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sábado, 14 de abril de 2012

POR FAVOR: MIREN MÁS A ESPAÑA Y MENOS A BRUSELAS (Y A BERLÍN)



REACTIVACIÓN MUCHO MÁS QUE EQUILIBRIO PRESUPUESTARIO


APOLOGÍA (COYUNTURAL, PERO FIRME) DE LA ECONOMÍA DOMÉSTICA SUMERGIDA



Lo he he dicho muchas veces en este blog y de diversas formas. Lo repito en una de las posibles: nunca se ha visto (ni se verá) que la economía real de una sociedad (la que mantiene y aumenta la demanda y la producción y crea empleo) mejore en lo  más mínimo si la gente (no cuatro importantes, megarichs) no tiene dinero. Parecía que el Gobierno español, al batallar por una meta de déficit público menos dura, entendía que debía ajustar el presupuesto sin ahogar la economía real. Pero en las últimas semanas parece evidente que el Gobierno sigue detrás de la tesis de Dña. Angela Merkel, que sólo entiende de equilibrio presupuestario. Frau Merkel ganará quizás las próximas elecciones en Alemania, pero si sigue así eliminará un importante mercado para los productos alemanes… entre otras más amplias consecuencias.

Aquí, en vista de que no nos fían y nos amenazan, el Gobierno del Sr. Rajoy,  además del enorme error -político y económico- de subir los impuestos, prosigue una política, ya obsesiva, de equilibrio presupuestario y de “nosotros cumpliremos” (se lo dice a Dña. Angela y a Bruselas). El Gobierno está desequilibrándose a todas luces, cada semana, porque le importa mucho más aumentar la recaudación que disminuir racionalmente el gasto. Eso quiere decir, hablando en plata, que está más preocupado por sostener el Estado español (que es el "Estado de las Autonomías") que por relanzar la economía española.

Aunque sigo en la tesis de la guerra financiera USA-Europa, no me duelen prendas en reconocer que el 12 de abril de 2012 el New York Times (NYT) no se equivoca mucho (quiero decir que acierta sustancialmente) cuando resume la política global de la Eurozona, liderada por Merkel y concluye, en su editorial titulado “Una sobredosis de dolor para España”, que sería necesario un mayor apoyo al crecimiento y menos medidas de austeridad. Vean el editorial en http://www.nytimes.com/2012/04/13/opinion/an-overdose-of-pain-for-spain.html?_r=2&hp. Vale la pena leer este breve texto sin prejuicios de escuela económica (http://www.elmundo.es/elmundo/2012/04/13/economia/1334310630.html , para lectores en español).

Se me ocurren, no obstante, dos matizaciones al NYT. Primera: no se trata tanto de “menos medidas de austeridad” como de “mejores medidas de austeridad” y, desde luego, de menos voracidad recaudatoria para seguir sosteniendo lo insostenible. Ayer, 13 de abril de 2012, el Gobierno español, tras su Consejo, nada ha tratado sobre la Radiotelevisión pública ni sobre otros posibles recortes de gasto y ha proseguido su cantilena sobre el fraude fiscal y la economía sumergida, como si en eso estuviera el quid de la situación. Segunda matización: que ahora, en vez de apoyar al crecimiento, nos conformaríamos con que se procurase parar el decrecimiento, la recesión, el desempleo.

Dejo para otro día tratar del “Estado de las Autonomías”, sobre el que, frente a propuestas fragmentarias y discutibles, el Gobierno no parece tener otra idea que defenderlo porque está en la Constitución (lo que es falso, porque no está en la Constitución como está en la realidad). Ahora voy a sostener, a ciencia y conciencia, en serio, una gran “herejía”, a saber, que, dejando a un lado fallos recaudatorios sobre enteros sectores, cuando la presión fiscal es excesiva, depredatoria y nada equitativa (porque exprime sobre todo a la clase media), recurrir al “dinero B”, a la economía sumergida, puede ser ilegal, pero también perfectamente legítimo: concurre  la eximente de legítima defensa y hasta la del estado de necesidad en muchos casos.

Alguien paga en B, en “negro”, si le es posible, porque no privarse ni privar a otros conciudadanos de una parte del precio (el añadido del impuesto), tiene el doble efecto de no sustraer de la economía real un dinero que la mueve y de evitar que el Estado lo malgaste. No defiendo ni la economía sumergida por sistema ni el fraude fiscal en general ni la falsificación de facturas o de cualesquiera otros papeles (y mucho menos el delito fiscal, aunque ahora mismo, en medio de esta situación, el Gobierno haya decidido una amnistía fiscal: ¡qué cosas! ¿Qué pensarán los autónomos perseguidos sañudamente por Hacienda?). Lo que digo es que, hoy y ahora, mientras los dirigentes políticos y económicos carezcan de legitimación para exigir al ciudadano común más sacrificios y mientras no aprueben los test de sinceridad y racionalidad en el recorte del gasto público, uno puede -con total tranquilidad de conciencia y con plena coherencia- pagar cash al pintor, al electricista o al fontanero, sin perdirles factura. Porque eso es mejor, no sólo para uno mismo y para el pintor, el electricista y el fontanero, sino mejor para la economía real y para la depuración de una clase política que sigue malgastando y  endeudándose (endeudándonos) y que continúa con dimensiones estructurales y actividades tan injustificadas como manifiestamente recortables. Para rematar la analogía con el Derecho Penal, en la economía sumergida doméstica concurriría la antigua antenuante de obrar por motivos altruistas y patrióticos.

Lo que acabo de escribir me parece ineludible conclusión de lo que he sostenido en el “post” anterior. Nuestros gobernantes, tras un nuevo Consejo de Ministros, siguen sin justificar debidamente los ajustes y siguen sin aprobar el “test” de las televisiones y las radios públicas. Y siguen, por añadidura, en una actitud de defensa numantina del actual “Estado de las Autonomías”. No puedo explicarme una tal defensa si no es por un interés político deleznable. Es verdad que reformar el actual “Estado de las Autonomías” sin vulnerar la Constitución no es cosa que se pueda hacer por simple Decreto. Pero no dar muestras de haberse puesto seriamente a estudiar el tema parece una neurótica negación del más importante “punctum dolens” de nuestro Estado hipertrofiado e insostenible. Pues bien: pagar con dinero B, sin factura, además de que puede ser bueno para que no cierren más empresas y no se pierdan más puestos de trabajo, es también un modo de decir, callada pero eficazmente, a los responsables de un gasto público injustificable: “no con mi dinero”.

Item más: no sé si esa nueva medida del límite en 2.500 € de las operaciones en metálico será o no eficaz, mucho o poco. En esa discusión no entro. Lo que resulta indudable es que nos ata aún más a la banca. Y digo yo que sí, que la banca se ha hecho necesaria. Pero me parece que demasiado necesaria. Si no hubiésemos tenido, in illo tempore, que domiciliar las nóminas  y todo lo que vino detrás y si el dinero efectivo hubiese seguido siendo relevante en las economías domésticas ¿habrían podido las entidades financieras contribuir tan eficazmente a la crisis económica mundial? Los servicios bancarios son, sin duda, útiles e incluso muy útiles, pero ¿acaso no sería deseable que poner nuestro dinero en el banco obedeciese a la mutua conveniencia del banco y nuestra, sin necesidad de imposiciones gubernamentales? ¿No es hora de que, como mínimo, los Gobiernos cuiden las apariencias de no vivir en fortísima simbiosis con las entidades financieras? A cambio de obligarnos más fuertemente a tener dinero en el banco, ¿no debería un Gobierno prohibir que pagar con un talón o una transferencia bancaria de 2.550 € lucrase a un banco?

No tengo ningún deseo de criticar al Gobierno. No me arrepiento de haber escrito aquí, no hace mucho, que era el único grupo de personas que yo veía arremangadas en el trabajo de hacer frente a nuestra crisis económica. Y como no me arrepiento, no rectifico esa afirmación. Pero que se les vea trabajar (a unos más que a otros, desde luego) es cosa distinta de que estén acertando. Con mi falibilidad por delante, en las últimas semanas me parece que están cometiendo errores de mucha importancia.

miércoles, 11 de abril de 2012

UN (MUY DESEABLE) ÚLTIMO SERVICIO DE LAS TELEVISIONES PÚBLICAS, ANTES DE SER CERRADAS: QUE DESDE ELLAS NOS EXPLIQUEN LOS “AJUSTES”



EL ESTADO NO ESTÁ NI PARA INFORMAR NI PARA ENTRETENER: SI NUESTROS POLÍTICOS NO CIERRAN TV Y RADIOS PÚBLICAS NO TIENEN LEGITIMACIÓN PARA AJUSTAR NI RECORTAR NADA
(Actualizado a 12 de abril de 2012: la necia injuria de un funcionario político, que desprestigia a España)


Continuaré, a no mucho tardar, el asunto de la “guerra económica” USA-Europa, pero hoy me parece necesario ajustar algunas cuentas con los “ajustadores”. No estoy seguro de la bondad pero tampoco de la maldad de ciertas medidas de ajuste presupuestario: de medidas adoptadas y de medidas que proponen adoptar unos y otros, con el consabido lanzamiento de “globos sonda” (que debería cesar y ser prohibido por la superioridad, porque es sumamente peligroso para todos). Pero estoy absolutamente seguro de dos cosas: la primera, es que, ya que nuestros gobernantes miran más a Bruselas que los españoles, deben evitar espectáculos como el de la desautorización de un Ministro de Economía por un cargo mediano del Partido Popular, desautorización clarísima aunque ahora, casi una semana después, resulte que siguen planteándose desde ese Partido lo que el Ministro puso sobre la mesa (el “copago” sanitario, concepto que no puede ser, por otra parte, menos preciso y menos apto para una discusión seria: ¿hay “copago” tanto si pongo de mi bolsillo la mitad del precio como si, aun provisto de receta “salvadora”, pongo 10 céntimos de euro cada vez que compro un medicamento?: el concepto puede aplicarse a lo uno y a lo otro y cualquiera aprecia que no es lo mismo) . Pero, a lo que voy: si el Ministro no hubiese estado acertado, él mismo, motu proprio o por mandato superior, debería hacer matizado sus declaraciones. Que saliera al paso de sus concretas declaraciones un Vicesecretario de Organización del PP no es nada acertado para la impresión que en Bruselas, en Nueva York, en Londres y en Berlín, conviene muy mucho que tengan de la autoridad de un Gobierno que afronta una crisis gravísima. No estoy abogando por fingir una autoridad de la que se carezca: sólo de que no se socave imprudentemente, insensatamente, la que se pueda tener.

[INCISO DE ACTUALIZACIÓN: El 12 de abril de 2012, todos los servidores públicos o, al menos, los del Estado, nos desayunamos con este mensaje del Sr. Beteta, de profesión funcionario del Partido Popular, con destino político interino como Secretario de Estado de Administraciones Públicas: "los funcionarios deben olvidarse del cafelito y de leer el periódico". Con tan generalizadora gracieta, el Sr. Beteta, para empezar denigra e injuria a muchos funcionarios públicos que ocupan puestos en virtud de los principios de mérito y capacidad tras superar pruebas competitivas -cosa que no ha hecho nunca Beteta- y que no merecen tacha alguna de vagancia, como la que él, irresponsablemente, nos ha arrojado a todos. Pero es que, además, Beteta, dando pruebas de nula prudencia, ha lanzado a los cuatro vientos, precisamente con la que está cayendo sobre España, el mensaje de que la Administración del Estado español está en manos de vagos. ¡Genial! En mi condición de funcionario del Estado, me siento personalmente personalmente ofendido y como los sindicatos de funcionarios no van a reaccionar (o muy poco), porque, al fin y al cabo, son sindicatos, tendré que decirle directamente a Beteta, para más inri "jefe de los funcionarios": "debe Vd. olvidarse de vivir de la política, que lleva Vd. haciéndolo desde 1983, y debe olvidarse de disponer de coche oficial con chófer: ¡váyase, Beteta, váyase del Gobierno y pruebe a intentar ganarse la vida por ahí, quizá donde no se lea el periódico ni se tomen cafelitos!" Y si no se va, porque no tiene tanta categoría, cumpla dignamente como Secretario de Estado de Administraciones públicas y haga que funcione la Inspección de Servicios, de modo que se expediente y se sancione a los funcionarios incumplidores, sin insultar a los demás. De lo contrario, tendremos que pensar que Vd., Beteta, es un resentido, que ha abusado de su cargo para un desahogo injusto e injurioso, muy dañino para España.] 

Pero aún más importante que evitar espectáculos como los referidos, es la segunda cosa de la que estoy seguro: los “ajustes” se están haciendo, no sólo a trompicones, no sólo con una dilación electoralista reprobable (que ya se apuntó en este blog), sino simplemente mal, en el fondo y en la forma. Comenzaré por la forma, que es rematadamente mala. En primer lugar, para hacer ajustes hay que legitimarse muy bien, muy contundentemente, sobre todo cuando los tijeretazos y los sablazos al contribuyente común llueven sobre mojado. Y esa legitimación continúa sin fundamentarse como es necesario. Por poner un par de ejemplos: resulta indecoroso que, tras el episodio aquí referido en el post de 25 de marzo de 2012, el Gobierno no haya actuado para eliminar “retribuciones” de consejos de administración -de cualquier clase de empresas- que ningún ciudadano decente puede entender, ni siquiera en tiempos de bonanza económica. A mí me parece vomitivo que se persiga el pluriempleo de mil formas distintas (vía incompatibilidades administrativas que no sean incompatibilidades reales, vía jurídico-laboral) y, en cambio, se admita como normal que Zutano y Perengano -siempre personas importantes, claro es- acumulen “retribuciones” por lo que se ha llamado y debe llamarse figurar. Estos figurantes riquísimos, acumuladores de “consejos”, son suficientes para desmoralizar al ciudadano, deslegitimar al gobierno y legitimar la cólera general. Otrosí digo: es lamentable la tardanza en la poda de empresas públicas injustificadas o en la fusión de organismos que, como diría Ockham (aunque, en muy diverso sentido, ya lo había apuntado Boecio), fueron en su día entes multiplicados sin necesidad.

Legitimados a fondo y con urgencia nuestros gobernantes, hay un segundo punto formal que tampoco se puede eludir por más tiempo: explicar los ajustes, cada uno (al menos los más importantes) y en su conjunto. Y eso no es una cosa que el Presidente del Gobierno pueda limitarse a desear o sustanciar con una amonestación a sus mesnadas a que expliquen “la política del Gobierno”.  Eso, en vista de lo que ocurre, lo tienen que hacer, en directo, los mismos gobernantes o dirigentes que nos aprietan el cinturón o el cuello. Los que aumentan impuestos directos e indirectos, los que suben tarifas de eléctricas y de gas, los que partipan en empresas que aumentan el precio del transporte público.

También en el fondo no son acertados los “ajustes”.  No lo son, porque hay algunas cosas, al parecer intocables, que no se tocan sin otro motivo que el menos elevado de los intereses políticos. Me refiero a las Televisiones públicas (y a las radios públicas). Que subsista Televisión Española (TVE), incluso con dos canales, quizá pueda tener la justificación histórica de haber sido la primera y, en aquellos tiempos, probablemente la única posible. Pero que haya 3 canales de TV autonómica en Andalucía, 6 canales en Cataluña, 2 en Madrid, 4 en Valencia, 4 en Galicia, 5 en el País Vasco, 2 en Canarias, 1 en Castilla-La Mancha, 1 en Murcia, 1 en Aragón, 2 en Asturias y 1 en Baleares es un desatino espectacular. No sólo por lo que gastan, sino por un cuestión de principio: porque para la información específica que el Estado (sea el Central, las Autonomías o los Municipios) tiene que proporcionar, no se necesita para nada la televisión. La información general, la opinión y el entretenimiento no están entre los fines claros del Estado. Lo dicho para los canales autonómicos de TV vale, por supuesto, para las emisoras públicas de radio.

Empezamos muy mal hace tiempo cuando se admitió -buena parte de mis colegas de Derecho Administrativo, no todos, tienen de qué arrepentirse- que el ejercicio de la libertad de difundir información por cualquier medio y el ejercicio de otras libertades de las llamadas ideológicas, fuese tratado como servicio público en sentido estricto y, por tanto, objeto de concesión administrativa. No me callé ante aquel esperpento jurídico, pero sí se me dio la callada por respuesta y, en privado, se enarboló como argumento la limitación del espacio radioeléctrico (¡qué diferente es hoy el estado tecnológico del asunto!).

CIERRE DE LAS TV Y RADIOS PÚBLICAS: NO PRIVATIZACIONES PARA QUE ALGUNOS HAGAN NEGOCIOS SUCULENTOS

No quiero extenderme más: ahora es el momento de cerrar -así, cerrar- las TV y las radios autónómicas y no aferrarse a lo que carece de otra justificación que el puro interés rastrero de la clase política. No mareen la perdiz con la privatización. Y nada de privatizar TVE para que unos cuantos compren a bajo precio sus activos y luego hagan negocio (esa película ya está muy vista): o la mantienen reestructurada y limitada, o la cierran. En cuanto a las TV autonómicas (y las municipales que pueda haber), echen el cierre, que hay modos de no dejar a la intemperie a los trabajadores de esos entes -por ejemplo, pagarles lo convenido hasta la jubilación, que sería la fórmula más costosa- bastante más económicos que mantener esos “medios de comunicación”.

Antes de cerrar esos “medios”, rotundamente supérfluos, acudan a explicar los gobernantes a explicar los ajustes. Que ése sea el último servicio que preste lo que nunca debió existir. En algunas cosas -autovías, trenes de alta velocidad (AVE), etc.- quizá hemos estirado más el brazo que la manga, pero esas infraestructuras son activos valiosos, que ahí están, mientras que las Televisiones y radios autonómicas no son ni activos, ni prestaciones sociales: son puras rémoras.  Es absurdo que se caiga en el meaculpismo por el AVE (o en la crítica, como la que acaba de hacer Artur Mas al AVE a Galicia) y nada se diga de las TV y radios públicas (¡seis tiene la Generalitat del Sr. Mas!). Y que, mientras las TV y radios públicas subsisten, se recorten becas y se congele la investigación en la Universidad no es sólo absurdo, es obsceno.

Si PP y PSOE no se ponen de acuerdo (“yo cierro Telemadrid; tú cierras Canal Sur”), llame el Gobierno a esos legisladores de emergencia, como los que tuvo Boyer (que se mejore le deseo sinceramente) para reprivatizar Rumasa o, sin ir tan lejos, ZP, Pepiño Blanco y Rubalcaba para la encerrona de los controladores aéreos, porque la situación no consiente contemplaciones. Seguro que en el equipo de Rajoy son capaces de producir instrumentos jurídicos aseaditos y decentes. El Decreto-Ley está aquí justificado.

Si no adoptan esa medida -que causaría, a buen seguro, un fuerte impacto positivo en “los mercados” y, mejor aún, en la ciudadanía- que sepan que no les creemos y que no les queremos. Así de clarito he pensado que debía decirlo.

viernes, 18 de junio de 2010

LIBROS, “PECÉS” Y PALABROTAS: DOS ESTUDIOS CIENTÍFICOS “LOW COST”


REMEDIOS CONTRA LOS EFECTOS DE LA PEDAGOGÍA MODERNA Y LOS DOLORES AGUDOS DE LA CRISIS



Mientras se aclara quién debe más a quién y quién miente a los otros (y a todos, de paso) con más “efficiency”, hay que seguir viviendo. Y suceden algunas otras cosas aparte de la gran madeja económica global, que nadie parece capaz de ir desenredando (quizá porque hay situaciones que no tienen arreglo, contra el axioma implícito que afirma exactamente lo contrario).

Ya saben los lectores que en este “blog” se apoya “a muerte” (ahora, si no es “a muerte”, no hay apoyo verdadero) la investigación científica de calidad. Hoy les doy noticia de dos estudios científicos de diversa naturaleza (el primero mucho más serio que el segundo), pero ambos interesantes y muy útiles en estos tiempos. Además, los dos se han realizado sin grandes inversiones y gastos, lo que

Aprendizaje mediante papel o por pantalla de PC: resultados comparativos; el grave peligro de TV y PCs

Traduzco con cierta libertad una parte del artículo que pueden encontrar en este enlace:


Los monitores del ordenador tienen un efecto similar [al de la TV] debido a la luz que irradian. A tres grupos de estudiantes del mismo nivel de lectura se les presentó por tres medios distintos la misma información. Al Grupo A se le facilitó una hoja de papel. Al Grupo B se le proyectó una película con la misma página. El Grupo C la vio en un monitor de ordenador. Entonces, se comprobó la retención de la información por los estudiantes.”

El Grupo A arrojó un porcentaje de 85% de retención después de ver el papel. El Grupo B retuvo entre el 25% y el 30% después de ver la pantalla de cine. El Grupo C alcanzó una retención de entre el 3% y el 5% tras ver el monitor del ordenador. Joseph Chilton Pearce, responsable de la investigación afirma: “Los ordenadores y la televisión están cambiando los cerebros de nuestros niños. Debemos animar a los niños a desarrollar su capacidad de pensar y sólo después darles un ordenador". Pearce cita la investigación sobre el desarrollo de Piaget: “Los primeros doce años de vida se dedican a construir las estructuras cognitivas que permiten a las personas captar tipos de información abstracta, metafórica y simbólica…el peligro es que los ordenadores y la televisión interrumpen ese desarrollo.”

A quienes este asunto crucial les interese más, les aconsejo vivamente que lean el artículo íntegro. En todo caso, empieza a resultar incontrovertible lo que ya captó Herbert Marshall McLuhan en los años 60, a partir de la para él dolorosa experiencia de que sus alumnos cada vez leían menos... porque la TV –eso descubrió- les absorbía. El bombardeo de imágenes retrasa o disminuye la capacidad de pensar, de entender y de expresar abstracciones, como lo son todos los conceptos. Lo más interactivo es un libro (afirmación de un informático).

Decir “tacos” o palabrotas reduce el dolor

No es que no supiéramos lo mucho que alivia soltar un “taco” cuando te das con el martillo en el dedo y no atinas en el clavo, pero ahora se ha estudiado universitariamente el fenómeno. Simplemente les copio la noticia, tal como apareció, ya hace unos meses.

“Según una investigación realizada por la Universidad de Keele (Reino Unido), decir palabrotas y maldecir reduce el dolor que sentimos cuando nos caemos o nos golpeamos. El estudio, que publica hoy la revista ‘NeuroReport’, concluye que emplear los términos malsonantes del lenguaje alarga en un 50 por ciento el tiempo que podemos soportar el dolor.”

“El director de la investigación fue el profesor de Psicología de esta Universidad Richard Stephens, quien explica que tuvo la idea de estudiar esta conexión cuando accidentalmente se golpeó un dedo con un martillo al construir un cobertizo.”

Stephens pidió a 64 estudiantes voluntarios que metieran una de sus manos en una cuba con agua helada y que resistieran lo más posible mientras repetían una misma palabrota de su elección. Después, les pidió que repitieran el experimento, pero esta vez utilizando una palabra común con la que describirían una mesa. El resultado fue que los estudiantes resistían una media de 2 minutos cuando empleaban términos ofensivos, indecentes o groseros, y una media de un minuto y quince segundos cuando no lo hacían.”

“El estudio admite que no queda claro el cómo o el por qué de la existencia de este vínculo, pero sugiere que el efecto de reducción de la sensación de dolor tiene que ver con que las palabras gruesas desatan lo que denominan `la reacción natural lucha-huida’.”

“Stephens explica que el corazón se nos acelera cuando utilizamos un vocabulario malsonante, lo mismo que ocurre cuando nos encontramos en una situación de debilidad o de miedo y tratamos de reducir la sensación de amenaza para hacerle frente.”

“Esta sería la razón por la que a lo largo de los siglos se ha creado en todos los idiomas un lenguaje paralelo de palabrotas, hasta completar diccionarios casi tan extensos como los oficiales.”

“El estudio de la Universidad de Keele también hace un ejercicio de pedagogía y advierte de que es importante no malgastar munición: ‘quien quiera utilizar este efecto de reducción del dolor en su beneficio debe limitar el uso de este lenguaje en el día a día’.”

"Decir palabrotas es un lenguaje emocional, pero si se emplea en exceso se pierde su vínculo emocional", concluye Stephens.

En resumen: no nos privemos, ahora y en el futuro, de aliviar los dolores habituales y otros venideros, menos habituales pero fáciles de conjeturar. Ahora bien: cuantas menos palabrotas digamos de ordinario, más alivio sentiremos en los momentos en que sean oportunas.

¡Qué cosas nos enseñan ahora las “Ciencias Sociales” y, sobre todo, la Psicología! Yo echo de menos, no obstante, un perfeccionamiento en los planes de estudio de Psicología y Sociología. Debería existir una materia titulada “Fenomenología de lo obvio”, que podría constar de dos partes: “Parte I: Teorización de lo obvio” y “Parte II: Comprobaciones empíricas de lo obvio”.