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jueves, 5 de mayo de 2011

PENSAMIENTO LIBRE SOBRE LA MUERTE DE BIN LADEN: LA HISTÓRICA INCURSION USA EN ABBOTTABAT


America can do whatever we set our mind to”: REFLEXIONES CONTRA CORRIENTE


Murió Bin Laden. Más exactamente, le mataron. Al principio fue la noticia escueta, con unos pocos datos. Después, sin muchos datos fiables más (que no son de esperar, me parece, y que, en buena medida, resultarán contradictorios: cuando la versión de algo ocurrido sin testigos o con testigos mudos se engorda, suelen aflorar los desajustes), se ha desatado, en todo el mundo, una muy dura polémica, que alcanza la ferocidad en muchas expresiones de máximo enfrentamiento. La casi completa unanimidad sólo se produce en cuanto a la repulsa absoluta a Osama Bin Laden. En todo lo demás, los grandes titulares ya dan idea de la extrema polaridad: desde “asesina” o "liquida" a “mata” o “da muerte”. Sujeto de la oración principal: “Estados Unidos” y, más concretamente, por propia declaración pública, su Presidente, Barack Obama.

Es penoso que opinar libremente sobre esta acción de los Estados Unidos resulte arriesgado salvo que se aplauda sin apenas objeción o con meros suaves reparos. Especialmente inaceptable encuentro que cualquier consideración crítica de cierto calado se presente como un solapado apoyo al terrorismo islámico o, casi peor, como un exceso trasnochadamente “exquisito” y frívolo de garantismo, que desprecia el dolor y los derechos de las víctimas para preocuparse sólo, o casi, de los derechos humanos de los delincuentes (ya lo he leído así, tal cual, bastantes veces). No es así. La tensión entre la libertad individual y la seguridad de la sociedad es permanente en la represión jurídica de la criminalidad. Diríase que no puede ser de otra manera. El equilibrio entre esos dos valores no es fácil de lograr ni tiene que ser el mismo en todas partes y en todos los tiempos. Pero ni los amantes de la libertad están autorizados a insultar a los que ponderan mucho la seguridad ni en nombre de la seguridad pública y del justificado rechazo del terrorismo y de la violencia criminal resulta razonable y civilizado injuriar a quienes se preocupan de la libertad y de los derechos individuales. No son serias y razonables, sino tristes e irracionales, las caricaturas descalificadoras que los unos propagan sobre los otros.

La valoración libre de la incursión USA en Pakistán y la muerte de Bin Laden, sin mayores peligros de linchamientos o bofetadas verbales, es muy pertinente y legítima, porque se trata de un suceso de excepcional calado. No son legítimos los sofismas, las graves incoherencias y ciertas comparaciones que, interesadamente, pretenden anular grandes diferencias entre lo que se compara. Pero todas las valoraciones razonadas, que pueden ser y son muy diversas e incluso opuestas, merecen una seria reflexión.

Ante un suceso con tantas y tan graves facetas e implicaciones, podría yo guardar silencio, dados los riesgos que están a la vista. Pero, muy probablemente, ni eso es lo que esperan los habituales lectores de este “blog” ni es lo que corresponde, por lógica, a la decisión de abrir y mantener este medio de expresión. Mi libertad de opinar (cuando tengo una opinión formada) o callar es innegable, pero, ante un acontecimiento como éste, callar por completo me parece difícil de justificar. Significaría una de estas dos cosas: o “no tengo ningún criterio” o “no quiero correr el riesgo de pensar o de decir lo que pienso”. Rechazo el silencio, pues, porque ninguna de las afirmaciones implícitas en él son ciertas en mi caso.

Dicho lo anterior, voy a ir por pasos. Y considero necesario establecer algunos puntos que sirvan de marco a la valoración.

Primero. Jurídicamente, la muerte intencionada de Bin Laden no me parece calificable de “asesinato”. “Asesinato”, es un término jurídico, que siempre debería utilizarse sólo en el plano jurídico. Para ordenar la muerte de Bin Laden, el jefe de una organización terrorista a la que se había declarado la guerra, el Presidente de los EE.UU. contaba con cobertura legal. Contaba con una previa y clara autorización del Congreso de ese país. Obama no se ha salido fuera del sistema o del régimen político-constitucional de los EE.UU.

Por supuesto, se puede discrepar de esa cobertura legal: lo que no cabe es negarla. Y uno puede estar sustancialmente conforme e incluso entusiasmado con el sistema jurídico-político norteamericano o, por el contrario, abrigar reservas, más o menos numerosas y más o menos serias y graves. Personalmente, abrigo numerosas y muy serias reservas sobre ese sistema y, desde luego, niego que sea superior al nuestro (en teoría y también en la práctica). En todo caso, es perfectamente natural que a no pocos ciudadanos y juristas españoles y europeos nos choquen fuertemente las peculiaridades del régimen USA. Muchas y fundamentales cuestiones jurídicas son respondidas a diario en los EE.UU. de modo sumamente distinto a cómo se responden en toda la zona del Civil Law o del Derecho europeo continental y sus áreas extraeuropeas de implantación o influjo. Ocurre, sobre todo, que, con cierta frecuencia, los norteamericanos se evaden de su propio sistema (el judicial penal, p. ej.) y construyen una alternativa. Y en ocasiones, llegan incluso a crear verdaderos “agujeros negros”, que engullen y hacen desaparecer lo jurídico: ahí está Guantánamo, sin ir más lejos. Ya he dicho en este blog, a propósito de ese campo de internamiento, cuánto me desconciertan (es un eufemismo) las “reglas” (?) sobre las que esa “facility” se asentó y sobre las que permanece abierta, así como todo lo que implica. En especial, me resulta imposible aceptar, además de las torturas y los tratos inhumanos persistentes y sistemáticos, que se mantenga a personas en privación indefinida de libertad cabalmente porque se carece de pruebas para llevarlas a juicio con altas probabilidades de una sentencia condenatoria, incluso ante tribunales militares (esto es lo que ellos dicen abiertamente, no es un juicio mío). Considero superlativa, inigualable, la paradoja de que ese aislado desierto jurídico haya sido creado y mantenido justo por el país de la “Justicia para todos”, el “due process of law”, la doctrina del rechazo de los “frutos del árbol envenenado” (en materia de prueba) y el enorme poder jurídico y judicial del pueblo, encarnado en la sacrosanta institución del Jurado (Jurado del que se prescinde, sin embargo, en un altísimo porcentaje de todo tipo de casos en que debiera intervenir). No me sirve de consuelo ni de justificación el traído y llevado “american exceptionalism”, sobre el que algún día tal vez me extienda. Pero para discrepar seriamente primero hay que esforzarse por comprender aquello de lo que se discrepa.

Segundo. La comparación igualadora de la orden presidencial de Obama y su ejecución con cualquier “guerra sucia” también me parece, no enteramente falsa, pero sí inexacta. La inexactitud estriba, no ya en la legalidad a que me acabo de referir, sino más aún en otro elemento muy visible y fácil de identificar. Por “guerra sucia” se viene entendiendo lo que se hace bajo cuerda, sin dar la cara, negándolo o eludiendo cualquier protagonismo y responsabilidad. Y lo que los EE.UU. han hecho con Bin Laden puede parecer mal, muy mal o pésimo, pero se ha hecho oficialmente y sin que las autoridades del país negasen conocerlo o pretendieran que se ha llevado a cabo sin su consentimiento. No es la OAS francesa (que combatía el terrorismo/independentismo argelino) ni menos aún el GAL español. En el “affaire Bin Laden” hay, desde luego, una “razón de Estado”, pero no es la clásica o típica “razón de Estado”, por definición opuesta y contraria a la legalidad. También aquí he de insistir: el reconocimiento de estas diferencias no supone necesariamente una valoración positiva y mucho menos un entusiasmo por el sistema y, en concreto, por la específica y singular “razón de Estado” que cabe intuir como base de los planteamientos de muchas autoridades USA y se aprecia bien en el discurso oficial de Obama tras la muerte de Bin Laden.

Tercero. El territorio y la atmósfera o ambiente que el poder -el oficial, con legitimidad de origen- marca como de guerra es siempre un territorio en el que el Derecho se ausenta en cierto modo. Mucho, bastante o poco, pero se ausenta o, si se prefiere decirlo con otras palabras, se debilita su presencia. Las excepciones constitucionales y legales para los tiempos de guerra consisten, casi por definición, en restricciones a la luz: muchas más sombras, mayor opacidad, mucho menor control jurídico con más poder ejecutivo. Atención: a mi entender, se puede discrepar de los presupuestos, el método y el alcance de la declaración de guerra al terrorismo y, en concreto, a Al Qaeda, establecida por el poder en los EE.UU. Pero, por una parte, la declaración existía sin lugar a dudas, oficial, pública y solemne, y, por otra parte, enmarcar el suceso de que hablamos en un escenario de guerra es algo que hay que hacer para entender lo ocurrido, que -reitero- no es lo mismo que estar de acuerdo con ello o aplaudirlo. Lo que quiero señalar es que bastante de lo que chirría ante la invasión USA de un país extranjero soberano para dar muerte a Bin Laden y sus acompañantes se debe, bien mirado, a que el escenario bélico actual (sobre todo tal como ha sido concebido y caracterizado por el poder USA) expulsa, por así decirlo, innumerables factores o ingredientes jurídicos, incluidos los propios del Derecho Internacional Público. Esta “expulsión de lo jurídico” es, ante todo, un hecho, que aún no valoro.

Cuarto. La comparación de la “operación Bin Laden” con pretéritas y muy conocidas operaciones bélicas de intención homicida (de Churchill, de Hitler, etc.) adolece también, en cuanto se pretende igualar los episodios, de considerable inexactitud. Ya va quedando bastante claro, a medida que se analiza y se piensa lo ocurrido, que lo de Bin Laden presenta rasgos únicos. Ahora no existía una guerra declarada entre países, con uno de los contendientes empeñado en la expansión territorial. Se podrá decir que lo actual, respecto del terrorismo islámico, es similar a la guerra convencional, porque se trata también de una guerra. Muy bien: justamente es similar, pero no igual o idéntico. Lo similar se diferencia de lo idéntico por la concurrencia de parciales igualdades y parciales desigualdades. Perdón por esta obviedad, pero me ha parecido necesaria para poder objetar, simplemente objetar, ciertas rápidas equiparaciones, que conducen a tratar por igual lo que es simplemente similar o parecido, pero no idéntico. Dicho lo anterior, da fatiga explicar diferencias obvias entre intentos ingleses de acabar con Hitler, intentos alemanes de acabar con Churchill y la operación USA para acabar con Bin Laden. Simplemente, recomiendo no olvidar que han tardado casi diez años en encontrar a Bin Laden y que, por lo que sabe el Gobierno americano y sabemos todos acerca de Al Qaeda, abatir a Bin Laden en modo alguno podía (podrá) suponer un efecto semejante al de haber matado, en plena II Guerra Mundial, a Hitler o a Churchill. Éstos (sobre todo, Hitler) eran los líderes decisivos de una guerra con ejércitos y escenarios muy definidos. No así Bin Laden y la acción terrorista de Al Qaeda.

Sentado todo lo anterior, me parece difícilmente discutible que la muerte de Bin Laden a manos de los SEAL americanos, por órdenes directas del Presidente Obama, significa que el Gobierno de los Estados Unidos de América se considera legitimado para privar de la vida, en cualquier lugar, a quien las autoridades de los EE.UU. hayan considerado y declarado enemigo cualificado del pueblo de loss Estados Unidos. Significa, asimismo, que la ejecución de esta voluntad de la representación popular de los EE.UU. (la que cabe atribuir al Congreso de los EE.UU.) prevalece absolutamente sobre la legalidad internacional, p. ej., sobre la soberanía de la República Islámica de Pakistán, que existe al margen de lo que guste o disguste la historia y la realidad pakistaníes. Significa también que, entre otros textos, la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH), aprobada por la Asamblea General de la ONU el 10 de diciembre de 1948, puede ser completamente ignorada por los Estados Unidos de América: antes, durante y después de la acción militar USA del 1 de mayo de 2011 en Abbottabad, Norte de Pakistán. Los enemigos especiales, así declarados, ya no son humanos, puesto que carecen de esos derechos básicos.

Ante lo ocurrido, se puede decir e incluso gritar, como se ha dicho y gritado: "Well done!!" “¡Bien hecho!”. E incluso cabe que buen número de los que lancen tal grito expresen argumentos que, a su entender, lo justifican. “Abbottabad –hemos leído, por ejemplo- es la prueba del acierto y de la bondad del campo de Guantánamo.” ¿Por qué? Y nos responden: “porque Guantánamo es lo que ha permitido finalmente localizar y matar a Bin Laden”. No voy a discutir esa relación Guantánamo-Abbottabad. Simplemente digo que ese argumento supone, objetiva e innegablemente, justificar, por una finalidad genéricamente admisible, una gran cantidad de concretas atrocidades jurídicas, psicológicas y físicas. Es un argumento que justifica, p. ej., lo que ayer mismo, acogiendo un vomitivo eufemismo de ciertas autoridades USA, muchos medios denominaban “asfixias simuladas”. La verdad es que no hay simulación alguna: lo que hay es una tortura consistente en no consumar la asfixia hasta la muerte, a fin de poder seguir asfixiándote más veces. Sobre la tortura pueden imaginarse o presentarse casos verdaderamente extremos: p. ej., el de un detenido con seguros conocimientos para salvar o condenar miles de vidas en un corto plazo de tiempo. Pero en Guantánamo no se estaba en esa situación, como tampoco en otros “centros de detención” que ahora son aludidos y se dicen situados en “países del Este”.

Si, como se admite, Bin Laden no estaba armado, la “resistencia” que ofreció, ¿impedía capturarle vivo? Que se sepa, el comando de los SEAL apenas encontró oposición, pudo recoger diversos materiales y embarcar en los helicópteros, destruyendo antes uno de ellos, todo en muy poco tiempo. Es muy probable que presentase similar dificultad llevarse un prisionero que llevarse un cadáver. Pero todos sabemos -no por ser muy listos, sino porque las mismas autoridades americanas nos lo han hecho saber- cuántos “problemas” muy diversos crearía a esas autoridades (y quizás a sus aliados) un Bin Laden en prisión o confinamiento en USA. De modo que matarle evitaba todos esos “problemas”. Y así, lo más verosímil, como tantos afirman o insinúan, es que siempre se trató de una caza a muerte.

Voy a reconocer varias cosas sin ningún  problema. Admito que es altamente probable -casi segura- la necesidad de mejores instrumentos jurídicos internacionales y nacionales frente al fenómeno de un terrorismo hiperfanático y dispuesto a la inmolación personal. Reconozco que no es satisfactorio, sino hiriente, que los terroristas (en especial los fanáticos suicidas) y ciertos tipos de criminales se aprovechen injustamente de un garantismo del que abusan, con grave desequilibrio de los intereses contrapuestos y con menoscabo injusto de la seguridad de la sociedad, es decir, de la debida protección del conjunto de la población, en tales o cuales países y en el entero planeta. Admito también que la ONU, aunque en ocasiones cumpla una función positiva, está muy lejos de ofrecer respuestas eficaces -jurídicas y prácticas- a terribles tragedias humanas de naturaleza criminal (consiente ahora mismo en Siria masacres diarias). Acepto que no se vislumbra un cambio positivo en esas “Naciones Unidas”. Pero todo eso no me vale para aplaudir la acción de los Estados Unidos de América en Abbottabat, matando a Bin Laden.

No me vale para justificar esa acción y lo que implica, porque lo que se deriva de cuanto acabo de reconocer como necesario es la urgencia de un esfuerzo y de unos buenos resultados en el sentido de perfilar mejor las garantías de los sospechosos, de los detenidos y de los acusados  (especialmente, en casos de terrorismo) y, a la vez, ciertas reformas para hacer más eficaz la persecución y sanción jurídica de la más grave criminalidad. Lo que no cabe aceptar, por irracional, inhumano e injusto, es que las tremendas realidades del terrorismo y del narcotráfico impulsen una drástica disminución de las principales garantías previstas en la DUDH de 1948. Ahí se da un gran salto porque es lo más fácil de hacer con resultados inmediatos, pero se trata de un verdadero salto mortal. Supone asimismo un tremendo cambio, respecto de un mínimo respeto al Derecho Internacional, la prevalencia absoluta en nuestro mundo de la voluntad política de los Estados Unidos de América. Y, sin ánimo de exhaustividad, encuentro de enorme gravedad que un país, por importante y poderoso que sea, por generoso que haya sido y siga siendo con otros países, excluya por completo a ciertas personas de la elemental protección que brindan muchos preceptos de la DUDH (texto que tomo como ejemplo: no es el único ni el mejor, pero sí el más aceptado mundialmente). Hacer excepciones -incluso con Osama Bin Laden- a la efectividad de ciertos principios supone, ineludiblemente, abrir y dejar abierta una ancha puerta al ejercicio del puro poder, una gran puerta abierta a que quien pueda haga lo que quiera.

Abandonar todo estatuto básico de limitaciones claras al poder es el suicidio de una sociedad libre. Es lamentable que esta o aquella sociedad, organizada en Estado, resuelva emprender el camino de ese suicidio (o lo que uno piensa que es tal y que ójala se rectifique), aunque, desde fuera de esa sociedad, no quepa sino aceptar lo que por ella se decide. Pero lo que ha sucedido en Abbottabat es otra cosa, muy distinta, ésta que una sociedad y un Estado determinados imponen al mundo entero, de hecho, por su concreta fuerza, prescindir del Derecho o, lo que es igual, inventar un falso Derecho, que no incluye razonables limitaciones al poder, político o de otra clase.

La acción USA contra Bin Laden en Abbottabat, el 1 de mayo de 2011, no supone un cambio, medianamente pensado, de un modus vivendi mundial a otro. No se ha diseñado, ni siquiera provisional y limitadamente, algo distinto de las reglas actuales, que se pretenda mejor que ellas. Lo ocurrido expresa directamente una pura y dura involución. La involución de suspender cualquier regla. Si bien se mira, el episodio de Abbottabad es la proclamación, con trompetas y clarines, de un difuso estado de excepción, no para los Estados Unidos de América, no con la Patriot Act, querida, al fin y al cabo, por la gran mayoría de los ciudadanos USA. Se ha decretado por los Estados Unidos de América un estado de excepción indefinido en todo el mundo.

Que a Osama Bin Laden no era posible tratarle como a cualquier feroz delincuente está fuera de toda duda. Que la “excepcionalidad Osama” llegase a justificar la excepcionalidad de Obama me parece, en cambio, muy dudoso. Más claro: me parece mal. Demasiados valores y reglas universales han sido sepultadas en la refriega de Abbottabat. El precio de esta nueva muestra de “american exceptionalism” resulta imposible de aceptar con cordura. Veo cuántos -de casi todos los colores- andan embobados (y un poco embotados también) ante la demostración de poderío y “eficacia” y ante el alarde de perseverancia USA en la retribución y la venganza.  Les comprendo. De verdad comprendo a esa gente. No me siento vacunado contra eventuales sentimientos de venganza. Pero la venganza -que no la justicia, como la llama Obama- es rechazable, aunque cueste mucho rechazarla. Y, por otra parte, me da mucha pena una tan grandísima y extendidísima devoción al poder, al éxito y a la “eficacia”, todo en el mismo “pack”. Comprendo que el mundo sufre una pandemia así, pero me considero afortunado por haberme librado de ella y saber algo de sus temibles efectos. Y me considero obligado a denunciarla y combatirla como pueda.

Nunca he sido antiamericano. Más bien, durante bastante tiempo, me pareció admirable casi todo lo americano. Exageraciones juveniles, más que errores crasos, pienso. Por eso, porque no soy antiamericano, me resulta doloroso escribir -no a la ligera, acierte más o menos- lo que ya he dejado dicho y lo que voy a decir aún. Lo que ha decidido Obama y han ejecutado sus subordinados me parece el producto de un gravísimo error de juicio, propiciado por una mentalidad jurídica y éticamente rechazable. Todos conocen el “YES, WE CAN” electoral de Barack Obama. No es éste el momento de bromas, sarcasmos o jueguecitos de palabras al respecto. Sí es oportuno, en cambio, contraponer a esa cantinela electoral de tres palabras, una frase clave al final del discurso de Obama el 1 de mayo: “America can do whatever we set our mind to” Son palabras que se pueden traducir suavemente, como las versiones oficiales en español, pero esas palabras significan, a la postre, que “América puede hacer cualquier cosa que se le ocurra” o, más precisamente, que "América puede hacer cualquier cosa que se nos ocurra". Aparte de la penosa inclinación, bastante analfabeta y desconsiderada, a tomar la parte por el todo, como si los EE.UU. fueran toda América, quizás esa “América” ahora encarnada por B. Obama pueda hacer cualquier cosa que se inserte en su mente o que nazca de ella. Pero no siempre debe hacerla. Entre otros motivos, porque lo que se le ocurra a ese "we", "nosotros", que es identificado con “América”, a veces no será acertado sino erróneo, incluso en el más prosaico y pragmático plano de la política menor y cortoplacista.

Varios Presidentes de los Estados Unidos de América se propusieron públicamente, en distintas solemnes ocasiones, acercarse más a la comunidad internacional y colaborar más estrechamente con ella, abandonando un notable unilateralismo (en el que, es justo reconocerlo, los EE.UU. hacían buena parte, parte dura, del trabajo de otros). El 1 de mayo de 2011, esa dirección se ha abandonado bruscamente. “America” ha llevado a cabo una exhibición de puro poder que, lo comprendo, entusiasma a muchos. A mí me parece demasiado predominio del puro poder sobre reglas de suma importancia, amén del retorno a una soberbia (en ambos sentidos de la palabra) soledad. Y, además, dudo de que lo realizado le convenga políticamente al pueblo de los Estados Unidos de América. Como dudo mucho también de que, para luchar eficazmente contra el terrorismo islámico, haya sido mejor matar a Bin Laden que tenerlo localizado y controlado. La nada temeraria conjetura de que Barack Obama, con baja popularidad el 31 de abril de 2001, ha comprometido gravemente a su Nación por pensar que una mayoría de los estadounidenses recibirían un fuerte impacto positivo si Osama Bin Laden fuese capturado “dead or alive” (but better absolutely dead, me permito añadir) ganará solidez y podría convertirse en certeza si, en el terreno (pragmático pero muy importante) del combate al terrorismo islámico, esta “operación Abbottabat” no sólo no rinde frutos claros, sino que desencadena efectos muy negativos. Puede ocurrir en no pocos frentes. No lo deseo, pero me lo temo. Cuando se tiene mucho poder, la tentación de dar avisos contundentes es acuciante. Es muy humano caer en esa tentación, pero lo que es sabio y realmente eficaz es combatir  y eliminar el orgullo y el ansia de demostrar el propio poder. La sobreactuación, como le llaman ahora a la demasía prepotente, no conduce a nada bueno.

martes, 31 de agosto de 2010

DOS COSAS DISTINTAS: CRISIS DEL “ESTADO MODERNO” Y PUTREFACCIÓN DEL ESTADO EN ESPAÑA


INDEFENSOS ANTE LA INDIGNIDAD Y LA RAPIÑA; LEGITIMADOS PARA LA REBELIÓN


Sin duda cabe hablar de la crisis del llamado “Estado moderno” (que hace tiempo dejó de ser “moderno”) con referencia a aspectos y características diversas de ese Estado. Personalmente, considero que el elemento esencial de la crisis es la disparidad o desproporción entre el poder que ese Estado supone y los mecanismos de exigencia de responsabilidad a quienes ejercen el poder. Siendo el poder enorme y creciente, con cada vez mayores posibilidades de influjo inmediato (y en gran medida irreversible), los mecanismos para exigir responsabilidades son pequeños y escasamente efectivos. En pocas palabras: las elecciones periódicas son muy poca cosa como instrumento para impulsar el buen ejercicio del poder y para reaccionar ante un ejercicio desacertado y no digamos abusivo y arbitrario.

Se dirá (es la inmediata respuesta tópica) que así es la democracia y que, cualesquiera que sean sus limitaciones y debilidades, no se ha inventado un sistema mejor (“es el menos malo de los sistemas”). Esta respuesta ha dejado de ser aceptable hace mucho tiempo. Así –abocada al abuso impune- es la democracia actual. Cabría inventar otra mejor, pero los protagonistas del poder, incluso aunque se alternen en el Gobierno, no tienen el menor interés en mejorar sustancialmente el modelo democrático que existe. Pero si la esencia de la democracia reside en la participación, basada en la igual dignidad de los ciudadanos y en su libertad, la lógica ordena imperativamente, desde hace décadas, esfuerzos para corregir nuestra democracia. Lo que sucede en todas partes -nada estoy descubriendo: lo vemos todos- es que los políticos de esta democracia (que no es igual a los políticos demócratas, muy escasos) no quieren mejoras y correcciones. Y los ciudadanos no podemos introducirlas.

De vez en cuando, como ahora en España, la crisis de la antigualla que ha llegado a ser el “Estado moderno” es más visible, casi tangible. La teoría de que la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce mediante representantes libremente elegidos se aleja sideralmente de una realidad en la que el pueblo cuenta cada vez menos, influye cada vez menos y sabe cada vez menos sobre la realidad o verdad política, mientras que el poder, por el contrario, sabe cada vez más de cada uno de nosotros, dispone de más eficaces instrumentos para ocultar y desfigurar la realidad y utiliza medios más potentes para influir casi decisivamente en los ciudadanos, en el pueblo. Nuestros representantes lo son únicamente pro forma, porque, sustancialmente, son piezas de representación del poder. No es de extrañar que los ciudadanos se consideren crecientemente al margen de los mecanismos de esta democracia y que sean sólo profesionales del poder quienes encarnen y sirvan a esos mecanismos. Que la clase política exista como tal, como grupo humano diferenciado, cerrado, casi impermeable a la ciudadanía común, es una consecuencia lógica o natural de la crisis del “Estado moderno”. Un grupo humano monopoliza, aislado y bien separado del pueblo, todas las instituciones de esta democracia e incluso innumerables instituciones no estrictamente políticas, con las que el poder ha penetrado en el ámbito de la sociedad civil, que ha dejado de conformarse por decisiones personales libres. En vez de esforzarse en mejorar lo que se necesita mejorar, la clase política se ha esforzado con éxito en politizarlo todo. La clase política es, en su naturaleza, totalitaria, aunque muchos de sus miembros no se hayan dado cuenta. Esa clase se mantiene y se defiende con el totalitarismo, porque todo lo politiza: la cultura, las profesiones, las Universidades, la vida económica y la Ciencia, incluida la experimental. Sin duda deben existir aún, dentro de la clase política, hombres y mujeres con ideales, pero la clase se ocupa de que sólo sirvan para la retórica, de la que usan y abusan los diversos partidos y las distintas piezas del sistema. Aun así, asistimos con alguna frecuencia al abandono o expulsión de esas personas.

Si la división de poderes se va difuminando y los partidos políticos reinan en ese Estado (el "Estado de Partidos") es porque a la clase política le conviene la máxima concentración (no la dispersión ni la diferenciación) y porque los partidos se han convertido en únicos fabricantes de políticos en régimen de oligopolio con prácticas colusivas. Esos dos elementos se combinan para el fatal resultado de un poder único y sin otros límites que los económicos.

En España está agudamente en crisis el “Estado moderno”. Fallan los mecanismos de responsabilidad y de control incluso ante situaciones de excepcional necesidad, como las que estamos viviendo ahora mismo. La participación del pueblo en la cosa pública está, de hecho, reducida a cero. Pero, acumulada a esa crisis aguda del "Estado moderno", en estrecha conexión con ella pero distinta, se ha producido en España una putrefacción estatal cada día más maloliente. Los ciudadanos comunes vivimos duramente castigados en nuestro olfato personal y en nuestra personal dignidad por una singular descomposición del "Estado moderno” en crisis, que ya no logra vivir discretamente ni intenta actuar con mínima higiene y limpieza al menos de puertas afuera. Estamos, todos y cada uno, salvo excepciones de superlativa insensibilidad, como si viviéramos junto a un vertedero incontrolado o al lado de una fétida fábrica de papel de las antiguas.

Sobre lo que está ocurriendo en el “Reino de España” (un “Estado moderno” en crisis) y sobre la putrefacción añadida por lo que hace y omite el actual “Gobierno de España” se pueden escribir libros, de muy diversos estilos y con distintos enfoques, pero libros que, en sí mismos, serían de mucho interés y de gran importancia. Porque serían la historia pormenorizada de unas décadas (o de unos lustros, años o meses: a elección del escritor) de acelerada y de extrema decadencia intelectual y ética, con innumerables efectos en la educación, las libertades y la seguridad públicas, el Derecho, la economía y la cultura. Una decadencia que, más allá de las grandes cifras y de las valoraciones generales, muchos sienten (sentimos) ya, cada día, en cuerpo y alma.

Si esos libros se fuesen a leer y resultase probable que suscitaran una reacción social, sería un deber apremiante escribirlos, aunque presenten la enorme dificultad de terminarlos sin poder narrar el final, porque la vida sigue, por miserable que sea. Pero, como ya he dejado dicho aquí si no recuerdo mal, una repetida experiencia de libros de contenido “explosivo”, que, aun sin rectificación alguna, no han provocado ninguna “explosión” y ni siquiera un pequeño “incendio” o “escándalo”, desaconsejan (al menos, me lo desaconsejan a mí, que no vivo de escribir) acometer una empresa escrita de gran magnitud.

En cambio, no es posible, con mínima coherencia, callar cuando se ha construido una tribuna para hablar, por modesta que sea, como ésta lo es. Tras apuntar el marco general, he de decir cosas concretas, muy sabidas y ya escritas, pero no silenciables por mí.

En estos últimos días de agosto de 2010, se han amontonado sucesos graves y tristes. Hemos podido presenciar el ultraje a unas mujeres trabajadoras, constituidas en autoridad, llevado a cabo por ciudadanos controlados del vecino Reino de Marruecos. Y el silencio absoluto del “Gobierno de España” ante ese ultraje, seguido de un viaje del Sr. Rubalcaba, superior gubernamental de las directamente ultrajadas, para rendir pleitesía al Sultán de los ofensores violentos, nos ha empapado de vergüenza ante tan viscosa y sucia indignidad. Le han llamado diplomacia a la ausencia de la menor reacción previsible según las reglas diplomáticas que rigen en las Naciones y Estados respetables, porque esas reglas suponen un mínimo, aunque sea formal, de propia estimación.

Poco después -en medio de unos movimientos de reinicio del diálogo con los terroristas domésticos de ETA, movimientos cuando menos despreciables por su oscuridad- hemos asistido al pago de rescate en metálico y a otras concesiones a reconocidos terroristas internacionales, los de Al Qaeda en el Sahel, simultáneamente a nuestro apoyo militar y policial a la acción de la OTAN en Afganistán. La alegría de ver a dos personas en libertad (los “cooperantes”) se ha visto anulada por la suma indignidad y el descrédito de retribuir a terroristas tras meses de inactividad y de negociaciones. No me vale desviar la indignación contra “oenegés” pretendidamente imprudentes e irresponsables, como algunos han hecho. La indignación la merece íntegramente el “Gobierno de España”, que ha perpetrado la suma irresponsabilidad de ceder ante el terror y de rearmarlo.

Casi a la vez, eran asesinados tres españoles a causa de un fallo de seguridad y, sobre todo, por el odio insuperable de uno de ésos que llaman “talibanes”, con improbable exactitud, pero muy probable conexión con Al Qaeda. Fueron acribillados a balazos José María Galera Córdoba, capitán de la Guardia Civil, de 33 años, natural de Albacete; Abraham Leoncio Bravo Picallo, alférez de la Guardia Civil, de 33 años, nacido en A Coruña, y el intérprete Ataollah Taefy Khalili, de 54 años, ciudadano español de origen iraní, residente desde hace más de 30 años en Cuarte, cerca de Zaragoza.

Seguimos en Afganistán mientras lo diga Barack Obama, porque la acción de la OTAN en Afganistán -sujeta a fecha de caducidad dictada por Barack Obama- es necesaria para la seguridad de Occidente. Ya no sabemos, a estas alturas, en qué consiste esa acción: la democratización de Afganistán es (ha sido siempre) una trágica majadería y su pacificación por ejércitos extranjeros, un imposible antropológico en una tierra tribal, multiétnica y endémicamente guerrera desde hace más de mil años. Si lo necesario fuese una presencia militar de control, nos tendrían que explicar de qué y para qué. Pero queda claro que, en estos momentos, lo que quizá sea necesario (no excluyo que lo sea, pero no lo explican) para Afganistán y el mundo occidental, resulta contrario a lo que necesita políticamente Barack Obama en sus “USA”. De manera que ni agradecidos ni pagados. Porque no se le ocurrirá a Moratinos, tan contento él con su disfraz afgano de Rey Gaspar, sugerir a la Sra. Clinton (ni Zapatero osará pedirle a Obama) que, a cambio de nuestro apoyo, le den un toque al Sultán marroquí, aliado de EEUU en el área (como lo somos nosotros, se supone).

En medio de la perplejidad de lo afgano, que viven sufrida, silenciosa y dignamente nuestros militares allí destacados, un detalle del “Gobierno de España” añade el último toque de indigna estulticia: insistir machaconamente, al hablar del triple asesinato de Qala-i-Naw, en la noción de “atentado terrorista”. Este énfasis es necio, porque la pretensión de no hablar de “guerra”, situación bélica o conflicto bélico, etc., es tan evidente como la guerra que realmente existe. Hay que ser tan estultos como rastreros para ponerse a hacer equilibrios nominalistas ente guerra y terrorismo con esos muertos y con los hechos como fueron y como son. Ni un solo español ignora la guerra de Afganistán a causa de esas matizaciones verbales.

La penúltima proeza han sido los evidentes malos tratos de la policía (o, tanto da, permitidos por la policía) del Sultán de Marruecos a activistas españoles pro saharauis. Tienen razón los que se asombran de la extrañeza de esos activistas ante el trato recibido. Pero que fuesen de esperar los golpes y humillaciones no los hace ni un ápice menos injustos y condenables. En este caso, el “Gobierno de España” ha pedido explicaciones, las ha recibido enseguida de los marroquíes, las ha aceptado de inmediato ¡y las ha hecho suyas de cabo a rabo!: ¡españoles, respeten la legalidad de otros países!. En abstracto, el mensaje es inobjetable. Pero en concreto, resulta que si a algún español (o española) le parten la cara en el extranjero por defender una causa que considera justa, pero que las autoridades extranjeras tachan de ilegal, que la víctima no espere del “Gobierno de España” otra cosa que la que ha hecho en el caso: una amonestación a cumplir la legalidad (la marroquí, en este caso). Como si la ilegalidad (según Marruecos) de una protesta justificase y legalizase los golpes y las vejaciones. "No hay pruebas de fuesen policías los causantes de los golpes y moratones", nos dicen (nos lo dicen gentes que, por cierto, casi nunca necesitan pruebas). Pero es indiscutible que poco o nada sucede en territorio bajo control marroquí sin que lo sepa la policía.

A todas estas, ya tenemos de nuevo al “Gobierno de España” sometiéndose al chantaje del nacionalismo. Para prolongarse en el poder, Zapatero hace cualquier cosa: por ejemplo, hablar de “autogobierno” en Euskadi con los adversarios de quien ahora ostenta legítimamente el autogobierno. Más “negociación”, como con los piratas del “Alakrana” y los terroristas de Al Qaeda y de ETA.

Pero a la indignidad añaden, abierta y contemporáneamente, su disposición a aumentar la rapiña: con más multas, con más impuestos (aunque no sepan o no quieran decir cuáles) y con más endeudamiento, que alguna vez tendremos que pagar.

No sabemos los ciudadanos comunes qué podemos hacer, concretamente, ante la presente putrefacción en España del “Estado moderno” en crisis. Se han ocupado de acorralarnos en la indefensión. No es fácil idear modos nuevos de reacción, y de reacción eficaz. Pero, por lo menos, debemos saber que estamos plenamente legitimados para la rebelión, infinitamente más legitimados que ETA, que Al Qaeda, que los piratas somalíes y que la metodología represiva del islamismo moderado. Quizá una fuerte conciencia de esa legitimidad nuestra nos estimule a pensar más que nunca y logremos inventar formas pacíficas, pero eficaces, de la rebelión que necesitamos.

domingo, 24 de enero de 2010

NOTICIAS SOBRE EL CAMPO DE GUANTÁNAMO


GUANTÁNAMO, EL FRACASO DEL DERECHO EN USA


Sobre el campo de internamiento de Guantánamo (a partir de ahora, para abreviar, Guantánamo) he escrito en este “blog” dos entradas: la primera, el viernes 19 de junio de 2009; la segunda, poco después, el miércoles 1 de julio de 2009. En la primera, además de cuestionar eso de “hacerse cargo de "presos" de Guantánamo” (España y otros países, por los que peregrinaban enviados de Barack Obama), venía a proponer que los más finos juristas USA (si acaso con la ayuda de sus afines, los juristas británicos, canadienses y de otros países del Common Law, en general), procurasen analizar bien la situación del campo guantanamero y, a partir de ese análisis, arreglasen lo que me atreví a considerar -y me reafirmo en considerar- un monumental desaguisado. Sugería que si los juristas USA y demás no triunfaban en su empeño, siempre podrían movilizar, aunque no gratis, a juristas europeos y del Civil Law. Han ido pasando meses y, lamentablemente, lo que intuía se ha confirmado. Porque he aquí lo que ha ocurrido (que se sepa y que yo recuerde):

1º) Muy pocos países distintos de los de origen (cuando se conocía) han acogido a los "presos" de Guantánamo.

2º) Los dirigentes USA no parecen haber encontrado aún (y no sabemos si lo siguen buscando), pese a la abundancia de sus posibles asesores, el modo de deshacer el conjunto de desvergüenzas antijurídicas que permitió el confinamiento en Guantánamo de diferentes personas, detenidas en diversos y distantes lugares. En consecuencia, Barack Obama no ha cumplido su compromiso de desmantelar la singular instalación guantanamera en el plazo que anunció. Y no ha fijado nuevo plazo ni siquiera aproximado.

3º) Si la prensa entera no nos engaña, un grupo de expertos independientes, creado por el Presidente Obama y dirigido por un alto funcionario del Departamento de Justicia, Mr. Matthew Olsen, ha concluido, tras examinar uno por uno los casos de los 200 (aprox.) “presos” guantanameros, que 50 de ellos no pueden ser liberados y tampoco juzgados, pues son muy peligrosos para la seguridad USA, pero no se dispone de suficientes pruebas para someterlos a un proceso (se entiende: enjuiciarlos con altas probabilidades de que se les condenará). Así que, al parecer, continuarán “sine die” en Guantánamo. El jefe de Mr. Olsen, el Attorney General, Mr. Eric Holder, recibirá las recomendaciones del grupo de expertos y tendrá que adoptar importantes y difíciles decisiones. Una de ellas es si los 40 prisioneros que, siempre según los expertos, pueden ser llevados a juicio, porque existen suficientes pruebas, serán juzgados por tribunales civiles o militares.

4º) Poco después de la anterior noticia, la prensa ha informado también de que un segundo residente guantanamero, un yemení, será finalmente acogido por España, junto con un palestino, aunque no se han concretado aún los detalles. Lo interesante es que, siempre según la prensa, el yemení ha sido seleccionado porque no pesan sobre él acusaciones de terrorismo (y suponemos que tampoco respecto del palestino, pues la ayuda del “Gobierno de España” al Gobierno USA siempre se ha dicho condicionada a ese factor).

No sé si a los lectores les ocurrirá lo mismo que a mí ante estas noticias. Yo me siento como abducido a otro mundo. Porque, por mucho que uno entienda que, después del 11-S, USA reaccionara con medidas inéditas, inclinándose decididamente por la “seguridad” a costa de los derechos individuales, resulta increíble, con nuestra mentalidad jurídica, la persistencia en privar de libertad y situar en el aislamiento total durante muchos meses (años, en realidad) a un buen número de sospechosos, capturados aquí y allá, de los cuales ahora dicen que un centenar pueden (¿no deben, más bien?) ser liberados (aunque, desde luego, no en USA, lo que es señal de gato encerrado).

Pero es que resulta aún más sorprendente, si cabe, que en el año 2010 aparezca un grupo oficial de expertos USA dictaminando que hay 50 personas cuyo destino debe ser continuar confinados indefinidamente, sin más, porque son peligrosos terroristas, pero por falta de pruebas no se les puede someter a juicio (se entiende, insisto, con perspectivas de que sean condenados). No estamos preparados, en la vieja Europa, para “digerir” algo así y que algo así suceda en los USA, que, al fin y al cabo, son un producto europeo. Pero lo que menos “digerimos” de todo es, no ya que se retenga sin juicio e indefinidamente a 50 personas en un enclave militar USA en la isla de Cuba, sino que la existencia de ese grupo oficial sea pública, lo mismo que sus conclusiones, y no ocurra nada. El Gobierno y la prensa USA tienen la sinceridad o la ingenuidad de no ocultar lo que, a igual o a menor escala, podría suceder en bastantes países, pero siempre clandestinamente y sin posibilidades de sobrevivir (ni de que sobreviviesen social y políticamente los responsables) si se hiciese público. En USA, en cambio, se hace público y, aunque docenas de entidades defensoras de los “civil rights” sigan protestando, no pasa nada en el fondo y en la forma. Ni en la prensa ni en la sociedad USA se produce un escándalo.

Todo esto me produce una tremenda impresión. Y es que resulta impresionante advertir que los Gobiernos USA han podido y pueden hacer tabla rasa de innumerables reglas jurídicas o, más claramente aún, han podido y pueden prescindir de lo que cualquier jurista del sistema del Civil Law tiene como pilares de un ordenamiento jurídico civilizado. Nosotros, viejos juristas del Viejo Mundo, damos por sentado que cualquier Constitución moderna impediría o descalificaría Guantánamo. Pero, al parecer, no lo hace la Constitución de los Estados Unidos de América y sus 27 enmiendas ni la tan afamada Supreme Court of the United States. Sabemos que en el 2001 se aprobó, con un apoyo tan abrumador como universal fue la conmoción por el 11-S, una Patriot Act, sustancialmente mantenida en el 2005, después de un enfrentamiento entre el Congreso y el Senado, pero no podemos creer que esa ley legitime la privación indefinida de libertad a causa de la peligrosidad que aprecia un comité o grupo de expertos, por independientes que sean.

En mi caso, procuro que la impresión, aunque muy fuerte, abra paso a la reflexión. Y trato de entender la realidad, antes que y en vez de lanzarme a construir un enésimo discurso genérico anti-USA o de echar más leña al fuego de la batalla anti-"Imperio" del Mal, una burda simplificación maniquea. Porque lo extraño es que en USA no pasa nada por Guantánamo, pero en USA se critica acerbamente Guantánamo y, de ordinario, tampoco eliminan a los críticos unos siniestros “killers” de una todopoderosa agencia encubierta. Y en USA muere (social  y políticamente, se entiende) el personaje público que miente. Aunque sea el Presidente.

No voy decir aquí nada concluyente acerca de qué son y cómo son los Estados Unidos de América. Y no lo voy a hacer sencillamente porque reconozco que no he logrado entender cómo son los USA, en muchos aspectos. No sé casi nada de las corrientes, superficiales y subterráneas, que surcan y mueven ese gran país. Hay allí una llamativa  mezcla de grandeza y de miseria, política e ideológica, pero también material. Hay un enorme egoísmo individualista, pero junto a una generosidad y un desinterés inusuales (ellos se implican en muchos problemas ajenos, a costa de muchas vidas; los europeos, nada o muy poco). Hay ahora en USA, no lo dudo, capacidades de innovación y de resurgimiento y realidades indiscutibles de avanzada ciencia y tecnología, pero también atrasos enormes en muy distintos campos, incluidos los puramente materiales (en infraestructuras, por ejemplo), por no hablar de los mecanismos económicos. A pesar de mi interés, no tengo -estoy lejos de tener, me parece- datos suficientes para conjeturar siquiera si las fortalezas superarán a las debilidades, como ahora se dice, o más bien ocurrirá lo contrario, que tampoco descarto del todo (como lo hace la inmensa mayoría de los analistas).

No acabo de saber cómo son los USA y, por si fueran pocas las incógnitas y los datos contradictorios y sorprendentes, las noticias sobre el campo de Guantánamo me llevan al más extremo de los desconciertos. Pero algo sí tengo muy claro: en USA hay un gran fracaso del Derecho, un fracaso que Guantánamo evidencia y que la peculiaridad del sistema de Common Law no justifica en absoluto, porque ese sistema jurídico no tiene nada que ver ni con Guantánamo, ni con la falta de claridad en la separación y la definición de atribuciones entre la Justicia civil y la militar, ni con la ya consagrada abdicación en USA de los principios del Derecho Penal y del Derecho Procesal en la lucha contra la delincuencia (sin hablar de la pena de muerte y de cómo se aplica). Y, sobre Guantánamo, que no le echen toda la culpa a Bush. A él y a su gente, muchos, casi todos (empezando por los juristas), les dejaron hacer.

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By the way: ¿Si el yemení y el palestino guantanameros que van a venir a España no tienen nada que ver con el terrorismo, por qué fueron a parar a Guantánamo y permanecieron allí más o menos tiempo? De nuevo, en nuestra relación con USA, algo no encaja.

miércoles, 6 de enero de 2010

DOS NOTICIAS: INTERNET IMPARABLE Y PETARDISTA A LA CALLE (A LA KALE)


MISCELÁNEA PERIODÍSTICA DE AÑO NUEVO


UNA NOTICIA DE AÑO NUEVO: INTERNET Y LAS "DESCARGAS": "Podéis estar tranquilos, internet va a seguir existiendo"

Al ver esa frase como titular de una “noticia” me decido a escribir enseguida un nuevo texto para este blog (Google habla de “entradas” y otros de “post”, no sé). La edición digital de un periódico de gran difusión atribuye a una Ministra del “Gobierno de España”, la de Cultura, Sra. González-Sinde, haber declarado, en la tarde del 5 de enero, lo siguiente: “Podéis estar tranquilos, internet va a seguir existiendo”. Así, tal cual, entre comillas. He quedado estupefacto, a medias por la comprensión y generosidad de la Ministra, a medias por su creencia en que la acción ministerial pudiese acabar con la existencia de internet. Pero enseguida, como es muy recomendable pasar del titular al texto de la noticia, he seguido leyendo y ha resultado que la Ministra no había dicho lo que le hace decir el titular, sino todo esto otro:

"Estamos trabajando sobre ese punto [el de la difusión en internet de contenidos sujetos a propiedad intelectual] y creo que llegaremos a una fórmula que satisfará a todas las partes, pero lo importante es que los ciudadanos estén tranquilos, porque internet va a seguir siendo siempre, porque es imparable, esa vía de comunicación, de expresión y herramienta de trabajo que es para muchos, además de contribuir a la difusión de la cultura".

Continúo la cita literal, de la Ministra y del periódico:

"Veremos cuál es la fórmula resultante después de este estudio, reflexión y colaboración: será la que resulte más beneficiosa para todos", ha zanjado. Sobre la idoneidad o no de cerrar páginas web para luchar contra la piratería, ha comentado: "lo iremos viendo con el tiempo; la tecnología es cambiante y no hay motivos para estar preocupados sino para ser constructivos y mirar adelante".

En su opinión, "lo más pragmático es que los derechos de todo el mundo sean compatibles y que podamos tener cuanta más cultura en la Red, mejor, y que pueda seguir habiendo gente que se dedique a crear, y cada vez tengamos más poemas, más novelas y más discos nuevos de artistas nuevos".

"González-Sinde no ha querido dar más detalles de los planes del Gobierno al respecto, pero sí ha justificado por qué esas normas figurarán como norma o reglamento dentro de la Ley de Economía Sostenible: "Lo vemos cada día, el nuevo modelo de economía de la sociedad tiene que ver muchísimo con la divulgación del conocimiento y el derecho al acceso a las nuevas tecnologías".

Dos cosas: Primera: está muy mal, de verdad, que el titular entrecomillado no se corresponda con lo realmente dicho y más cuando esto último es certero y ha sido tan hermosamente expresado: que estemos tranquilos, porque internet “es imparable” y “va a seguir siendo siempre (…) esa vía de comunicación, de expresión y herramienta de trabajo que es para muchos, además de contribuir a la difusión de la cultura.”

Segunda cosa: estamos tranquilos, tranquilísimos. Porque vemos a la Ministra imbuída de un pragmatismo sin fisuras con el que va a lograr que “los derechos de todo el mundo sean compatibles”. De modo que, por un lado, “cuanta más cultura en la Red, mejor” y, al mismo tiempo, será real que “cada vez tengamos más poemas, más novelas y más discos nuevos de artistas nuevos”.

Es esta actitud, positiva a tope, despreocupada, constructiva y de limpia y larga mirada hacia adelante, lo que se necesita en el Año Nuevo. Con eso se logrará una fórmula que, a no dudarlo, “será la que resulte más beneficiosa para todos”.

Pero la Sra. González-Sinde no sólo rebosa optimismo, sino que se guarda ases en la manga, que probablemente reserva para nuevas reuniones de Ministros de Cultura de la UE, bajo la presidencia española, que, apenas estrenada, tanto notamos ya. Y hablo de ases en la manga, porque algo hasta ahora desconocido logrará que todos seamos compatibles y comamos perdices.

Hay dos indicios de eso en las palabras de la Ministra. Por un lado, que en lo de la lucha contra la piratería (presunta, habría que añadir, para ser constitucionales, en tanto la Audiencia Nacional no dicte sentencia condenatoria) va a darse con “una fórmula”, la más beneficiosa para todos, pero, a la vez, “lo iremos viendo con el tiempo”, porque “la tecnología es cambiante”.

Por otro lado, y aunque la Ministra –nos dice la prensa- “no ha querido dar más detalles de los planes del Gobierno al respecto”, sí ha apuntado que en la “Ley de Economía Sostenible”, dentro de ella, la fórmula “va figurar como norma o reglamento”.

Se apunta, pues, a establecer una norma que nos hará a todos felices, porque nos compatibilizará (o descubrirá que ya somos compatibles), pero que va a ir cambiando con el tiempo, como cambia la tecnología. O sea, que se avecina una rara hazaña histórica, que es la llamada composición de los contrarios: la clásica compositio oppositorum. La fijeza y estabilidad de la norma pero en el cambio continuo del calendario y de la tecnología. No es de extrañar que no haya querido la Sra. Ministra dar más detalles de los planes del Gobierno. Eso hay que guardárselo para una cumbre. Algo vamos ya sabiendo sobre la singular naturaleza de los planes del Gobierno. Y aunque sólo logremos una aproximación intuitiva, intelectualmente pobre, de tan singulares planes cabe apreciar una continuidad en este asunto de internet, porque los planes del “Gobierno de España” suelen consistir en una búsqueda incesante de la oposición de los contrarios. Para empezar, los mismos planes existen y no existen o persiguen a la vez A y No A: Constitución respetada y “Estatut de Catalunya” intacto, por ejemplo.

El segundo indicio de originalidad, probablemente genial, lo encuentro en esa referencia a incluir un reglamento (aunque tal vez sea una “norma”) dentro de una Ley. Es sumamente infrecuente meter Reglamentos en las leyes, pero tampoco la Ley de Economía Sostenible es una ley cualquiera. Es una ley de la física buenista.


SEGUNDA NOTICIA DE AÑO NUEVO:  UNA SENTENCIA PETARDESCA: "Un acusado de kale borroka evita la cárcel por ser drogadicto y confesar"

Otro periódico digital, también muy leído, incluye como titular, esta vez exactamente, la frase que acabo de transcribir.

Cito la noticia:

“Su adicción a la cocaína, cannabis, metanfetamina y éxtasis y su confesión a tiempo van a permitir a Jon Guevara Etxegarai evitar la cárcel pese a ser condenado por fabricar un artefacto explosivo -que incluía el anagrama de ETA-. La Audiencia Nacional ha considerado que son atenuantes en su caso y sólo le ha condenado a dos años de prisión que quedarán en nada por carecer de antecedentes penales.”

“La sentencia firmada por el magistrado Javier Gómez Bermúdez, Javier Martínez Lázaro y Ramón Sáez explica que al concurrir dos atenuantes (toxicomanía y confesión) ‘se impone la pena inferior en grado en su grado mínimo’, como recoge el Código Penal. La sección primera de la Sala de lo Penal finalmente impone a Guevara una condena de dos años de prisión y cinco años de inhabilitación absoluta por un delito de fabricación de aparato explosivo. La Fiscalía había solicitado el doble, cuatro años. Guevara esquiva la cárcel por no tener antecedentes penales.”

“La Guardia Civil descubrió al acusado en un coche (…) donde transportaba un artefacto explosivo compuesto por dos cohetes pirotécnicos voladores, metralla y un bote, que una vez encendido propulsa el artilugio hasta el objetivo. En él, estaba dibujado el anagrama de ETA y leyendas como Jarrai y símbolos habituales de la 'kale borroka'. Además, Guevara llevaba en el vehículo diverso material pirotécnico, entre el que se encontraba, entre otras cosas, 12 cohetes y 19 petardos.”

“El tribunal reconoce la atenuante de la confesión porque el acusado reconoció tanto en la fase de instrucción como en la vista oral que había sido él quien había fabricado el explosivo, sin embargo, Guevara negó que su elaboración fuera para cometer un ataque y, por tanto, tampoco dijo nada sobre el objetivo. Para el juez no cabe duda de que la finalidad era `causar graves daños, pues se le añade metralla y un sistema de propulsión previo a la explosión’. No obstante, argumenta que no impide la aplicación de la atenuante, ‘atendido su comportamiento constante en el tiempo’, ya que cree que su negativa se debe ‘muy probablemente’ al consejo de su abogado.”

“Respecto a la segunda atenuante, un informe médico de dos meses antes acredita que Guevara había consumido ‘cocaína, cannabis, metanfetamina y MDMA o éxtasis’ en una noche que le llevó a ser ingresado ‘inconsciente’ en el hospital de Bidasoa ‘con una intoxicación etílica aguda, muy próxima al coma’.”

“El tribunal considera ‘probada su adicción a varias drogas, adicción que condicionó su actuar’. La defensa había solicitado que se aplicara una eximente completa o incompleta, algo que se desestima porque al no haberse hecho una prueba se desconoce el grado concreto de afectación en el momento del arresto.

“Para la Audiencia Nacional no cabe duda del carácter explosivo del artilugio y de que ‘su finalidad era, al menos, contribuir a alterar gravemente la paz pública’. Además, subraya que el acusado también llevaba varios cohetes pirotécnicos con varilla y un tubo hueco, de los usados ‘para actos de vandalismo relacionados con el apoyo a ETA’. En el juicio el acusado dijo que era aficionado a la pirotecnia, que le gustaba ‘hacer experimentos’ y negó pertenecer a la organización terrorista.”

No insultaré la inteligencia de mis fieles y pacientes lectores con un extenso e innecesario comentario a esta notable pieza de aplicación de nuestro progresivo “Código Penal de la Democracia”, una sentencia de la que ha sido ponente el Magistrado Gómez Bermúdez. Sólo una información o recordatorio: hasta el CP de 1995, era atenuante hallarse en estado de embriaguez al cometer el delito, siempre que la embriaguez no hubiese sido “buscada de propósito para delinquir”. A partir de 1995, estar borracho o “colocado” (o ambas cosas) es eximente, es decir que está exento de responsabilidad penal, conforme al art. 20.2 CP, “el que al tiempo de cometer la infracción penal se halle en estado de intoxicación plena por el consumo de bebidas alcohólicas, drogas tóxicas, estupefacientes, sustancias psicotrópicas u otras que produzcan efectos análogos, siempre que no haya sido buscado con el propósito de cometerla o no se hubiese previsto o debido prever su comisión, o se halle bajo la influencia de un síndrome de abstinencia, a causa de su dependencia de tales sustancias, que le impida comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión.” Pero la extraordinaria nueva sentencia de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional no ha considerado que se diese la eximente citada, como pedía la defensa (y que hubiese determinado la absolución). Ha aplicado la atenuante del art. 21.2 CP: “actuar el culpable a causa de su grave adicción a las sustancias mencionadas en el número 2 del artículo anterior.”

La sentencia, que he leído en su integridad, considera que está probada la adicción del acusado y añade, sin más, “que condiciona su actuar” (debe ser un axioma), para seguidamente afirmar “no haberse practicado prueba alguna sobre el grado concreto de afectación en relación con los hechos como el juzgado”. Pero esta falta absoluta de prueba sobre un extremo clave del caso (influencia de la drogadicción sobre el comportamiento juzgado y no “como el juzgado”), omisión de la que alguien, el Fiscal p. ej., debería responder, lleva a la Sala a no aplicar la eximente. La atenuante la aplican como quien se lava las manos, pese a que el Código exige bien claramente que el acto tenga como causa la adicción y sobre eso no se ha practicado prueba alguna.

Un año más con la incoherencia superlativa en nuestra política y en nuestra legislación penal. Un año más de lucha contra las drogas, pero si Vd. se pone ciego de anfetas, éxtasis y vodka, puede degollar con bastante tranquilidad penal a su molesta o aburrida compañera o cónyuge, que acapara el mando del televisor o ronca malamente. Ahora bien, sepa Vd. que, aunque no cometa infracción de tráfico alguna ni cause daño a nadie, si le paran en un control y le encuentran “con una tasa de alcohol en aire espirado superior a 0,60 miligramos por litro o con una tasa de alcohol en sangre superior a 1,2 gramos por litro”, se entenderá, por ficción legal, que ha incurrido en delito de conducción manifiestamente temeraria (arts. 379 y 380 CP).

Ni para la violencia de género han querido rectificar este disparate del "bonus" penal a la droga y al alcohol, aunque saben bien la tremenda incidencia de drogas y alcohol en esos crímenes, que ya se han estrenado en el Año Nuevo. Es decir, que también en este asunto se componen los contrarios. En todo caso, estemos tranquilos. Aunque el “Gobierno de España” tenga planes.

jueves, 16 de julio de 2009

SUPERANDO A CONCEPCIÓN ARENAL: "ODIA EL DELITO Y DEJA HOMENAJEAR AL DELINCUENTE"


UN AUTO JUDICIAL QUE DA PENA (Diligencias previas 221/2009. Auto de 16 de julio)


Se denuncian, según los términos del mismo auto del Juzgado Central de Instrucción nº 2, del que es titular D. Ismael Moreno, "actos de homenaje a miembros de la organización terrorista ETA naturales de la citada localidad" (Santurce). Siempre según el auto, con la denuncia se aporta cartelería (documentos 3 y 4) en la "se aprecian las fotos de 18 miembros de la citada organización terrorista" (y el auto los cita, a varios de ellos, con sus nombres y apellidos). Se pide al Juzgado que prohiba los actos de homenaje.
Pero el referido Juzgado dice en su Auto que no encuentra "suficientes elementos o indicios de entidad suficiente como para apreciar el delito previsto y penado por el artículo 578 del Código Penal". "Este precepto -prosigue el auto- se dirige a sancionar a quienes enaltezcan o justifiquen por cualquier medio de expresión pública o difusión los delitos de terrorismo o quienes lleven a cabo actos que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas". Un pequeño paseo por el DRAE permite leer sobre "homenaje": "1. Acto o serie de actos que se celebran en honor de alguien o de algo". "2. Sumisión, veneración, respeto hacia alguien". Y si se lee "enaltecer" se verá la remisión a "ensalzar", verbo definido como: "1. engrandecer. 2. alabar".
Declarado judicialmente que se trata de "actos de homenaje" y que los homenajeados son "miembros de ETA", pues esa condición es lo único que se señala en la convocatoria del homenaje, a ver cómo puede alguien entender que con el homenaje no se enaltezcan, es decir, se ensalcen, engrandezcan y alaben los delitos de terrorismo y que esos actos de homenaje a etarras no menosprecien o humillen a las víctimas.

El titular de este Juzgado Central de Instrucción no se explica. Partidario, al parecer, del "ita ius esto", simplemente afirma, sin explicación, que no hay "suficientes elementos o indicios suficientes" del delito del art. 578 CP. Y se acabó. Que, según el auto, no esté acreditado que los actos de homenaje son convocados por la "Organización Askatasuna", como afirma la denuncia, nada tiene que ver con la sumaria conclusión de que lo denunciado no es delito ni presenta indicios de serlo. En todo caso, no saber quién convoca debería haber provocado una investigación judicialmente dirigida.

Pero, en realidad, la tropelía y la ignorancia no acaban ahí. Para rematar esta triste resolución, no se le ocurre al juzgador otra cosa que ampararse en competencias gubernativas sobre los actos. De modo que afirma lo siguiente:

"Para que se convoquen los actos deberá existir una actuación gubernativa, lo que supone que previamente se habrá analizado si se reúnen los requisitos oportunos".
Está muy equivocado el juzgador y no en asunto complejo e infrecuente, sino en materia jurídica muy elemental. El art. 21 de la Constitución española establece, en su aptdo. 1, que el "derecho de reunión" "no necesitará autorización previa". Luego, ese precepto constitucional es desarrollado legalmente (Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, Reguladora del Derecho de Reunión, en la redacción dada por la Ley Orgánica 9/1999, de 21 de abril), de modo que una "actuación gubernativa" puede producirse después de la convocatoria de la reunión, pero no para que la reunión se convoque, como dice el Auto.
A estas horas, el homenaje ya se habrá producido. Y el auto que firma D. Ismael Moreno ha pasado a la historia de las resoluciones judiciales memorables por su desatino.