martes, 7 de junio de 2011

EL PEPINO DE HAMBURGO Y OTRAS MAJADERÍAS ANTICIENTÍFICAS


LA DIARREA ALEMANA: TU QUOQUE, GERMANIA?

Las autoridades alemanas llevan una temporada completamente de espaldas a la tradicional buena relación entre su pueblo y España. Nos han tachado sin matices de vagos, indolentes y perezosos, como si cientos de miles de alemanes no hubiesen tenido la experiencia contraria cuando cientos de miles de españoles trabajaban en la República Federal Alemana (RFA) (aunque Frau Merkel vivía en la DDR, la Alemania del Este, y quizá no se enteró de eso ni de casi nada). Y, para remate, esas autoridades germanas (al principio locales, pero después con respaldo federal) han llevado a cabo un ejercicio de crasa torpeza y de genuina vesania: en cuanto una serie de ciudadanos alemanes sufrieron problemas muy graves de salud y se les acumularon en los hospitales bastantes cadáveres, se apresuraron a señalar a los pepinos españoles como responsables de esos males. Nos han causado así unos daños muy injustos, que los gobernantes alemanes ni siquiera han estado dispuestos al menos a paliar, tan pronto como numerosos análisis suyos y nuestros demostraron que a los pepinos españoles no les pasaba nada, excepto tener sabor a pepino, cosa que no se puede decir de todos los pepinos europeos.

Después, los funcionarios germánicos apuntaron, como causa de la epidemia, a unos brotes de soja, pero llevamos ya unos días con la soja también descartada. Y nada: las autoridades alemanas siguen sin admitir siquiera el daño que nos han hecho a los españoles en muchos países. Y si están reconociendo que las más altas probabilidades (muy altas) de situar el foco generador de la epidemia corresponden a la misma Alemania, lo están reconociendo para sus adentros, no vaya a ser que, caso de reconocerlo abiertamente, la actual RFA sufra una depresión colectiva, de ésas que puedan dar miedo al mundo.

A nada que uno pregunta a personas versadas y lee un poco, puede saber que la bacteria E-coli es uno de los microorganismos más conocidos por el hombre (y la mujer, claro está) y más utilizados para estudios de genética y biología. El “bicho” es llamado Eschirichia coli, precisamente en honor de un científico alemán, Theodor von Escherich, que describió la bacteria en 1885. Casi todos llevamos dentro esa bacteria, en su variante menos dañina y más saludable: está en nuestro intestino desempeñando, entre otras importantes funciones, la de protección frente a otros microorganismos dañinos, de modo que, a falta de suficientes E-coli, aparecerán y harán malas faenas los microorganismos “oportunistas”. No hace falta decir que la E-coli presenta desde hace tiempo variantes o cepas nocivas y que, claro está,  la actual epidemia alemana se debe a una variante prácticamente inédita, al parecer resistente a los antibióticos más comunes.

Quiero suponer que las autoridades alemanas se están preocupando de las carnes y de su manipulación, porque las anteriores historias con muertos por la E-coli (bastantes de ellas relacionadas con Alemania e incluso con las hamburguesas) imponen investigar en esa línea. Por el momento, la única voz que se ha alzado en ese sentido ha sido la de un español, el Dr. Grisolía, que ha instado a buscar en las carnes, puesto que el lugar de residencia preferido de la E-coli, además de nuestros intestinos, es el de otros animales, el ganado. De ahí se pueden contaminar las aguas y por las aguas y la tierra, los vegetales. ¿Sabemos en el mundo qué está haciendo al respecto el Bund y los Länder concernidos? Pues, francamente, no: nos dicen casi nada.

En todo caso, pienso que el Dr. Escherich se removerá inquieto en su tumba al conocer cómo la política alemana ha prevalecido con total desvergüenza sobre la ciencia. Estarán también estremecidos el Barón de Humboldt y Max Planck, consagrados patronos de los muy encomiables esfuerzos alemanes (Fundación e Instituto, respectivamente) por promover mundialmente la investigación y el conocimiento científicos. Como ferviente admirador que he sido, desde hace mucho tiempo, de tantas excelentes cualidades históricas y actuales del pueblo alemán (de facetas oscuras innegables no hace falta hablar), me encuentro estupefacto. Ya sabíamos que no es precisamente esplendorosa, como antaño, la situación de las Universidades alemanas. Sabíamos qué extrema ansiedad por ser Doctores de cualquier modo ha acometido a varios políticos alemanes de primera fila, hasta el punto del “copia y pega” más burdo. Pero, francamente, lo de los pepinos y la soja es demasiado. Sería demasiada decadencia alemana –muy mala para todos- si no fuese desmentida rápidamente con hechos concluyentes.

Sra. Merkel: nosotros, los latinos, podemos permitirnos dormir la siesta y vivir como si fuésemos bávaros, muniqueses o incluso vieneses. Pero Vds., los hamburgueses y los prusianos, tienen un sacrosanto e indeclinable deber de seriedad. Si Vds. se desmadran, ¿quién nos meterá en cintura a nosotros, razas inferiores y, en todo caso, gente excesivamente alegre? Vds. pueden, de vez en cuando, padecer genuinas diarreas por Sauerkraut en deficientes condiciones, pero la diarrea política y la verbodiarrea no les están permitidas. Cumplan Vds., Frau Merkel, con su destino histórico –ser faro de la razón y de la ciencia, atender diariamente al precio de la patata y vivir con equilibrio presupuestario- y pónganse tan serios como suelen estar antes del sábado. Aquí les serviremos gustosamente buenas birras, paellas de foto y pescaítos fritos. ¡Ála, venga, aclárense y arréglenlo cuanto antes! Y, Frau Merkel, por favor, deje Vd. de pensar ya cuánto aportó la RFA a países como España mientras tenía otra Alemania (la Alemania donde Vd. vivía) a la que no podía ayudar. Si no podía ayudar entonces a la DDR, reconozca Vd., Frau Merkel, que no era culpa nuestra. Algunos comprendemos bastante bien lo que han pesado y siguen pesando en la Alemania reunificada (por el noble impulso de Helmut Joseph Michael Kohl, un estadista) los cinco Neue Länder. Pero tampoco eso es una razón, Frau Merkel, para su reiterado e injustificado desprecio a los países mediterráneos y, desde luego, a España.

LA OMS, ESPECIALISTA EN ALARMAS (FALSAS O INSENSATAS)

Uno de los asuntos mejor sustraídos a la opinión pública mundial es qué fue de las personas responsables en la Organización Mundial de la Salud (OMS) de las alarmas sobre la gripe aviar (2005 y 2006: estimación de entre 5 y 150 millones de muertos; resultados: menos de 150 personas fallecidas en total de 2006 y 2007) y, después, sobre la gripe A (2009). Todos recordarán la tremenda alarma desatada por la OMS a propósito de esta última gripe: se evocó expresamente la espantosa (y muy mal llamada) “gripe española” de 1908 (entre 55 y 100 millones de muertos) y se llegó a declarar la alerta 6 por pandemia en curso en junio de 2009. Se gastaron miles de millones en vacunas y antivirales, para que, poco más de un mes después, ya estuviese claro que la mortalidad a causa de la gripe normal -la llamada “gripe estacional”- era muy superior a la de la gripe A (o porcina, mexicana o méxico-estadounidense). Los responsables de la producción y pago de millones de vacunas inútiles y de antivirales desaconsejables, ¿dónde están hoy? ¿Estarán al menos, castigados, como si dijéramos, a puntear los resultados de experimentos con ratones? 

Con estos antecedentes próximos, la última hazaña de la OMS ha sido declarar “posiblemente cancerígeno” el uso de teléfonos móviles. Así, sin más, sin anestesia y sin mayor explicación. Hay que acudir a un buen periódico para saber, por de pronto, que se están refiriendo a cánceres cerebrales (no a cáncer de dedo gordo, a base de tanto “sms”, ni de oreja, por percusión, calentamiento y daño vascular) y que en la lista de “posiblemente cancerígenos” (tercera categoría de cinco, de mayor a menor riesgo) se encuentran otros 265 elementos, como el café, el humo de los coches y el cloroformo. Sabremos también que son 508 los elementos que no han podido ser clasificados en la escala de riesgo (cuarta categoría: “no clasificables”) y sólo uno, uno solo, en la quinta categoría: “probablemente no cancerígenos”. Este glorioso elemento no es otro que –copio- “la caprolactama, una molécula clave en la síntesis del nylon”.

Todo eso, en grandísima medida, es fruto de puras estadísticas, no de certezas de relación causa-efecto ni de fundados juicios de probabilidad por estudios de un conocimiento del cáncer según sus causas. Muchas veces habrá que hacer estadísticas, sí, pero cuando se hacen estadísticas comparativas, siempre de un valor muy limitado ¿no habrá que señalar lo que se ha comparado? Porque puede haber comparaciones muy insuficientes y, en todo caso, las hipótesis no son ni deben presentarse como certezas. Y ni siquiera como probabilidades altas con sólido fundamento.

Pero lo de los pepinos españoles con E-coli letal ha sido aún menos serio que las barrabasadas de la OMS. Los hamburgueses, encabezados por la Bundeskanzlerin, Frau Angela Merkel,  nos deben unos cuantos millones de euros y, sobre todo, nos deben una disculpa. De lo contrario, que no canten más el “Que viva España”, que ellos inventaron. ¡Ah, qué tiempos aquellos: los 80, los 90!

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POST SCRIPTUM. Cuando estaba por cerrar este “post” veo en una foto a Dña. Angela Merkel con Don Barack Obama. Dña. Angela sigue dale que te pego con la cantinela (o cantilena) de la “productividad”. Pero lo de Mr. Obama tiene mucho delito. Ha dicho Mr. President que “no se debe permitir que la situación financiera en Europa ponga en peligro la recuperación económica mundial”. Debería ser tan posible que un gato silbe como que el Presidente de los EE.UU. soltase frases como ésa, reveladoras de un cinismo monumental,  puesto que la ignorancia crasa de lo que sucedía y sucede en USA debe descartarse. Este Obama, ¿cómo se atreve a dar lecciones de situaciones financieras? No es de extrañar que se vaya yendo del Ala Oeste toda la gente que sabe algo.

5 comentarios:

Joaquín Galán dijo...

Dicen que en el pecado va implícito el castigo que en este caso se manifesta como un palo descomunal al prestigio de Alemania como pais serio.

No creo que eso les importe a los alemanes un pepino, es decir, que tendrán una sensación de pérdida. Eso por aquí no sucede. Ya quisieramos nosotros tener prestigío.

Quijotadas dijo...

Ahora que sabemos dónde amargan los pepinos (en Alemania), y visto que no quieren compensar a los agricultores españoles voluntariamente por el terrible daño que han hecho, ¿por qué no descontamos de nuestra deuda con Alemania el importe correspondiente, y así debemos menos?
Estos alemanes, una vez que se ponen a ser incompetentes lo tienen que hacer a lo grande.

Antonio J. Guirao dijo...

Yo tenía a los alemanes por un pueblo mucho más serio, que sabía hacer las cosas. Pero este gobierno que tienen me demuestra día a día que priman más los intereses políticos que cualquier otro.
Primero nos machacan con sus comentarios sobre la situación económica en España, luego con los pepinos, luego con que si somos vagos y tenemos muchas vacaciones...
Nos hemos visto obligados a desmentirlo todo, primero haciendo públicos los datos de nuestros bancos; luego se ha demostrado que nuestros pepinos son estupendos; se ha demostrado que en Alemania se trabajan menos horas que en España y que tenemos menos vacaciones(veáse artículo recienente en "El País").
Y... ¿por qué esa obsesión por España?...Yo cada día lo tengo más claro, para que caiga el gobierno actual en España y se de paso a un nuevo gobierno de su misma ideología conservadora.

Andrés de la Oliva Santos dijo...

Lamentablemente, Antonio, me temo que la caída del actual Gobierno de España no es el objetivo del Gobierno alemán. Para fastidiar a ZP y al PSOE no necesitaban ni necesitan lo que están haciendo, que va más lejos en la medida -¡ojo!- en que no esté determinado por puro nacionalismo (cosa que no excluyo en absoluto). algo más instintivo que racional. En lo que tenga de intencionado y planeado, me parece que Alemania (su Gobierno) busca su hegemonía total en Europa y una posición fuerte frente a los EE.UU. Y también hay bastante de cortinas de humo para problemas internos, que los tienen muy serios, por más que no sean conocidos en España y nos puedan parecer menores comparados con los nuestros. Ahí está el cambio de Merkel en el asunto de la energía nuclear y su negativa completa a embarcarse en la operación libia. Vamos, que Merkel no quiere perder poder en Alemania y, en ciertos momentos, meterse con España es lo que le puede resultar "más barato". Conforme pase el tiempo, es probable que veamos más claro qué se proponen.

Andrés de la Oliva Santos dijo...

Añadido: no me resulta concebible, con los mimbres hoy disponibles en España, que Merkel se mueva por una voluntad o deseo de un Gobierno español con su misma ideología. ¿Acaso sabemos qué ideología tiene Merkel y cuál sería la del PP en caso de que ganase? Esto no va de ideologías, sino de intereses.