófobo, sino más bien todo lo contrario. De mi respeto, afecto y admiración por Alemania hay abundantes pruebas en mi curriculum vitae (incluido, claro, el historial profesional) y, desde luego, en bastantes de mis aficiones. Pero los hechos relevantes que componen una evolución histórica y una situación actual no se pueden trocear, para tachar buena parte de ellos, simplemente porque, de un modo u otro, se ha contraído una absoluta, pertinaz y sistemática germanofilia, que genera intolerancia aguda a cualquier crítica a Alemania.

No entiendo, pero no me gusta, esa inclinación de bastantes de nuestros intelectuales (en sentido amplio: gente que trabaja sobre todo con la cabeza) a la autoflagelación, esto es a fustigar sin piedad lo español (la historia, los hábitos de la gente, nuestros defectos supuestamente exclusivos), porque, dicen, conocen muy bien España, mientras casi todo lo extranjero-europeo les parece perfecto, aunque sólo lo conozcan superficialmente y no admitan matices críticos procedentes de quienes conocen bien lo francés, lo italiano o lo alemán. Es paradójico cómo esos intelectuales pueden con tanta frecuencia incurrir en los más manidos lugares comunes favorables a lo alemán (el orden, la laboriosidad, la eficiencia, por ejemplo) mientras se precipitan a generalizar los tópicos desfavorables a lo italiano, lo francés y lo español.

A veces tengo la impresión de que personas de mucha calidad intelectual creen que evitar todo nacionalismo -propósito impecable- implica carecer de patriotismo. Caen en una gran atonía emocional y en cierto empobrecimiento de la personalidad y de su intelecto. Pero lo curioso es que no reparten su frialdad equitativamente, sino que la reservan para las cosas de su país, si es que cabe atribuirles alguno (a veces sí: vibran con su aldea).

Viene esto a cuento de la guerra de opinión inter-eurozona y de la sumaria descalificación que algunos pretenden de toda posición netamente crítica de la actual actitud de los dirigentes económicos y políticos alemanes. Voy a decirlo con claridad: no he sentido ni siento satisfacción alguna en la crítica, pero me reafirmo en ella: lo que Alemania, en cuanto Estado, está haciendo en estos momentos es económicamente muy torpe y políticamente rastrero. Alemania es el motor, la locomotora y la potencia de Europa. Cierto. Pero precisamente por eso está fallando clamorosamente en su papel. Europa necesita un liderazgo y Alemania no sólo no lo proporciona (pase: nadie da lo que no tiene), sino que manda en Europa y quiere seguir mandando pese a carecer de un proyecto de Europa... o, si lo tiene (que probablemente lo tendrán los políticos y los banqueros), lo oculta, lo que aún es peor. Vemos politiquería aldeana, cercana al nacionalismo, en quien habría de aportar, si no un liderazgo magnánimo como el que precisa la construcción de Europa, al menos alguna clara señal de comprender que eso es lo que Europa necesita.

Alemania, que -insisto- nunca ha sido una ONG humanitaria a la que los demás hayamos explotado sin vergüenza ni consideración, mientras ella se desangraba, no es ya ahora lo que era ni va camino de seguir siendo una "gran nación". Salvo que rectifique a fondo, va a entrar en crisis (mientras termino este “post” llegan noticias en ese sentido). Y los dirigentes actuales no serán quienes la saquen de ella.

Pues bien, además de que esto que a algunos se nos ocurre aquí en la Europa meridional, lo tienen muy claro al otro lado del Atlántico, como han podido comprobar con los dos “post” anteriores, prosiguen los análisis que ponen bastante al descubierto a qué se dedican los dirigentes políticos y bancarios alemanes. Ahora verán.

A propósito de una interesante noticia -la negativa a invertir de uno de los principales fondos de inversión del mundo, que ha devuelto dinero a sus clientes- he encontrado un texto en el que se plantea debate acerca de la implicación de la política en la economía y sobre la predictibilidad de una y otra. Pero, más allá de estas interesantes cuestiones -pero probablemente de tan largo tratamiento como interés-, el texto contiene una exposición del nacimiento, desarrollo, presente y futuro de la Unión Europea en relación con el interés político de Alemania. Como ahora, en el seno de la UE, cualquier posición (favorable o contraria) sobre la actuación de Alemania es devaluada como sospechosa de beligerante, este texto, del 7 de agosto de 2012, titulado “Financial Markets, Politics and the New Reality”, escrito por un analista estadounidense, George Friedman, me parece importante. George Friedman -sin parentesco con Milton F.- es el fundador y director ejecutivo de la empresa de análisis geopolítico Stratfor y está muy al corriente, por su experiencia y su trabajo, de lo que sucede en este mundo tan complejo. Lo que Friedman dice es muy discutible, pero, desde luego, no se trata de un indocumentado cantamañanas. V. http://www.stratfor.com/

Aunque seguimos en agosto, he cortado el texto, porque la crítica a los inversores por no entender lo que el autor ve tan claro -la predictibilidad de las conductas políticas- no tiene mucho que ver con nuestro asunto.

Pero antes de copiar, les confiaré que, cada día que pasa con este chalaneo a propósito de Europa y del euro, menos me gusta y, sobre todo, menos atractiva y viable me parece la Europa que sostiene Alemania. Y como estamos en una encrucijada de tremenda incertidumbre, me viene cada vez más a la cabeza la idea de que podrían ser preferibles los riesgos de salir de un proyecto desagradable y de muy incierto futuro a los riesgos de seguir atados a tal proyecto. Porque los costes de irnos serían muy altos a corto y medio plazo, pero muy altos y no sólo a corto y medio plazo son también los costes de quedarnos en la eurozona, de cuyo futuro o buen fin dudan tantas personas inteligentes. Según muchos analistas, extraeuropeos ellos, probablemente no estaríamos solos en el abandono del euro. Salirse del euro sería durísimo, pero ¿no lo está siendo y lo será, al menos por igual, permanecer en la eurozona? Repito que habría que estudiar muy a fondo el dilema y el Gobierno español debería movilizar esfuerzos en esa línea, sin ocultarlo, sino todo lo contrario. No debe ser la previsión de una emergencia inevitable, sino el estudio serio de una opción tan importante como la contraria.

Ahora ya copio a G. Friedman (como otras veces, negrita, cursiva y  subrayado son míos):

«“Louis M. Bacon es la cabeza de Moore Capital Management, uno de los hedge funds [AOS: trad. aprox.: fondos de inversión de alto riesgo] más grandes e influyentes del mundo. La semana pasada anunció que devolvía una cuarta parte de su fondo más grande, alrededor de dos mil millones de dólares, a sus inversores. La razón que dio al The New York Times fue que había encontrado dificultades para invertir, dada la imposibilidad de predecir la situación europea. Se citó a Bacon así: "La implicación política es tan extrema... no hemos visto algo semejante desde la posguerra. Lo que están haciendo es tratar de frustrar los resultados naturales del mercado. Es asombroso lo importante que la adopción de decisiones de una sola persona, Angela Merkel, ha llegado a ser para los mercados mundiales".»

«El objetivo de los fondos de cobertura es ganar dinero y lo que Bacon vino a decir fue, esencialmente, que no se puede ganar dinero cuando hay una fuerte implicación política, porque esa implicación introduce incertidumbre en el mercado. Por tanto, la inversión prudente se vuelve imposible. Los hedge funds se han convertido en críticos para la asignación mundial de capitales debido a que sus acciones influyen en otros actores importantes y a que su falta de voluntad para invertir y negociar tiene importantes implicaciones para la disponibilidad de capital. Si otros siguen el ejemplo de Moore Capital, como lo harán, habrá mayores dificultades para reunir el capital suficiente para hacer frente al problema de Europa

«Pero lo más interesante es el razonamiento. Las palabras de Bacon entrañan la idea de que las decisiones políticas son impredecibles o menos previsibles que las decisiones económicas. En lugar de ver a la Canciller alemana Merkel como prisionera de fuerzas ajenas al mercado, que limitan sus acciones, los inversores convencionales parecen pensar que Europa está ahora sujeta a los caprichos de Merkel. Yo diría, por el contrario, que las decisiones políticas son predecibles y que Merkel,  más que tomar decisiones, está siendo el  reflejo de las fuerzas impersonales que la dirigen. Cuando se comprenden esas fuerzas impersonales, es posible predecir comportamientos políticos, como se pueden predecir comportamientos del mercado. No es una ciencia exacta, pero si se hace correctamente, tampoco es imposible.»

«Para hacer esto, se debe comenzar por entender dos cosas. La primera es que la política y los mercados siempre interactúan. El verdadero fundamento del mercado -la sociedad de responsabilidad limitada- es político. Lo que muchos toman como natural es en realidad un mecanismo político que permite a los inversores limitar su responsabilidad. El modo en que se limita la responsabilidad es una cuestión jurídica, no una cuestión de mercado, y está diseñada por los políticos. La estructura de riesgo en la sociedad moderna gira en torno a la sociedad mercantil y la sociedad es un artificio de la política en dependencia de los riesgos. No hay nada natural acerca de las leyes societarias de una nación y son esas leyes las que definen los mercados.»

«Hay tiempos en que la política deja en paz esas leyes y no las cambia y tiempos en que la política se entromete. La última generación ha sido un tiempo único en el que la prosperidad de los mercados permitió a la estructura legal permanecer en general intacta. Después de 2008,  esa estabilidad ya no fue posible. Pero la implicación política activa en los mercados es en realidad la norma, no la excepción. Los inversores contemporáneos han visto una una dramática excepción -la última generación- y, con falta de sentido histórico, la han confundido con la norma. Eso explica la incapacidad de los inversores actuales para hacer frente a las cosas que las generaciones anteriores que se enfrentaban constantemente.»

«El segundo punto de partida es el reconocimiento de que pensadores como Adam Smith y David Ricardo, que tanto admiran los inversores modernos, entendieron perfectamente lo que decimos. Ellos nunca utilizaron el término "economía" por sí solo, sino únicamente en relación con la política y lo llamaron economía política. El término "economía" no apareció solo hasta la década de 1880, cuando un grupo llamado los Marginalistas buscaron matematizar la economía y lanzarla, libre de la política, como una ciencia social autónoma. La cuantificación de la economía y las finanzas condujeron a la creencia -nunca sostenida por hombres como Smith- de que había una esfera independiente de la economía en la que política no se entrometía y que las matemáticas permitían a los mercados ser predecibles, con tal de que la política no pudiese interferir.»

«Dado que la política y la economía nunca se pueden separar, las matemáticas nunca fueron tan predictivas como se había pensado. (…)»

«El mundo no es imprevisible y no lo es ni Europa ni Alemania. La cuestión no es ni lo que los políticos dicen que quieren hacer ni lo que secretamente desean hacer. De hecho, no es la comprensión de lo que harán. Más bien, la clave para predecir el proceso político es la comprensión de las limitaciones: las cosas que no se pueden hacer. La idea de los inversores de que los mercados se hacen impredecibles por la política falla en dos puntos. El primero, que no ha habido un mercado independiente de la política desde que la sociedad de responsabilidad limitad (corporation) fue inventada. El segundo, que la política y la economía son ambas empresas humanas y, por lo tanto, ambos tienen un grado de previsibilidad.»

«Las limitaciones de Merkel»

«La Unión Europea se creó por razones políticas. Las consideraciones económicas fueron un medio para un fin y ese fin era detener las guerras que habían destrozado Europa en la primera mitad del siglo XX. La clave era unir Alemania y Francia en una alianza inquebrantable basada en la promesa de la prosperidad económica. Quien no entienda los orígenes políticos de la Unión Europea y se centre sólo en lo económico no puede comprender cómo funciona la UE y resultará sorprendido por las acciones de sus políticos

«La Europa de posguerra se desarrolló al reanudar Alemania su prebélico papel de potencia exportadora masiva. Para los alemanes, las primeras versiones de la unificación europea se convirtieron en la base para la solución del problema alemán, que era una capacidad productiva de Alemania que sobrepasaba su capacidad de consumo. Alemania tenía que exportar para sostener su economía y toda barrera al libre comercio amenazaba a los intereses alemanes. La creación de una zona de libre comercio en Europa era el imperativo fundamental y cuantas más naciones abarcaba esa zona de libre comercio, más mercados más estaban disponibles para Alemania. Por lo tanto, Alemania se mostró agresiva en la ampliación de la zona de libre comercio

«Alemania fue también un gran defensor de las normas a escala europea en áreas tales como la política de empleo, política ambiental y otras. Estas políticas protegen a las grandes empresas alemanas, que son capaces de absorber los costes, de la competencia empresarial del resto de Europa. El aumento del costo de la entrada en el mercado era una parte importante de la estrategia de Alemania

«Por último, Alemania fue la campeona del euro, una moneda única controlada por un solo banco sobre el que Alemania tenía una influencia proporcional a su importancia. La moneda única, que se centra en evitar la inflación, ha protegido a los acreedores alemanes contra los países europeos dificultando su salida de la deuda. La deuda estaba denominada en euros, el Banco Central Europeo controlaba el valor del euro y los países europeos, dentro y fuera de la eurozona, estaban atrapados en esa política monetaria.»

«Mientras hubo prosperidad, los problemas subyacentes del sistema estuvieron ocultos. Pero la crisis de 2008 puso de manifiesto los problemas. En primer lugar, la mayoría de países europeos tenían importantes saldos comerciales negativos con Alemania. En segundo término, la política monetaria europea se centró en la protección de los intereses de Alemania y, en menor medida, de Francia. El régimen regulatorio creó una rigidez sistémica, que protegió a las grandes compañías existentes.»

«En estas circunstancias, la política de Merkel le fue impuesta a Merkel por la realidad. Alemania era y es totalmente dependiente de sus exportaciones y sus exportaciones a Europa son críticas. Tenía y tiene que asegurarse de que la zona de libre comercio se mantenga intacta. Después, tenía y tiene que reducir al mínimo el coste para Alemania de la estabilización del sistema desplazándolo hacia otros países. Merkel ha tenido que convencer a sus compatriotas de que la crisis era debida a los libertinos del sur de Europa y de que no iba a permitir que se aprovechasen de los alemanes. La verdad es que la crisis fue causada por Alemania, utilizando el sistema de comercio para inundar los mercados con sus bienes, con limitación de la competencia mediante regulaciones y, así, por cada euro descuidadamente pedido en préstamo, un euro se prestó sin cuidado. Como buen animal político, Merkel creó el mito de los griegos astutos engañando al confiado Deutsche Bank examinador

«Dejando a un lado la retórica, la toma de decisiones de Merkel estaba clara. En primer lugar, en ningún caso podía permitir a ningún país salir de la zona de libre comercio de la Unión Europea. Una vez que empezase la salida no podría predecir dónde iba a terminar, excepto que terminaría en una catástrofe alemana. En segundo lugar, por razones económicas y políticas, tenía que ser lo más agresiva posible con los prestatarios morosos. Pero nunca tan agresiva como para provocar que esos prestatarios decidan que tiene más sentido el default (la suspensión de pagos) y la retirada que permanecer en el sistema

«Merkel no ha estado tomando decisiones (según su arbitrio): ha estado actuando conforme a un guión que había sido inscrito en la estructura de la Unión Europea y de la economía de Alemania. Merkel ha creado crisis que apuntalan su posición nacional, adopta siempre la postura del mejor acuerdo concebible que no fuerce la retirada y, al final, o bien llega a un acuerdo que efectivamente no la fuerce, o bien simplemente capitula, aplazando el problema hasta la próxima reunión del grupo que sea.» [AOS: ¿No les suena todo esto, en estos días, respecto de Alemania, el BCE y la UE, por un lado y Grecia, por otro?]

«Al final, los alemanes tendrán que absorber el costo de la crisis. Merkel, por supuesto, lo ha sabido siempre. Ha intentado e intenta forjar una nueva estructura europea a cambio de la inevitable capitulación de Alemania a Europa. Merkel ha comprendido que Europa y uno de los cimientos de la prosperidad europea, se resquebrajaban. Su solución es proponer una nueva estructura en la que los países europeos acepten la supervisión de Bruselas de sus presupuestos nacionales como parte de una solución sistémica para los alemanes. Algunos países rechazan abiertamente esta propuesta, mientras que otros están de acuerdo, a sabiendas de que nunca será implementada. El intento de Merkel de recuperarse mediante la creación de un aparato europeo aún más poderoso está destinado al fracaso por dos razones. En primer lugar y más importante, porque renunciar a la soberanía no es algo que hagan fácilmente las naciones -especialmente las naciones no europeas- y no en favor de lo que en realidad sería una estructura alemana. En segundo lugar, porque el resto de Europa sabe que no tiene que ceder, pues al final Alemania tendrá que firmar (con mucho, el resultado más probable) o la zona de libre comercio hará pedazos

«Si entendemos lo que es obvio, entonces las acciones de Merkel han sido y son plenamente comprensibles. Alemania necesitaba y necesita a la Unión Europea más que cualquier otro país, debido a su dependencia del comercio. Alemania no puede permitir que la UE se disuelva en naciones desconectados. Por lo tanto, Alemania constantemente faroleará y dará marcha atrás. Todo el drama griego es un paradigma de eso. Era Merkel quien estaba atrapada y, al estar atrapada, era predecible.»

«La cuestión del euro es interesante porque se cruzaba con el sistema bancario. Pero al centrarse en el euro, los inversores no han logrado entender que se trataba y se trata de una cuestión secundaria. La Unión Europea es una institución política y la unidad de Europa es lo primero. Los prestamistas han estado mucho más preocupados por la suerte de sus préstamos que los prestatarios. Y haga el Banco Central Europeo las sombras chinescas que quiera, terminará haciendo lo mínimo que pueda hacer para evitar la suspensión de pagos (default) -pero la evitará. (…)»

jueves, 24 de mayo de 2012

¡LO QUE FALTABA: GIBRALTAR!



¿LA REINA NOS COMPROMETE Y RAJOY NO?


Como las cabezas andan perdías, que diría mi admirado José Mota (por cierto: el próximo sillón vacante en la Real Academia Española debería ocuparlo él, por su labor de conservación y fomento de nuestra lengua en toda su esplendorosa riqueza regional), el Sr. García-Margallo, Ministro de Asuntos Exteriores, prácticamente se estrenó gritando “¡Gibraltar español!”. Este grito proclama, a mi parecer, una obviedad, dada la obsolescencia del Tratado de Utrech (1713), perfectamente decaído pues en todo lo que contiene de limitaciones para una de las partes, el Reino Unido de la Gran Bretaña, no ha podido incumplirse más.  Pero no me pareció entonces (ni me parece ahora) que gritar esas palabras fuese muy propio de un Ministro de Asuntos Exteriores y sirviese para algo a la Nación. Claro que yo sostengo la opinión, al parecer poco compartida, de que a uno no le dan un cargo público para que tenga más oportunidades de desahogos personales o para que satisfaga particulares pulsiones psicológicas o, sencillamente, para que pueda ir diciendo por ahí lo que no le dejan decir en su casa. Y no vi que comenzar con “¡Gibraltar español!” fuese de ninguna utilidad pública, sino más bien entorpecedor de cualquier acción diplomática.

Está claro que con la globalización y el paso del tiempo, más la nunca suficientemente comentada estulticia histórica de Rodríguez Zapatero, que, al admitir un “Foro Tripartito de Diálogo sobre Gibraltar", otorgó al Gobierno de Gibraltar un status que a ningún gobernante español, de ningún régimen, se le había pasado por la cabeza, lo de Gibraltar ha ido empeorando sin demasiado ruido, pero a galope tendido: paraíso fiscal, blanqueo de capitales, droga, etc. Precisamente por eso, resultaba aconsejable empezar a poner las cosas en su sitio, lo que no se logra precisamente con gritos y menos aún si se trata con británicos. El “affaire Gibraltar” se debía estudiar con tranquilidad y todavía se puede y se debe estudiar así. Una vez estudiado, si hubiese algo que hacer, a hacerlo sin bulla, calladitos y como quien no quiere la cosa.

Durante doce años (de 1957 a 1969), nada menos, tuvimos en España un Ministro, D. Fernando María Castiella y Maíz, bilbaino, Catedrático de Derecho Internacional, al que, por su dedicación al asunto de Gibraltar, se le llamó, en un tono de benévola broma, el Ministro del Asunto Exterior. Califico la broma de benévola, porque, en realidad, la personalidad y los diversificados esfuerzos de Castiella eran generalmente reconocidos y positivamente valorados. En todo caso, su posición en el asunto de Gibraltar era clara y fuerte, pero nunca bronca. Cuando Castiella era todavía Ministro, se cerró la llamada “verja de Gibraltar”, bloqueando así el acceso por tierra al Peñón: varios miles de españoles se quedaron de inmediato sin trabajo, aunque se potenció toda la zona de la Línea de la Concepción y el cierre de la verja, que duró 13 años, perjudicó mucho más a Gibraltar, que cayó en una profunda depresión. Aún se puede discutir si aquella medida fue acertada o desacertada, considerada en su conjunto (a los españoles de la zona les hizo mucho daño y determinó un perfil industrial de la bahía, cuando podía haber sido turístico). Pero lo que resulta innegable es que no consistió en palabras. Y estuvo precedida de veinte años de negociaciones España-Reino Unido, con resoluciones de las Naciones Unidas declarando a Gibraltar territorio pendiente de descolonización.

A mí me parece que este asunto de Gibraltar no tiene la menor traza de arreglarse de modo medianamente satisfactorio para España. Yo carezco de un plan para el “affaire Gibraltar”. Pero me resulta molesto e impropio que aparezca un Ministro que habla y habla, como si tuviese un plan, cuando no lo tiene. Que no lo tenga aún o que no llegue a tenerlo nunca es comprensible. Lo que comprendo mal es que hable en términos tales que no sólo no atenúan el problema, sino que lo agudizan.

García-Margallo no está siendo muy acertado en algunos muy visibles aspectos de su, llamémosla así, política gibraltareña (es decir, la del Gobierno del que G-M forma parte). Yo no entendí por qué forzar in extremis a la Reina Sofía a no asistir a una fiesta de cumpleaños (85) de Isabel II. No se me alcanza en qué podía comprometer la posición española sobre Gibraltar el hecho de que nuestra Reina atendiese a la invitación formulada por Isabel II y en principio aceptada: por muy majestuosa que sea Isabel II (que lo es), no dejaba de ser una fiesta de cumpleaños. Si la ausencia de Doña Sofía era una protesta por una situación inaceptable, los españoles debíamos conocer tal situación con suficiente detalle, cosa que no sucedía. Se habló de que frustrar su viaje obedecía al propósito de evitar a la Reina Sofía alguna posible incomodidad en Gran Bretaña. Pero eso sería sobreprotegerla como si fuese una niña, cuando no lo es y se ha encontrado en trances (de los que ha salido airosa) mucho más desagradables que cualquiera razonablemente imaginable con ocasión del citado cumpleaños. No. Si ése hubiese sido el motivo de la suspensión del viaje de la Reina, la cuestión de la presencia del Rey o del Príncipe en la inminente final de la Copa del Rey de fútbol no sería nada discutible: en modo alguno deberían exponerse a silbidos, abucheos y ondear de banderas republicanas.

Me da que en la cancelación del viaje de la Reina se impuso la actitud más bien pendenciera del Ministro García-Margallo. Y califico así su actitud, porque comentar públicamente “¿qué pasaría si barcos armados españoles intentasen impedir que barcos británicos pescasen en aguas españolas?” es una retórica inútil, innecesaria (no somos tontos y no necesitamos que el Ministro nos ilustre con ese ejemplo) y perjudicial, susceptible de varias posibles réplicas, ninguna de ellas agradable ni favorable a España. A esa ocurrente pregunta se podría responder, ante todo, que la hipótesis es inverosímil y, en segundo lugar, que la Armada británica ampararía a los pesqueros británicos y derrotaría sin ninguna dificultad a los “barcos armados españoles”.

Pero lo más llamativo es que se impida de facto a la Reina Sofía felicitar en persona a Isabel II por su 85 aniversario y, pocos días después, aparezcan fotos del Premier británico, David Cameron y del Presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, saludándose cordialmente y con aclaración de que no han hablado de Gibraltar. Situados en el plano de los gestos, la rápida sucesión de estos hechos no me parece muy coherente. Y, por otra parte, si lo de Gibraltar es tan serio que se impide un viaje de la Reina, ¿tiene algún sentido reunirse con el Premier Cameron aceptando no hablar de Gibraltar?

Quede claro que no tengo buen concepto de la actitud del Reino Unido de la Gran Bretaña respecto del Derecho Internacional Público ni creo que ese Reino sobresalga por su amor a los denominados “derechos humanos”. Nadie piense, por tanto, que justifico o disculpo los abusos británicos relativos a Gibraltar. Muy al contrario. Lo que digo es que en las disputas internacionales se debe actuar con decisión, pero con la cabeza fría y mucho más con hechos que con palabras.

En lo de Gibraltar, como no veo que haya muchos hechos posibles -salvo, aventuro, lo que se pueda hacer internacionalmente sobre paraísos fiscales y aspectos económicos semejantes-, sería deseable que al menos tampoco hubiese palabras torpes, con las que, además de sufrir la prepotencia británica, se dé pie a su recochineo.

El Gobierno de España, el pobre, parece bastante desconcertado con la crisis económica. Pero el desconcierto de los gobiernos al respecto es general, porque tampoco tienen muy claro qué hacer los gobernantes del llamado G-8 y, entre ellos, ni la mismísima Merkel ni Durao Barroso ni Hollande, una vez alcanzada la Presidencia de Francia (Obama, ese gran caradura que tanto se divierte, nunca ha dejado de tener claro que le tocaba hacer lo que Wall Street le dictase). Ahora bien, dentro de nuestro Gobierno, no conviene que haya muchos ministros que se desconcierten en sus cometidos específicos no directamente relacionados con la mega-crisis económica. El Ministro de Asuntos Exteriores, por de pronto, aplíquese a lo suyo, que suele ser discreto, callado y prudente y evite palabrería cercana al estilo bravucón del Far West.

Ya saben que, desde hace tiempo, contemplo estructurar e impartir un curso titulado “Cómo callar en público”. Aparte de la pereza, no he avanzado en la idea porque pienso si no será mejor escribir uno de esos libros de auto-ayuda que tanto bien están haciendo a la Humanidad en estos críticos tiempos. Confieso que no sé qué acabaré haciendo. Por el momento, cierro este “post” afirmando que no nos interesan, por sobreabundantes, más personajes públicos que, por uno u otro motivo, sean propensos a generar titulares de prensa como sea. Son esas personas muy aficionadas a lo que en mi castizo Madrid se ha llamado siempre “mear en lata” (perdonen, pero reconozcan la expresividad del dicho: se hace ruido con algo cotidiano, sin mérito y vulgar). Que Dios nos libre de un Ministro de Asuntos Exteriores con tal afición. En todo caso, lo que resulta mucho más recomendable a quien ostente ese cargo es aquella especie de lema, muy de la "mili"  (el servicio militar obligatorio): “verlas venir, dejarlas pasar y si te mean, di que llueve”. (pardon again, please).

jueves, 1 de diciembre de 2011

¡CUIDADO CON LOS "RECORTES"! PEGAR TIJERETAZOS NO ES GOBERNAR



DOS MALES MUY TEMIBLES: MÁS PARO Y RECESIÓN Y UN AGRAVIO COMPARATIVO EN MASA



A nadie le debería extrañar que D. Mariano Rajoy se esté tomando su tiempo en relación con la gravísima crisis económica española. Nunca se ha caracterizado el Presidente del Gobierno in pectore por ser veloz y expeditivo. En estos momentos, viene a cuento el viejo dicho “vísteme despacio, que tengo prisa”.  Cuando casi nadie informa con veracidad de lo que realmente sucede aquí, es necesario tomarse cierto tiempo -no mucho, pero alguno- para aterrizar bien en la realidad y estar en condiciones de actuar rápida y contundentemente, pero no, nunca, jamás, de cualquier forma que dé imagen de rapidez y contundencia. De imágenes, talantes y demás “merchandising” político ya nos han empachado para varias décadas. De mentiras y engaños estamos absolutamente hartos. Y para globos sonda, nos basta el extraordinario ejemplo del Honorable President Artur Mas, que lanza a diario varias ideas de posibles machetazos al presupuesto catalán. Así que, por el momento, bien estará una cierta pausa si se evitan después improvisaciones, especialmente en los recortes. Porque cualquier cosa, incluso no hacer nada, es mejor que improvisar tijeretazos presupuestarios al buen tuntún. Improvisar tijeretazos está al alcance de cualquier cerebro de mosquito, pero es de peligroso como dejar suelto a un monito juguetón con cuchillas de afeitar en las manos, sólo que sustituyendo al monito (travieso tití o simpático chimpance) por King Kong con cuchillas de tamaño proporcionado. Catástrofe segura.

Hace falta, además, una política. Repito algo que ya dije aquí mismo. Lo de ajustar y recortar no es un proyecto político, sino el stop rotundo a la mentecatez del gasto y del endeudamiento: es el saneamiento elemental (aunque gigantesco) que cualquiera tendría que hacer, por simple necesidad e instinto de conservación a corto plazo. Aplazo hablar más sobre el proyecto político, que no es cosa de mañana o pasado mañana.

Difícilmente, desde la guerra civil, habrá habido una expectación en España y en el mundo respecto de España, con su próximo Gobierno, como la que se palpa en estos días. Se acabó echar las culpas a Zapatero, grande, grandísimo, pero no único culpable. No les vale ya a los políticos esa copla y tampoco a la ciudadanía. Ahora, dentro de unos días y durante 30 ó 60 días más con un nuevo Gobierno, lo que está en juego es si se pierde del todo la esperanza -en una situación altamente inflamable como la actual- y España se va al garete o si se comienza a avistar, no unos miserables “brotes verdes” falsos, sino un horizonte, duro, muy duro, pero esperanzador. Esto de ahora no tiene nada que ver con la rutina de un bipartidismo turnista. Ésta es una crisis gigantesca dentro de una decadencia de civilización. Algo infinitamente menos cruento -por ahora y que así siga- que la Segunda Guerra Mundial, pero probablemente más difícil.

Si el futuro Gobierno quiere que los españoles no nos subamos por las paredes y nos planteemos estudiar en cinco días al Padre Mariana y su luminosa doctrina sobre la licitud del tiranicidio, haga de inmediato tres cosas: primera, no toque las retribuciones actuales (otra cosa serían las retribuciones futuras) del español común (categoría a la que no pertenecen, desde luego, los jerifaltes del sistema financiero y de las entidades subvencionadas: partidos, sindicatos, patronales, empresas públicas, etc.). Porque si, para recortar y recaudar, vacía aún más los bolsillos de millones de españoles, la recuperación o reactivación de la economía real es un imposible físico, metafísico e incluso matemático y sin esa recuperación o reactivación, lo inexorable es más paro, recesión monstruosa, miseria prolongada. Además, mientras la gente siga viendo mamandurrias por doquier, se subleverá con razón ante nuevos ajustes y recortes. Los agravios comparativos resultan insufribles.

Segunda cosa: no dedique el Gobierno más recursos económicos  a las entidades financieras. No más recursos, ni directos ni indirectos ni propios (si quedan) ni prestados. Ni un euro más al salvamento, recapitalización, estabilización, refuerzo, aval, etc., de las entidades financieras. Después de los miles de millones “inyectados”, déjese a las entidades financieras que se arreglen por sí mismas, entre otras razones, porque son las que más saben de arramplar euros. Las que no logren arreglarse, que quiebren. Lo que hay que evitar que quiebre es el país en su conjunto. Y quebrará si los escasos recursos se siguen dedicando a arrojarlos a un pozo sin fondo conocido y que no da agua. Recuerdo que, tras la primera gran “inyección de liquidez” a los bancos y a las cajas, Don Pepiño Blanco, pobre, exhortaba al “sistema financiero” a que reanudase el crédito a los ciudadanos y a las PYMES. ¡Qué entrañable y bondadosa ingenuidad!

Más en concreto sobre las entidades financieras: no se le ocurra al nuevo Gobierno dejarse engañar con lo del “banco malo”. Y menos aún se le ocurra, no engañado, ser cómplice de la segunda entrega de la Gran Estafa. Verán. Nadie explica muy bien qué es eso de un "banco malo". Tengo la completa seguridad de que hay varias personas que saben muy bien lo que es. ¿Por qué no lo explican? Porque veríamos que “un banco malo” es, decididamente, algo malo e incluso muy malo, dado el gran afán de “vendernos” la idea sin explicarla. Pero no le demos vueltas: aquello a lo que se ha decidido llamar “un banco malo” es, sin duda, un mal banco. Y como este mal banco no se constituiría por el libre albedrío de unos seres humanos que decidiesen hacer un buen negocio, sino para salvarse de las consecuencias de un cúmulo de malos negocios, nada de “banco malo”. Lo diga D. Rodrigo Rato o el sursum corda (y aunque lo hayan hecho ya en otros países, porque aquí sería distinto). Pero, ¿cómo rayos puede alguien, con un miligramo de cerebro y unos nanogramos de decencia, constituir un denominado Banco con los llamados “activos tóxicos”, es decir, con basura, con los impagados e impagables? Si se permitiese que las entidades financieras se “limpiasen”, repristinasen y relanzasen (¡pobrecitas ellas, con los dividendos que no han repartido, con las pérdidas que han sufrido!), a base de trasladar a otra parte lo que tienen en balance como “activo”, pero que es, en realidad, tóxico, venenoso, ¿por qué no podríamos todos los demás “crear” un “padre malo” o un “hijo malo”, a modo de “avatares”, para transferirles todos los errores propios? Además, constituir y mantener un “banco malo” no es gratis y como, sin duda, no lo pagarían quienes lo patrocinan, porque lo que persiguen es exactamente lo contrario, lo pagaríamos entre todos (o sea, más recortes, más tijeretazos a millones de semi-esclavos, “muy competitivos”, eso sí).

Tercera cosa: aplíquense D. Mariano Rajoy y equipo a pensar en lo que realmente puede reactivar nuestra economía real y a disponer lo que, en consecuencia, sea menester. No desoigan a “los mercados”, a Merkel, a Sarkozy, a Obama. No pueden hacerlo. Pero no dejen de pensar por sí mismos y de pensar en nuestra concreta situación, para ponerse, sin pensar demasiado, a trabajar al dictado, que siempre sería mucho más fácil. Hagan el plan que más nos convenga, el que encaja con el estado de nuestra Nación. Lo que reactive nuestra economía real, frene el paro y comience a crear empleo es lo que convencerá a “los mercados”, aunque se sufran algunos zarandeos e incluso algún terremoto. Si las cosas se hacen bien, si el plan es bueno, será bueno para “los mercados”, para la Eurozona y para Merkel, Sarkozy y Obama (y si alguno se enfada, que se enfade).

Instrumentalmente, hay algo “metodológico” imprescindible: no claudiquen ante ningún sector, ante ningún “lobby”, ni ante CEOE ni ante sindicatos, ni ante éstos o aquéllos, del mismo “cuerpo” que este o aquel nuevo mandamás. Escuchen, estudien, tomen buena nota, pero no claudiquen. Tienen mayoría absoluta. Utilícenla bien, en lugar de dilapidarla como el Sr. Aznar. Hay muchos y fortísimos intereses creados, acostumbrados a ser, no ya atendidos, sino secundados y obedecidos. Gran parte de nuestros males -en España y en el mundo- provienen de haber dejado actuar a personajes y sectores con graves conflictos de intereses, como si esos conflictos no existieran. Eso se tiene que acabar, es una cizaña que debe ser arrancada ya, sin esperar al día del Juicio. Ejemplo bien actual: “¿qué le parece el indulto del Sr. Sáenz?”, me preguntan mucho en estos días. Me parece mal, rematadamente mal, porque el indultado es acreedor del partido del Gobierno. Un acreedor que, por si fuera poco, de vez en cuando perdona, con lo que resulta que los créditos son donaciones condicionadas. Por eso es indecente que un Juez simplemente pida dinero a un Banco: porque el Banco es o puede ser -tanto da- “cliente” del Juez. Eso son conflictos de intereses.

El futuro Gobierno del PP tiene por delante, como requisito de todo esto, la necesidad de una catarsis interna inmediata. Porque tiene que abandonar y prohibir prácticas viciosas que han sido actuaciones cotidianas tenidas por normales e incluso como virtuosas. Pierdan el miedo a hablar de la corrupción, como si no la hubiese y como si denunciarla y actuar contra ella fuese cosa sólo de radicales anti-sistema o de perturbados mentales. Muestren, con hechos, palabras y normas, que sintonizan con la ciudadanía, que hace mucho tiempo que no se chupa el dedo.

Dos cuestiones más, para terminar por hoy. ¿De dónde recortamos, podrían preguntarme? De la estructura del Estado, Comunidades Autónomas y Municipios incluidos. Digo de nuevo lo que dije en su momento y quizá se consideró una “boutade”: reduzcan a la mitad el número de Ministerios, Secretarías de Estado, Direcciones Generales, Consejerías, Viceconsejerías y todos los altos cargos y asesores y adjuntos correspondientes (v. http://www.andresdelaoliva.blogspot.com/2010/02/gobierno-de-concentracion-y-reduccion.html).   Dejen de pagar a la mitad de quienes ocupan cargos con excedencia y reserva de plaza. No dejen de pagar a los servidores públicos que se ganaron su puesto en buena lid. Dejen de pagar alquileres, amortizaciones, electricidad, aparatajes, etc. Cierren las televisiones públicas duplicadas o triplicadas en un mes (y más tarde, las otras): no dejen a nadie de las plantillas sin cobrar lo que cobraba (que tengan la pitanza garantizada y se reciclen como quieran y puedan), pero ahorren ya todo lo demás, que después vendrán nuevos ahorros. Eliminen subvenciones a lo que no presente un innegable interés público, general, perceptible por los ciudadanos como necesitado de financiación por todos. Cierren empresas públicas, cientos de ellas minúsculas y sin sentido alguno, pero un platal sumadas todas ellas. Cierren o fusionen Universidades públicas disparatadas, archideficitarias, dado su escasísimo número de alumnos, y abocadas a no ser nunca verdaderas Universidades. Esos cierres no tienen por qué dejar a nadie en el desamparo o la penuria.

Si se ponen en serio a esa labor, a mí, desde luego, me pueden pedir que pague algo más por las medicinas que lo que pago ahora con mis recetas de MUFACE. Con ejemplaridad de los poderes públicos en los recortes de lo público que es supérfluo, los ciudadanos pueden entender que lo que no les cuesta, o les cuesta mucho menos que su coste real, no es, en realidad, gratuito o semi-gratuito, sino que lo pagamos todos y no equitativamente repartido. Pienso, por ejemplo, en que las tasas de matrículas de las Universidades públicas sean iguales cualquiera que sea el nivel de ingresos de los padres o familias de los alumnos, o de ellos mismos.

Por último, voy a proporcionar a los dirigentes del PP un argumento de estímulo absolutamente desprovisto de altura literaria, doctrinal, ética o cosa que les suene a música celestial. Es éste: el PSOE perdió, del 2008 al 20 de noviembre de 2011, más de cuatro millones de votos. El PP, con todo el zapaterismo y demás, ganó medio millón de votos. Si el Gobierno del PP no acierta en los dos primeros meses (y entonces difícilmente acertará en lo que siga), en bastante menos de cuatro años el PP puede muy bien perder más de cuatro millones y medio de votos. Y entonces no estará como ahora el PSOE, sino mucho peor, porque unas siglas con más de un siglo de historia son un activo -ahora muy devaluado, pero un activo no tóxico- del que carece el PP.

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PS. No recorten en educación o instrucción, como quiera llamarlo Dña. Esperanza Aguirre. Ahí nos jugamos el futuro. Un anónimo comentarista añade y le copio: tampoco recorten la Sanidad, que ahí nos jugamos el presente. Pero matizo: lo que sí cabe hacer es revisar la aparente gratuidad de todas las prestaciones sanitarias.

sábado, 3 de septiembre de 2011

UNA GRAN PARADOJA: ANTE LAS ELECCIONES, “APAGÓN” DE LA POLÍTICA


“LISTAS”, MINISTERIOS Y SECRETARÍAS DE ESTADO, ÚNICOS OBJETIVOS POLÍTICOS


UN MOMENTO HISTÓRICO EXCEPCIONAL, AFRONTADO SIN PROYECTO


Hace muchos años, cuando tuve mi primera y última experiencia, muy intensa, en un desaparecido partido político (experiencia de la que no me arrepiento, porque aprendí bastante y, sobre todo, porque acerté a ponerle fin), descubrí -y probablemente lo dejé escrito en alguna parte- que es precisamente en período electoral, en sentido amplio, cuando en los partidos políticos se habla menos de política. De hecho, sólo algunos idealistas -no sé si quedarán muchos- piensan y trabajan en los grandes asuntos de la vida pública (los que son o deberían ser objeto de la actividad política), generalmente para formular un programa electoral. La inmensa mayoría de los políticos -los importantes, los profesionales- se dedica, mientras tanto, bien a lograr un puesto en las listas electorales que les garantice ser Diputados, Senadores o Concejales, si no aspiran a ganar, bien, si piensan que ganarán, a esto mismo y a “situarse” para ocupar cargos importantes en el Gobierno de España, el autonómico o el municipal (cuando el municipio no sea minúsculo).

Ahora, con elecciones generales el próximo 20 de noviembre, es exactamente eso lo que está ocurriendo. En realidad, el programa electoral no importa. Hay sí, cierto número de gerifaltes, reales o aparentes, pidiendo “papeles” para el programa sobre esto y aquello. Bastantes de esos papeles no llegarán a su destino, porque el que los ha pedido lo ha hecho para parecer importante ante unos cuantos conocidos y “situarse” personalmente, pero sin que nadie con influencia real le haya encomendado nada respecto del programa del partido. Otros papeles sí llegarán a destino, pero ni se leerán con mínima atención ni la calidad de su contenido tendrá nada que ver con que se les haga más o menos caso.

“Colocando papeles” se mueven especialmente bien, con eficacia e influencia, los más diversos “lobbys”, no sólo del ámbito económico, sino de otros muchos. Si pueden, los “lobbys”, que a veces no son sino una camarilla de amigos (así ocurre en relación con la Justicia, por ejemplo), actúan sobre el mayor número de partidos políticos, es decir, en términos de apuestas hípicas, juegan a “ganador” y a “colocado”. Lo que interesa a los “lobbys” es poder agarrarse, tras las elecciones, a un párrafo programático sobre su  materia, que muchas veces será de las que no aparecen en el debate público electoral. Los “lobbys”-camarillas buscan sólo situarse para la batalla por los cargos, carguitos y carguetes, que decía José María García en sus insuperables diatribas radiofónicas. Si las camarillas logran su objetivo, desde esos puestos harán lo que se les ocurra y ganarán unos buenos dineros.

Finalmente, la suerte de esos “papeles” -redactados algunos por gente muy valiosa y conocedora de su ámbito; otros, en cambio, por autoproclamados expertos, en realidad ignorantes, pero, eso sí, apasionados del alpinismo político- dependerá de a quien atribuye “el jefe” la confección del programa. Puede ser -casi milagrosamente- alguien con visión de conjunto y capacidad de discernir entre unas propuestas y otras, pero es mucho más frecuente que se elija simplemente a un cargo del partido, de confianza del “jefe” y con alguna fama de saber escribir deprisa. El “jefe” no siempre revisará el programa y, si lo hace, será por encima y más para quitar lo que no le guste que para añadir algo que considere que falta o cambiar lo que se dice sobre esta o aquella materia.

En campaña electoral, la formulación de una propuesta coherente de gobierno, la toma de posiciones sobre los principales asuntos públicos, es una actividad completamente secundaria en los partidos políticos. Lo principal, por encima de reuniones y decisiones de táctica y estrategia -es decir, seamos claros, de la “imagen” que se quiere “vender”- es la pelea interna por estar en “puestos de salida” en las “listas”, esto es, en las candidaturas al Congreso y al Senado y, en los que se consideran a sí mismos más importantes y valiosos, por ser Ministro de esto o de lo otro (no crean que son muchos los que están bien dispuestos a ser Ministros de cualquier cosa, no) o Secretario de Estado, si llevan menos tiempo en el partido o están en las huestes de algun “importante”.

Puestos de salida” en las “listas” son aquellos que, en la hipótesis del peor resultado en la circunscripción de que se trate, tendrían, por la Ley D’Hondt, suficientes votos para ser Diputados o Senadores. También aquí bastantes aspirantes tienen sus preferencias, de modo que no les da igual ser Diputados por Madrid que serlo por Salamanca, ni ir con el número 1 que con el número 3, aunque se trate de “puestos de salida”. Quizá al final se conforman, pero riñen y patalean mucho.

Ahora mismo, mientras sigue su trámite la reforma del art. 135 de la Constitución Española, que ha constituido, como aquí ya se dijo, una “apertura del melón” constituyente, con el contenido ya expuesto y con fallos de forma nada desdeñables, mientras REPSOL cambia de manos con ánimo de trocearla en beneficio de uno de los "emperadores del ladrillo", el Sr. Rivero, atornillado al poder (otra "jugada" demencial, como la de ENDESA), la actividad política que ocupa al  mayor número de “pesos pesados”, semipesados, welter, etc., de nuestra clase política es ésa de las “listas” y de la muchedumbre de futuros Ministros y Secretarios de Estado circulando con gran seguridad por el tinglado de la antigua farsa. Yo, sin ir más lejos, tengo noticia de varios futuros Ministros de Justicia, dos o tres inminentes Fiscales Generales del Estado y un par de docenas de venideros Magistrados del Tribunal Constitucional. De futuros Ministros de Educación, nada, porque la Educación es de los toros que nadie quiere lidiar (habrá gente al acecho, seguro, pero no se habla de eso, de la Educación).

UN MOMENTO HISTÓRICO EXCEPCIONAL AFRONTADO CON SIMPLES RUTINAS, SIN PROYECTO

Soy consciente de que nada nuevo les habré contado hasta ahora a muchos lectores de este blog. Lo nuevo y asombroso es que no haya ninguna novedad cuando este país padece una crisis plurifacética sin precedentes y el mundo entero está patas arriba, con el Gigante de Occidente francamente maltrecho (a causa, sobre todo, de dirigentes sin categoría intelectual y moral) y con Europa a la deriva, por mucho que Merkel y Sarkozy simulen saber adónde quieren ir. Lo nuevo es que cuando la crisis de la economía real es tremenda, el paro no cesa y la indignación y el descontento -de unos y de otros- crece cada día, se advierta con deslumbrante claridad que nuestros dirigentes políticos y sociales siguen sin apartarse un ápice de sus rutinas de décadas, sin impulsar ni desear siquiera -el desinterés se palpa- el menor esfuerzo de regeneración y recuperación de nada.

Me parece que desde 1978 -y quizás incluso desde antes, desde la muerte de Franco en 1975- no se ha dado como ahora un momento histórico en que se necesite más el diseño en serio de planes y proyectos factibles –a la vez prudentes y audaces- para dar a los habitantes de España motivos fundados de esperanza en un porvenir mejor. Todos hablan de globalización e internacionalización, pero a nadie, entre nuestros dirigentes, parece moverle a un estudio y reflexión serios lo que está ocurriendo en los EE.UU. y en México, en Libia, Siria e Irán, en Afganistán, en Corea, Japón o Filipinas, en Rusia o en China, por poner algunos ejemplos de grandes cambios en enorme medida desconocidos y formidablemente inquietantes. Aquí no salimos de la situación financiera, de la Bolsa, del diferencial con el bono alemán, del déficit público y, últimamente, de los “recortes” del gasto público. Y son temas de mucho calado, sin duda, pero no son la cuestión principal. La cuestión principal no es que el Estado no gaste mucho más de lo que ingresa. Eso es algo absolutamente necesario, pero no menos absolutamente instrumental. Los muchos y muy serios interrogantes -qué educación, qué Justicia, qué libertades y qué deberes, qué política exterior, qué fuentes de energía, etc.… queremos  y podemos tener- son sintetizables en una pregunta -susceptible, a su vez, de diversas formulaciones, que podría abreviarse al máximo en dos palabras: ¿PARA QUÉ?

Han recortado retribuciones, han podado y van a podar superestructuras político-administrativas, van a hacer más reformas legales sobre el mundo económico. Bien: pero, ¿PARA QUÉ? ¿Cuál es el proyecto general al que pretendidamente sirve todo eso? En términos muy prosaicos, en términos de contribuyente: “Vds. me pagan menos o Vds. me gravan más (o ambas cosas) y Vds. me dicen qué dineros -dineros de todos- no van a seguir malgastando. Muy bien. Pero ¿por qué no me dicen en qué van a emplear el dinero -de todos- que sí recaudarán y gastarán? Díganmelo no con los DVD de los Presupuestos Generales, en que aparecen todas las cifras. Díganmelo de manera que lo entienda, cuéntenme su plan.” Pero de eso, nada, amigos. Siempre, es verdad, hay algunos, a derecha e izquierda, que tienen un plan, pero, por desgracia, esos planes que se intuyen -porque no se explican- responden a recetarios caducados, revelados como ineficaces si no dañinos. No receten ya ni más privatizaciones ni más gasto público.

Termino con dos ejemplos. Primer ejemplo: el Gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid decide aumentar las horas lectivas semanales de 18 a 20 a los profesores no universitarios (lo digo negativamente para simplificar). La noticia primera de la decisión, en todos los medios, es ésta: grandísima protesta de miles de profesores con amenaza de huelga a comienzos del curso escolar. Después, van ofreciéndose explicaciones troceadas por unos y por otros, con el problema ya enconado y la sociedad ya alarmada y dividida, con perjuicio de toda la enseñanza, la pública y la privada. Dña. Lucía Figar, Consejera de Educación, dice: “teníamos que elegir entre contratar interinos o pagar las becas”. Es una plausible e inteligible síntesis explicativa. Pero, ¿no se hubiera podido y debido explicar a fondo y públicamente la medida, dentro de un contexto general (sin duda existente), antes de comunicarla por carta a los sujetos pasivos? ¿Cómo unos presuntos políticos avezados permiten que se les presente como desentendidos nada menos que de la educación de los niños? No creo que sea (o que sea sólo) una mentalidad de “ordeno y mando” (muy agudizada cuando se dicen a sí mismos “no hay más remedio, hay que recortar todo lo posible”) lo que ha conducido a una penosa torpeza -incluso electoral en periodo electoral: ¡el colmo!-; es, sobre todo, la ausencia de un plan que vaya más allá del recorte del gasto.

[Inciso: ¿no es exigible al menos la responsabilidad política, cuando quienes recortan son los mismos que alargaron, los mismos que se apalancaron y ya no pueden pagar y ya no les fían? Lo digo en general, pero, por seguir con el ejemplo, si 3.000 profesores interinos no pueden ser nuevamente contratados como tales so pena de no poder pagar las becas, ¿no tendría que saberse cómo se llegó a contratar a 3.000 interinos, cuando, al parecer, no eran necesarios -eso nos dicen- si los profesores titulares diesen dos horas más de clase a la semana?]

Segundo ejemplo: el primer Gobierno del Sr. Aznar afrontó con fuertes recortes el gasto y el déficit público con que se encontró. Y tuvo éxito. Pero ¿cuánto se tardó en volver a las andadas? Unos pocos años. La segunda legislatura del PP, la de la mayoría absoluta, ya inició el desatino y, a partir de Zapatero, todos -salvo el nonagenario gurú Stéphane Hessel, que ha escrito dos opúsculos sin mucha chicha, la verdad- saben a dónde hemos llegado: a una situación crítica que no es únicamente económica. La Política no trata -no va, dicen ahora- de tener bien las cuentas, ni las privadas ni las públicas. Eso es cosa de contables y debe darse por sentado. La Política trata de muchos aspectos de la vida de todos, y se vertebra en torno a ideas y proyectos, para los que se necesitan fondos, públicos y privados. Tener fondos sin ideas ni proyectos razonables conduce a catástrofes. A la vista está. Y las catástrofes no se remedian sólo cuadrando las cuentas y apretándose los cinturones (los que ya los llevaban ajustados). Gastar menos sin saber qué hacer, sin saber qué se quiere procurar, sería, simplemente, como ir por la vida ciegos y además mal comidos.

Dejo para otro día un gran asunto, quizá el gran asunto. Dicho en negativo, ese asunto es la corrupción, que no consiste sólo en cohechos y sobornos. Dicho en positivo, hablo de la necesaria y en verdad básica regeneración moral de la vida pública. Son desde hace tiempo muy autorizadas las plumas y las voces de quienes han señalado que la gran crisis, la nacional y la mundial, la económica y la política, corruptora del mercado, de la democracia y del Estado de Derecho, es, ante todo y sobre todo, una crisis ética. Vengo advirtiendo sobre esa crisis desde hace mucho tiempo. Pero, como digo, sobre esto habrá que volver despacio. Hoy me despido con un mero toque de actualidad: que los dirigentes del Partido Popular no se olviden de la corrupción porque un señor Magistrado, mi antiguo amigo Antonio Pedreira, haya producido unas llamativas resoluciones de sobreseimiento provisional de tres ex-altos cargos del PP.