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martes, 5 de abril de 2011

LA TRAGEDIA DEL 11 DE MARZO DE 2011: LUCES Y SOMBRAS JAPONESAS


SÍ, EN JAPÓN TAMBIÉN CUECEN HABAS


A ver si, realmente por derecho y con brevedad, pongo en claro algunas cosas. Para empezar, diré que no se me cae la baba con Japón y con los japoneses hasta el punto de que cuanto allí ocurra o éstos hagan arranque de mí emocionados aplausos y ferviente adhesión. No me faltan, desde hace muchos años, bastantes conocimientos sobre el Japón. Y también es antigua mi idea de que, de entre los países desarrollados, el último -así, el último- al que me iría a vivir, siquiera fuese una temporada, sería Japón. He tenido ocasiones para viajar al Japón y nunca lo he hecho. Y es que no me gusta ni su teatro ni su poesía ni su música. A buen seguro que no me gustan porque no los entiendo, pero lo cierto es que no me gustan esas expresiones artísticas y, sin embargo, me gustan músicas y poesías que no pertenecen a mi mundo cultural, sino a otros muy diversos y lejanos. Y, reconociendo que no es mi mundo y que no lo entiendo, lo cierto es que tampoco me gusta, en conjunto, el estilo de vida japonés, ni el tradicional ni la mixtura actual derivada de los años del virreinato de Mac Arthur y demás continuadores USA, que, por cierto, aportaron a Japón no pocos elementos positivos, y no sólo el béisbol.

Tan escasa inclinación hacia lo japonés no es cosa de la que me parezca que puedo o debo presumir, porque seguramente tiene que ver en buena medida con defectos personales y limitaciones de mi forma de ser. Hago esta confesión para que se conozca cuál es la base subjetiva desde la que he formulado en este “blog” opiniones sobre la compleja situación de Japón tras el gran terremoto y subsiguiente tsunami de 11 de marzo de 2011.

Con todo, mis impresiones sobre el mundo nipón tampoco me parece que sean las de un “bicho raro”. Hay muchos aspectos de la vida japonesa que, al parecer, disgustan a los mismos nipones en cuanto disponen de parámetros vitales comparativos. He visto a bastantes japoneses a los que, tras vivir dos o tres años en España, les costaba un enorme esfuerzo pensar en volver a su tierra, para de nuevo carecer de razonables vacaciones, de un mínimo ocio semanal e incluso diario y, a la postre, de un ámbito mayor de autonomía personal y familiar. La estructura empresario-feudal del Japón me produce escalofríos y eso no me parece “friki”, sino bastante explicable conforme a criterios valorativos que considero universalmente válidos. Y sé, de antiguo, que, dentro de esa estructura, anida una criminalidad muy bien organizada y prácticamente institucional, la Yakuza, lo que supone un ingrediente de intensa crueldad con no pocas manifestaciones.

Por eso, al recibir de un anónimo comunicante el enlace que copio http://www.elmundo.es/cronica/2003/399/1055060977.html), con la invitación a comentarlo, lo he leído y me ha entristecido mucho, pero no me ha extrañado: el reclutamiento de mendigos para limpiar centrales nucleares. Léanlo si quieren. La más cruel explotación está presente en muchas sociedades, incluso avanzadas. Y eso, pienso, sucede ahora mucho más en Oriente que en Occidente. Existe ese ingrediente en Japón, lo mismo que en la “emergente” y ahora muy admirada China -un país de desigualdades que apenas podemos imaginar y de mucha “fuerza laboral” en condiciones inhumanas- y asimismo en la tan de moda, hace años, cuenca subasiática “desregulada”. Son realidades en verdad tremendas. Por eso, me asombra la extendida y con frecuencia rendida admiración de muchos occidentales ante modelos de “productividad” estrechamente emparentados con la esclavitud. Y encuentro vomitiva, en buena medida, la “deslocalización” en búsqueda de disminución de costes, a toda costa.

Pero volvamos concretamente a Japón. Con la misma convicción y sinceridad con que he escrito lo anterior, escribo que, pese a todo, los japoneses y las japonesas, tan distintos de nosotros, son, como regla e individualmente considerados, personas con muchas virtudes y cualidades admirables. Y no carecen, como pueblo, de grandes virtudes sociales asimismo dignas de admiración. Esas virtudes son las que cabe apreciar y encomiar a la vista de su reacción ante la catástrofe del 11 de marzo de 2011, aun cuando coexistan con actos o costumbres de crueldad y de explotación, paradójicamente facilitadas por la resistencia, la paciencia, la capacidad de sacrificio y muchas otras cualidades, en sí mismas positivas, que distinguen a la inmensa mayoría de los japoneses. Lo que vamos sabiendo a propósito de la central nuclear Fukushima I no desmerece en absoluto de los japoneses, sino de una parte de su clase dirigente empresarial, modélica en ciertos aspectos, sí, pero también capaz, en otros, de grave codicia e inhumanidad.

Dicho esto: lo que he venido defendiendo a proposito del terremoto y el tsunami de 11 de marzo de 2011 se puede resumir así: 1º) Se ha mirado mucho a las consecuencias en las centrales nucleares y, concretamente, en Fukushima I y muy poco, despiadadamente poco, a las muchas víctimas y a los enormes daños; 2º) Los datos que se iban conociendo sobre la situación de “lo nuclear” se han transmitido con poco rigor analítico y exceso de truculencia, de modo que, para muchos, central nuclear y bomba atómica han venido a ser equivalentes; 3º) En el tratamiento de la situación de Fukushima se ha despreciado o minusvalorado la excepcionalidad del tremendo terremoto del 11 de marzo pasado; 4º) Han abundado las declaraciones y noticias mal digeridas y ofrecidas con imprudencia y exceso de alarmismo, cuando no incitación al pánico. En concreto, un dirigente europeo se distinguió notablemente en esta línea. Insisto: en castizo, fue un bocazas.

Por mi parte, quizá he atribuido más acierto del real a los japoneses implicados en reconducir la situación de Fukushima I (y también a quienes la diseñaron y construyeron). Pero me parece que, a falta de valoraciones absolutamente fiables -de las que muy pocos dispondrán-, era más razonable presumir la competencia y el acierto que lo contrario. Llevo días sin descartar en este “blog” un agravamiento en el curso de los acontecimientos, que, en todo caso, no sería ni como Hiroshima o Nagasaki. Si las cosas tomasen un cariz peor (y espero y deseo que no sea así, aunque veo que no falta los que parecen esperar y desear lo contrario), confío en que todos, empezando por los japoneses, aprenderíamos de los errores, por mucho interés que hubiese en disimularlos o atenuarlos.

miércoles, 30 de marzo de 2011

"¿CÓMO SE LES OCURRE A LOS JAPONESES VIVIR EN JAPÓN?"


SOBRE HERR OETTINGER, "LAS NUCLEARES", EL JAPÓN Y CIERTA MISERIA OCCIDENTAL
(ampliado y matizado a 1 de abril de 2011)


Dos amables comunicantes me han escrito sin identificarse y no he podido, para empezar yo mismo cumpliendo las normas de este “blog”, publicar lo que me enviaban como comentario a dos distintas “entradas”: LIBIA Y JAPÓN, EN NUESTRAS CASAS, de 14 de marzo de 2011 y URGE QUE EL COMISARIO EUROPEO DE ENERGÍA, GÜNTHER OETTINGER, VUELE A JAPÓN, de 17 de marzo de 2011. Pero lo que planteaban era y es interesante y no quiero dejar de tratarlo. Además, la grandeza y la miseria se siguen exhibiendo a cuenta de la catástrofe japonesa.

El “comentario” al “post” sobre Herr Oettinger me hacía notar que, a la vista de los últimos acontecimientos, quizá Oettinger tenía razón en sus análisis apocalípticos y en sus profecías aún más apocalípticas. Y que quizá yo fui demasiado severo con este Comisario europeo. Me añadía que Herr Oettinger tiene un club de “fans” en España, porque se opone a lo que quieren los poderosos o algo parecido.

De esto último nada sé y lo considero perfectamente irrelevante, pero me releo y pienso que no tengo nada que rectificar -rectificar cuando me equivoco no me cuesta- de mi “post” sobre Herr Oettinger. Cuando yo escribía, Herr Oettinger había proferido declaraciones infundadas (infundadas en el momento en que las hacía y hasta hoy mismo) y profecías harto imprudentes (también en aquel momento). Declaraciones o veredictos y profecías empapados de insensatez y rezumantes de indisimulado afán de notoriedad. Por eso, pensaba que urgía su vuelo a Japón. Como quiera que no fui el único en juzgarle severamente -aunque quizá sí uno de los primeros-, el Comisario Oettinger ha guardado silencio desde entonces o, al menos, no ha dicho nada digno de grandes titulares en todos los continentes. Modestamente, yo he guardado silencio sobre él.

La situación de la central de Fukushima I no acaba de estabilizarse, sino que parece empeorar en algunos momentos y en cierto sentido. Pues bien: ni siquiera ahora debería el Comisario Oettinger decir lo que dijo. Carezco del menor interés personal en la industria de la energía nuclear y no mantengo relación con nadie de ese ámbito. Por profesión, tampoco experimento ninguna inclinación a defender a capa y espada la seguridad de las centrales nucleares, como es explicable que la sienta un ingeniero nuclear. Sencillamente opiné y sigo opinando que Oettinger no había sido justo con Japón al decir que habían perdido el control (perder el control no es lo mismo que no poder arreglar un desastre con la rapidez deseable) y que Oettinger había sembrado el pánico cuando no existían motivos para tal siembra. En cuanto a las dotes proféticas de Oettinger, no le reconozco ninguna. Simplemente, de cara al futuro, se apuntaba a vaticinar la mega-catástrofe nuclear. Espero que se equivoque y pienso que se equivocará. Pero si, lamentablemente, acertase, no sería por conocimientos -que él mismo reconoció no poseer, aparte de los que le aportaban los periódicos-, sino porque cualquiera tiene un 50% de probabilidades de acertar si apuesta a negro respecto de rojo. Para escribir los dos “post” citados, personalmente hice bastante más que leer los periódicos.

Un segundo comentario, cuya amabilidad aprecio y agradezco de corazón, va más al fondo de la cuestión. Y me permito reproducirlo íntegro. Dice así:

“Querido profesor, no debiera usted confundir eventos naturales con responsabilidades y naturaleza humana. Debemos compadecernos y solidarizarnos con el pueblo japonés por las circunstancias que atraviesa como consecuencia de una catástrofe natural pero eso no es excusa para advertir que esta catástrofe ha sido magnificada por una actuación humana. Es un hecho incontestable que la construcción de esa central nuclear y muchas otras se ha basado en hipótesis demasiado optimistas. Es más, nunca debieron ser construidas allí porque Japón se encuentra situado en una zona de máxima actividad sísmica y esto no es una novedad puesta de manifiesto con el reciente terremoto. Pero es que este enfoque del problema de la seguridad nuclear basado en el protagonismo de los eventos naturales también es incorrecto porque en este caso lo primero que se debe garantizar es la integridad, competencia y honestidad humana. Menuda tarea ¿Verdad? Un abrazo, profesor." [El subrayado es mío]

Afectuosamente, yo quisiera formular dos consideraciones previas sobre este enjundioso comentario. La primera es que no suelo “confundir eventos naturales” con “responsabilidades y naturaleza humana”. Aparte de que la distinción es asequible a un sinfín de personas con mediana instrucción, la formación jurídica ayuda adicionalmente a evitar esa confusión: distinguimos entre “hechos” y “actos jurídicos”; utilizamos el concepto de “fuerza mayor” y, por supuesto, el de “responsabilidad”, sobre el que he trabajado especialmente. En algún momento, puedo, pese a todo, claro está, incurrir en un error en el que esté presente la confusión que me atribuye el amable comentarista. Pero, revisado mi “post” de 14 de marzo pasado, no encuentro que en ese texto se dé esa errónea confusión. Más bien ocurre lo contrario: insisto mucho en distinguir lo que es humano y en lo que es cosa de la naturaleza (no humana, porque pienso que existe también la naturaleza humana). Lo que en realidad diferencia mi postura de la del amable comentarista es que atribuimos a los eventos naturales -los terremotos y tsunamis registrados- distinta relevancia en la situación creada en Japón: él mucha menos que yo. [ADICIÓN: es posible, desde luego, y así lo mantienen diversos expertos, que, aunque los eventos naturales del 11 de marzo de 2011 fuesen excepcionales, las centrales nucleares niponas no se encontrasen en las mejores condiciones dentro de los estándares oficialmente aprobados. El mismo Gobierno de Japón, con prudencia pero con suficiente claridad, ha efectuado fundados reproches a TEPCO. Me parece muy digna de consideración, muy acertada, la idea de que la privatización de la energía nuclear es absolutamente imprudente sin constante control por expertos de las autoridades públicas. Aquí parece haber fallado el Gobierno japonés, en una manifestación más -como las que tenemos aquí mismo- de la conmixtión y complicidad objetiva entre los poderes públicos y los privados.]

Una segunda consideración es que “garantizar” “la integridad, competencia y honestidad humana”, que el comentarista considera “primero” o prioritario, no es que sea una tarea ímproba, como se deduce del final del comentario (y estamos de acuerdo), sino que no sé de ningún método especial para tal garantía. La honradez o integridad y la competencia profesional del elemento humano es buscada teóricamente por todas las sociedades, a innumerables efectos, por innumerables caminos. Es un asunto que me preocupa en extremo desde hace muchos años y que coincido en considerar fundamental. Desde hace muchos años vengo sosteniendo públicamente que no hay sistema de convivencia (sistema político, social o económico) que no sea susceptible de corrupción si falla el elemento humano. Es una verdad tan antigua, al menos, como la escritura, sobre la que ahora no voy a extenderme. Pero si resolviésemos no acometer empresa alguna de cierta magnitud y riesgo salvo tener primero garantizado que en la empresa no fallará el factor humano, nos estaríamos disponiendo a la quietud absoluta.

Dicho lo anterior, me permito discrepar de lo que son afirmaciones centrales del comentario reproducido.

1º) No tengo claro que los efectos de los terremotos y los tsunamis hayan sido magnificados por una actuación humana. También se puede afirmar lo contrario, a saber: que la actuación humana -en concreto, la de construir con determinadas normas de resistencia sísmica- ha permitido reducir de modo extraordinario aquellos efectos, desde el momento en que, p. ej., Tokio, Kioto y Osaka están hoy perfectamente en pie, lo que no ocurriría, según los datos de que disponemos, con San Sebastián, Santander, Oviedo o Burgos, p. ej., si el terremoto de 9 grados hubiese tenido su epicentro a cien millas de la costa este del Cantábrico.

2º) No estoy seguro de que sea “un hecho incontestable que la construcción de esa central nuclear (la de Fukushima I) y muchas otras (¿cuáles?) se ha basado en hipótesis demasiado optimistas”. Esta afirmación del excesivo optimismo me parece respetable, pero no incontestable en estos momentos, porque incontestable es lo que no admite discusión (contestation o contestación) y pienso, más bien, que la respetable afirmación del comentarista es discutible. No digo que se trate de una afirmación falsa que entraña un juicio erróneo, pero, a mi entender, dista mucho de resultar evidente o de estar probado, hoy, un excesivo optimismo de los japoneses (o, lo que sería igual, una gran imprudencia por su parte), especialmente si se tiene en cuenta que carecen de suficientes fuentes de energía propias en proporción a sus necesidades.

Es un gran tópico, pero también una gran verdad, que muchas cosas que hacemos los seres humanos entrañan riesgos. En todos esos casos (los ejemplos están de más), hay que sopesar los riesgos y los probables beneficios de lo que resulta arriesgado. A diferencia del amable comentarista, no encuentro en estos momentos datos para fundar la certeza de un error grave en la prudente ponderación que correspondía a los gobernantes, industriales y ciudadanos japoneses.

3º) “Más aún -sostiene el amigo comentarista- (las centrales nucleares) nunca debieron ser construidas allí porque Japón se encuentra situado en una zona de máxima actividad sísmica y esto no es una novedad puesta de manifiesto con el reciente terremoto”. No puedo compartir esta tajante afirmación, porque algunos datos -hechos- permiten cuestionarla como verdad indiscutible o incontestable.

a) En Japón hay 17 centrales nucleares con un total de 54 reactores. Cuando se produjo el terremoto de máxima intensidad, del pasado 11 de marzo, estaban en funcionamiento 37 reactores. Son 4 (de las 17) las centrales nucleares situadas en la zona del terremoto más intenso y del peor tsunami posteriores. Y los problemas se circunscriben ahora mismo a 1 (una) de esas 4 centrales, la Fukushima I.

b) Resulta innegable, desde luego, que Japón es una zona de máxima actividad sísmica y que eso no lo ha puesto de manifiesto el reciente terremoto de 9 grados ni sus réplicas o posteriores terremotos. Pero el terremoto del 11 de marzo de 2011, frente a las costas de la Prefectura de Fukushima, es el cuarto terremoto más fuerte de la historia humana desde que se guardan registros. Ninguno de los tres que le superan se produjo en Japón o afectó a ese país. Desde 1707 ó 1923 (años de dos grandes seísmos en Japón), los frecuentes terremotos en Japón han oscilado, como máximo, entre 6 y 7’8 grados en la escala Richter. Los importantes terremotos de 14 de junio de 2008 (magnitud 6.8 en la escala de Richter), 10 de agosto de 2009 (magnitud 6,4) y 26 de febrero de 2010 (magnitud 7,3 grados) en las islas Ryuku, al sur, se saldaron sin una sola víctima.

4º) Parece difícilmente refutable que los japoneses se atienen en sus construcciones a unas “normas sísmicas” adecuadas a su innegable riesgo telúrico. De lo contrario, el 11 de marzo pasado, gran parte de Japón habría sido literalmente asolada y los muertos serían cientos de miles o millones. Muy probablemente, la central nuclear Fukushima I habría sido destruída por completo, con lo que los problemas, de existir, serían muy distintos de los actuales. Con los datos hoy disponibles, no me atrevo a pensar, contra el criterio de todos los dirigentes y profesionales japoneses involucrados en la construcción y funcionamiento de 17 centrales nucleares, que haya sido sumamente insensato, como sostiene nuestro comentarista, instalar en Japón centrales nucleares. Llevaría la contraria a demasiadas personas, de las que no sólo en absoluto me considero superior, sino a las que no tengo ningún motivo para suponer que son todas o en su mayoría ignorantes y ciegas a los riesgos y gravemente temerarias en sus decisiones, aunque pueda haber quienes no las han ejecutado adecuadamente, esto es, con una indeclinable preocupación por la seguridad, muy superior al interés por el beneficio económico. Con los datos de que disponían cuando decidieron, se puede sostener lo que personalmente defiendo, hoy por hoy: que los japoneses -que, no se olvide, apenas poseen fuentes de energía propia- son gente seria para organizar su vida ordinaria en sus condiciones geográficas y geológicas y gente muy especialmente fuerte para las calamidades extremas e imprevisibles (un terremoto de 9 grados era imprevisible o, al menos, no entraba dentro de las previsiones generalmente aceptadas). [ADICIÓN: Cosa distinta de estos criterios generales, es que la metalización o pura y simple codicia que muchas veces determina los comportamientos empresariales, haya llevado al descuido, más o menos grave y a una injustificada auto-indulgencia en la gestión por TEPCO de varias de sus centrales. Así se ha afirmado y puede confirmarse, lamentablemente, con el desarrollo de los acontecimientos.]

Si la realidad sismológica del archipiélago japonés y lo que sucede ahora mismo en Japón -que, por cierto, no es sólo ni principalmente lo que ocurre en Fukushima- no se pusiese en relación con lo que la actuación humana japonesa ha dispuesto respecto de aquella realidad, tendría sentido hacerse en serio la pregunta con que he encabezado este “post”, entrecomillada porque es copia de un escueto y chusco comentario de un “bloguero” de periódico. No deberíamos quedarnos en las centrales nucleares: tendríamos que preguntarnos cómo son los japones tan insensatos que viven en Japón. O, más a fondo y más exactamente, ¿cómo es que hay japoneses?

A algunos, a bastantes -no me refiero ya a nuestro amigo comentarista-, que extraen conclusiones de pretendida validez general sobre las centrales nucleares y su seguridad a partir de la situación de Fukushima I tras un terremoto histórico, un maremoto tremendo y tropecientos terremotos más, se les queda corto el viejo refrán castellano: “a cojón visto, macho”.

Cabe dentro de lo posible que Fukushima I encierre importantes lecciones para todos –empezando por los japoneses- en materia de riesgos y seguridad en el uso pacífico de la energía nuclear. Sería necio cerrarse a esa posibilidad. Pero esas lecciones no se han impartido todavía y quizá nunca sean impartidas. Por ahora, las lecciones las están dando la inmensa mayoría de los japoneses: lecciones de control, de serenidad, de constancia y de resistencia. Les dejo un enlace a un excelente artículo de Michel André aparecido en EL PAÍS: “El abandono de Japón”. Léanlo, porque proporciona perspectiva.


Millones de occidentales han sido colocados por su propia ignorancia y cobardía -más la inestimable ayuda de muchos “medios”, asimismo ignorantes de casi todo en materia nuclear- en estado próximo a un pánico histérico y se han olvidado de los miles de muertos a causa del terremoto y el tsunami -los cadáveres se van contando uno a uno y ya alcanzaban ayer la cifra de 11.168- y desaparecidos, de la inmensa devastación de ciertas áreas (hay un cuarto de millón de japoneses alojados en casi 2000 refugios temporales) y del gigantesco esfuerzo que tendrá que hacer Japón. En esos pobres seres humanos occidentales se ha detectado algo bastante peor que ciertos niveles de radiación: la ausencia de cualquier noble sentimiento y de cualquier propósito solidario.

De entre los líderes occidentales, por fin -no me duelen prendas en decirlo- uno de ellos, Nikolas Sarkozy, Presidente de Francia, ha viajado a Japón, aunque da la impresión de que más para promover la industria francesa nuclear que por razones humanitarias. La ausencia de gestos de solidaridad y afecto ha sido -y sigue siendo, por ejemplo, en Obama o en la Unión Europea- sencillamente escandalosa.

Termino con un pequeño suceso significativo. El Gobierno español acabó fletando un Boeing 747, con más de 400 plazas de capacidad, para traer a España a compatriotas que quisiesen abandonar Japón. Lo habían solicitado 250 españoles. Este avión regresó a España el pasado día 23 de marzo de 2011 con sólo 80 españoles, una tercera parte de los solicitantes y casi la mitad de los que se apuntaron al vuelo. Digo yo que, en unos días, algo se les fue pegando de la serenidad japonesa a estos compatriotas. Y, desde luego, comprobaron también que las casas no se les caían encima.

domingo, 20 de marzo de 2011

LIBIA: POLVAREDA BÉLICA ELECTORAL,TARDÍA, DESCONCERTADA Y DESCONTROLADA


MIENTRAS PARTICIPAMOS EN EL BARULLO, AUMENTAN NUESTRA DEUDA Y NUESTRO GASTO PÚBLICOS
(Actualización a 23 de marzo de 2011, 23.45 horas)


Con el paraguas político de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, sin acuerdo en la OTAN, Sarkozy, Obama y Cameron (más Rodríguez Zapatero y otros socios menores) han intervenido en Libia por aire (con bombardeos y misiles). No hubo nadie que no pensase que la operación resultaba tardía si el objetivo, como en Kosovo, era, según la ONU, esencialmente humanitario: que Gadafi no masacrase más a sus compatriotas. La intervención limitaba su eficacia a impedir que Gadafi volviese a utilizar su aviación, pero ni había evitado la masacre de bastantes días atrás, debida al exitoso contraataque del tirano hasta las puertas de Bengasi, ni evitaría que, como ocurría y sigue ocurriendo, Gadafi continuase atacando otros objetivos y causando más víctimas entre la población libia. Parecía y parece claramente dispuesto a hacerlo mientras cuente con armamento y soldados.

La zona de exclusión aérea no es poca cosa, pero los aviones franceses y británicos sobrepasaron desde el principio lo dispuesto por la ONU en la resolución 1973 del Consejo de Seguridad, que marca unos limitados objetivos: zona de exclusión aérea y protección y ayuda de los civiles, con expresa prohibición de invasión y ocupación alguna. V., los interesados, la resolución entera en:


La zona de exclusión aérea suponía dominar el cielo sobre Libia. A tal fin, los aviones y los misiles occidentales podían justificadamente atacar aeropuertos, instalaciones de radar y defensas antiaéreas en manos de Gadafi, pero ya el domingo 20 de marzo de 2011 se nos hablaba también de bombardeos contra objetivos (en Bengasi y en Trípoli) no relacionados con el dominio del aire y con el resultado de importante número de muertes, que ni siquiera se afirma que afecten exclusivamente a las fuerzas de Gadafi. Dado que la resolución de la ONU expresamente reconoce “el importante papel de la Liga Árabe”, es interesante lo que declaró desde el principio el Secretario General de la Liga, Amro Musa:

"Lo que pasó en Libia es diferente del objetivo de imponer una zona de exclusión aérea, lo que queremos es proteger a los civiles y no bombardear a más civiles". Refiriéndose sólo a los ataques iniciales, lo decía Musa en una rueda de prensa conjunta con el presidente del Parlamento europeo, Jerzy Buzek, en la sede de la Liga Árabe en El Cairo.

LA INTERVENCIÓN BÉLICA HUMANITARIA.- KOSOVO y LIBIA. En 1999, para impedir una mayor matanza de kosovares a manos de los serbios de Milosevic, la OTAN bombardeó durante meses una parte de la antigua Yugoslavia, hasta forzar unas negociaciones, que después fracasaron. En junio de 1999, llegó a Kosovo la KFOR, un conjunto de tropas de naciones coaligadas, con la finalidad de pacificar y administrar la zona. Y, después de arruinar a Serbia con los bombardeos, el régimen de Milosevic acabó cayendo. Pero, hay un par de datos muy llamativos: Kosovo, independizada (sin reconocimiento español oficial, pero con el de los EE.UU.) en 2008, tiene una extensión de 10.887 km². Serbia, con Kosovo incluida, ocupa 88.361 km². Cuando se bombardeaba Serbia, no había víctimas kosovares. En Libia los dos bandos luchan en el mismo territorio y Libia suma 1.759.540 km.2, un enorme desierto, con las ciudades, la industria (petrolífera) y la agricultura concentradas en la franja costera, que en total suma más de 1700 kilómetros de longitud. ¿Tenía la “intervención humanitaria” de 1999 algo que ver con la de Libia? No podría haber en Libia nada parecido a la KFOR, aun en el caso de que la ONU acordase nuevas resoluciones que permitiesen la acción sobre el terreno. Y, que se sepa, nadie -empezando por los Estados Unidos- quiere intervenir sobre el terreno libio.

En síntesis: la zona de exclusión aérea en Libia era muy importante hace 10 o 13 días, para evitar los avances de Gadafi y dar la victoria a las fuerzas opositoras. El domingo 20 y hoy miércoles 23 de marzo de 2011, en cambio, tiene una importancia limitada y puede permitir a Gadafi mantenerse en el poder. Una resolución de la ONU dirigida a 1) la exclusión aérea de Gadafi, 2) evitar más muertes de civiles, 3) permitir evacuaciones y 4) la llegada a Libia de ayuda humanitaria es, ahora, un papel con tres propósitos imposibles (las finalidades 2, 3 y 4). Hay algo más, que no debía olvidar y no olvidé el pasado día 20: el embargo de armas a Gadafi, ya decretado hace cinco años y no cumplido por unos cuantos países. Quizás ahora se impida el rearme de Gadafi, pero nadie sabe cuántas armas y municiones le quedan. Como Gadafi no esté al límite (cosa improbable), hay guerra en Libia para mucho tiempo. Una guerra -hay que añadir ahora- que, una de dos: o "los aliados" contemplarán desde el aire o en la que intervendrán desde el aire, fuera del marco establecido por la ONU y con muy probables víctimas no combatientes. Esto último parece ser lo que está ocurriendo en las últimas horas. Diríase que los mandos militares de los países involucrados han prescindido de la ONU.

Ésta fue la actuación mundial y de Occidente, al día 20 de marzo de 2011: pasividad, mientras parecía que Gadafi perdía. Tardanza, cuando Gadafi comenzó a contraatacar con éxito. La acción bélica me pareció  el día 20 una mera gesticulación política, con ruido de muchos aviones y barcos. Pero, como dijo un perspicaz comentarista (que, además, escribe muy bien), si Gadafi acabara manteniéndose, algunos gobiernos tenían que salvar la cara ante sus ciudadanos y políticamente no podrían renegociar el petróleo con Gadafi sin haber hecho algo en contra del tirano. Sarkozy, por lo demás, estaba y está en horas muy bajas, con índices de popularidad menores que la hija de Le Pen (aunque en Francia pasan esas cosas y luego vuelven las aguas a sus cauces). Y de ZP poco hay que decir en materia de popularidad. Anuncié que habría fotos, aunque me maliciaba que su efecto para los retratados no será tan estupendo como piensan. Los españoles ya no creen a ZP. Y no veo señales de que más fotos de nuestra Ministra de Defensa, Carme Chacón, la vayan a catapultar al liderazgo de España, con pleno olvido de su previo apoyo (“Tots som Rubianes”) a las reiteradas e intolerantes groserías del artista.

¿Qué pintan un par de buques y cinco aviones españoles en ese escenario? El día 20 de marzo de 2011, me parecía que no pintaban nada, excepto colaborar al bloqueo para que el embargo de armas sea efectivo. Pero para esto último, los buques americanos, ingleses y frances serían suficientes, porque no estamos en el Océano Índico. En relación con los objetivos humanitarios aprobados por la ONU, nuestro despligue militar -dije el día 20- era y es de muy escasa utilidad y supone para España un nuevo gasto, que este país no se puede permitir. España es ahora el país del mundo que menos debería gastar. Aunque sólo fuese por no desmentir los compromisos internacionales de austeridad, promesas solemnemente hechas ante una deuda gigantesca y con una dudosa voluntad de reducirla. Nuestros acreedores han podido comprobar que aquí no se reduce ni un euro el gasto público: ni el del Estado ni el de las Comunidades Autónomas ni el de los Municipios. Las fundadas dudas sobre la persistencia en el derroche de los gobernantes españoles se habrán convertido en certezas de que no se enmiendan. Se siguen dando motivos para que se dirija a nosotros la voracidad del "coco de los mercados" y se están renovando los temores de que seamos rescatados. A juicio de gente seria, no hay exageración alguna en la frase de Roig, el “boss” de Mercadona: “Lo único bueno de 2011 es que será mejor que 2012”. Y estamos a las puertas, nos guste o no, de que Dña. Angela Merkel, que se abstuvo en la ONU, nos examine de nuevo en lo económico. ¡Qué prudencia la de ZP!

Sobre un aspecto decisivo de nuestra situación económica, recomiendo la lectura de "La gran mentira", artículo de Carlos Sánchez en "El Confidencial": http://www.elconfidencial.com/mientras-tanto/2011/mentira-sector-inmobiliario-20110320-7138.html
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ACTUALIZACIÓN A LAS 23.45 DEL 23 DE MARZO DE 2011:

DESBORDAMIENTO DEL ÁMBITO DE LA RESOLUCIÓN 1973 DEL CONSEJO DE SEGURIDAD DE LA ONU. Han seguido ocurriendo cosas y, lamentablemente, los acontecimientos me parecen confirmar las impresiones de hace tres días. Hay un conjunto de aviones de distintas naciones vigilando el perímetro de la zona de exclusión y otros sobrevolando el espacio aéreo de Libia y atacando objetivos de lo más variado. A los paises involucrados les llaman los "aliados". Para empezar, de esos "aliados", unos quieren acabar con Gadafi -y Gadafi es el gran problema, ¿o no?- y otros rechazan, incluso con gran contundencia, que Gadafi sea el objetivo. El mando militar americano -provisional, no formalizado- no quiere seguir mandando. Los EE.UU. y otros países quieren que el mando lo tenga la OTAN. Francia se opone de modo tajante al mando OTAN y hasta ha explicado por qué: si el protagonismo es de la OTAN, se tratará sobre todo de una acción militar, poco flexible y de mala presentación ante el mundo árabe. No es mala esta argumentación (a la que España se ha sumado, por boca de la Ministra Jiménez), a la que hay que añadir la ya atávica inclinación francesa a pensar que África es "cosa de Francia" (y Francia, en efecto, posee importantes bases militares en África). En estos momentos, no hay acuerdo en la OTAN y Obama exhibe cada vez más prisa por ceder el "mando" y pasar visiblemente a un segundo plano. Un alto mando militar de Gran Bretaña acaba de proclamar que la fuerza aérea de Gadafi prácticamente no existe ya. Ergo, Gadafi sólo puede seguir matando libios por tierra (y también viendo cómo matan a algunos de sus seguidores, porque la sublevación armada en Libia no ha sido en absoluto parecida a los movimientos populares de Egipto, de Túnez o de Bahrein). Pero por tierra la ONU no quiere que se intervenga y nadie parece querer intervenir (como resulta harto comprensible). Ergo, bastaría seguir vigilando el espacio aéreo y marítimo, para que Gadafi no recibiese armamento ni, menos aún, nuevos aviones. Por tanto, se diría, punto y final o, al menos, punto y aparte, al episodio bélico extranjero sobre Libia. Pero eso sería así, o así podría ser, sin que se sepa cuánto tendría que durar el bloqueo. Y la duración es un chorro de dólares o euros. Y nadie -y menos nosotros- está para esas alegrías. Y, por otra parte, limitarse al bloqueo y al embargo sería la acción indudable si hubiese de verdad unos "aliados" occidentales, con cierto acompañamiento "árabe", que actuasen para cumplir un concreto mandato de la ONU. Pero no es eso lo que ocurre. Lo que ocurre es un ataque plural y sin concierto, con aviones -la inmensa mayoría: los americanos y los franceses- que bombardean carros de combate y edificios, mientras otros lo tienen prohibido e incluso se da el caso de aviones que regresan a su base sin bombardear los objetivos fijados (¿por quién?) a causa del fundado temor de causar víctimas civiles. De manera que lo que hay es un barullo bélico sin mando, sin objetivos claramente definidos y aceptados por los "aliados" y sin duración. Por si esta realidad descontrolada no fuese visible, Dña. Angela Merkel ha retirado hoy del "teatro de operaciones" de Libia hasta a los militares alemanos encargados de la vigilancia aérea, enviándolos a Afganistán.

Es todo un test de la desarticulación mundial. Es una improvisación poco racional en la que, por más que la apoye el Congreso casi por unanimidad (no vaya a ser que los electores pensemos que se apoya a Gadafi), España no pinta nada. Entrar en una guerra hay que pensarlo muy bien, aunque "la causa" sea justa y la intención, óptima. Pero entrar en una guerra sin objetivos, no hace falta pensar casi nada para rechazarlo de plano. Hasta aquí los razonamientos, pero ocurre, eso sí, que los vuelos de nuestros F-18 (las idas y las vueltas) y hasta la subida de periscopio de nuestro submarino pueden ocupar minutos en los informativos de nuestras plurales TVs. Dña. Carme Chacón arenga a los marineros de la fragata "Méndez Núñez" diciéndoles que van a proteger a los libios del "tirano". Y Don José Blanco afirma solemnemente que "vamos a liberar a los libios" (aunque ningún libio nos lo haya pedido, porque no lo han hecho los adversarios de Gadafi). ¿A qué verdadero humanitarismo están sirviendo?

jueves, 17 de marzo de 2011

URGE QUE EL COMISARIO EUROPEO DE ENERGÍA, GÜNTHER OETTINGER, VUELE A JAPÓN


O CESE DEL COMISARIO O COMISIÓN DE SERVICIOS A EVITAR EL "APOCALIPSIS"


Günther Oettinger, Comisario de la UE para la Energía, está tratando de ganarse el sueldo con un acelerado trabajo, en los últimos días, sobre el Apocalipsis y las catástrofes precedentes. No es un especialista en exégesis bíblica ni un reverendo telepredicador. Pero, con sus estudios de Derecho y su dilatada carrera política en la CDU (desde joven, como está mandao: ahora ya es “ex-joven” (v. en este mismo blog el "post" de 10 de marzo de 2011), Günther Oettinger ha sido en estos días -y parece decidido a seguir siéndolo- el analista más contundente de lo que sucede en la central nuclear de Fukushima. Su definición de la situación en Japón como “apocalipsis”, no sólo ha hecho fortuna mediática, sino que, según el mismo Oettinger, que interpreta un doble papel en la película (el de autor y el de crítico del autor), ha sido la más exacta y precisa expresión de lo que ha sucedido y está sucediendo en Japón. No contento con el análisis, Oettinger ejerce también de profeta y de juez: predice lo que va a ocurrir (“entre catástrofe y gran catástrofe”, ha dicho hace pocas horas, clarividente él) y dicta veredictos. El último es el de “falta de profesionalidad de los japoneses”. No mucho antes, fue el primero y único en culparles de “pérdida del control”. Sólo le ha faltado recriminarles los terremotos y el tsunami.

La historia de este personaje, nacido el 15 de octubre de 1953, es la de un político profesional al que acaban aparcando en un cargo europeo después de llegar a Presidente (Minister-Präsident) del Land de Baden-Würtenberg, que no es poca cosa. Veamos lo ocurrido con Herr Oettinger. A este sujeto le había precedido en la presidencia de Baden-Würtenberg, en 1966, Herr Doktor Hans Karl Filbinger, del que se destapó en 1972 un importante pasado nazi y una reprobable actuación jurídico-judicial en la Marina alemana bajo el III Reich. El “affaire Filbinger”, que tuvo su punto culminante -aunque no su final- al dimitir como Presidente del citado Land en 1978, se reveló, tras la caída del muro y la recuperación de documentos, como un asunto especialmente sucio, cuando menos algo trucado y manipulado por la Stasi. Pero lo que ahora tiene más interés es que el listísimo Oettinger, en el funeral de Filbinger, el 11 de abril de 2007, incluyó en su elogio fúnebre tajantes afirmaciones exculpatorias, que levantaron enorme polvareda, con amonestación de Angela Merkel incluída y ulteriores vacilaciones de Herr Oettinger (primero, “me ratifico”, después “ha habido malentendidos”, etc.). La trayectoria de Herr Oettinger registra otros significativos episodios personales, pero, aunque son públicos, les hago gracia de ellos, pues sólo añaden algunas pinceladas para matizar su retrato.

En todo caso, no cabe duda de que este “brillante ex-joven” fue objeto de una “patada lateral” (método de promoción-remoción descrito en “El principio de Peter”) hacia la UE y la Comisión Europea y apartado de la política alemana, precisamente por no controlar sus palabras. O sea, castizamente, por bocazas. Todo cuadra: ahora, ante la catástrofe natural de los terremotos y tsunamis en Japón, parece que ni la magnitud y fuerza de esos fenómenos ni la destrucción y la muerte subsiguientes llamaron especialmente la atención a Oettinger, pero sí vio el cielo abierto, como se suele decir, ante tamaña ocasión de recuperar su afición preferida de decir barbaridades, para la que, innegablente, se encuentra bien dotado a causa de sus pocas dotes. Ocurre que, en este caso, no han sido imprudencias políticas domésticas, sino un mayúsculo desdén de la realidad terráquea, con graves afrentas para Japón entero y, en especial, para quienes allí trabajan en durísimas condiciones. Las barbaridades de Herr Oettinger, reveladoras de una ignorancia supina, un mega-ego patológico y una penosa miseria moral, deberían conducir a su cese como Comisario europeo. Un necio genuinamente planetario, que además se pone escatológico, mejor que no maneje la res publica. Si tuviese alguna dignidad -mera hipótesis a efectos retóricos, porque ha demostrado carecer de ella- Oettinger, tan listo y tan preparado, habría ya volado sin demora a Fukushima, bien para dejar constancia de sus acertadísimos criterios de acción, con los que se recuperaría el control y se evitaría el “apocalipsis”, bien, más modestamente, para relevar a los operarios agotados que luchan por apagar incendios y refrigerar reactores.

Lo que quiero con este post es que no se pueda decir que no ha habido un europeo que pidiese la dimisión de este sujeto. Desde este pequeño rincón electrónico pido a Herr Oettinger que dimita. Y ya puesto a pedir improbabilidades, pido subsidiariamente al Presidente de la Comisión, Sr. Barroso, que lo cese. O que, al menos, lo envíe, justamente como Comisario, en comisión de servicios a la Prefectura de Fukushima, Región de Tohoku, Isla de Honshu, Japón, hasta que la situación deje de ser allí apocalíptica, catastrófica y descontrolada. Si Barroso lo comisiona a asesorar (en solitario, hablando consigo mismo, porque no tendrán tiempo ni ganas de escuchar sus ocurrencias) o a retirar escombros y Oettinger se niega, siempre puede cesarle por desobedecer, sin sentar el precedente de que se cesa a quien dice grandes tonterías. En verdad, sería un precedente muy peligroso en la política mundial.

Les dejo el enlace a un excelente comentario de Charo Zarzalejos, titulado "Los almendros solitarios del Japón". Por contenido y forma, da gusto y consuelo leerlo:

lunes, 14 de marzo de 2011

LIBIA Y JAPÓN, EN NUESTRAS CASAS


DOS CATÁSTROFES DISTINTAS: DOS LECCIONES DIFERENTES
(actualización a 15 de marzo de 2011, 23.30 horas)


Bastantes misterios ofrece la realidad española para que uno se meta en las realidades de otros continentes. Pero éste no es un “blog” especializado y sería muy raro desentenderse -o dar la impresión de estar desentendido- de acontecimientos tremendos, que justo por sus dimensiones y su importancia, se nos hacen presentes e inmediatos, igualándose en cercanía subjetiva a los sucesos locales.

Vaya por delante que el mundo islámico me resulta misterioso, extraño y, por tanto, subjetivamente muy lejano. Algunas cosas del islamismo las veo claras, pero no vienen ahora a cuento. Ahora se trata de llamativos acontecimientos en varios países habitualmente poco noticiosos y de que, evitadas masivas matanzas en dos de esos países, Túnez y Egipto, la situación de la zona no deja de parecer catastrófica a causa del conflicto armado en Libia, acompañado por episodios preocupantes que se suceden aquí y allá, pero siempre con cierta proximidad geográfica. Ésa es una catástrofe cien por cien humana, aunque sea difícil o imposible precisar las distintas concausas. A la vez, en el extremo Oriente, en Japón, se ha producido una catástrofe nada humana, producto de las placas tectónicas que chocan y tienden a superponerse. La catástrofe humana de los países islámicos tiene muy hondas raíces, difícil diagnóstico y tratamiento más que problemático, no ya desde fuera (desde fuera no hay tratamiento, me parece), sino desde dentro de esas sociedades. La gran catástrofe natural del Japón se superará, en cambio, por el elemento humano. En todo caso, ambas catástrofes tienen algo en común, meramente externo: son, en estos tiempos de comunicación global inmediata (y en gran medida, siempre precaria: convendría no olvidarlo), realidades que se introducen en nuestras casas.

LA CATÁSTROFE HUMANA DE LIBIA: SE NECESITAN ZONAS DE EXCLUSIÓN DE LOS TIRANOS

Tras los acontecimientos de Túnez y de Egipto, que vivimos “al minuto” por un empeño mediático y que han vuelto mediáticamente a un nivel casi subterráneo, la revuelta en Libia contra Gadafi es ahora lo que se sigue a todas horas. Las incertidumbres sobre Túnez y Egipto (con el añadido de Jordania, Arabia Saudita, Bahrein, Yemen, Sudán, etc.) son parejas a las de Libia, pero en estos días sólo hay noticias de Libia, donde existe una guerra civil o un aplastamiento de la rebelión (depende del punto de vista) con los tremendos ruidos y resplandores propios de la muerte incesante. Los medios parecen atender a lo más fenoménico, a lo que mejor se ve y se oye, a lo que más impacta sensorialmente. Sospecho que esa selección de lo noticioso no se debe sólo a la mayor dificultad de seguir lo que ocurre fuera de la luz pública en Túnez y en Egipto -y que seguramente será también sensorialmente perceptible, aunque con más esfuerzo, con personas más cualificadas-, sino también a la convicción de que los clientes de los “medios” prefieren lo más espectacular, aunque no sea lo más importante. De modo, que, entre unos y otros factores, de todos los “países árabes” con turbulencias internas (todos importantes), sólo seguimos recibiendo imágenes y noticias de Libia. Por el momento, eso es lo único espectacular y digno de atención mediática.

Destacable me parece, respecto de la convulsión política y social del mundo islámico, el nuevo fallo de eso que ahora llaman “inteligencia” y que antes se denominaba “servicios de información” (más espionaje, puro y duro) (como siempre, las denominaciones antiguas eran más modestas y precisas y las modernas, tan pomposas e inexactas como ridículas). La “inteligencia” occidental (es decir, la estadounidense, la británica y la europea continental) ha resultado decididamente tonta. No sólo no sabían nada de lo que no podía estar cociéndose sin el menor signo externo, sino que se han registrado meteduras de pata tan clamorosas como la del Secretario del Foreign Office, que anunciaba como noticia el traslado de Gadafi a Venezuela. Y es que en este ámbito como en otros más modestos (los faros, el pago en los supermercados, la Justicia, etc), los “dirigentes” de todas partes se vienen empeñando en sustituir (no complementar: sustituir) el “factor humano” (el del libro de Graham Greene; el de las obras de Le Carré) por la tecnología: aeronáutica, electrónica, informática. Y así, sin personas sobre el terreno, sólo se enteran de lo que surca el éter o de lo que fotografían los satélites (cuanto toca: hay gente que cree todo lo que sale en las películas y piensa que todos tenemos encima siempre uno o varios satélites): en todo caso, es tanta la información automática que no hay quien la “procese”.

Gadafi es, con mucho, el más esperpéntico e indisimulado dictador de los tres principales países en crisis, el tirano menos disfrazado, el más estridente. Y Libia carecía y carece de una estructura política remotamente comparable a la de Túnez o Egipto. Sin embargo, por los misterios del “realismo” de la política internacional, Gadafi ha sido el “líder” más viajado y el más vergonzosamente agasajado por dirigentes occidentales, incluidos los españoles.

Quizá a causa de haber leído de joven -y después releído- ciertas obras clásicas, nunca se me ha pasado por la cabeza la exportación de democracia. Lo de la democracia en Afganistán resultaría cómico si no hubiese costado ya tantas vidas. Pero una cosa es no imponer la democracia y otra, muy distinta, reirles las gracias a los tiranos y montarles las jaimas en territorio democrático. Ahora, ante Gadafi, los dirigentes occidentales hablan sin saber qué hacer. Y es la UE, con 27 oradores, la que se ha llevado la palma de la charlatanería: Obama ha hecho también sus frases, pero le critican más bien por su silencio. Todos dudan (normal: la situación es muy complicada); todos, excepto Rodríguez Zapatero (ZP), que, sin vacilar, enviaría tropas españolas a aquel desierto tribalizado siempre que lo acordase la ONU o algo parecido. Pero si ZP no duda es porque al enviar soldados españoles a Libia no estaría pensando ni en Libia ni en los soldados españoles, sino en levantar más polvareda aquí.

Quizá en Libia no se pueda, ahora, hacer gran cosa desde fuera. Se puede, sin duda, hacer el propósito de no alimentar más Gadafis. Como se pudo no presentar al mundo como normales al Ben Alí tunecino o al Hosni Mubarak egipcio, expulsados ambos de la Internacional Socialista casi a título póstumo. Lo de los “extraños compañeros de cama” debería tener algún límite: si no por decencia y dignidad, al menos por el pragamatismo que está aconsejando la experiencia. Si se hubiesen creado “zonas de exclusión” política, no se estaría planteando ahora la zona de exclusión aérea para neutralizar a Gadafi.

LA CATÁSTROFE NATURAL DE JAPÓN, SU POTENCIA HUMANA Y EL ENORME PELIGRO OCCIDENTAL(ESTRICTAMENTE HUMANO) DE PERDER LA RAZÓN, LA PERSPECTIVA Y LA MÁS ELEMENTAL SENSATEZ

Tenemos metido a Japón en nuestras casas. Lo ha conseguido un violentísimo terremoto, algo de la naturaleza y no de la política ni de la ideología. Pero, con la inestimable ayuda de algunos “medios”, en Occidente somos capaces hasta de politizar los terremotos y los tsunamis. Y, por supuesto, nuestros "líderes" son capaces de comportarse -de hecho, lo están haciendo, desde alemanes hasta franceses, pasando por "comisarios" europeos- como si el país que sufre un terremoto de máxima intensidad (y 40 más, muy respetables) y un maremoto terrible fuese el causante o culpable de ambos fenómenos.

Japón es una tragedia inmensa, pase lo que pase con sus centrales nucleares en crisis. Polemizar genéricamente sobre la seguridad de las centrales nucleares en vista de lo sucedido con las afectadas por unos terremotos de intensidad, duración y réplicas como los sufridos por los japoneses, desde el día 11 hasta ahora mismo, me parece, bien mirado, algo, no ya de escasa sensatez, sino de mentecatez difícilmente superable, con  total pérdida de perspectiva (histórica, geográfica, geológica, etc.). Porque se esté tratando de los riesgos "ordinarios" de las centrales nucleares por comparación con lo ocurrido en uno de los lugares con más altos riesgos sísmicos de la tierra y a causa del cuarto terremoto más intenso de la historia humana conocida. Es algo tan necio como plantear los riesgos de las nucleares en caso de choque contra este planeta de un enorme meteorito. A ver si se enteran estos cretinos de lo que ha pasado. Porque, inexplicablemente, aunque lo vean y lo oigan, no se enteran. Dije inicialmente que la entera isla de Henshu (la principal del archipiélago y la más afectada por el terremoto y el tsunami) se movió 2’4 metros y el eje de la misma tierra puede haberse desplazado 10 centímetros. Ahora cambian las cifras, pero no disminuyéndolas.

[Acabo de escribir que, "inexplicablemente" los cretinos mayoritariamente gobernantes en medio mundo "no se enteran". No lo he dicho bien: es perfectamente explicable que estos necios bíblicos (en la Biblia es donde se habla más y más claro sobre la necedad), que gobiernan media humanidad -no exagero: pensemos en la que, por acción y por omisión, han montado con la crisis económica mundial, engañándose y dejándose engañar por los cerebros de la creatividad financiera- no se enteren de nada: aunque sea algo tan visible y ruidoso (más resulta inimaginable) como un terremoto de 9 grados y un maremoto con ola de 10 metros que echa a correr a 500 km. por hora. Las autoridades francesas, que repiten, en tono de reproche, que "los japoneses han perdido el control" (como si ellos se considerasen capaces de no perderlo: quizá porque evitarían terremotos y tsunamis), lo mismo que el tontucio europeo que habla del "Apocalipsis" y se siente genial por haber encontrado una frase histórica, pertenecen a la subespecie, abundantísima, de los necios bíblicos pasados de listos. O sea que son tontos de baba. No lo notábamos demasiado hasta ahora, pero es cabalmente en estos trances históricos donde la necedad se desnuda de todo disfraz y se presenta en su realidad gigantesca. Los verdaderos héroes, anónimos y silenciosos, están muriendo por otros hombres. Los héroes genuinos no paran de pensar a la máxima presión ni de trabajar sin descanso, mientras los importantes, bien dormidos y en buenas poltronas, pontifican lo primero que se les ocurre. Y, bien mirado, no es de extrañar porque es en estas ocasiones excepcionales cuando siempre se lucen los miserables y necios dando todas las notas de la escala, del "do" al "si", todas desafinadas, y mostrando su real estatura intelectual y moral, ínfima. Como el conocido comentarista televisivo en USA que se congratulaba -sí, así: se congratulaba- de que los costes de lo de Japón pareciesen ser más humanos que económicos. Por una vez, los dirigentes españoles no han sido (no están siendo) unos campeones de la mentecatez: las cosas como son. La Comisión Europea, en cambio, ese conjunto de sabios que no para de ir dando tumbos ante la crisis económica, encadenando improvisaciones, fulmina miserablemente a Japón: "han perdido el control", dicen en Bruselas. ¡Habría que verles a ellos!. Aunque, en serio, mejor no. No me gustaría ver el "control" de los dirigentes franceses -en este caso muy "valientes para los ratones"- ante un terremoto de 9 grados de intensidad a cien millas de la costa sur de Bretaña, por ejemplo. Admiro a Francia, pero no tanto a sus "líderes" actuales.]

Pese a la asombrosa solidez de cientos de miles de edificios, calculados y construidos adecuadamente a los específicos peligros, hay miles de muertes y una devastación tremenda: las primeras cifras -todavía estamos en ellas- han sido de muertos comprobados y contados. Eso, y las penalidades que están por venir, es lo que más debería importa ahora. En eso debería haber un consenso indisoluble. Pero no: están nuestros líderes ocupados en pedir responsabilidades. ¡En pedir responsabilidades por un terremoto del grado 9 con entre 30 y 40 terremotos más, bastantes de ellos del grado 6 para arriba! Y ciertos "medios" dizque de "comunicación" (alguno importante acabo de leer) insertan un titular preguntándose ¡si no se pudo prever la catástrofe! Lo preguntan, estos vende-periódicos-a-costa-de-su-madre, como si no supiese cualquier párvulo medianamente educado que los terremotos son imprevisibles en su momento concreto.

Junto a la congoja por la catástrofe, es conveniente, porque es lo humano y lo noble (lo demás es de animales estúpidos y brutos innobles), admirar la resistencia japonesa, en todos los sentidos. Para entendernos: si se hubiese producido un terremoto de 9 grados con epicentro a cien millas de Santander, estaríamos hablando de cientos de miles o de millones de muertos en toda España, puesto que nuestras normas sísmicas de construcción no son tan exigentes como las japonesas. Acabo de leer, de buena fuente (no de Buenafuente, ¡ojo!) que no hay en Barcelona (era un ingeniero catalán quien lo decía) ni un solo edificio, antiguo o nuevo, capaz de resistir un tal seismo. En Lisboa, 1775, un terremoto similar al último japonés, seguido de dos maremotos, destruyó la ciudad y causó cien mil muertos, no sólo en Portugal, sino también en la costa andaluza de Cádiz y Huelva. Un altísimo porcentaje de edificios de Sevilla se vieron afectados y están registrados los efectos en toda Andalucía y en las dos Castillas. El temblor se dejó sentir en Finlandia.

Japón, tan trabajador y organizado, ha sufrido y sigue sufriendo, pese a todas sus serias precauciones, un enorme golpe físico, moral, humano. Hubiese sido de desear -y así lo deseaba yo originariamente en este "post"- que no nos distrajesen con una reedición del consabido discurso del “peligro nuclear”, en el que nunca se aportan soluciones. Aquí sólo cabría, si acaso resultase ser cierto, criticar la falta de alguna medida aconsejable en Japón, dados sus especiales y conocidos riesgos sísmicos. Pero ójala proceda todavía una adicional felicitación a los japoneses -mayor que la que merecen ya por sus esfuerzos- si, finalmente, pese a la sostenida embestida de tan tremendas fuerzas de la naturaleza y a los daños en muchas de sus estructuras, logran, no ya controlar las crisis nucleares (como deseaba hace 24 horas), pero sí reducir sus consecuencias. Lo que hasta ahora ha sucedido es explicable por el terremoto y el posterior tsunami: el terremoto provocó la parada automática de los reactores, con la que debía empezar el enfriamiento; el primer sistema de enfriamiento (bombeo de agua) falló por pérdida del suministro eléctrico ordinario; debían entrar en marcha los generadores eléctricos de emergencia, pero el tsunami los inutilizó; se buscaron  y se buscan aún modos nuevos de refrigeración, pero los reactores se han ido sobrecalentando. Todavía quedan los edificios o recintos de contención, previstos para evitar que salgan al exterior altas radiaciones por fusión del núcleo de los reactores, aunque parece haberse resquebrajado al menos uno de esos recintos. Es temible lo que puede suceder aún, pese a lo que se están esforzando.

Algunas “pequeñas verdades”, en vista del tremendismo, son éstas: 1ª) Una central nuclear es algo muy distinto de una bomba atómica, empezando por los materiales radioactivos; 2ª) En 1986, la gran catástrofe de Chernobyl, una central nuclear malamente construída, se debió a la práctica inexistencia de ese edificio de contención; antes, en 1979, en Three Mille Island, Harrisburg, Pennsilvania, hubo evacuación de miles de personas, pero no muertos, porque el edificio de contención resistió la fusión del núcleo. Es decir, que, hasta hace unas horas, sólo existía un accidente catastrófico de central nuclear: el de Chernobyl, por falta de edificio o recinto de contención. Nadie podía descartar por completo la más grave catástrofe, pero la situación, en sí misma y proporcionalmente a la insólita intensidad (incluso para esa zona) del seismo principal, no justificaba crear pánico. Y ahora, es explicable y justificable que muchos, los verdaderamente amenazados, sientan pánico. Pero sigue siendo injustificado crear pánico desde la distancia. El pánico -el pánico auténtico, que no es el miedo cobardica de políticos diminutos, un pánico ofensivo para las víctimas japonesas- hay que sentirlo, ¡qué se le va a hacer!, cuando toca. Lo sintieron en Japón ante el terremoto principal y ante el tsunami. Lo sienten ante sus réplicas. A nosotros, nos correspondían y nos corresponden dos sentimientos más nobles y altruistas: la serenidad y la compasión, sentirnos próximos y sufrir o padecer con las víctimas. Y ayudar, que siempre es posible. En cambio, el griterío empavorecido de los "líderes" autonómicos, locales, nacionales y extranjeros en razón de "sus" centrales nucleares, callando por completo sobre el dolor y el sufrimiento del Japón, es todo un espectáculo de mezquindad e incluso de vileza. De esta especie de gente pequeñita, miserable y necia, son los causantes de nuestras catástrofes humanas. A la realidad más cercana -la europea, la norteamericana- me remito. Los japoneses saldrán de esa catástrofe natural, porque no son una catástrofe humana, sino de una naturaleza humana fuerte y tenaz. Les añado un link a la viñeta de Mingote del 14 de marzo, genial a sus años y después de tantas genialidades. Aunque serán muchos los que no lo entiendan, Mingote lo dice mejor que yo:

http://www.abc.es/humor/20110314/mingote

Les añado un link a EL MUNDO, en que se informa comparativamente de Chernobyl y Fukushima. He visto el comentario de un lector que decía: "por más que leo, releo y lo pienso, no encuentro el paralelismo". ¡Pobre! Es que el informe de EL MUNDO, aun siendo muy soft, lo que muestra es el contraste:

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/15/internacional/1300208285.html

Encuentro en EL PAÍS una larga entrevista con observaciones importantes de un experto ingeniero nuclear. Léanla si el asunto les interesa:

http://www.elpais.com/edigitales/entrevista.html?encuentro=7818#