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lunes, 2 de junio de 2014

ANTE LA ABDICACIÓN DEL REY DE ESPAÑA, NADA DE TONTERÍAS


¿DE GUATEMALA A GUATELPEOR?:

UNA INSENSATEZ SUICIDA

 
Que nadie en Guatemala se sienta ofendido. Se trata de una expresión coloquial inventada por su expresividad.

Pero el dicho popular viene a cuento en estos momentos en que algunos “líderes”, no todos ejemplares ni mucho menos, pretenden que España abra un proceso rápido hacia la Tercera República.

Preferir la República a la Monarquía es absolutamente legítimo. Lo es también juzgar con severidad (o con indulgencia) al aún Rey Juan Carlos. Pero promover cambios a peor, basados en la indignación, por justificada que sea, resulta insensato e incluso irracional. Los cambios han de promoverse para bien y deben llevarse a cabo sobre la base de la prudencia, denominada desde Platón “auriga virtutum”, conductora de las demás virtudes, de todos los demás hábitos buenos.  La prudencia no es, como muchos piensan, un fundamento de la inacción o la cobardía. No es pusilanimidad, encogimiento del ánimo, conservadurismo o cosa parecida. La prudencia exige muchas veces audacia, magnanimidad, decisiones radicales.

La prudencia ha sido, es y será siempre el hábito que hace de puente entre lo intelectual y lo agible, entre la teoría (por así decirlo) y la praxis, la conducta concreta, el hábito de poner las ideas en relación con las circunstancias históricas. Se basa, claro es, en tener ideas (buenas) y en conocer las circunstancias reales, la historia, que es pasado y presente.

Historia. En España hemos tenido muchos Reyes y Reinas: excelentes, buenos, malos y pésimos. Sólo hemos tenido dos Repúblicas, ambas pésimas, por más que la Monarquía con la que momentáneamente acabaron asentase la Corona sobre malas cabezas o estuviese encarnada en personas deplorables. Fueron pésimas sin paliativos las dos experiencias republicanas, aunque la Segunda República se promoviese, en grandísima medida, por personalidades egregias y suscitase grandes esperanzas (que enseguida se esfumaron, por lo demás, incluso para muchas de esas personalidades).

Ahora estamos en una situación que se asemeja en parte (por el secesionismo catalán y por la “cuestión vasca”, que acaba de recordar el Lehendakari Urkullu) a los prolegómenos de aquella caótica Primera República que sólo duró un año y en la que acabó proclamándose la independencia de Jumilla. Recuerden el estado de ánimo y el criterio del Presidente Estanislao Figueras (v. http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2009/07/se-acabo-la-constitucion-y-al-tc.html). Y, por el descontento social, archijustificado, la situación presente se asemeja también (aunque las diferencias son asimismo enormes) al estado de cosas previo a la Segunda República. Pero no me parece muy discutible que, ahora mismo, con un cambio republicano nos jugaríamos mucho más que lo que estaba en juego en 1873 o en 1931.

Propongo a los lectores de este blog un test bien sencillo, que me parece muy concluyente sobre la superlativa imprudencia de postular una Tercera República Española. Cuando tantos encontramos enormes dificultades para designar un buen Presidente de Gobierno, ¿qué dificultades no encontraríamos -y no podemos imaginar ya perfectamente, ahora mismo- para designar al primer Presidente de una Tercera República Española, un primer Presidente que, sin duda, habría de ser una personalidad sólida y fuerte, que garantizase medianamente no estrellarnos? ¿O acaso esa presidencia debería recaer en Ignacio Fernández Toxo, Cándido Méndez, Cayo Lara o Pablo Iglesias, por poner sólo cuatro ejemplos? (no menciono a nadie de Esquerra Republicana de Catalunya, porque están ocupados con otra República y al Honorable Mas también le ocupa mucho su “proceso”).

A ver si no nos confundimos. El reto del todavía Príncipe Felipe será el que sea. Pero en estos momentos, todos los españoles tenemos el reto de vivir con serenidad y de actuar con prudencia. Este reto me parece mucho más importante y mucho más decisivo que el de D. Felipe de Borbón. Hace muchísimos años que carezco de todo fervor monárquico. He tenido otros fervores, casi siempre poco duraderos. Pero nunca, y ahora tampoco, he sentido fervor alguno por ninguna especie de salvapatrias y por ninguna clase de mesianismos. Ahora están al acecho. Y ahora, tenemos una Constitución que procede seguir. No la impuso Franco. Fue votada masivamente. Es una norma maltratada, pero de una legitimidad infinitamente superior a las ocurrencias y a los intereses de Ignacio Fernández Toxo, Cándido Méndez, Cayo Lara o Pablo Iglesias, por poner sólo cuatro ejemplos de sujetos que están comportándose con modales autoritarios en estas horas. Y que son tan "clase política" como cualesquiera otros.
 
Éste no es el momento de los cambios más serios y más difíciles que deseamos y necesitamos. Éste no es el momento para que España pase de Monarquía a República, lo que personalmente me alegraría si es posible un buen día. Éste es un momento histórico con circunstancias tales que lo que se impone es abundar en serenidad y prudencia,  superando, aunque sea tragándoselas, animadversiones muy fundadas. No abogo por ningún olvido y por ninguna exoneración de responsabilidad. Lo que digo es que, en nombre del gran aldabonazo que serían los resultados en España de las pasadas elecciones europeas, no procede poner en peligro el sistema democrático que permitió ese aldabonazo. Ese sistema está muy debilitado, sí. Lo he repetido hasta la saciedad. Pero no será con una ruptura constitucional como se recuperen las instituciones. No se sabe de ningún enfermo grave, de ningún agonizante, que haya superado una autopsia.
 
España no es Ucrania ni la Puerta del Sol la plaza Maidán.
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P.S. Hoy había que hablar del inmediato porvenir. Tiempo habrá de comentar la abdicación concreta, como hecho ya consumado. Es un hecho que merece análisis. Entre otros motivos, para que no se nos tome por tontos y bobalicones crédulos.
 

miércoles, 1 de enero de 2014

PARA EMPEZAR BIEN 2014


ELECTROCUTAR A LAS ELÉCTRICAS
 
UN TEST INFALIBLE SOBRE LA ALINEACIÓN DEL GOBIERNO CON LA CORRUPCIÓN O LA REGENERACIÓN


En la tremenda escandalera desencadenada en España por una subasta que arrojaba un aumento catastrófico del precio de la electricidad, situándolo como el más caro, de lejos, dentro de la Unión Europea, ha intervenido, sin duda, alguien más que el oligopolio de las productoras de esa energía: Iberdrola (alias Ibertrola), Gas Natural-Unión Fenosa (alias Unión Penosa), Endesa, etc. Estamos hoy en una situación de grave indefinición, de insoportable incertidumbre, para mañana y para pasado mañana, acerca de lo que va a costar la electricidad, lo que significa, entre otras cosas, estas dos: 1) que el ciudadano medio no sabe cuánto le dejará libre de sus ingresos la factura de la luz, por más que reduzca su consumo de los más diversos modos; 2) las empresas y, en especial, las fábricas, las industrias, no pueden saber el coste de producir lo que sea que produzcan. Así, entre otras cosas, nuestra competitividad, tan decisiva, está en el aire.

En la escandalera de la subasta de marras y en el presente estado de cosas, el denominado “Gobierno de España”  ha tenido y tiene un protagonismo importantísimo con una política (?) errática que viene de lejos, con decisiones de gobiernos anteriores, pero no mejoradas ni rectificadas por el Gobierno actual.

Por si hiciese falta confesarlo, declaro no ser un experto en el tema de la energía eléctrica en España. Soy uno más de los mártires del oligopolio, no sólo por el precio, sino por el pésimo funcionamiento de servicios tan elementales como el de proporcionar rápidamente la energía que contratas, lo que, en este preciso momento, me impide vivir y trabajar en una vivienda de mi propiedad. Pero, al margen de incidencias que me afectan gravemente (y no sé por cuánto tiempo), he tenido la fortuna de encontrar a varias personas que conocen el tema sin estar implicadas en el negocio. En sus excelentes explicaciones me baso para lo que voy a decir, aunque mi personal inclinación a sentar a las eléctricas mencionadas en una silla de las suyas esté muy motivada por mi presente martirio, que ya dura, aunque no se lo crean, bastante más de un mes.

Simplificando mucho: 1) Tenemos en España una capacidad de producción eléctrica instalada y de posible funcionamiento que supera nuestras necesidades de consumo; 2) Tenemos un sector mundialmente puntero en la fabricación de generadores eólicos de electricidad y, de hecho, uno de los resultados (no el único) de esa realidad es que una alta proporción de la electricidad que consumimos procede ya de nuestros parques eólicos; 3) El transporte y distribución de energía eléctrica por redes de alta tensión (de propiedad pública) corresponde a la empresa estatal Red Eléctrica de España, que funciona satisfactoriamente y con transparencia; 4) Las compañías de producción y distribución eléctrica final no se encuentran en crisis: obtienen cada año notables ganancias: lo único que sucede es que quieren no ver reducidas esas ganancias: si ganan seis mil millones, no quieren ganar sólo tres mil millones; 5) Pese a todo lo anterior, tenemos, insisto, la energía eléctrica más cara de la UE; 6) Una buena parte de ese carísimo precio se debe al denominado déficit tarifario o déficit de tarifa, que es lo que el Estado (o sea, todos nosotros) le debe supuestamente a los productores y distribuidores de electricidad a causa a una supuesta diferencia entre el precio al consumidor, supuestamente asequible, y el supuesto coste real de lo que las eléctricas dan a los consumidores.

A causa de una historia larga y complicada, plagada de trucos y de privilegios irracionales, resulta que, al pasar del monopolio a la “liberalización”, para que las pobrecitas eléctricas no subiesen y no suban los supuestos costes reales en el "recibo de la luz", la diferencia se la adeudamos los pequeños y grandes consumidores de electricidad, lo que significa que las pobrecitas eléctricas son acreedores del Estado. Lo que el Estado (es decir, todos nosotros) adeuda a estas pobrecitas eléctricas supuestamente a cambio de que no nos cobren la electricidad al supuesto coste real, asciende en la actualidad a unos 25.000 millones de euros y, previsiblemente, seguirá aumentando.

Como verán, son muchas las suposiciones con que se opera. Ninguna de esas suposiciones perjudica a las pobrecitas eléctricas. Todas les son favorables. Y que el Estado se endeude con estas pobres y sacrificadas compañías, para que no nos suban los “recibos dela luz” no ha impedido que ese “recibo” haya aumentado un 70% en seis años hasta el 2012.

Esto, aunque resulte increíble, sucede en el marco de una “economía de libre mercado”, con reguladores múltiples del “fair play”, que han ido cambiando de nombre y de configuración. Se trata de un sarcasmo hiriente, cruel, para quienes toda la vida hemos defendido la libertad económica frente a la planificación estatalista. Y es en ese marco supuestamente liberal en el que se pueden producir “subastas de energía eléctrica” como la última tan escandalosa, a la que las pobrecitas eléctricas concurrieron ante los representantes de los consumidores necesitados de electricidad, con una oferta de producción determinada por haber cerrado una central nuclear (que al PP le costó sangre mantener abierta) y por una notable disminución voluntaria de producción hidroeléctrica.

Ni qué decir tiene que una buena parte de las instalaciones de producción de energía eléctrica se encuentran ya plenamente amortizadas, muchas de ellas desde que se pasó del monopolio estatal al “libre mercado” o “liberalización” actuales.

Un comentario frecuentísimo cuando se trata de este sangrante asunto de la electricidad en España consiste en afirmar que es fortísima la presión que las pobrecitas eléctricas han ejercido y ejercen sobre todos los Gobiernos de la Nación,  cada una por sí y todas juntas a través de UNESA, Asociación Española de la Industria Eléctrica. Pues yo, para empezar este año 2014, respondo que, en grandísima medida, la presión es eficaz a causa de los presionados, que se dejan presionar sin gran dolor y no utilizan en serio las armas que les puede proporcionar un Estado social y democrático de Derecho.

Con una mayoría absoluta holgada en las dos Cámaras legislativas, con la posibilidad de afrontar urgentemente una situación intolerable mediante el instrumento del Decreto-Ley y con una oposición que no podría legítimamente atacar una actuación firme en esta materia, ¿no podría el Gobierno que preside el Sr. Rajoy dar, a comienzos de este año 2014, una prueba sólida de un afán de regeneración política y moral, cortando el nudo gordiano del déficit tarifario, por ejemplo? Así, de paso, nos libraríamos de la vomitiva impresión que nos produce ver a expresidentes del Gobierno y exministros cobrando millonarias cantidades de las pobrecitas eléctricas.

Si el Gobierno estuviese subvencionando directamente a grupos revolucionarios no contribuiría mejor que ahora, con sus acciones y omisiones, a la cólera ciudadana. Año nuevo, Gobierno nuevo. A nada que podamos, si no es por las buenas, tendrá que ser por las malas. Porque los abusos ya alcanzan la cota insufrible de la tiranía. Por si no estuviese claro, miren cómo la clase política, el establishment, se pretende blindar con proyectos de ley como los de la Seguridad Ciudadana y el todavía más vergonzoso de la Seguridad Privada, con el que se recurre al “mercado” para —no nos engañemos más— dar a ganar dinero a los amigos que les echen una mano.

sábado, 28 de septiembre de 2013

NO NOS ENGAÑEMOS: NO HAY REBROTE ECONÓMICO, SINO UNA DISCRETA CONTINUIDAD DE LA ORGÍA FINANCIERA


LA CRISIS ECONÓMICA GLOBAL NO SE RESUELVE, TRAS UN GRAN SUSTO, PERSISTIENDO EN LO QUE LA CAUSÓ

EL CÍRCULO INFERNAL DEL ENDEUDAMIENTO


Parece que se respiran aires optimistas en España respecto de nuestra economía. No le cedo a nadie el primer puesto del ranking en el deseo de ser optimista. Y tampoco me gusta, sino que la aborrezco -lo he dicho aquí muchas veces-, esa suerte de perpetua tristeza e incesante dolor por una presunta España irredenta e irredimible, con un supuesto destino inexorable de fracaso total. Los más o menos prosaicos o líricos vates del fatalismo de lo español, además de ignorar o despreciar muchos e importantes logros, muchos e importantes hechos y cualidades, insistiendo siempre en los defectos hispánicos (que muchas veces no son tales, sino casi siempre universales, propios de la condición humana), no aportan nada positivo y hacen un daño tremendo al país y a cada uno de nosotros. La estética de esta fatalidad de lo hispano parece tener un intenso atractivo enfermizo y un buen número de adeptos que, aunque no lo sepan, obran como si un incansable denostar de lo propio les proporcionase tono y categoría intelectuales. A mí no me gustan ese tono y esa categoría y su correspondiente intelectualidad. Estos aguafiestas no suelen pasar hambre ni padecer necesidades vitales insatisfechas. Tienen recursos para dedicarse casi full time a su inútil y descorazonadora denuncia de nuestros males presuntamente incurables. Si son eruditos, lo son a la violeta, lo que ya debiera ser una clave para desconfiar enteramente de ellos.

Digo esto para dejar claro que, no sólo no pertenezco a esa intelectualidad agorera, sino que sigo teniendo una gran confianza en la inmensa mayoría de las personas que forman España, en su inteligencia y en su capacidad de esfuerzo y sacrificio. Y sigo afirmando que España posee un enorme y muy valioso capital (v., post en este mismo blog, post del viernes, 23 de septiembre de 2011, titulado ESPAÑA ESTÁ MUY BIEN: UN PAÍS EXCEPCIONALMENTE CAPITALIZADO y subtitulado SOMOS LOS ESPAÑOLES (CASI TODOS) LOS QUE ESTAMOS MAL. Es verdad que, pese a una política (?) con bastantes más sombras que luces, hay novedades positivas en la economía real española: el aumento de las exportaciones o el incremento de los ingresos por turismo, por ejemplo. Ya dije también aquí, hace mucho tiempo, que debía hacerse más énfasis en el turismo, que no se basa sólo (aunque se trate de activos difíciles de batir, seamos conscientes de ello) en el clima y los kilómetros de costas y playas.

Me permito recordar lo que decía en ese post hace más de año y medio:

«Como quiera que haya sido, tenemos trenes super-veloces para ir a de Madrid a Toledo, a Valladolid, a Sevilla y a Barcelona y, enseguida, a más sitios en distintas direcciones. Ya no vamos supervelozmente a Cuenca porque no queremos. Tenemos muchas autopistas y aún más autovías en un estado muy decente. A Toledo, por ejemplo, se puede llegar por tres distintas rutas automovilísticas de doble sentido, además del AVE. Tenemos buenos aeropuertos con notable tráfico y, además, cierto número de aeropuertos ultra modernos de reserva, por si acaso, por si a alguien, particular, institucional o empresarial, se le ocurre, en algún momento, volar a lugares como Ciudad Real o Castellón (…) Tenemos parques eólicos y huertos solares como casi nadie. Tenemos el Prado, el Thyssen y el Reina Sofía en Madrid, la segunda ciudad con más árboles de todo el planeta Tierra. Tenemos (perdón, señores soberanistas) la Sagrada Familia y otras joyas en Barcelona. Tenemos mucha historia y mucho arte del que gozar. Tenemos muchas ciudades bien cuidadas. Tenemos una excelente industria hotelera. Tenemos miles de kilómetros de playas. Tenemos un clima fabuloso. Y dos archipiélagos de ensueño. Y, por si fuera poco, somos, si queremos -y queremos, de ordinario-, gente acogedora, con buen humor y -esto es de gran importancia- de los que más veces se duchan al día y a la semana en el llamado mundo civilizado. Por supuesto, también tenemos buenos vinos y notables licores. Y hay cerveza potable.»

Y añadía, medio en broma medio en serio (es decir, bastante en serio):

«Pero es que, además, ha aparecido hace pocos días una buena noticia sobre España que “los mercados” debieran considerar definitiva, re-definitiva, para restaurar y tener por consolidada durante varias décadas su confianza en la denominada marca España: somos el país del mundo universo que menos gasta en “comida-basura” (v. http://www.abc.es/20110919/sociedad/abci-estudio-comida-rapida-201109191344.html). Los estadounidenses llaman a la “comida basura” “fast food”, con absoluto error, como tantos otros propios del american exceptionalism, que les sirve de constante excusa para su aislacionismo (digamos eso así, piadosamente, para señalar que millones de estadounidenses no han mirado nunca un mapamundi y muchos de sus dirigentes sólo ven el mundo desde sus satélites). “Fast food” significa, como es sabido, comida rápida y hace siglos que nosotros inventamos los bocadillos o “bocatas”, los “montaditos”, las “tapas” y los “pinchos” y comemos rápidamente, cuando queremos, pero sin embasurarnos por dentro.”»

«Si tenemos lo que tenemos y somos como somos (con grandes virtudes especiales junto a grandes defectos generales) y, además, comemos como nadie, la persistencia de la desconfianza en España sólo podría ser fruto de una manía atrabiliaria y de un sectarismo irracional. Y, como casi todo el mundo sabe, “los mercados” calculan fríamente con elementos reales, sin dejarse llevar de simpatías o antipatías. Así que tienen que caer en la cuenta, más pronto que tarde, de que aquí en España hay mucho capital -un capital excepcional- y gente muy valiosa.  La “fuerza de trabajo” española ya se lució en Alemania en la segunda mitad del siglo XX, la del “milagro alemán”.»

Algunas cosas más, completamente en serio, podría añadir en favor de España y de muchos españoles. Pero me parece innecesario para mi propósito de hoy. Lo que aquí quiero transmitir –sin la menor pretensión de originalidad: hay otros muchos que lo han dicho y lo dicen- son dos ideas que corresponden con dos realidades. La primera es la confirmación de algo que vi venir y adelanté aquí hace algo más de un año, en un post del domingo, 15 de julio de 2012, titulado EL "CÍRCULO INFERNAL" PARA INTERVENIR Y COMPRAR ESPAÑA (I) y subtitulado “NO HABÍA MÁS REMEDIO”, PERO EL REMEDIO NO REMEDIA (actualizado a 17 de julio de 2012), a saber: que “los mercados”, que sabían y saben lo que se hacen, han visto claro que ya no es la hora de estrangular más a España y a los españoles, sino la hora de comprar.  Conforme a lo explicado en julio de 2012:

«Lo que están haciendo es imponer condiciones de asfixia, para situarse a los mandos de este país y comprar (o permitir a otros comprar) a precio de ganga los muy buenos activos de una España previamente arruinada, pero con mano de obra cualificada, que se avendrá a trabajar por remuneraciones nada parecidas a las de la zona norte y centro de Europa y ni siquiera a las habituales aquí hasta hace poco, sino similares a las de los países del Este europeo o a los de la cuenca desregulada del sudeste asiático

En julio de 2012, escribía esa frase y otras complementarias en nuestra defensa y para alertar a quienes fuese necesario.  Tengo la impresión de que sirvió de poco, aunque quizá no hayamos sido tan asfixiados (máximamente asfixiados) como era de temer y no me duelen prendas por repetir que fue un histórico acierto de Rajoy resistir la brutal doble presión (de fuera y, aún peor, de dentro) para que España misma pidiera el rescate (que nos hubiese aniquilado). Pero, con todo, grandes porciones de España están ahora vendiéndose a buen precio. El tan repetido y celebrado “¡Viva España!” de Morgan Stanley –acertado o erróneo- fue un indicador público de las ventas a buen precio. Que “los mercados” hayan aflojado la presión de un modo llamativo -con la prima de riesgo ya mejor que la de Italia (!)- es, sin duda, mucho mejor que su contrario. Y lo mismo vale  para los pequeños frenos en el aumento del desempleo. Que unos cuantos personajes internacionales afirmen públicamente una mejoría de la situación económica de España es también mucho mejor que andar todos los días en titulares negativos y en informes con las peores predicciones. Pero, con todo eso, los mejores activos de España están en venta. Lean el texto de Carlos Sánchez en elconfidencial.com, de 26 de septiembre de 2013, del que dejo enlace: http://www.elconfidencial.com/economia/2013-09-26/casi-el-40-de-la-industria-espanola-esta-ya-en-manos-de-empresas-extranjeras_32567/. Algunos presuntos neoliberales no le conceden ninguna importancia a estas compraventas. Disputas ideológicas al margen, que las cosas cambien de nuestras manos a las ajenas tiene una importancia indiscutible mientras subsistan las Naciones y los Estados. Y se diría que esa subsistencia va para muy largo.

Esta realidad de la compra de España no configura un horizonte de esplendorosa luminosidad en ningún aspecto. Al revés: el horizonte es tenebroso. Ahora no puedo extenderme en estas afirmaciones. Pero si la compra y venta de España no se frena, el optimismo sería bastante estúpido.

La segunda idea y realidad es que la crisis económica global no sólo subsiste, sino que, mientras vivimos en esta especie de pausa general del pánico, como si hubiese un acuerdo tácito en darnos todos un respiro, abandonando la publicidad de las muy fundadas preocupaciones sobre el futuro global, siguen actuando las mismas fuerzas con los mismos mecanismos responsables de aquella crisis. O, con menos palabras, la crisis económica no hace sino empeorar, en España también, pero sobre todo allí donde debieran apreciarse trabajos para enmendar de raíz el inmenso globo del dinero ficticio y del endeudamiento colosal e inabordable. Ríanse un poco con este video que muestra el imposible pago de la deuda europea, aunque lo que dicen podría aplicarse a la de los EE.UU: http://www.youtube.com/watch?v=I5QwKEwo4Bc (aconsejo a quienes no dominen mucho el inglés activar los subtítulos, pero también pueden leer todo el trepidante diálogo del “concurso” en http://www.ritholtz.com/blog/2010/05/congratulations-youve-only-lost-1m/9)

En el mismo post del 15-17 de julio de 2012 decía:

«Y se ha acabado el gran engaño de Wall Street, inventado y lanzado con el inapreciable apoyo de la City londinense y de esa Gran Bretaña, que, astutamente, se ha mantenido fuera de la eurozona: “Europa nos estropea la economía mundial”. Mentira. Europa no anda bien, pero no es Europa el principal problema para la economía mundial, como ha repetido mendazmente Mr. Obama, flanqueado por los gurús de la ingeniería financiera. El principal problema del gigantesco problema de la megacrisis mundial -así lo ven ya “los mercados”- es la crisis de los EE.UU. Los datos macroeconómicos y los microeconómicos son concluyentes, por muchos enjuagues que se le ocurran a la Reserva Federal, dirigida por Mr. Bernanke. ¿Han visto lo del “twist”, o sea el retorcimiento, el tornado y el disloque de caderas?: las deudas a corto (plazo) las “reestructuro” y las coloco a largo. ¡Es muy bueno eso del twist de la reestructuración! ¡Pero qué listos son!»

Aclaro que cuando hablaba de haberse acabado el gran engaño sólo quería decir que los artistas de la ingeniería financiera y sus jefes ya no engañaban a una minoría de considerable tamaño. Lamentabilísimamente, el gran engaño persiste para la inmensa mayoría, porque ha generado un poder con el que ni siquiera quiere competir -al contrario, ha claudicado vergonzosamente, si alguna vez sus promesas electorales fueron sinceras- alguien tan poderoso como el Presidente de los EE.UU. de América, Mr. Barack Obama.

EL CÍRCULO INFERNAL DEL ENDEUDAMIENTO

De nuevo los EE.UU. se acercan al límite de su deuda y al borde de la suspensión de pagos. Y Mr. Ben Bernanke, a la estela de aquel nefando agente del capitalismo salvaje que fue Mr. Alan Greenspan, continúa lanzando al mundo dinero sin respaldo alguno, ni de oro y plata, ni de solo oro ni de economía real. Lean, al menos en diagonal, el espeluznante análisis de Antonio España, el 25 de septiembre de 2013, casi contemporáneo al antes citado de Carlos Sánchez: http://blogs.elconfidencial.com/economia/monetae-mutatione/2013-09-25/qe-n-la-madre-de-todas-las-burbujas_32103/. Adicionalmente, es de mucho interés también lo que en la misma fecha de este post afirma Daniel Lacalle, en El precipicio fiscal americano… y por qué esta vez es importante (http://blogs.elconfidencial.com/economia/lleno-de-energia/2013-09-28/el-precipicio-fiscal-americano-y-por-que-esta-vez-es-importante_33759/). [ACTUALIZACIÓN: los EE.UU. ya han caído en el precipicio fiscal. Probablemente saldrán de él, pero no pueden seguir, una y otra vez, con meros parches y la misma política financiera y monetaria. El cántaro, de tanto ir a la fuente, acabará por romperse.]

La gravedad de esta persistencia en una política que únicamente interesa a la muy pequeña elite de la riqueza es negada con una pertinacia suicida por los dirigentes políticos, entre los cuales no parece haber ni siquiera uno (hombre o mujer) que se parezca a eso que llamábamos un estadista.

La Gran Burbuja, que empobrece a millones y enriquece a muy pocos, sigue inflándose. Y nadie ha dejado de reconocer que el día en que estalle, la catástrofe no tendrá precedente comparable. Que apenas se hable hoy de este asunto central de la crisis y que ahora se guarde silencio sobre la necesidad de regular la economía financiera, de disciplinar la acción de la banca y, sobre todo, de adecuar el dinero a alguna realidad mínimamente mensurable, es para echarse a temblar.

Por cierto: tampoco es buen síntoma, de nuestras tejas para abajo, que España siga endeudándose, aunque Morgan Stanley recomiende con entusiasmo comprar nuestros bonos del Tesoro. Estamos demasiado cerca de que el endeudamiento supere el 100% del PIB.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

RUIZ GALLARDÓN DEFORMA LA HISTORIA DE ESPAÑA HASTA HACERLA IRRECONOCIBLE


 
¡QUÉ MALDAD LA NUESTRA!: SI PEDIMOS JUSTICIA, JUDICIALIZAMOS: EL MÁXIMO PECADO CIUDADANO
(actualización, a 13 de diciembre de 2012: ¡ACABÁRAMOS!: RESULTA QUE EL MINISTRO ES SÁDICO)



El pasado día 27 de noviembre de 2012, se nos informaba de que, con ocasión de la Asamblea General de las Cámaras de Comercio, Alberto Ruiz Gallardón, Ministro de Justicia del Gobierno de la Nación, había «lamentadola tradición española de judicializar cualquier conflicto”».

Con esta lamentación, Alberto Ruiz Gallardón exhibía de nuevo su enciclopédica ignorancia sobre casi todo y, en especial, tergiversaba una tradición histórica que él, personalísimamente, podría lamentar con superlativa originalidad, pero no deformar hasta el extremo de negar la Historia de España. Es muy penoso tener que demostrar lo evidente (que es, en español y en sentido estricto, lo que resulta patente y no precisa demostración) y resulta agotador verse diariamente en la tesitura de combatir las más rotundas falsedades. Así que no me entretendré demasiado, porque, de lo contrario, hay un dilettante sin escrúpulos intelectuales y morales que me tendría siempre ocupado en salir al paso de mentiras, sofismas y falacias, sin que por ello percibiese yo un más que merecido “plus” de penosidad.

D. Felipe González (FG) y sus otrora numerosos partidarios nos dieron la murga, durante bastantes años, con la presunta “judicialización de la política”, un concepto acuñado al hilo de procesos penales seguidos contra personas que ocupaban cargos políticos en el partido y en el gobierno de FG. No digo yo que nunca se haya dado un evento procesal que supusiese judicializar lo político: a veces ha sido incluso una ley aprobada por políticos sin demasiada finura jurídica la que ha metido a los jueces en berenjenales políticos difícilmente enjuiciables con parámetros jurídicos. El fenómeno aquel que tanto preocupaba a FG era, simplemente, el de la reacción de los tribunales de justicia ante hechos que parecían delictivos y que, en efecto, acabaron declarándose tales, con imposición de las correspondientes penas a quienes se logró identificar como responsables. No se judicializó la política, sino que las instituciones reaccionaron conforme a la ley frente una criminalización de la política. Hoy, ante casos penales relativos a la actuación de políticos, nadie habla ya de “judicialización de la política”: se reconoce que estamos ante la acción de la justicia frente a la corrupción política que consista en pura delincuencia.

Ruiz Gallardón ha dejado atrás, muy atrás, a FG. Decir que existe una “tradición española de judicializar cualquier conflicto” es una retorcida manera de referirse a la tradición española de acogerse a la Justicia, de la que se viene disponiendo en España desde hace siglos, sin necesidad de ser millonario. Alberto Ruiz Gallardón es muy libre de considerar negativo que, durante siglos, los españoles, aunque careciesen de propiedades y de derecho de sufragio, no careciesen de audiencias que, en nombre del Rey o con autoridad propia conferida por el pueblo, escuchasen a las personas en conflicto y resolviesen lo procedente en buen Derecho. Pero un Ministro de Justicia se asemeja a un engendro diabólico si, como tal Ministro, considera una “lamentable tradición española” que los habitantes de España hayan podido y aún puedan (aunque sea por pocos días) recurrir a los tribunales de Justicia.

“Judicializar” es un palabro de connotaciones peyorativas, que busca desprestigiar el recurso a la autoridad judicial presentando a quienes acuden a los tribunales como personas cuando menos molestas, pero de ordinario abusivas y desconsideradas, que tratan de movilizar los esfuerzos de jueces y otros servidores públicos para tareas que no les son propias. Pero movilizar a los jueces para que resuelvan conflictos a los que son aplicables normas jurídicas no es “judicializar. “Judicializar” sería someter a veredicto de los jueces discrepancias sobre el arte pictórico, la genialidad musical, la belleza arquitectónica, el ingenio humorístico o el gusto por el jamón de cerdo ibérico frente a la gula ante la mortadela o las salchichas alemanas. ¿Hay acaso una “tradición española” de llevar a los tribunales de justicia lo que no son pretensiones de tutela jurídica, sino discusiones y diferencias de criterio de toda índole, ajenas al Derecho? No, absolutamente no. Lo que ha habido en España, y de lo que todavía hay muchos restos, es una tradición nada lamentable sino bendita y laudable: la de que se llevan a los tribunales los agravios, lo que consideramos injusto, ilícito e ilegal, en vez de resignarse el débil frente al fuerte o incluso el poderoso ante quien le supera en poderío. Lo que no ha habido es una tradición de nombrar sheriff del condado al pistolero al servicio del dueño del saloon, de las minas y de las grandes fincas del condado. Ha habido, por el contrario, una tradición de apego al veredicto de los jueces, reconocidos como aplicadores del Derecho. Aunque otros muchos derechos de los españoles no estuviesen aún reconocidos o satisfactoriamente protegidos, no ha faltado a la generalidad de ellos el amparo de los tribunales. Ésa es la verdadera tradición española. Ésa es nuestra Historia, tergiversada por RG como si fuese el más atrevido de los agentes de la leyenda negra (que la hubo, como Julián Marías se ocupo de aclarar en su España inteligible. Razón histórica de las Españas).

Los españoles no hemos tenido durante siglos ninguna tradición de llevar a los tribunales disputas o conflictos impropios del trabajo de los jueces, discusiones y agravios sin dimensión jurídica. Por tanto, hemos “judicializado” lo que era judicial o, lo que es igual, no hemos “judicializado” nada. Hemos acudido a los jueces, pese a todos sus defectos, porque confiábamos en ellos y porque no era económicamente inasequible recurrir a ellos. Esa no es una lamentable tradición española. Es una tradición para sentirse orgullosos y decididos a que prosiga.

Pero, de pronto, como una maldición —que nada tiene que ver con nuestros pecados colectivos, reales, dudosos o inventados: nada tiene que ver con haber gastado más de lo que se tenía o haberse endeudado más de lo razonable, etc.—, ha aparecido un Ministro de Justicia (nunca jurista, sino exclusivo profesional de la política desde su muy joven juventud) que considera “lamentable”, totalmente negativa, nefasta, la descrita inclinación multisecular de los españoles a recurrir a los jueces y que, además, quiere destruir la realidad derivada de esa inclinación poniendo precios elevadísimos al acceso a los tribunales de Justicia. A eso, este relamido y pretencioso político lo compara ¡con la Revolución Industrial! Nadie había llegado tan lejos en el ejercicio de la auto-idolatría.

A la hora de los conflictos jurídicos, de las injusticias, de las ilegalidades, ¿qué quiere este Ministro de Justicia que hagan los españoles, en vez de acudir a los tribunales? ¿Quiere que zanjemos los conflictos a navajazos o a tiros? ¿Quiere que recurramos a quienes brindan eso que se ha llamado “protección”, por la que hay que pagar, voluntariamente o la fuerza? Supongo —por mi buena intención, no por las palabras y las obras del Ministro— que Ruiz Gallardón no quiere que nos demos a la “autotutela”, a la mal llamada “justicia privada”, es decir, que nos tomemos por propia mano lo que nos parezca justo o que contratemos sicarios que rompan las piernas al deudor recalcitrante. Entonces, ¿qué quiere? Quiere imponernos —así, imponernos— que recurramos a la mediación de terceros. A mí me parece bien que se nos inste a hacer todo lo posible para alcanzar acuerdos que eviten procesos judiciales, pleitos. Pero no me parece bien, sino muy mal y no me parece moderno, sino anticuado y regresivo, que la mediación sea obligatoria con carácter previo al recurso a los tribunales o en medio ya de procesos judiciales. Y conste que eso no lo exige la Directiva 2008/52, del Parlamento Europeo y del Consejo.

Seguramente el Ministro habrá caído en la cuenta de que existen en España unos profesionales, los abogados, que procuran, de ordinario, que sus clientes lleguen a un acuerdo y no sea necesario pleitear. Pero, en no pocas ocasiones, las personas que se consideran perjudicadas injustamente por otras no quieren, incluso por la propia naturaleza del conflicto, un resultado parcialmente satisfactorio pero parcialmente insatisfactorio. Quieren exponer unos hechos y que se apliquen a esos hechos las normas jurídicas. No quieren resolver un conflicto, sino una sentencia justa, una tutela jurisdiccional frente al despojo, al desamparo, al daño que se les ha causado ilícitamente. Ni a éstos se les debe imponer una mediación que no quieren ni a todos se les debe obligar a pasar por el mediador —persona física o institución— como paso previo ineludible a recurrir a los tribunales. Se trata sólo, en una gran mayoría de casos, de una pérdida de tiempo y de dinero.

¿No hay nadie al lado del Ministro de Justicia que le pueda recordar la Ley 34/ 1984, de 6 de agosto, de reforma urgente de la Ley de Enjuiciamiento Civil, que, entre otros muchos cambios, dispuso, como decía su E. de M., “conferir al acto de conciliación, que, como demuestra la experiencia, ha dado resultados poco satisfactorios, un carácter meramente facultativo”? Se eliminó en 1984, con general satisfacción, la exigencia de un acto de conciliación previo (en definitiva, un intento de llegar a un acuerdo que evitara el proceso). La conciliación se transformó en facultativa, en voluntaria y aún subsiste con esa naturaleza. Así que yo digo: bienvenidos sean los mediadores, individuales o institucionales, siempre que recurrir a ellos no sea obligatorio.

Soy consciente del abuso, cometido por muchos (no por mí), de la paráfrasis de Cicerón en su primera Catilinaria. Pero, ante este Ministro, que miente y engaña una y otra vez, la verdad es que está plenamente justificado preguntar:

Quo usque tandem abutere, Adalberte, patientia nostra? Quamdiu etiam furor iste tuus nos eludet? Quem ad finem sese effrenata jactabit audacia?

¿Hasta cuándo, Alberto, abusarás de nuestra paciencia? ¿Durante cuánto tiempo aún nos superará tu locura? ¿A qué extremos se arrojará tu desenfrenada audacia?

¿Por qué diablos sigue afirmando este servidor de la iniquidad —no exagero: las tasas que ha impuesto, con la ayuda racionalmente inexplicable de su partido y de sus parlamentarios, son lisa y llanamente inicuas— que nuestra litigiosidad es “desproporcionada”? ¿Quién es él, con todos sus colaboradores, para juzgar sobre proporción o desproporción entre la litigiosidad real y unas “verdaderas” necesidades de tutela judicial que experimentan los que tienen derecho a acceder a los tribunales españoles? ¿Cómo puede seguir engañando en la comparación con Francia, que en este blog ya se llevó a cabo con toda seriedad (v. http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2012/01/gran-patinaje-del-nuevo-ministro-de_18.html), sin arrojar, en modo alguno, los resultados que Ruiz Gallardón inescrupulosamente se atreve a esgrimir? ¿Cómo, por último (provisionalmente, última mentira), se atreve este indocumentado a afirmar que en Europa pagan los ciudadanos para litigar unos precios públicos que, en promedio, son tres veces superiores a los de nuestras malditas tasas? Y, si así fuese (que no lo es, ni por lo más remoto), ¿serían justas y razonables para los españoles las tasas gallardonianas (porque no estamos hablando de tasas en general, sino de las concretas tasas que se han aprobado aquí)? Ese simplismo que unifica las enormes diversidades que la Justicia presenta en los países europeos y que desemboca en una descarada invención, no está basado en ningún estudio (de hecho, están ahora buscando datos europeos en el Ministerio gallardoniano) y acaba de recibir un mentís, implícito pero contundente, cuando varias asociaciones judiciales han apoyado expresamente la oposición judicial española a las recientes tasas. ¿Se atreverían jueces frances, alemanes y belgas, etc., a declarar ese apoyo si supieran, como lo sabrían si fuese cierto, que en España la Justicia les cuesta a los españoles un tercio de lo que les cuesta a los europeos?

Si el Sr. Ruiz Gallardón se pone a hablar de dineros y Justicia, no habrá más remedio que ocuparse de tan sustancioso aspecto del conjunto de cambios —todos, sin excepción, increíblemente, para mal, para francamente peor— impulsados por RG en términos de dinero y Ruiz Gallardón. Lo dejo para otro día.
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ACTUALIZACIÓN (13 de diciembre de 2012): GOBERNAR, A VECES, ES REPARTIR DOLOR, había dicho ayer D. Alberto Ruiz Gallardón (RG). Y yo había escrito todo lo anterior sin enterarme. Pero ahora sí: ahora está más claro lo que ocurre. Sucede que el Ministro, en cuanto Ministro, es sádico. Debíamos haberlo visto claro hace tiempo porque, sin duda, lo de repartir dolor lo ha venido haciendo y lo hace el Ministro de Justicia con extraordinaria soltura y superlativa generosidad. Es sólo lo de “a veces” lo que me extraña un poco. RG reparte dolor todos los días.

Pero hay que reconocer el ingenio y hay que proclamarlo con los más potentes altavoces: ALBERTO RUIZ GALLARDÓN HA INVENTADO EL BLINDAJE PERFECTO DEL DÉSPOTA. Nadie había alcanzado tamaña perfección intelectual protectora del arbitrio puro del gobernante. Nadie, desde Calígula a Gadafi, pasando por Hitler, Stalin, Ceaucescu y Mao Tse Tung, nadie había imaginado un argumento tan redondo. Piénsenlo: El gobierno causa dolor y el que está dolido no puede criticar legítimamente al gobierno. Corolario: cuanto más dolor produce el gobierno, menos crítica legítima al gobierno cabe esperar del dolorido. Más breve: cuanto más te duela lo que hace el gobernante, menos puedes criticarle. ¡Espléndido argumento! Maquiavelo, con su pragmático cinismo defensor del poderoso, era un querubín, un niño de coro, un monaguillo, al lado de RG.

Es así que a los jueces les tiene que doler que (como a otros, a mí mismo, por ejemplo) les hayan quitado la paga extraordinaria, luego (ergo) las críticas contra las tasas judiciales —las de Gallardón, no las que éste inventa que se cobran en el resto de Europa— se deben a que están dolidos. De donde se sigue que esas críticas son infundadas, reprobables, corporativistas y miserables. No les haga caso nadie (y a mí tampoco).

La doctrina gallardoniana del dolor asociado al gobierno no deja de despejar dudas y hacernos ver con claridad lo que nos espera. Hasta ahora se decía: “después de cornudo, apaleado”. Y no, lo acertado es: “después de apaleado, cornudo”. Primero se apalea y luego viene el escarnio. Palos dolorosos al súbdito (ése que se creía ciudadano) y después se le desprestigia, se le deshonra, se le anula.

Yo entendía que un Ministro de Justicia cometiese, según los jueces, un error, incluso un grave error y fuese por ellos criticado. Entendía que pudiese tener razón el Ministro y no los jueces. Pero no entendía que un Ministro de Justicia, para defenderse de las críticas de unos jueces, insultase y desprestigiase públicamente a todos los jueces, que son los encargados de impartir o administrar Justicia, algo que le debería importar a un Ministro de Justicia. Ahora lo entiendo casi todo: gobernar es causar dolor y, por tanto, si el Ministro quiere seguir siéndolo, tiene que seguir causando dolor: primero te suprime la extra de Navidad (daño económico, dolor material) y después te suprime la libertad de expresión (daño o dolor moral). Y si sigues sin entender el mecanismo, el gobernante (el Ministro RG) te seguirá infligiendo dolor: mentirá, engañará, te desprestigiará aún más. Así se entiende también que las tasas judiciales absolutamente excesivas ideadas por un Ministro sean presentadas por el mismo Ministro (un sádico, en cuanto Ministro) como consecuencia de una petición de los mismos jueces, para sus pensiones o para incremento salarial. Es que el Ministro tiene que causar más dolor a los jueces. Si a mí se me ocurre decir “Sr. Ministro, ¿en qué quedamos? ¿Propugnó Vd. esas tasas porque eran buenísimas o porque le presionaron los jueces que después las han criticado?"¿Acaso cedió Vd. ante presiones corporativistas?", seré un perfecto idiota si pienso que el Ministro no sabrá cómo salir del apuro. Primero, mi crítica es ilegítima, deleznable, porque a mí también me han quitado la extra de Navidad. Después, el Ministro, como tal, procurará pegarme donde más me duela. Y así hasta que estemos perfectamente convencidos de que calladitos estamos más guapos y que “quien bien te quiere, te hará llorar”. Somos como niños y todo lo que hace el gobierno es por nuestro bien. De manera que sólo nos queda irnos a un rincón y cantarle bajito, a este excepcional Ministro, aquello de la copla:

No me quieras tanto,
Ni llores por mi;
No vale la pena
Que por mi cariño.
Te pongas así
.”

jueves, 23 de agosto de 2012

ESPAÑA: TIEMPO DE ESTUDIAR EN SERIO SALIRSE DE LA EUROZONA


 
 
LA POLÍTICA ALEMANA YA NO SE PUEDE ACEPTAR



Vuelvo sobre la situación económica porque estamos a pocos días de momentos decisivos. Decisivos, no para un país entero, sino también para cada uno de nosotros. Estas lecturas de agosto, tan “económicas”, tratan, no tengo duda, sobre lo que más importa y cuando más importa. Así que los asuntos y asuntillos domésticos, quizá con más morbo, deben ceder el paso a la encrucijada histórica.

 
Vengo diciendo aquí, desde hace más de un año, que Alemania y, en concreto, su Canciller federal, Angela Merkel, tiene una gran responsabilidad en lo que nos ocurre y, sobre todo, en nuestro futuro inmediato (incluido el de la misma Alemania y el de Europa). Durante un tiempo, pensé que Frau Merkel no entendía hasta qué punto su actuación respecto de España e Italia comprometía el futuro de la misma Alemania. Después dije que era inaceptable el trato político que recibíamos e hice ver -siempre a la vez que reconocía muy grandes y en parte persistentes errores españoles- que no éramos, sin embargo, ni los únicos ni los principales responsables de la crisis. Y he terminado por estar seguro de que, a ciencia y conciencia, Alemania es en grandísima medida responsable de la crisis europea y que esa nación y sus satélites (especialísimamente el Banco Central Europeo, de Don Draghi) están buscando nuestra ruina en su propio provecho. Lamento mucho llegar a este convencimiento, pero no puedo evitarlo.

(Si quieren, repasen los cuatro siguientes “post”:
12 de agosto de 2011: MENSAJE A DÑA. ANGELA MERKEL: NO TODOS LOS ESPAÑOLES SOMOS ZAPATERO:  http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2011/08/mensaje-dna-angela-merkel-no-todos-los.html;

18 de noviembre de 2011: LA EXPLOSIVA MEZCLA DE UN ENORME CRIMEN Y UNA GIGANTESCA INCOMPETENCIA (y II):  http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2011/11/la-explosiva-mezcla-de-un-enorme-crimen_18.html

4 de junio de 2012: NI LOS ERRORES AJENOS EXCUSAN LOS PROPIOS, NI LOS PROPIOS BORRAN LOS AJENOS: http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2012/06/ni-los-errores-ajenos-excusan-los.html
15 de julio de 2012: EL "CÍRCULO INFERNAL" PARA INTERVENIR Y COMPRAR ESPAÑA (I): http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2012/07/el-circulo-infernal-para-intervenir-y.html)

Parece necesario decir que la República Federal de Alemania no ha sido ni es la Cruz Roja ni una ONG humanitaria y sin ánimo de lucro; sus bancos han prestado y han comprado títulos y valores a quien libremente han querido prestar y comprar; las empresas alemanas han hecho lo que han querido; se desconocen entregas masivas de productos alemanes a título gratuito; se desconocen impagos masivos del precio de productos alemanes y nadie se ha atrevido ni a sugerir que Alemania se desangraba como una mamá pelícano para que con su sangre se alimentasen otros países, sus poyuelos. No: legítimamente, Alemania estaba y está a sus bussines.

Jamás he sido germanófobo, sino más bien todo lo contrario. De mi respeto, afecto y admiración por Alemania hay abundantes pruebas en mi curriculum vitae (incluido, claro, el historial profesional) y, desde luego, en bastantes de mis aficiones. Pero los hechos relevantes que componen una evolución histórica y una situación actual no se pueden trocear, para tachar buena parte de ellos, simplemente porque, de un modo u otro, se ha contraído una absoluta, pertinaz y sistemática germanofilia, que genera intolerancia aguda a cualquier crítica a Alemania.

No entiendo, pero no me gusta, esa inclinación de bastantes de nuestros intelectuales (en sentido amplio: gente que trabaja sobre todo con la cabeza) a la autoflagelación, esto es a fustigar sin piedad lo español (la historia, los hábitos de la gente, nuestros defectos supuestamente exclusivos), porque, dicen, conocen muy bien España, mientras casi todo lo extranjero-europeo les parece perfecto, aunque sólo lo conozcan superficialmente y no admitan matices críticos procedentes de quienes conocen bien lo francés, lo italiano o lo alemán. Es paradójico cómo esos intelectuales pueden con tanta frecuencia incurrir en los más manidos lugares comunes favorables a lo alemán (el orden, la laboriosidad, la eficiencia, por ejemplo) mientras se precipitan a generalizar los tópicos desfavorables a lo italiano, lo francés y lo español.

A veces tengo la impresión de que personas de mucha calidad intelectual creen que evitar todo nacionalismo -propósito impecable- implica carecer de patriotismo. Caen en una gran atonía emocional y en cierto empobrecimiento de la personalidad y de su intelecto. Pero lo curioso es que no reparten su frialdad equitativamente, sino que la reservan para las cosas de su país, si es que cabe atribuirles alguno (a veces sí: vibran con su aldea).

Viene esto a cuento de la guerra de opinión inter-eurozona y de la sumaria descalificación que algunos pretenden de toda posición netamente crítica de la actual actitud de los dirigentes económicos y políticos alemanes. Voy a decirlo con claridad: no he sentido ni siento satisfacción alguna en la crítica, pero me reafirmo en ella: lo que Alemania, en cuanto Estado, está haciendo en estos momentos es económicamente muy torpe y políticamente rastrero. Alemania es el motor, la locomotora y la potencia de Europa. Cierto. Pero precisamente por eso está fallando clamorosamente en su papel. Europa necesita un liderazgo y Alemania no sólo no lo proporciona (pase: nadie da lo que no tiene), sino que manda en Europa y quiere seguir mandando pese a carecer de un proyecto de Europa... o, si lo tiene (que probablemente lo tendrán los políticos y los banqueros), lo oculta, lo que aún es peor. Vemos politiquería aldeana, cercana al nacionalismo, en quien habría de aportar, si no un liderazgo magnánimo como el que precisa la construcción de Europa, al menos alguna clara señal de comprender que eso es lo que Europa necesita.

Alemania, que -insisto- nunca ha sido una ONG humanitaria a la que los demás hayamos explotado sin vergüenza ni consideración, mientras ella se desangraba, no es ya ahora lo que era ni va camino de seguir siendo una "gran nación". Salvo que rectifique a fondo, va a entrar en crisis (mientras termino este “post” llegan noticias en ese sentido). Y los dirigentes actuales no serán quienes la saquen de ella.

Pues bien, además de que esto que a algunos se nos ocurre aquí en la Europa meridional, lo tienen muy claro al otro lado del Atlántico, como han podido comprobar con los dos “post” anteriores, prosiguen los análisis que ponen bastante al descubierto a qué se dedican los dirigentes políticos y bancarios alemanes. Ahora verán.

A propósito de una interesante noticia -la negativa a invertir de uno de los principales fondos de inversión del mundo, que ha devuelto dinero a sus clientes- he encontrado un texto en el que se plantea debate acerca de la implicación de la política en la economía y sobre la predictibilidad de una y otra. Pero, más allá de estas interesantes cuestiones -pero probablemente de tan largo tratamiento como interés-, el texto contiene una exposición del nacimiento, desarrollo, presente y futuro de la Unión Europea en relación con el interés político de Alemania. Como ahora, en el seno de la UE, cualquier posición (favorable o contraria) sobre la actuación de Alemania es devaluada como sospechosa de beligerante, este texto, del 7 de agosto de 2012, titulado “Financial Markets, Politics and the New Reality”, escrito por un analista estadounidense, George Friedman, me parece importante. George Friedman -sin parentesco con Milton F.- es el fundador y director ejecutivo de la empresa de análisis geopolítico Stratfor y está muy al corriente, por su experiencia y su trabajo, de lo que sucede en este mundo tan complejo. Lo que Friedman dice es muy discutible, pero, desde luego, no se trata de un indocumentado cantamañanas. V. http://www.stratfor.com/

Aunque seguimos en agosto, he cortado el texto, porque la crítica a los inversores por no entender lo que el autor ve tan claro -la predictibilidad de las conductas políticas- no tiene mucho que ver con nuestro asunto.

Pero antes de copiar, les confiaré que, cada día que pasa con este chalaneo a propósito de Europa y del euro, menos me gusta y, sobre todo, menos atractiva y viable me parece la Europa que sostiene Alemania. Y como estamos en una encrucijada de tremenda incertidumbre, me viene cada vez más a la cabeza la idea de que podrían ser preferibles los riesgos de salir de un proyecto desagradable y de muy incierto futuro a los riesgos de seguir atados a tal proyecto. Porque los costes de irnos serían muy altos a corto y medio plazo, pero muy altos y no sólo a corto y medio plazo son también los costes de quedarnos en la eurozona, de cuyo futuro o buen fin dudan tantas personas inteligentes. Según muchos analistas, extraeuropeos ellos, probablemente no estaríamos solos en el abandono del euro. Salirse del euro sería durísimo, pero ¿no lo está siendo y lo será, al menos por igual, permanecer en la eurozona? Repito que habría que estudiar muy a fondo el dilema y el Gobierno español debería movilizar esfuerzos en esa línea, sin ocultarlo, sino todo lo contrario. No debe ser la previsión de una emergencia inevitable, sino el estudio serio de una opción tan importante como la contraria.

Ahora ya copio a G. Friedman (como otras veces, negrita, cursiva y  subrayado son míos):

«“Louis M. Bacon es la cabeza de Moore Capital Management, uno de los hedge funds [AOS: trad. aprox.: fondos de inversión de alto riesgo] más grandes e influyentes del mundo. La semana pasada anunció que devolvía una cuarta parte de su fondo más grande, alrededor de dos mil millones de dólares, a sus inversores. La razón que dio al The New York Times fue que había encontrado dificultades para invertir, dada la imposibilidad de predecir la situación europea. Se citó a Bacon así: "La implicación política es tan extrema... no hemos visto algo semejante desde la posguerra. Lo que están haciendo es tratar de frustrar los resultados naturales del mercado. Es asombroso lo importante que la adopción de decisiones de una sola persona, Angela Merkel, ha llegado a ser para los mercados mundiales".»

«El objetivo de los fondos de cobertura es ganar dinero y lo que Bacon vino a decir fue, esencialmente, que no se puede ganar dinero cuando hay una fuerte implicación política, porque esa implicación introduce incertidumbre en el mercado. Por tanto, la inversión prudente se vuelve imposible. Los hedge funds se han convertido en críticos para la asignación mundial de capitales debido a que sus acciones influyen en otros actores importantes y a que su falta de voluntad para invertir y negociar tiene importantes implicaciones para la disponibilidad de capital. Si otros siguen el ejemplo de Moore Capital, como lo harán, habrá mayores dificultades para reunir el capital suficiente para hacer frente al problema de Europa

«Pero lo más interesante es el razonamiento. Las palabras de Bacon entrañan la idea de que las decisiones políticas son impredecibles o menos previsibles que las decisiones económicas. En lugar de ver a la Canciller alemana Merkel como prisionera de fuerzas ajenas al mercado, que limitan sus acciones, los inversores convencionales parecen pensar que Europa está ahora sujeta a los caprichos de Merkel. Yo diría, por el contrario, que las decisiones políticas son predecibles y que Merkel,  más que tomar decisiones, está siendo el  reflejo de las fuerzas impersonales que la dirigen. Cuando se comprenden esas fuerzas impersonales, es posible predecir comportamientos políticos, como se pueden predecir comportamientos del mercado. No es una ciencia exacta, pero si se hace correctamente, tampoco es imposible.»

«Para hacer esto, se debe comenzar por entender dos cosas. La primera es que la política y los mercados siempre interactúan. El verdadero fundamento del mercado -la sociedad de responsabilidad limitada- es político. Lo que muchos toman como natural es en realidad un mecanismo político que permite a los inversores limitar su responsabilidad. El modo en que se limita la responsabilidad es una cuestión jurídica, no una cuestión de mercado, y está diseñada por los políticos. La estructura de riesgo en la sociedad moderna gira en torno a la sociedad mercantil y la sociedad es un artificio de la política en dependencia de los riesgos. No hay nada natural acerca de las leyes societarias de una nación y son esas leyes las que definen los mercados.»

«Hay tiempos en que la política deja en paz esas leyes y no las cambia y tiempos en que la política se entromete. La última generación ha sido un tiempo único en el que la prosperidad de los mercados permitió a la estructura legal permanecer en general intacta. Después de 2008,  esa estabilidad ya no fue posible. Pero la implicación política activa en los mercados es en realidad la norma, no la excepción. Los inversores contemporáneos han visto una una dramática excepción -la última generación- y, con falta de sentido histórico, la han confundido con la norma. Eso explica la incapacidad de los inversores actuales para hacer frente a las cosas que las generaciones anteriores que se enfrentaban constantemente.»

«El segundo punto de partida es el reconocimiento de que pensadores como Adam Smith y David Ricardo, que tanto admiran los inversores modernos, entendieron perfectamente lo que decimos. Ellos nunca utilizaron el término "economía" por sí solo, sino únicamente en relación con la política y lo llamaron economía política. El término "economía" no apareció solo hasta la década de 1880, cuando un grupo llamado los Marginalistas buscaron matematizar la economía y lanzarla, libre de la política, como una ciencia social autónoma. La cuantificación de la economía y las finanzas condujeron a la creencia -nunca sostenida por hombres como Smith- de que había una esfera independiente de la economía en la que política no se entrometía y que las matemáticas permitían a los mercados ser predecibles, con tal de que la política no pudiese interferir.»

«Dado que la política y la economía nunca se pueden separar, las matemáticas nunca fueron tan predictivas como se había pensado. (…)»

«El mundo no es imprevisible y no lo es ni Europa ni Alemania. La cuestión no es ni lo que los políticos dicen que quieren hacer ni lo que secretamente desean hacer. De hecho, no es la comprensión de lo que harán. Más bien, la clave para predecir el proceso político es la comprensión de las limitaciones: las cosas que no se pueden hacer. La idea de los inversores de que los mercados se hacen impredecibles por la política falla en dos puntos. El primero, que no ha habido un mercado independiente de la política desde que la sociedad de responsabilidad limitad (corporation) fue inventada. El segundo, que la política y la economía son ambas empresas humanas y, por lo tanto, ambos tienen un grado de previsibilidad.»

«Las limitaciones de Merkel»

«La Unión Europea se creó por razones políticas. Las consideraciones económicas fueron un medio para un fin y ese fin era detener las guerras que habían destrozado Europa en la primera mitad del siglo XX. La clave era unir Alemania y Francia en una alianza inquebrantable basada en la promesa de la prosperidad económica. Quien no entienda los orígenes políticos de la Unión Europea y se centre sólo en lo económico no puede comprender cómo funciona la UE y resultará sorprendido por las acciones de sus políticos

«La Europa de posguerra se desarrolló al reanudar Alemania su prebélico papel de potencia exportadora masiva. Para los alemanes, las primeras versiones de la unificación europea se convirtieron en la base para la solución del problema alemán, que era una capacidad productiva de Alemania que sobrepasaba su capacidad de consumo. Alemania tenía que exportar para sostener su economía y toda barrera al libre comercio amenazaba a los intereses alemanes. La creación de una zona de libre comercio en Europa era el imperativo fundamental y cuantas más naciones abarcaba esa zona de libre comercio, más mercados más estaban disponibles para Alemania. Por lo tanto, Alemania se mostró agresiva en la ampliación de la zona de libre comercio

«Alemania fue también un gran defensor de las normas a escala europea en áreas tales como la política de empleo, política ambiental y otras. Estas políticas protegen a las grandes empresas alemanas, que son capaces de absorber los costes, de la competencia empresarial del resto de Europa. El aumento del costo de la entrada en el mercado era una parte importante de la estrategia de Alemania

«Por último, Alemania fue la campeona del euro, una moneda única controlada por un solo banco sobre el que Alemania tenía una influencia proporcional a su importancia. La moneda única, que se centra en evitar la inflación, ha protegido a los acreedores alemanes contra los países europeos dificultando su salida de la deuda. La deuda estaba denominada en euros, el Banco Central Europeo controlaba el valor del euro y los países europeos, dentro y fuera de la eurozona, estaban atrapados en esa política monetaria.»

«Mientras hubo prosperidad, los problemas subyacentes del sistema estuvieron ocultos. Pero la crisis de 2008 puso de manifiesto los problemas. En primer lugar, la mayoría de países europeos tenían importantes saldos comerciales negativos con Alemania. En segundo término, la política monetaria europea se centró en la protección de los intereses de Alemania y, en menor medida, de Francia. El régimen regulatorio creó una rigidez sistémica, que protegió a las grandes compañías existentes.»

«En estas circunstancias, la política de Merkel le fue impuesta a Merkel por la realidad. Alemania era y es totalmente dependiente de sus exportaciones y sus exportaciones a Europa son críticas. Tenía y tiene que asegurarse de que la zona de libre comercio se mantenga intacta. Después, tenía y tiene que reducir al mínimo el coste para Alemania de la estabilización del sistema desplazándolo hacia otros países. Merkel ha tenido que convencer a sus compatriotas de que la crisis era debida a los libertinos del sur de Europa y de que no iba a permitir que se aprovechasen de los alemanes. La verdad es que la crisis fue causada por Alemania, utilizando el sistema de comercio para inundar los mercados con sus bienes, con limitación de la competencia mediante regulaciones y, así, por cada euro descuidadamente pedido en préstamo, un euro se prestó sin cuidado. Como buen animal político, Merkel creó el mito de los griegos astutos engañando al confiado Deutsche Bank examinador

«Dejando a un lado la retórica, la toma de decisiones de Merkel estaba clara. En primer lugar, en ningún caso podía permitir a ningún país salir de la zona de libre comercio de la Unión Europea. Una vez que empezase la salida no podría predecir dónde iba a terminar, excepto que terminaría en una catástrofe alemana. En segundo lugar, por razones económicas y políticas, tenía que ser lo más agresiva posible con los prestatarios morosos. Pero nunca tan agresiva como para provocar que esos prestatarios decidan que tiene más sentido el default (la suspensión de pagos) y la retirada que permanecer en el sistema

«Merkel no ha estado tomando decisiones (según su arbitrio): ha estado actuando conforme a un guión que había sido inscrito en la estructura de la Unión Europea y de la economía de Alemania. Merkel ha creado crisis que apuntalan su posición nacional, adopta siempre la postura del mejor acuerdo concebible que no fuerce la retirada y, al final, o bien llega a un acuerdo que efectivamente no la fuerce, o bien simplemente capitula, aplazando el problema hasta la próxima reunión del grupo que sea.» [AOS: ¿No les suena todo esto, en estos días, respecto de Alemania, el BCE y la UE, por un lado y Grecia, por otro?]

«Al final, los alemanes tendrán que absorber el costo de la crisis. Merkel, por supuesto, lo ha sabido siempre. Ha intentado e intenta forjar una nueva estructura europea a cambio de la inevitable capitulación de Alemania a Europa. Merkel ha comprendido que Europa y uno de los cimientos de la prosperidad europea, se resquebrajaban. Su solución es proponer una nueva estructura en la que los países europeos acepten la supervisión de Bruselas de sus presupuestos nacionales como parte de una solución sistémica para los alemanes. Algunos países rechazan abiertamente esta propuesta, mientras que otros están de acuerdo, a sabiendas de que nunca será implementada. El intento de Merkel de recuperarse mediante la creación de un aparato europeo aún más poderoso está destinado al fracaso por dos razones. En primer lugar y más importante, porque renunciar a la soberanía no es algo que hagan fácilmente las naciones -especialmente las naciones no europeas- y no en favor de lo que en realidad sería una estructura alemana. En segundo lugar, porque el resto de Europa sabe que no tiene que ceder, pues al final Alemania tendrá que firmar (con mucho, el resultado más probable) o la zona de libre comercio hará pedazos

«Si entendemos lo que es obvio, entonces las acciones de Merkel han sido y son plenamente comprensibles. Alemania necesitaba y necesita a la Unión Europea más que cualquier otro país, debido a su dependencia del comercio. Alemania no puede permitir que la UE se disuelva en naciones desconectados. Por lo tanto, Alemania constantemente faroleará y dará marcha atrás. Todo el drama griego es un paradigma de eso. Era Merkel quien estaba atrapada y, al estar atrapada, era predecible.»

«La cuestión del euro es interesante porque se cruzaba con el sistema bancario. Pero al centrarse en el euro, los inversores no han logrado entender que se trataba y se trata de una cuestión secundaria. La Unión Europea es una institución política y la unidad de Europa es lo primero. Los prestamistas han estado mucho más preocupados por la suerte de sus préstamos que los prestatarios. Y haga el Banco Central Europeo las sombras chinescas que quiera, terminará haciendo lo mínimo que pueda hacer para evitar la suspensión de pagos (default) -pero la evitará. (…)»