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lunes, 3 de noviembre de 2014

SOBRE LA CORRUPCIÓN: RECUERDO DE LORD ACTON (y II)


“Hombres con mentalidad de gangsters se hacen con el control”

DIVISIÓN Y DIVERSIFICACIÓN DEL PODER, DERECHO, ESTADO DE DERECHO Y CORRUPCIÓN BÁSICA

Para Acton, la política, en sentido amplio, debía ser igual a la ética en la vida pública (“politics = the ethics of public life”) La corrupción es el efecto seguro de ignorar y contrariar esta sencilla fórmula. Sin un firme sentido ético, no hay medidas legales que no sean sorteables ni instituciones que sean incorruptibles. No hay tampoco actuaciones anti-corrupción definitivas o de efecto prolongado (v. este interesante y muy reciente testimonio sobre la Tangentopoli italiana: http://www.elconfidencial.com/mundo/2014-11-04/con-tangentopoli-solo-conseguimos-que-los-corruptos-se-volvieran-mas-habiles_434814/)  Esto no es moralismo ni moralina, sino crudo realismo, avalado por milenios de historia humana. Pero vamos a continuar con Acton el análisis de lo que sucede, a causa de la corrupción, en las instituciones, en el Estado y en la vida social. Porque importa mucho recuperar ideas claras y, entre ellas, en primer lugar, la de entender bien y ver muy claro lo que la corrupción supone y cómo y dónde se manifiesta.

Recordemos que Acton matizó la relación entre poder y corrupción: no dijo “power corrupt”, sino “power tends to corrupt”: el poder tiende a corromper. Y, en efecto, en sí mismo y por sí solo, el poder —el ejercicio del poder— no corrompe. De hecho, ha habido y hay y seguramente habrá personas con poder (político, económico, cultural, etc.) que no han generado ni generan corrupción al ejercerlo y que ellas mismas no se han se han corrompido ni se corrompen.

El poder nunca debe ser absoluto, sino, siempre, dividido, limitado y delimitado.

Recordemos también que Acton acertó al adjudicar al poder absoluto la consecuencia inmediata e implacable de la corrupción y de una corrupción absoluta. Y es que el poder nunca debe ser absoluto, porque la omnipotencia de unos hombres sobre otros es inhumana, contraria a la dignidad de la persona. El poder ha de tener límites de extensión y de ejercicio.

Salvo eremitas absolutos —algo que es hoy casi impensable—, los seres humanos necesitamos gobierno y, por tanto, necesitamos que haya otras personas con poder. Así lo dice y matiza nuestro autor: “Divided, or rather multiplied, authorities are the foundation of good government.” Limitation is essential to authority. A government is legitimate only if it is effectively limited.” “Liberty consists in the division of power. Absolutism, in concentration of power.” Los poderes divididos y diversificados son el fundamento necesario de un buen gobierno. Pero esa limitación es esencial para el poder, que sólo es legítimo cuando la limitación es efectiva. La libertad —víctima olvidada pero principalísima de la corrupción: otro día hablaré de ella— consiste en la división del poder, como el absolutismo en su concentración.

El poder tiene que ser controlado y compensado con mecanismos de responsabilidad.

No debería ser necesario, pero lo es y mucho, cerrar un primer recordatorio de elementalidades con la idea de que todo el que ejerce algún poder tiene que rendir cuentas. Poder y responsabilidad deben ser una binomio inseparable. La responsabilidad es el más básico de los necesarios controles del poder, de cualquier poder. Configurar poderes —en una pequeña sociedad mercantil o en una comunidad de propietarios— sin mecanismos de responsabilidad es, como mínimo, una superlativa sandez, una seria negligencia.

La “corrupción básica”, como la inmunodepresión o inmunosupresión.

Pero cuando el poder es amplio e intenso —como el del Estado—, la inexistencia o la insuficiencia de los mecanismos de responsabilidad, de control, ya implica una silente pero tremenda corrupción básica, que permite anunciar el desastre de innumerables y llamativos casos de corrupción. De ordinario, los fallos en la responsabilidad acompañan a la concentración de poder.

Es oportuno decir ahora algo obvio: que no sólo hay corrupción en los casos de cohecho, prevaricación, apropiación indebida, malversación, delito fiscal, tráfico de influencias y, en definitiva, enriquecimiento personal con la riqueza ajena. Hay una muy grave corrupción, la más grave, cuando se logra establecer y se logra disponer de un poder no claramente delimitado, sin responsabilidad, sin control. Ése es un sustrato básico de corrupción sobre el que crecen como champiñones, en velocidad y número, los latrocinios más llamativos (los de todos estos días, en España y fuera de ella).

La corrupción básica es para el organismo social lo que la inmunodepresión o inmunodepresión sería para cualquiera de nosotros. Lo que sucede con tal corrupción es semejante a lo que cabe augurar ante un organismo inmunodeprimido o inmunosuprimido: cualquier bacteria o virus le causa estragos, si no es directamente letal. Con una corrupción de base, el inmoral, el amoral y el de conciencia moral deficiente o desfalleciente encuentran el ambiente más propicio imaginable para protagonizar casos concretos de corrupción como los que en estos días nos asquean.

Del dicho al hecho, el trecho es enorme.

Por ser preguntados o de modo espontáneo, quienes se dedican a la política (o a tareas que implican ejercer poder de alguna clase) afirman invariablemente que buscan servir a la sociedad (o a los consumidores o a los usuarios, etc.), que su poder es limitado y que están dispuestos a afrontar el deber de responder, la responsabilidad: política, jurídica, social.

Si es el propósito de servir lo que de verdad prevalece, no hay apego al oficio público y no se espera de él que sea personalmente rentable; hay conformidad plena con las limitaciones de ámbito y de forma que al poder imponen las leyes y no se pierde el sentido de la responsabilidad.

Por desgracia, es habitual lo contrario: que se entre en la política y se siga en ella por avidez de poder, con ansia por lo que se sabe que el poder puede reportar al individuo que lo ejerce. Estos políticos (o dirigentes de otra naturaleza), no sólo odian los límites legales del poder y aborrecen hasta la idea de la responsabilidad, sino que nunca están satisfechos y siempre quieren más poder. Sin matices, lo expresaba Acton así: “everybody likes to get as much power as circumstances allow, and nobody will vote for a self-denying ordinance”: “todo el mundo quiere conseguir un poder tan grande como se lo permitan las circunstancias y nadie votará en favor de una auto-restricción.

El poder “tiende” a corromper, pero es más bien el corrupto quien corrompe el poder.


Quien se corrompe, corrompe el ejercicio del poder. Pienso que es más bien el político o dirigente corrupto quien corrompe el poder (al usarlo y aumentarlo y rechazar limitaciones y responsabilidades) que el poder quien corrompe al político. En la misma avidez por el poder hay ya un error moral grave, hay ya corrupción personal. Esta avidez por el poder puede no deberse, al menos inicialmente, a la codicia, a la avaricia, sino al orgullo y al egoísmo, al deseo de honor, de éxito y de reconocimiento social del éxito.

No hay un hábito mental más peligroso o inmoral que el de santificar el éxito

El culto al éxito siempre ha sido un error individual y una plaga social, pero en las últimas décadas se ha revelado especialmente corrosivo, capaz de convertir en arenas movedizas y pestilentes el suelo sobre el que se debería asentarse una sociedad libre y un Estado decente. Acton lo vio con claridad y lo expresó con las más rotundas palabras: “There is not a more perilous or immoral habit of mind than the sanctifying of success”: “no hay un hábito mental más peligroso o inmoral que el de santificar el éxito.” Está claro que a Acton no le gustaban ciertas “canonizaciones”. En el post anterior vimos su horror a la “santificación” de los cargos. Ahora arremete con razón contra esa cultura del éxito (de la que, por cierto, ya me ocupé aquí hace mucho tiempo: 31 de enero de 2010: PAPÁS: NO QUERÁIS HIJOS "TRIUNFADORES": http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/search/label/Tom%C3%A1s%20Moro)

El Derecho, instrumento esencial para dividir, limitar, encauzar y legitimar el poder. La destrucción del Estado de Derecho.

Acton dice: “The state can never do what it likes in its own sphere. It is bound by all kinds of law.” La limitación y diversificación del poder, que lo legitima, se logra mediante las leyes, mediante el Derecho. Aunque estamos siempre sometidos al riesgo de involuciones históricas, el denominado Estado de Derecho ha de reconocerse como una excelente conquista histórica en la limitación y control del poder más fuerte, que se supone que es el del Estado. No voy a detenerme en algo tan sabido. Lo que no cabe silenciar es que una corrupción constantemente retroalimentada ha erosionado, hasta la completa desfiguración, los mismos conceptos (y, por supuesto, las realidades) de Derecho y de ley. Derecho ha pasado a ser la legislación de cualquier calidad y contenido, sin un mínimo de estabilidad. Y por ley ha venido a entenderse y aceptarse cualquier norma positiva, sin necesidad de que sea una ordenación racional que pretende en serio el bien común.

Como tantas veces he señalado, aquí y en otros lugares, desde hace tiempo, pero con patente aceleración en estos últimos años y meses, el Estado de Derecho ha dejado realmente de existir. Ha sido corrompido enteramente y sustituido, en España, por lo que, desde García Pelayo, se ha dado en llamar “Estado de partidos”, de los partidos políticos. A lo que hay que añadir la existencia de poderes sin rostro claro, sin limitación de clase alguna y sin ni siquiera mecanismos nominales de control.

Corrupción básica y Justicia neutralizada y negada.

El “Estado de partidos” hace que éstos controlen dos de los tres clásicos poderes, el ejecutivo (Gobierno y Administración) y el legislativo (el Parlamento) y constantemente presionen y traten de condicionar a los titulares del Poder Judicial, ese poder tan singular, la Jurisdicción, que el mismo Montesquieu considera “en quelque façon nulle”, porque no forma cuerpo sino que se difumina al hallarse completamente personalizada en el juez o jueces que la ejercen. Desde hace 47 años, sigo muy de cerca, en la Universidad, lo que sucede en nuestra Justicia. Y al menos desde hace 30 de esos años, lo más llamativo ha sido el casi constante intento de controlarla por el único poder (el de los partidos), neutralizando la independencia judicial. La vigente ley de tasas judiciales (que el Tribunal Constitucional no parece dispuesto a enjuiciar) está siendo un golpe de muerte para acceder a la Justicia que vela por el Derecho. Así, además de la iniquidad de maltratar abusivamente a los débiles para favorecer a los fuertes, se ha introducido un amplísimo espacio de inmunidad e impunidad.

Gansterismo en el poder y papel del conformismo en la corrupción.

Entre los dispersos escritos de Acton encontramos esta advertencia: And remember, where you have a concentration of power in a few hands, all too frequently men with the mentality of gangsters get control. History has proven that.” “Recordadlo: allí donde nos encontramos con una concentración de poder en pocas manos, demasiado frecuentemente son hombres con mentalidad de gangsters quienes se hacen con el control. La historia lo ha probado”.

¡Tremenda frase, hoy convertida en profecía perfectamente cumplida! Pero me parece importante, casi para terminar, un comentario que parece salirse del tema. Si alguien habla hoy, como Acton, de gangsterismo, como si equipara al voraz e inicuo recaudador con un atracador que ni siquiera se arriesga físicamente, personas cultas y respetables de inmediato torcerán muy disgustados el gesto. Porque ahora, desde hace bastante tiempo, esa clase de respetables damas y caballeros rechazan a la velocidad del rayo tales expresiones, sin pensar por dos segundos si no serán muy adecuadas a la realidad a que se refieren. Para estas damas y caballeros, tales frases son axiomáticamente inaceptables por incorrectas y son, axiomáticamente, exageradas, excesivas. No admitirán, ni como hipótesis meramente académica, que se trate de grandes aciertos en la fuerza expresiva de una realidad. No aceptan pararse un segundo a pensar que Bentham o Acton no exageraron, sino que acertaron admirablemente. Para esta buena y correctísima gente, la realidad puede ser dura, cruel, excesiva, pero el discurso sobre la realidad nunca puede ser duro. Para esta gente las cosas no pueden ser así… y si lo son, no hay que decirlo de esa manera. Admitirán quizás la expresividad radical en Quevedo o, a lo sumo, en Unamuno o Baroja, ya suficientemente lejanos, pero en nadie ahora ni para lo que ahora sucede.

Quien establece o permite que se establezca y se mantenga un poder sin límites (límites bien claros, se entiende) ni controles eficaces, con una Justicia neutralizada y obstruida, provoca una situación de máxima corrupción. Si bien se mira, ahí han estado y están, como “cooperadores necesarios” de los latrocinios, por acción o por omisión, los silenciosos a que me refería en el post anterior, entre los que personalmente y en este blog no puedo dejar de señalar, si no a todos, al menos a algunos de los correctos conformistas a los que me referí en el post de 10 de abril de este año: LA COBARDÍA DEL CONFORMISMO EN EL MUNDO JURÍDICO Y UNIVERSITARIO. EL “BOOM” DE LOS “JURISTAS“ TRENDY:  http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2014/04/la-cobardia-del-conformismo-en-el-mundo_10.html. Algunos de esos intelectuales, universitarios y juristas, unos todavía con mucho previsible recorrido y otros ya maestros consagrados, tal vez han sido críticos con frecuencia, pero no han alcanzado ni de lejos, en su trayectoria, el nivel de inconformismo y de civilizada e inequívoca discrepancia que demandaba la deriva de una corrupción que se intensificaba diariamente ante sus ojos. Y es que se puede ser muy inteligente y brillante y, a la vez, padecer miopía o estrabismo. O haberse puesto o dejado poner unas buenas anteojeras.

miércoles, 29 de octubre de 2014

SOBRE LA CORRUPCIÓN, A FONDO


SOBRE LA CORRUPCIÓN: RECUERDO DE LORD ACTON (I)

(EL PODER CORROMPE Y EL PODER ABSOLUTO CORROMPE ABSOLUTAMENTE)

Supongo que a nadie le extrañará que hoy escriba (una vez más) sobre la corrupción. En estas semanas se manifiestan abrumadoramente, todos los días, episodios concretos reveladores de una vasta y pútrida corrupción, que, aunque sin detalles ni pruebas, muchos conocíamos. Esa corrupción no es un fenómeno exclusivamente español, sino mundial, pero no por eso las noticias nuestras dejan de aumentar en España un clima general de profunda tristeza, exasperada indignación y enorme desesperanza.
Con este post espero contribuir a la reacción que requiere un estado de cosas tan grave. Una reacción que debe estar tan lejos de cualquier excusa, atenuante o mero paliativo como de la instalación de picotas y guillotinas sumarísimas en todas las esquinas. Si se desea una verdadera regeneración, una refundación del sistema político y social, habría que asentarla sobre bases sólidas. Y, con franqueza, advierto síntomas de tremenda superficialidad. La hay, por ejemplo, cuando, a la vista de la corrupción, se piensa y se actúa como si el problema de la corrupción fuese “Podemos o la no descartable victoria electoral futura de “Podemos”. Y no: el problema no es “Podemos”: el problema es la corrupción misma, con sus enormes dimensiones. “Podemos” sería el castigo a esa corrupción, pero no una solución. Y aunque fuese un castigo proporcionado, es muy probable que con él pagasen justos (innumerables) por pecadores (bastantes, sí, pero muchísimos menos que los justos).

Dicho lo anterior, vamos a Lord Acton. Espero que vean por qué.

La frase el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente es muy conocida en todo el mundo: es un genuino tópico universal.  Estas palabras se atribuyen a John Emerich Edward Dalkberg Acton, más conocido como Lord Acton (1834-1902), un importantísimo pensador de la libertad en la historia, a quien he releído con interés (y asombro) en estos últimos años. (llevo una temporada con lecturas de autores británicos, primero Bentham y luego Acton, muy distintos, pero con interesantísimos puntos comunes).

Hay dos datos que interesa precisar sobre esta frase. El primero es que Acton no afirma que el poder corrompa, sino que tiende a corromper: “power tends to corrupt“, aunque añade de inmediato: “and absolute power corrupts absolutely”. Son de mucha importancia, tanto el matiz de la tendencia a corromper aneja al poder, como la contundencia del efecto seguro de corrupción absoluta ligado al poder absoluto. Acierta Acton en las dos afirmaciones. Porque, por sí solo o en sí mismo, el poder no corrompe. Y porque, en cambio, el poder absoluto sí corrompe con toda seguridad: el poder absoluto es ya un fenómeno de temible corrupción. Me extenderé sobre esto más adelante, en un próximo post.

En segundo lugar, es importante el dato de que Acton formula esa afirmación, tan exitosa mediáticamente, en un contexto que no se refiere sólo al poder político, sino a toda clase de poder y, por tanto, al poder económico y social. De hecho, la famosa frase aparece en una carta de Acton a Mandell Creighton, Arzobispo Anglicano, a comienzos de abril de 1887, a propósito de una historia del papado medieval en cinco volúmenes. Acton critica durísimamente una tesis general del Arzobispo Creighton: “No puedo —dice Actonaceptar su regla de que hemos de juzgar al Papa o al Rey de modo distinto a cualquier otro hombre, con la presunción favorable de que no han obrado erróneamente. Si hay alguna presunción es en el otro sentido contra los poseedores de poder, que se intensifica conforme el poder aumenta. La responsabilidad histórica tiene que compensar la falta de responsabilidad jurídica. El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los grandes hombres son casi siempre malas personas, incluso cuando sólo ejercen influencia y carecen de autoridad: más aún cuando a la tendencia o la certeza de corrupción se añade la autoridad. No hay peor herejía que la que sostiene que el cargo santifica a quien lo ostenta.” [A más de uno, eso de que "los grandes hombres son casi siempre malas personas" puede sonarle a salida de tono, muy exagerada. No me parece que Acton fuese aficionado a las boutades y, en cambio, era un concienzudo historiador. No faltan en las bibliotecas libros, algunos conocidísimos, que apoyarían esa afirmación de Acton. Yo me inclino decididamente a considerarla veraz y acertada, aunque muy poco correcta.]

Por si acaso mi traducción incurriera en algún error, ésta es la frase original: “I cannot accept your canon that we are to judge Pope and King unlike other men, with a favorable presumption that they did not wrong. If there is any presumption it is the other way against holders of power, increasing as the power increases. Historic responsibility has to make up for the want of legal responsibility. Power tends to corrupt and absolute power corrupts absolutely. Great men are almost always bad men, even when they exercise influence and not authority: still more when you superadd the tendency or the certainty of corruption by authority. There is no worse heresy than that the office sanctifies the holder of it.”

No hay peor herejía que la que sostiene que el cargo santifica a quien lo ostenta”. Mediten sobre esta sentencia muchos bienpensantes y tantos hiper-devotos de “la superioridad” o adoradores de cualquier clase de poder. La obediencia verdaderamente debida a cualquier autoridad legítima no está reñida con el sentido crítico. Más aún, la obediencia sólo tiene mérito cuando se presta sin prescindir de ese sentido crítico y cuando se comprende que la lealtad a quien legítimamente manda no es que permita, sino que más bien exige expresarse libremente y con sinceridad, con la imperativa e insoslayable guía de la propia conciencia, esforzadamente informada y formada.

De la corrupción nacida e incrustada en el poder de todo tipo han sido y son muy responsables los silenciosos, que callaron cuando podían o debían hablar con capacidad de influir e incluso con poder de decisión. Han contribuido y contribuyen decisivamente a la corrupción quienes, por complacencia al poder o por cobardía, nada dicen: nada advierten, nada sugieren, nada objetan y jamás protestan. Una cosa es actuar de Pepitos Grillos parlanchines impertinentes y otra no hablar y no actuar, de un modo apropiado y eficaz, cuando se tiene el deber legal o ético de hacerlo. La devoción reverencial al poder y a los poderosos tiene que perder la magnitud e intensidad que ha tenido y aún tiene, porque, además de ser errónea en sí misma, ha sido y es decisiva en la corrupción. Éste habría de ser uno de los necesarios puntos de partida de la regeneración o refundación de que he hablado.
 
Pero vuelvo al poder y a la corrupción según Acton. Aunque las palabras tienen su propio valor con independencia de quien las ha dicho, es muy importante saber quién las dice. No se exagera hoy al considerar a Acton como uno de los hombres que con más fuerza han defendido la libertad frente al poder. Sin pretender ahora una escueta biografía, unas pinceladas sobre el personaje son relevantes. Acton es miembro de una familia noble (aunque no de la alta nobleza británica, sino de la media o más bien de la baja nobleza), de las pocas católicas en Gran Bretaña. Este hombre que tan duramente discrepa de Creighton, termina su vida sucediéndole en la Cátedra Regius de Historia, de la Universidad de Cambridge, donde a Acton no se le había permitido estudiar por ser católico. Pero, casi a la vez, Acton se tiene que defender y se defiende, casi al estilo de Tomás Moro, contra acusaciones de oposición al Concilio Vaticano I, en lo relativo a la infalibilidad del Papa. ¿Era Acton un católico heterodoxo a fuer de liberal? En modo alguno. Era tan seria y sinceramente católico como sincera y seriamente liberal. Me parece conmovedor y admirablemente certero cómo se definía Acton: “un hombre que empezó a vivir creyendo ser un católico sincero y un sincero liberal; que, por tanto, renunció en el Catolicismo a cuanto no era compatible con la Libertad y, en la política, a cuanto no era compatible con la Catolicidad(“a man who started in life believing himself a sincere Catholic and a sincere Liberal; who therefore renounced everything in Catholicism which was not compatible with Liberty, and everything in Politics which was not compatible with Catholicity.”) (SWLA III 657). Y también escribió: “preferiría morir que vivir sin los sacramentos y abandonar la Iglesia(“I would rather die than having [sic] to live without the sacraments and to leave the Church”: Hill 472 n. 55). Y Acton fue consecuente con esta declaración.

Es curioso que Acton, tan católico, fuese considerado con razón una de las personas más influyentes en Gladstone, a la postre tan protestante, que a su vez apoyó siempre a Acton. Gladstone (1809-1898) fue aquel gran político, primero tory, luego whig, después líder del partido liberal. Cuatro veces Primer Ministro, este hombre ilustre, siempre espiritualmente rico, había transitado desde una postura propia de la Church of England y de la High Church anglicana hacia una posición más protestante o luterana, que él consideraba honradamente más evangélica. Y había situado la conciencia por encima de la autoridad. De joven, a sus treinta años, Gladstone sostenía, en su libro The State in its Relations with the Church, que los inconformistas y los “roman catholics” debían ser excluidos de los cargos públicos, puesto que la Iglesia de Inglaterra tenía el monopolio de la verdad. Pero, como acabo de señalar, Gladstone había cambiado mucho al cabo de treinta y cinco años más de vida, cuando, en relación con las disposiciones del Concilio Vaticano I (y, sobre todo, con la infalibilidad papal dogmáticamente definida) escribe y publica The Vatican Decrees in their Bearing on Civil Allegiance: A Political Expostulation. Desde otra posición y con otro motivo, Gladstone viene a pretender nuevamente que los católicos británicos no pueden ser buenos ciudadanos británicos, porque al estar sometidos al Papa no pueden ser leales al Reino Unido y a sus autoridades, empezando por la Corona. Y ahora aparece en escena otro gigante: John Henry Newman. Es John Henry Newman quien, en defensa de la libertad de los católicos, replica contundentemente a Gladstone en la famosa Carta al Duque de Norfolk (A Letter Addressed to His Grace the Duke of Norfolk on Occasion of Mr. Gladstone's Recent Expostulation, London, 1875, B. M. Pickering). En esa larga carta se lee esta muy conocida frase:
Caso de verme obligado a hablar de religión en un brindis de sobre­mesa —desde luego, no parece cosa muy probable— beberé ‘¡Por el Papa!’ con mucho gusto. Pero primero “¡Por la conciencia!’, después ‘¡Por el Papa!’”.

Es una frase atrevida, que no pocos considerarían entonces —y a buen seguro bastantes consideran todavía ahora— escasamente respetuosa con quien, para un católico, es nada menos que el Vicario de Cristo en la tierra. Pero no era en absoluto irrespetuosa y sí perfectamente exacta y católicamente ortodoxa. Tan claro es así que el Catecismo de la Iglesia Católica (p. 1778), aprobado por Juan Pablo II el 15 de agosto de 1997, cita literalmente a Newman [«La conciencia es el primero de todos los vicarios de Cristo» (Juan Enrique Newman, Carta al duque de Norfolk, 5)].

¿A qué viene esta referencia relativamente larga a Acton, Gladstone y Newman? Viene muy a cuento, en primer lugar, porque considero necesario combatir las taxonomías y las etiquetas que con tanta frecuencia se utilizan, por ignorancia o con malicia, para dividir y oponer, creando bandos de “buenos” y malos”, “los nuestros” y “los otros”. Como mínimo, esas banderías no conducen a nada bueno y, con frecuencia, hacen mucho daño. En esta historia reseñada, los tres personajes, católicos o protestantes, son hombres de una pieza y de un comportamiento éticamente irreprochable, enemigos de toda corrupción. Los tres, pese a sus diferencias, no sólo se respetan, sino que se admiran profundamente. Acton es un viejo católico muy unido siempre a Gladstone, del mismo modo que éste, primero ferviente anglicano y después no menos ferviente protestante, no deja de admirar y apoyar a Acton. Newman, primero clérigo anglicano de enorme prestigio, convertido al catolicismo en 1845, ordenado sacerdote dos años después (y Cardenal en 1879), se había movido con proximidad e interés en el ámbito intelectual de Acton.

Pero, en segundo lugar, y lo que es mucho más importante en relación con nuestro asunto, está la coincidencia de estas tres grandes personalidades en la importancia de la conciencia, siempre personalísima. Porque, sí, la corrupción que padecemos y que un día tras otro es noticia en sus deplorables manifestaciones, es una cuestión de falta de conciencia en muchas personas. Es cosa de muchas personas sin conciencia, como decimos en lenguaje coloquial. En los casos más sangrantes, la conciencia ha sido narcotizada y se ha necrosado por completo. En casos llamativos y escandalosos, pero de menos gravedad que el cohecho, como es el uso de las tarjetas de crédito o el abuso de los gastos de representación, lo que hay es una conciencia de muy pobre formación y de escasa delicadeza y sensibilidad ante lo injusto. Algo que con frecuencia se ha podido evitar, de manera que la falta de piel fina era vencible y es culpable.

Quiero decir, con lo anterior, que la corrupción tiene que combatirse a fondo, no con meros preceptos —en códigos éticos o en códigos legales— que tipifiquen comportamientos reprobables, preceptos que siempre expresarán unos standards de mínimos morales. La situación está requiriendo una elevación moral hacia la ejemplaridad, un renacimiento ético o moral (tanto da lo griego como lo latino) en línea de máximos. Nuestras sociedades y la española en concreto, albergan tanta corrupción, no por falta de reglas éticas ni por ausencia de preceptos penales que sancionen conductas corruptas, sino a causa de una generalizada y gravísima depauperación moral. Cuando muchos hablan de una España que ya no es católica, pienso que la corrupción en España es un indicador tanto o más expresivo que la menor asistencia dominical a misa, la disminución de matrimonios canónicos, etc.  Las confesiones religiosas, empezando en España por la Iglesia Católica, tienen un gran trabajo por delante. Lo digo con el máximo respeto hacia quienes no pertenecen a ninguna confesión, porque la elevación moral está presente en el interior de muchas personas agnósticas, provistas de una conciencia alimentada por la captación y la asunción, en su conciencia, de fuertes exigencias morales inherentes a la dignidad de todo ser humano y perfectamente susceptibles de ser conocidas sin necesidad de la fe.
(continuará)

 

lunes, 18 de junio de 2012

YA NO HAY DUDA: EL CONSEJO GENERAL DEL PODER JUDICIAL ES EL “NO VA MÁS” DEL CORRUPTO “ESTADO DE PARTIDOS”



UN MINI-CONSEJO (CGPJ), OCURRENCIA POCO ORIGINAL DEL MINISTRO DE JUSTICIA DE ESPAÑA
(Actualizado a 19 de junio de 2012, 19.00 horas)


Si no me equivoco, “Estado de partidos” fue una noción acuñada hace mucho tiempo por el Prof. García Pelayo (q.e.p.d.), presidente del Tribunal Constitucional (TC), desde 1980 a 1986. La noción fue utilizada y muy difundida por la Sentencia TC Pleno 108/1986, de 29 de julio, precisamente sobre el CGPJ y la designación  parlamentaria de todos sus Vocales, incluso los 12 que han de ser “Jueces y Magistrados de todas las categorías judiciales” (art. 122.3 de la Constitución Española: CE).  Alertaba el TC del grave peligro de que esos 12 Vocales, en vez de representar a la Carrera Judicial, como afirmaba que era la voluntad constitucional, fuesen designados en razón del peso de las formaciones o grupos parlamentarios, lo que respondería a la “lógica del Estado de partidos”, pero no a la configuración deseada para ese órgano (el CGPJ) como garante de la independencia judicial, por desapoderamiento del Ejecutivo respecto a selección, nombramientos, inspección y sanciones de los Jueces y Magistrados, titulares del poder judicial.

La expresión “Estado de partidos” era y es certera (en especial frente al concepto de “Estado de Derecho”) porque si, pese a las proclamaciones constitucionales sobre la ausencia de mandato imperativo de Diputados y Senadores, éstos acaban representando a los partidos políticos con mayor implantación —como efectivamente ocurre— y si de los Diputados —como representantes de hecho de los partidos— viene a depender formalmente el Gobierno, sólo falta que a los poderes legislativo y ejecutivo, así determinados y condicionados por el juego político-partidista, se añada el Poder Judicial. Con ese añadido, está completo el “Estado de partidos”. El TC consideraba  que ése era un riesgo o peligro cierto de la designación parlamentaria de todos los Vocales del CGPJ, pero, al afirmar que no era absolutamente necesario que el riesgo o peligro se materializase en resultado contrario de la Constitución, no declaró inconstitucional la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ), de 1985, en lo relativo a esa designación parlamentaria. Siempre pensé que el TC ejercía un funambulismo de altos vuelos con tamaño salto dialéctico (el de no permanecer en el ámbito de los riesgos o peligros, que las disposiciones legales deben neutralizar, atenuar o disminuir, y pasar a considerar resultados. No ha variado mi pensamiento y he tratado también en este “blog” de la destrucción del concepto de garantía (v. http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2012/01/las-garantias-juridicas-en-vias-de.html), pero ocurrió, además, que lo que al TC le parecía peligro de algo inconstitucional rápidamente se convirtió en resultado indiscutible de inconstitucionalidad (“reparto de Vocales por cuotas parlamentarias”), resultado que no ha dejado de repetirse una y otra vez sin que nadie se atreviese a negar su realidad.

Permítaseme la auto-cita, para ahorrarme tiempo. El 3 de octubre de 2011 escribía aquí: «No es ninguna manía personal esta idea de que el CGPJ es el exponente más intenso del “Estado de partidos”, corrupción de la democracia parlamentaria, sin atisbo ya de una genuina separación de poderes. Entender al CGPJ como órgano constitucional convertido en máximo exponente de la corrupción objetiva de la democracia constitucional tiene un fundamento claro: el último sistema de elección de los 12 Vocales del CGPJ que han de ser Jueces y Magistrados [instaurado por la L.O. 2/2001, de 28 de junio, con el PP en el Gobierno y el Sr. Acebes en el Ministerio de Justicia] provoca que el ámbito partidista-parlamentario y el judicial se empasten con una mixtura que no tiene parangón. Que Diputados y Senadores tengan que designar a esos 12 Vocales de entre los Jueces y Magistrados que figuran en unas listas confeccionadas sobre todo por las asociaciones judiciales no conduce, como se quiso hacer pensar, a limitar la capacidad de decisión de los Diputados y Senadores a cambio de un mayor peso del conjunto de los Jueces y Magistrados: conduce a que, en cuanto se aproxima la renovación del CGPJ, se inicie un largo, intenso y duradero compadreo entre los partidos y las asociaciones judiciales, aunque éstas, sumadas, no alcancen a integrar a la mitad de los Jueces y Magistrados en activo. Las asociaciones judiciales (o cualquier iniciativa independiente que pretenda no ser meramente testimonial) operan en función de lo que a los responsables políticos les pueda parecer y les parezca aceptable. Así, tras ese compadreo o “negociación”, salen las listas pretendidamente limitativas de posibles Vocales judiciales y, después, por cuotas parlamentarias, como desde 1985, los partidos designan los 12 Vocales. Tamaña implicación del mundo del Derecho y de la Justicia con el mundo de los partidos políticos no se produce ni siquiera al designar Magistrados del Tribunal Constitucional: ahí, la pugna y la “negociación” son directamente político-parlamentarias» (v. http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2011/10/hasta-el-20-n-un-parentesis-despues-del.html)

Aquí hemos seguido de cerca las andanzas de la “última edición” del CGPJ (pinchen, si quieren recordar, en la etiqueta correspondiente) y, por tanto, no nos puede extrañar lo más mínimo que la historia esté acabando con algo tan novedoso —lo único que les faltaba— como una renuncia del Presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ por avalancha de críticas públicas y declarada falta de respaldo de los Vocales a D. Carlos Dívar, primer presidente del órgano de gobierno del Poder Judicial cuya designación fue anunciada por el Presidente del Gobierno, a la sazón D. José Luis Rodríguez Zapatero, tras rapidísimo consenso con D. Mariano Rajoy, entonces Presidente del Partido Popular. La cosa tenía ya muy mal aspecto (puesto que Dívar no era un jurista, ni a secas ni de reconocido prestigio ni de reconocida competencia). El cariz de las cosas empeoró más aún cuando los muy desairados 20 Vocales de los que dependía la designación no testimoniaron siquiera su malestar y votaron unánimemente a Dívar. Y después, acontecimiento tras acontecimiento, el estado de este CGPJ no ha hecho más que agravarse hasta la actual putrefacción manifiesta.

El descontrol del gasto público en el CGPJ ya había tenido una expresión superlativa —no recordada por nadie, que yo haya visto— cuando el 20 de mayo de 1998, la misma “edición” del CGPJ que antes, en 1996, había acordado que sus miembros no tuviesen que justificar gastos de representación, aprobó, con sólo 4 votos en contra, unaautosubida de sueldodel 23%, para que el “órgano gobernante” no ganase menos que el “órgano gobernado” (el TS), subida que se hizo efectiva con efecto retroactivo a 1 de enero de 1998, mediante una transferencia de fondos del capítulo I (gastos de personal) que no se habían gastado, sin modificación presupuestaria (que, naturalmente, hubiese correspondido al Parlamento). Vean la estupefaciente noticia entera gracias al siguiente enlace: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1998/05/21/022.html

(Muy grave fue, aunque dentro de los parámetros ordinarios de nuestra clase política, que el Congreso de los Diputados aprobase para el siguiente ejercicio presupuestario el susodicho aumento del 23% y consolidase así unas retribuciones altísimas y absolutamente injustificadas)

Avergonzado por el desprestigio que ha causado, no ya al CGPJ, sino al mismo Tribunal Supremo, la presidencia de Dívar subsiguiente a la iniciativa de ZP consensuada con Rajoy; abrumado por la resistencia de tantos y tantos biempensantes a enfocar certeramente las noticias de los reiterados viajes de este Presidente y sus deplorables primeras explicaciones, que no hicieron sino repetirse varias veces, como si explicasen algo evidente y no quisiésemos entenderlo; entristecido todavía más, si era posible, a causa de la incapacidad de los Vocales (de todos) para reaccionar con elemental sentido común y dignidad (en unos ha habido desenfoque, pusilanimidad, chaqueterismo; en otros, exhibicionismo histriónico, oportunismo); apesadumbrado por el penoso apoyo a Dívar del Ministro de Justicia, Sr. Ruiz Gallardón, que cuando menos debió guardar silencio, al haberse dejado aconsejar decisivamente por el Sr. Dívar para formar el “núcleo duro” de su Ministerio (Secretaría de Estado, Comisiones prelegislativas, etc.); disgustado después ante la lenidad indisimulable y desvergonzada de la Fiscalía del TS y la General del Estado, decidí callar sobre este deplorable episodio de corrupción político-económica y sólo me referí, en su momento, a las especiales pestilencias que debíamos sufrir (por aquello de “a buen entendedor…”).

Ahora, sin embargo, anunciada públicamente la renuncia de Dívar, no tengo ya motivo para seguir callado. Y no quiero dejar de lamentar, ante todo, que, en su momento, la pregonada religiosidad y el no menos pregonado altruismo benéfico de Dívar —que lo pregonado no carecía de fundamento me consta personalmente— condujese a muchos a considerarlo idóneo o “de los nuestros”. Defiendo que cada cual exprese públicamente sus creencias y sentimientos religiosos en ocasiones apropiadas, pero nunca me ha gustado la beatería con visos de exhibicionismo. Y, desde luego, entiendo que un cristiano y, en concreto, un católico, tiene reforzadas por su fe las exigencias éticas propias de quienes ocupan cargos públicos o puestos de responsabilidad de los que otros dependen. Ni la ignorancia vencible (o "inexcusable", como dice la ley procesal) ni la vagancia ni el desahogo se atenúan un ápice por ser lo que antes se llamaba “de misa y comunión diarias”. Será al revés, en todo caso. Espero que este comentario, con el que no juzgo el interior de nadie, sino que valoro su comportamiento externo, ya conocido de todos, no sea interpretado como una falta de caridad con esta persona. Lo digo porque una vez me reprocharon esa falta de caridad por pedir que dimitiera de un cargo público quien había sido juzgado y condenado por hurtar varios objetos en unos grandes almacenes.

Dicho lo anterior, continúo. Sólo un muy extendido acostumbramiento a aprovecharse de los cargos públicos hasta para tomarse una cerveza y una aceituna, que no se paga si se puede endosar la cuenta a los ciudadanos (asombra ya tamaña tacañería), sólo una insensibilidad roqueña hacia los demás, sólo la más absoluta falta de elegancia, sólo la más necia equiparación de lo legal con lo ético pueden explicar que el comportamiento del Sr. Dívar haya sido, ante todo, tolerado y amparado desde dentro del CGPJ, donde, a no dudarlo, muchos debían conocerlo. Sólo ese compendio de desatinos y pésimos criterios individuales y sociales permite entender que, descubierto el pastel de tanto viaje y tanta cena, nadie haya sido capaz de decirle a D. Carlos Dívar: “no se engañe, D. Carlos, esto se ha acabado: váyase enseguida. Game is over.” Al revés, bastantes cerraron filas, como si el meollo de la cuestión fuese una trifulca interna. Hemos asistido a una polémica torpe, trucada, inmoral, casi obscena, sobre la distinción entre lo privado y lo público, con alegatos tan inaceptables como pretender que, por ser siempre, todos los días y a todas horas, Presidente del TS y del CGPJ (como siempre es uno lo que sea: Ministro, Presidente del Gobierno, Consejero de Estado), todo lo que decida gastar esa persona corre a cuenta de los caudales públicos. [ACTUALIZACIÓN: no es sólo que en el CGPJ conocieran lo que sucedía con los generosos caudales públicos presupuestariamente asignados: es que les parecía de perlas, porque, quien más quien menos, funcionaban como Dívar. A mí me repugna ver cómo el Vicepresidente, Sr. de Rosa, otro no jurista, ahora se autoproclama ya "sucesor" de Dívar y "regenerador" del CGPJ o cómo, hace poco tiempo, con el "affaire Divar" ya en la calle, el Vocal Almenar Berenguer, el peso pesado de la APM, que, en consenso con la Vocal Robles, ha manejado el CGPJ mientras Dívar disfrutaba del puesto, aparece como paladín de la austeridad.]

Lo más grave no es que haya personajes dispuestos a ahorrarse la pasta de dientes si después de cepillárselos tienen un acto público, gente preparada para invitar a un prójimo con el dinero de todos los demás, personajillos atentos a no dejar escapar la posibilidad de aducir la importancia de su cargo para no explicar con quién cenan protocolariamente (como si, además, no cenasen o almorzasen en lugares públicos y el secreto sobre la identidad del acompañante protocolario estuviese justificado). Gente así ha habido y habrá siempre. Lo que no ha sido siempre así y lo que resulta más grave es que tantos pícaros y aprovechados hayan sido y sean nombrados para muy altos cargos y tantos, tantísimos, consideren normal lo que resulta a todas luces inaceptable y reprobable. Y tampoco ha ocurrido siempre que la eventual mala uva de un denunciante excusase radicalmente lo denunciado.

En medio de este asunto, ante el que el partido en el Gobierno y el principal partido de la oposición han sido incapaces de ponerse de acuerdo para resolverlo de forma limpia y rápida, poniendo fin cuanto antes a una situación podrida, aparece Ruiz Gallardón, Ministro de Justicia, a proponer un Consejo General del Poder Judicial con dos clases de Vocales, unos —cinco en total, concreta— de primera categoría y otros —quince, si se quiere respetar el número que establece la Constitución—, de segunda. Hace mucho tiempo que está reconocido el error de los constituyentes al diseñar un órgano con 20 Vocales, cuando la mitad serían suficientes. Pero, puesto que el art. 122.3 CE habla de 20 Vocales, parece claro que el CGPJ es un órgano colegiado con unas funciones mínimas (las constitucionales: “nombramientos, ascensos, inspección y régimen disciplinario” de los Jueces y Magistrados) que han de ser desempeñadas colegiadamente por esos 20 Vocales más, en su caso, el Presidente del TS y del mismo CGPJ, que es designado por esos 20 Vocales. De modo que, para lo esencial del CGPJ, un órgano colegiado con menos de 20 Vocales no sería acorde con la Constitución.

Además, la ocurrencia del Ministro no es original. En el año 2002 ya se redactó, bajo los auspicios del Ministro de Justicia, Ángel Acebes un Borrador de una nueva Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ) que, elaborado irregularmente por Magistrados del Tribunal Supremo, pretendía, entre otras innovaciones, esa “miniaturización” del CGPJ. Publiqué sobre esta ocurrencia (y sobre otra aún más grave) un artículo extenso, que los más interesados pueden leer en el “blog”, hermano de éste, titulado DOCUMENT-AOS, Depósito de documentos propios y ajenos (pinchen enlace). En ese artículo, que acabo de reproducir o "colgar" ahí, pueden encontrar más detalles y más argumentos.

En suma, lo que el Sr. Ruiz Gallardón pretende no se puede llevar a cabo sin reformar la Constitución, porque cualquier atribución esencial del CGPJ (que no debería tener ninguna otra más que las esenciales) está confiada a un colegio de 20 ó 21 miembros, lo que supone que todos han de intervenir del mismo modo, pues, de lo contrario, no estaríamos ante un órgano colegiado y no cabe dudar de que ese tipo de órgano es el que establece la Constitución vigente.

Otra cosa es que los Vocales del CGPJ hayan de tener necesariamente categoría de Secretarios de Estado, retribución igual a la de los Magistrados del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, vehículo oficial individual a plena disposición, generosos gastos de representación, etc. Eso se puede —y se debe— cambiar sin necesidad de reforma constitucional: con un cambio en la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ), que no tendría por qué demorarse hasta disponer de una LOPJ completamente nueva, faraónica obra legislativa muy dudosamente necesaria, pero indudablemente retardataria de cambios urgentes. Me parece que sería suficiente una retribución superior a la de su empleo judicial (para los 12 Vocales judiciales) y compensatoria, para los 8 Vocales Abogados y otros juristas “de reconocida competencia”, de su lógica incompatibilidad durante el tiempo que ocupen ese cargo. En todo caso, reducir el gasto público en el Consejo General del Poder Judicial es empresa harto asequible sin necesidad de inventos que intenten sortear la Constitución y realmente la vulneren.

miércoles, 27 de julio de 2011

¿CARECE POR COMPLETO DE VERGÜENZA EL MAGISTRADO GÓMEZ BERMÚDEZ?



UN CONDECORADO Y PENSIONADO POR RUBALCABA INTERVIENE EN EL “CASO FAISÁN”


Relean, por favor, el “post” de este blog, del lunes 8 de noviembre de 2010, titulado «DE LAS CORBATAS A LAS CRUCES PENSIONADAS: “LES LIASONS DANGEREUSES” EN LA JUSTICIA», subtitulado «LA SIMBIOSIS DEL EJECUTIVO Y ALGUNOS “JUDICIALES».  Les facilito el link:  http://andresdelaoliva.blogspot.com/2010/11/de-las-corbatas-la-cruces-pensionadas.html

Narraba entonces la concesión por el Ministro del Interior, a la sazón D. Alfredo Pérez Rubalcaba, de unas condecoraciones policiales pensionadas a dos miembros en activo de la Carrera Judicial y a otro, de la Carrera Fiscal, los tres actuantes en el ámbito penal de la Audiencia Nacional. Además de la inelegancia o desvergüenza de aceptar esas dádivas, analizaba la legalidad, para concluir, me parece que necesariamente, en la ilegalidad de tales distinciones con premio económico (un 10% de plus del sueldo que vayan teniendo). A la concesión siguió un almuerzo en el restaurante “Currito” de los premiados con los premiantes, entre los que se encontraba el entonces Ministro y el entonces Secretario de Estado, hoy Ministro del Interior. No era el almuerzo o cena de homenaje habitual, que se celebra tras una convocatoria general a los colegas y amigos de los condecorados. Tenía todo el aspecto de una comida de amigos. Pero el almuerzo, que levantó la liebre en los "medios", no fue lo importante. Lo importante era el compadreo entre el Ministerio del Interior y esos señores Magistrados y Fiscal.

Viene esto muy a cuento, porque, pendiente ahora un recurso ante la Sección 2ª de la Sala de lo Penal, del que depende que se acuse o no de colaboración con banda armada a los imputados del llamado “caso Faisán” (una confidencia policial a un miembro de ETA, confidencia que frustra una operación policial, judicialmente controlada, contra ETA; “Faisán” es el nombre del bar francés al que se telefonea para advertir al etarra de su inminente detención e incautación de "impuestos revolucionarios", que se frustran), el Presidente de la Sala de lo Penal, acuerda, conforme al art. 197 de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ), que sean todos los Magistrados de la Sala (18 y, entre ellos, el mismo Presidente) los que resuelvan ese recurso, en vez de que lo resuelvan los 3 Magistrados que, como regla (art. 196 LOPJ), iban a ser llamados a juzgar. Esta medida del art. 197 LOPJ puede ser adoptada por el Presidente unilateralmente o porque así lo quieran y lo pidan (en ocasiones, por escrito) la mayoría de los Magistrados. En este asunto, ha sido decisión exclusiva del Presidente de la Sala. Los imputados por el “chivatazo” a ETA son tres altos cargos de la policía y del Ministerio del Interior. Y, no sin lógica, abundan los ciudadanos y comentaristas que consideran altamente improbable que una actuación tan chocante e irregular como la de los “chivatos” a ETA -con la que a la sazón se negociaba- se haya adoptado sin conocimiento y consentimiento de quienes eran el Ministro (Sr. Pérez Rubalcaba) y el Secretario de Estado (Sr. Camacho, hoy Ministro).

Ahora viene lo que considero escandaloso, indecente e ignominioso, aunque sea legal. Resulta que es uno de los comensales de “Currito”, uno de los previamente condecorados y gratificados económicamente de forma injustificada, el Presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, quien ha decidido cambiar drásticamente la composición del tribunal para esa delicada decisión. Este Magistrado había concitado las iras de muchos españoles por su labor como Presidente del tribunal y ponente de la sentencia sobre el "caso del 11 M" (la atroz matanza de las bombas en los trenes, el 11 de marzo de  2004). No dije yo una sola palabra sobre él, ni como presidente ni como ponente, en la línea de los airados con Gómez Bermúdez. Excepto el análisis de los razonamientos jurídicos, no suelo hablar de casos judiciales y de sentencias sobre esos casos. Salvo que los hechos sean muy simples y no controvertidos, juzgar las conclusiones fácticas de una sentencia sin presenciar lo que ha presenciado el tribunal sentenciador me parece inadmisible. Nadie podrá decir, sin mentir, que me encuentro entre las personas que sienten animadversión personal hacia el Sr. Gómez Bermúdez. Inevitablemente, no tengo un buen concepto de esta caballero judicial a causa de algunos de sus comportamientos públicos -y, muy en especial, dejarse obsequiar con una improcedente distinción honorífica y económica por unos constantes "clientes" de su Tribunal- y de algunas de sus propuestas estrictamente jurídicas -como la de menoscabar la acción popular con “argumentos” reveladores de ignorancia supina-, pero puedo decir, sinceramente, que no me cuento entre sus sistemáticos detractores, aunque no son pocos.

Establecida mi actitud previa, me parece indecente y escandaloso que Gómez Bermúdez, que cada mes recibe un “bonus” del 10% de su legal y reglamentaria remuneración a causa de una distinción discrecional y de muy dudosa legalidad, dispensada no hace mucho por el Ministerio del Interior, no se abstenga de tener iniciativa e intervención alguna en una causa penal que afecta tan de lleno a altos cargos de ese Ministerio y, en concreto, a quienes le condecoraron y pensionaron. Probablemente se puede defender que, al pasar Gómez Bermúdez a ser también juez, no concurre en él causa de abstención y recusación conforme a la letra del art. 219 LOPJ, siempre interpretable restrictivamente. Y, desde luego, Gómez Bermúdez, como Presidente de la Sala de lo Penal -adonde llegó, todo hay que decirlo, por sus muy cultivadas buenas relaciones políticas con tirios y troyanos-, puede legalmente llevar la delicada resolución a manos de 18 Magistrados en vez de a los 3 previstos ordinariamente. Pero es que, así como analicé la Cruz del Mérito Policial pensionada a la luz de su regulación, aquí no hablo de legalidad. Hablo de decencia. Este comportamiento es indecente y, en no pocas ocasiones, la indecencia es más grave y reprochable que la ilegalidad.

Y hablo de escándalo. Del escándalo que a algunos, que nos hemos resistido a formar una epidermis de paquidermo, nos siguen produciendo estas desvergüenzas de quienes estarían más obligados que nadie a la ejemplaridad legal y ética, evitando hasta la menor apariencia de parcialidad y amiguismo. Y debo hablar también del escándalo que no se produce. Por ejemplo, de la falta de reacción de los “compañeros” de Carrera Judicial del Sr. Gómez Bermúdez. Estoy bastante inclinado a pensar que una inmensa mayoría de ellos no ve con buenos ojos su intervención. Pero callan. Han aceptado como inevitable y habitual lo que será inevitable y habitual exclusivamente a causa de su propio silencio, que sólo tiene un calificativo: cobarde. Ya sé que tienen miedo y no injustificadamente. Pero, si se quiere ser una persona decente, si se quiere ser un Juez o un Magistrado digno, hoy como ayer -que no se engañen: nihil sub sole novum- hay que echarle coraje a la vida cuando  es necesario. Venciendo el miedo, sí. Porque no todos los miedos son irresistibles, por decirlo en términos jurídicos. Hay miedos que son perfecta, aunque algo arduamente, resistibles, vencibles, que uno puede y debe sacudirse de encima. Y, además, sólo cuando se resiste al miedo a posibles (no seguras) represalias, a posibles complicaciones, se hace uno respetable, inmune a futuros amedrentamientos. Los medrosos son fácilmente manejables: a nada que se les amague con un susto, van como corderos al matadero.
Para remache, no voy a buscar e insertar una frase redonda de Montesquieu, Locke o algún otro gran autor. Lo que me viene a la cabeza es bien distinto: es una frase, una metáfora bien sencilla, popular y expresiva, de Las Murgas de Emilio el Moro, de mi gran Carlos Cano:

“Si en vez de ser pajaritos fuéramos tigre bengala, a ver quién sería el guapito de meternos en una jaula.”

Para disfrutar después del disgusto, del gran disgusto que nos proporciona este figurón presidencial, Gómez Bermúdez, escuchen, escuchen enteras Las Murgas de Emilio el Moro:

lunes, 7 de marzo de 2011

2 DE MARZO DE 2011: TONTERÍAS HISTÓRICAS EN 24 HORAS



LO DE RODRÍGUEZ ZAPATERO YA ES DE CÓDIGO CIVIL (SÍ, NO ES UN LAPSUS: ES CÓDIGO CIVIL Y NO PENAL)



  • Se preguntarán Vds. si no me resulta cansado referirme, una y otra vez, a los dichos y hechos del Sr. Rodríguez Zapatero, con lo visto que está. No es que me resulte cansado: es que me agota y, además, me hastía. Pero pienso que no se pueden pasar en silencio sus tontadas. Si nadie se sobrepusiese al hastío y al cansancio, Zapatero llegaría a creer que todos nos hemos conformado o, al menos, insensibilizado. O que todos nos hemos vuelto tontos. Y no debe suceder ninguna de esas cosas. Mientras ZP siga siendo Presidente del "Gobierno de España" no cabe pasar por alto las necedades que dice y hace ni las que deja decir y hacer. Sencillamente, hay que procurar no acostumbrarse.


El día 2 de marzo de 2011 se vio con refulgente claridad hasta donde ha llegado el Presidente del “Gobierno de España” en su deterioro mental, en su pérdida del sentido de la realidad, en su máximo autismo no congénito.

Ese histórico día, ZP se fue a Túnez y se entrevistó con dirigentes de la delicada y aún incierta transición de ese país. Al llegar, dijo que no iba a dar lecciones, sino apoyo. Pero, fiel a su constante infidelidad a lo que anuncia y promete, ZP no paró de impartir lecciones sobre la libertad y la democracia, como si él supiese algo de una y otra. En perfecta simultaneidad con los problemas que se agravan aceleradamente en España y con las enormes dificultades de la situación de Túnez, ZP se mostró allí como lo que, al parecer, ha llegado a creer que es: un carismático estadista mundial. Dada la realidad de su pensamiento (es un decir) y de su capacidad de expresión, menos que mediocres, el resultado fue una penosa, muy triste, exhibición de tópicos como los que pueden reiterar por las calles, en voz alta, esos pobres hombres sonados a causa del alcohol y/o de otros males.

La prensa diaria española recogía así los momentos más importantes de la visita. Lean:

«En Túnez, ZP se explayó de nuevo sobre su experiencia familiar del franquismo: Evocó también cómo vivió la muerte de Franco, con 15 años, y cómo a los 18 pudo votar la Constitución.Merece la pena lo que ustedes han hecho. Mi padre no pudo disfrutar de las libertades y mi abuelo fue fusilado”».

«El líder socialista [sic] les ha exhortado a que busquen sobre todo el consenso político y les ha dicho que si de aquí a junio hacen las cosas bien, "el éxito está garantizado".» Nosotros sabemos muy bien cómo domina los plazos ZP. ¡Pobres tunecinos si le hacen caso! Pero sigamos con las lecciones: «"Tiene que haber un gran consenso" sobre las reglas de juego de la democracia, porque si no ésta no triunfará. Con un parlamento democrático les será más fácil superar la polarización política.» (¡Bonita y profunda teoría parlamentaria! El Parlamento como medio para evitar la polarización: espero que el Abate Sièyes se le aparezca por las noches a ZP. Es lo menos que se merece).

«En este sentido, dijo que los jueces que han servido en la dictadura se acomodarán a la nueva legislación democrática. "Aunque habrá aspectos en los que habrá que hacer cirugía", advirtió, en alusión a la jubilación de los magistrados que no se avengan al nuevo sistema político.»

«"Ustedes no lo saben", concluyó el presidente del Gobierno, "pero ya han ganado. Ya han conseguido un gran futuro para las próximas generaciones

«Antes de su intervención, el presidente del foro democrático, Ben Jaafar, le había pedido que lidere la Unión Europea en su apoyo a Turquía y había dicho que "con su visita a su país, la UE se reconcilia con la Europa de los valores y la democracia".» De donde se desprende que los dirigentes tunecinos no sabían con quién hablaban, porque ni ZP está para liderar a la Unión Europea en nada (y menos en un apoyo a Turquía: en todo caso, quizá Erdogan podría dejarle liderar un rato a Turquía ante la Unión Europea) ni ZP sabe una palabra de “la Europa de los valores y la democracia”, a la que, por cierto, habría que buscar como Diógenes de Sínope deambulaba por Atenas con su farol en busca de un hombre honrado.

Además de este surrealista encuentro con los dirigentes aludidos, extrañamente preocupados -con lo que tienen por delante en su casa- por la integración de Turquía en la UE, ZP escuchó cosas interesantes.

«Según informaron fuentes oficiales (…), en una reunión que mantuvo a solas con la prestigiosa intelectual Fauzia Charfi, secretaria de estado de Enseñanza en el Gobierno provisional tunecino, Zapatero pudo escuchar los temores de la autora de "Islam y libertad", una de las obras cumbre de la defensa del laicismo islámico, por la creciente penetración del radicalismo en las aulas universitarias.»

«A este respecto, Zapatero ha dicho en esa reunión a puerta cerrada: "Por favor, mantengan un estado aconfesional", si quieren garantizar el progreso de la democracia.» Bie, elemental y obvio, pero bien; sólo le faltó lo más importante y lo positivo: defender la libertad religiosa. Hay que reconocer que esperar eso era como esperar peras de olmo, porque lo de la libertad todavía le suena ZP, pero si se apellida “religiosa”, le suena francamente mal.

Con todo, lo más impactante ha sido la emoción de ZP, a duras penas contenida, al tocar con la mano la trémula esperanza de Túnez. Para animarles, ZP ha transmitido a sus interlocutores su personal e intimísimo sentimiento, casi inefable, con esta fabulosa sentencia:

"No saben cómo se puede disfrutar de la democracia. Incluso, como es mi caso, se puede llegar a presidente del Gobierno".

La otra gran frase de la jornada, con acentos de protagonismo epopéyico, ha sido ésta:

"España estará al frente ayudando a consolidar el proceso democratizador en el mundo árabe".

O sea, que la democracia se ha instalado en el "mundo árabe" y sólo necesita consolidarse. Y, ahí, dice ZP, España estará al frente. Fue en llegando a este punto cuando me dije : “Este hombre no puede estar tomando el pelo a los tunecinos, al llamado “mundo árabe”, a los españoles y a los millones de ciudadanos de terceros países. Este hombre está mal de la cabeza.”

No sé si Vds. lo han pensado a fondo. Yo lo vengo pensando desde hace tiempo (tengo testigos), pero ahora ya me atrevo a decirlo y publicarlo. El Sr. Rodríguez Zapatero es un enorme problema para todos nosotros, que, bien mirado, es un problema concerniente al Derecho Civil, parte relativa a las personas y, en concreto, al estado civil y condición de las personas. Es un caso de Código Civil, Título IX ("De la incapacitación") del Libro Primero (“De las personas”). Si nuestro padre o nuestro abuelo dijese lo que ZP dice y mantuviese algún poder de disposición sobre algo y físicamente pudiese ejercer ese poder de disposición (si pudiese salir a la calle y acercarse a una Notaría), cualquiera de nosotros diría: “hay que incapacitar a papá”, “hay que incapacitar al abuelo”. Volveríamos nuestros ojos hacia el art. 200 del Código Civil: “son causas de incapacitación las enfermedades o deficiencias persistentes de carácter físico o psíquico que impidan a la persona gobernarse por sí misma.” Pensaríamos dolorosamente en el peligro -para nuestro propio padre o abuelo, para su familia y para terceros- de permitir que alguien que dice tantas y tan grandes tonterías pueda vender, comprar, avalar, endeudarse, arruinar, etc. Y recurriríamos sin vacilar al proceso de incapacitación, con medidas urgentes de internamiento.

No voy a pedir -no vaya a ser que piensen que el chiflado soy yo- que sea el Ministerio Fiscal, legalmente legitimado para promover la incapacitación, quien tome la iniciativa. Pero conste que sería lo adecuado, porque a los familiares conocidos de ZP probablemente no les afecte negativamente lo que este hombre pueda gastar, enajenar, avalar, etc., puesto que lo va a hacer sin comprometerse ni comprometer a su familia. Para situaciones como ésa está legalmente la Fiscalía. Sucede, lamentablemente, que para lo que no está ahora la Fiscalía es para la legalidad.

En esas 24 horas, ZP no acaparó por completo las tonterías objetivas. Dos Ministros de su “Gobierno de España” estuvieron a tono (la Sra. Pajín, triministra, llevaba bastantes días callada, lo que es de agradecer, en estricta justicia). Vean:

JOSÉ BLANCO, EN MADRID:

“La limitación de velocidad ayudará a contener el precio de las hipotecas”

D. José Blanco , (a) “Pepiño”, relacionó el menor consumo de carburantes con la inflación y ésta con el coste de las hipotecas y con los demás precios. No hace falta saber mucho para cuestionar el automatismo de la relación que tan clara le resulta al ocurrente “Pepiño”. Lo que sí es verdad es que cuanto menos gastemos en carburante, más dinero nos quedará para pagar la hipoteca, como para comprar tocino para el cocido. De modo que, contra el dicho popular, se nos hace ver que la velocidad sí está relacionada con el tocino.

[INCISO: Pocas horas después, un Director General, el de la Policía, utilizaba un avión oficial para acudir a Córdoba, a la que se llega con el AVE en menos de dos horas. Pase, aunque esté mal, que ZP utilizase el Falcon oficial para volver a dormir a Madrid antes de salir para Túnez: es el Presidente del Gobierno. Pero que un Director General, por ser de la Policía, se permita gastar diez veces más en el avioncito oficial que en el transporte de alta velocidad, es, no sólo un descaro prepotente y una afrenta a todos, sino un fuerte indicio de que nuestros gobernantes consideran a España un Estado policial. Ningún otro Director General imagina siquiera poder aprovechar su cargo de ese modo: no está a su alcance. Por menos que eso -una absoluta burla y escarnio de todos los españoles, ahorradores forzosos- se echa a la calle un pueblo. Aquí ni siquiera se forma una plataforma en Feisbuq.] [NUEVO INCISO: poco después del vuelo del Policía Mayor, D. José Blanco -a los orates hay que llamarles de Vd.: se acabaron los apelativos cariñosos- profiere estas inspiradas palabras: "podríamos cerrar la Comunidad Autónoma de Madrid. Sería una medida de ahorro estupenda" Como broma no tiene gracia. Pero ese "podríamos cerrar" es, en cuanto indicio, muy revelador. Es un tic de generalote decimonónico, que da "golpes de café" a diario. A lo mejor hay que comentarlo más despacio.]

MIGUEL SEBASTIÁN, EN MADRID:

Este Sr. D. Miguel Sebastián, rara persona, ha salido de su prolongado silencio ausente en cuanto le han abierto las puertas de las ocurrencias con lo del ahorro energético. Y, en su estilo rarito y genial/locoide, ha vuelto a su manía de las bombillas (ahora, tras las de bajo consumo, las LED), ampliada a los neumáticos (que las Comunidades Autónomas retiren 250.000) y a las luces de las oficinas públicas, para que se apaguen cuando no haya nadie. Pero hay que reconocer que Sebastián, Ministro de Industria, no dice últimamente tonterías notables, frases para cita y reseña. Él escribe las tonterías y quiere que los demás las hagan. O se las hace decir a Rubalcaba, que solemnemente manifiesta su escándalo por ver encendidas las luces de unas oficinas públicas a las 21.30 horas, sin pararse a pensar si ese momento no coincide con el horario de la limpieza. Además, que no estén encendidas las luces no constituye ninguna medida de ahorro, sino la elemental eliminación de un indebido despilfarro: no hace falta reforma legal ni reglamentaria: sólo alguien encargado de apagar.

BROCHE FINAL DEL PRESIDENTE DEL “GOBIERNO DE ESPAÑA”, SIEMPRE EN TÚNEZ

Ante los datos de paro en febrero de 2011, 4’3 millones de desempleados y un aumento de 68.260 personas paradas en un solo mes, ZP sentenciaba, también en Túnez:

"El dato es malo, pero menos malo que en febrero del año pasado, y aún menos malo que el año anterior"

Tiene razón: en febrero de 2010 el desempleo aumentó en 82.132 parados y, en febrero de 2009, en 154.058. Pero, ¿acaso no van quedando menos personas que puedan parar? ¿Es razonable consolarse así?

También respecto de España, ZP profetizó en Túnez:

“La recuperación en 2012 será sentida y vivida por la sociedad española”.

Aquí se podría hacer un chascarrillo fácil: “eso seguro: en 2012, seguro: en cuanto te vayas, muchacho”. Pero no hago mío el chascarrillo, porque la huella de ZP & Friends (ésos que hace nada eran una gran legión y ahora sólo un menguado grupo, que se dicen “aprovecha mientras puedas”) será duradera.

A lo dicho: ZP está de incapacitar.