domingo, 20 de marzo de 2011

LIBIA: POLVAREDA BÉLICA ELECTORAL,TARDÍA, DESCONCERTADA Y DESCONTROLADA


MIENTRAS PARTICIPAMOS EN EL BARULLO, AUMENTAN NUESTRA DEUDA Y NUESTRO GASTO PÚBLICOS
(Actualización a 23 de marzo de 2011, 23.45 horas)


Con el paraguas político de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, sin acuerdo en la OTAN, Sarkozy, ObamaCameron (más Rodríguez Zapatero y otros socios menores) han intervenido en Libia por aire (con bombardeos y misiles). No hubo nadie que no pensase que la operación resultaba tardía si el objetivo, como en Kosovo, era, según la ONU, esencialmente humanitario: que Gadafi no masacrase más a sus compatriotas. La intervención limitaba su eficacia a impedir que Gadafi volviese a utilizar su aviación, pero ni había evitado la masacre de bastantes días atrás, debida al exitoso contraataque del tirano hasta las puertas de Bengasi, ni evitaría que, como ocurría y sigue ocurriendo, Gadafi continuase atacando otros objetivos y causando más víctimas entre la población libia. Parecía y parece claramente dispuesto a hacerlo mientras cuente con armamento y soldados.

La zona de exclusión aérea no es poca cosa, pero los aviones franceses y británicos sobrepasaron desde el principio lo dispuesto por la ONU en la resolución 1973 del Consejo de Seguridad, que marca unos limitados objetivos: zona de exclusión aérea y protección y ayuda de los civiles, con expresa prohibición de invasión y ocupación alguna. V., los interesados, la resolución entera en:


La zona de exclusión aérea suponía dominar el cielo sobre Libia. A tal fin, los aviones y los misiles occidentales podían justificadamente atacar aeropuertos, instalaciones de radar y defensas antiaéreas en manos de Gadafi, pero ya el domingo 20 de marzo de 2011 se nos hablaba también de bombardeos contra objetivos (en Bengasi y en Trípoli) no relacionados con el dominio del aire y con el resultado de importante número de muertes, que ni siquiera se afirma que afecten exclusivamente a las fuerzas de Gadafi. Dado que la resolución de la ONU expresamente reconoce “el importante papel de la Liga Árabe”, es interesante lo que declaró desde el principio el Secretario General de la Liga, Amro Musa:

"Lo que pasó en Libia es diferente del objetivo de imponer una zona de exclusión aérea, lo que queremos es proteger a los civiles y no bombardear a más civiles". Refiriéndose sólo a los ataques iniciales, lo decía Musa en una rueda de prensa conjunta con el presidente del Parlamento europeo, Jerzy Buzek, en la sede de la Liga Árabe en El Cairo.

LA INTERVENCIÓN BÉLICA HUMANITARIA.- KOSOVO y LIBIA. En 1999, para impedir una mayor matanza de kosovares a manos de los serbios de Milosevic, la OTAN bombardeó durante meses una parte de la antigua Yugoslavia, hasta forzar unas negociaciones, que después fracasaron. En junio de 1999, llegó a Kosovo la KFOR, un conjunto de tropas de naciones coaligadas, con la finalidad de pacificar y administrar la zona. Y, después de arruinar a Serbia con los bombardeos, el régimen de Milosevic acabó cayendo. Pero, hay un par de datos muy llamativos: Kosovo, independizada (sin reconocimiento español oficial, pero con el de los EE.UU.) en 2008, tiene una extensión de 10.887 km². Serbia, con Kosovo incluida, ocupa 88.361 km². Cuando se bombardeaba Serbia, no había víctimas kosovares. En Libia los dos bandos luchan en el mismo territorio y Libia suma 1.759.540 km.2, un enorme desierto, con las ciudades, la industria (petrolífera) y la agricultura concentradas en la franja costera, que en total suma más de 1700 kilómetros de longitud. ¿Tenía la “intervención humanitaria” de 1999 algo que ver con la de Libia? No podría haber en Libia nada parecido a la KFOR, aun en el caso de que la ONU acordase nuevas resoluciones que permitiesen la acción sobre el terreno. Y, que se sepa, nadie -empezando por los Estados Unidos- quiere intervenir sobre el terreno libio.

En síntesis: la zona de exclusión aérea en Libia era muy importante hace 10 o 13 días, para evitar los avances de Gadafi y dar la victoria a las fuerzas opositoras. El domingo 20 y hoy miércoles 23 de marzo de 2011, en cambio, tiene una importancia limitada y puede permitir a Gadafi mantenerse en el poder. Una resolución de la ONU dirigida a 1) la exclusión aérea de Gadafi, 2) evitar más muertes de civiles, 3) permitir evacuaciones y 4) la llegada a Libia de ayuda humanitaria es, ahora, un papel con tres propósitos imposibles (las finalidades 2, 3 y 4). Hay algo más, que no debía olvidar y no olvidé el pasado día 20: el embargo de armas a Gadafi, ya decretado hace cinco años y no cumplido por unos cuantos países. Quizás ahora se impida el rearme de Gadafi, pero nadie sabe cuántas armas y municiones le quedan. Como Gadafi no esté al límite (cosa improbable), hay guerra en Libia para mucho tiempo. Una guerra -hay que añadir ahora- que, una de dos: o "los aliados" contemplarán desde el aire o en la que intervendrán desde el aire, fuera del marco establecido por la ONU y con muy probables víctimas no combatientes. Esto último parece ser lo que está ocurriendo en las últimas horas. Diríase que los mandos militares de los países involucrados han prescindido de la ONU.

Ésta fue la actuación mundial y de Occidente, al día 20 de marzo de 2011: pasividad, mientras parecía que Gadafi perdía. Tardanza, cuando Gadafi comenzó a contraatacar con éxito. La acción bélica me pareció  el día 20 una mera gesticulación política, con ruido de muchos aviones y barcos. Pero, como dijo un perspicaz comentarista (que, además, escribe muy bien), si Gadafi acabara manteniéndose, algunos gobiernos tenían que salvar la cara ante sus ciudadanos y políticamente no podrían renegociar el petróleo con Gadafi sin haber hecho algo en contra del tirano. Sarkozy, por lo demás, estaba y está en horas muy bajas, con índices de popularidad menores que la hija de Le Pen (aunque en Francia pasan esas cosas y luego vuelven las aguas a sus cauces). Y de ZP poco hay que decir en materia de popularidad. Anuncié que habría fotos, aunque me maliciaba que su efecto para los retratados no será tan estupendo como piensan. Los españoles ya no creen a ZP. Y no veo señales de que más fotos de nuestra Ministra de Defensa, Carme Chacón, la vayan a catapultar al liderazgo de España, con pleno olvido de su previo apoyo (“Tots som Rubianes”) a las reiteradas e intolerantes groserías del artista.

¿Qué pintan un par de buques y cinco aviones españoles en ese escenario? El día 20 de marzo de 2011, me parecía que no pintaban nada, excepto colaborar al bloqueo para que el embargo de armas sea efectivo. Pero para esto último, los buques americanos, ingleses y frances serían suficientes, porque no estamos en el Océano Índico. En relación con los objetivos humanitarios aprobados por la ONU, nuestro despligue militar -dije el día 20- era y es de muy escasa utilidad y supone para España un nuevo gasto, que este país no se puede permitir. España es ahora el país del mundo que menos debería gastar. Aunque sólo fuese por no desmentir los compromisos internacionales de austeridad, promesas solemnemente hechas ante una deuda gigantesca y con una dudosa voluntad de reducirla. Nuestros acreedores han podido comprobar que aquí no se reduce ni un euro el gasto público: ni el del Estado ni el de las Comunidades Autónomas ni el de los Municipios. Las fundadas dudas sobre la persistencia en el derroche de los gobernantes españoles se habrán convertido en certezas de que no se enmiendan. Se siguen dando motivos para que se dirija a nosotros la voracidad del "coco de los mercados" y se están renovando los temores de que seamos rescatados. A juicio de gente seria, no hay exageración alguna en la frase de Roig, el “boss” de Mercadona: “Lo único bueno de 2011 es que será mejor que 2012”. Y estamos a las puertas, nos guste o no, de que Dña. Angela Merkel, que se abstuvo en la ONU, nos examine de nuevo en lo económico. ¡Qué prudencia la de ZP!

Sobre un aspecto decisivo de nuestra situación económica, recomiendo la lectura de "La gran mentira", artículo de Carlos Sánchez en "El Confidencial": http://www.elconfidencial.com/mientras-tanto/2011/mentira-sector-inmobiliario-20110320-7138.html
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ACTUALIZACIÓN A LAS 23.45 DEL 23 DE MARZO DE 2011:

DESBORDAMIENTO DEL ÁMBITO DE LA RESOLUCIÓN 1973 DEL CONSEJO DE SEGURIDAD DE LA ONU. Han seguido ocurriendo cosas y, lamentablemente, los acontecimientos me parecen confirmar las impresiones de hace tres días. Hay un conjunto de aviones de distintas naciones vigilando el perímetro de la zona de exclusión y otros sobrevolando el espacio aéreo de Libia y atacando objetivos de lo más variado. A los paises involucrados les llaman los "aliados". Para empezar, de esos "aliados", unos quieren acabar con Gadafi -y Gadafi es el gran problema, ¿o no?- y otros rechazan, incluso con gran contundencia, que Gadafi sea el objetivo. El mando militar americano -provisional, no formalizado- no quiere seguir mandando. Los EE.UU. y otros países quieren que el mando lo tenga la OTAN. Francia se opone de modo tajante al mando OTAN y hasta ha explicado por qué: si el protagonismo es de la OTAN, se tratará sobre todo de una acción militar, poco flexible y de mala presentación ante el mundo árabe. No es mala esta argumentación (a la que España se ha sumado, por boca de la Ministra Jiménez), a la que hay que añadir la ya atávica inclinación francesa a pensar que África es "cosa de Francia" (y Francia, en efecto, posee importantes bases militares en África). En estos momentos, no hay acuerdo en la OTAN y Obama exhibe cada vez más prisa por ceder el "mando" y pasar visiblemente a un segundo plano. Un alto mando militar de Gran Bretaña acaba de proclamar que la fuerza aérea de Gadafi prácticamente no existe ya. Ergo, Gadafi sólo puede seguir matando libios por tierra (y también viendo cómo matan a algunos de sus seguidores, porque la sublevación armada en Libia no ha sido en absoluto parecida a los movimientos populares de Egipto, de Túnez o de Bahrein). Pero por tierra la ONU no quiere que se intervenga y nadie parece querer intervenir (como resulta harto comprensible). Ergo, bastaría seguir vigilando el espacio aéreo y marítimo, para que Gadafi no recibiese armamento ni, menos aún, nuevos aviones. Por tanto, se diría, punto y final o, al menos, punto y aparte, al episodio bélico extranjero sobre Libia. Pero eso sería así, o así podría ser, sin que se sepa cuánto tendría que durar el bloqueo. Y la duración es un chorro de dólares o euros. Y nadie -y menos nosotros- está para esas alegrías. Y, por otra parte, limitarse al bloqueo y al embargo sería la acción indudable si hubiese de verdad unos "aliados" occidentales, con cierto acompañamiento "árabe", que actuasen para cumplir un concreto mandato de la ONU. Pero no es eso lo que ocurre. Lo que ocurre es un ataque plural y sin concierto, con aviones -la inmensa mayoría: los americanos y los franceses- que bombardean carros de combate y edificios, mientras otros lo tienen prohibido e incluso se da el caso de aviones que regresan a su base sin bombardear los objetivos fijados (¿por quién?) a causa del fundado temor de causar víctimas civiles. De manera que lo que hay es un barullo bélico sin mando, sin objetivos claramente definidos y aceptados por los "aliados" y sin duración. Por si esta realidad descontrolada no fuese visible, Dña. Angela Merkel ha retirado hoy del "teatro de operaciones" de Libia hasta a los militares alemanos encargados de la vigilancia aérea, enviándolos a Afganistán.

Es todo un test de la desarticulación mundial. Es una improvisación poco racional en la que, por más que la apoye el Congreso casi por unanimidad (no vaya a ser que los electores pensemos que se apoya a Gadafi), España no pinta nada. Entrar en una guerra hay que pensarlo muy bien, aunque "la causa" sea justa y la intención, óptima. Pero entrar en una guerra sin objetivos, no hace falta pensar casi nada para rechazarlo de plano. Hasta aquí los razonamientos, pero ocurre, eso sí, que los vuelos de nuestros F-18 (las idas y las vueltas) y hasta la subida de periscopio de nuestro submarino pueden ocupar minutos en los informativos de nuestras plurales TVs. Dña. Carme Chacón arenga a los marineros de la fragata "Méndez Núñez" diciéndoles que van a proteger a los libios del "tirano". Y Don José Blanco afirma solemnemente que "vamos a liberar a los libios" (aunque ningún libio nos lo haya pedido, porque no lo han hecho los adversarios de Gadafi). ¿A qué verdadero humanitarismo están sirviendo?

3 comentarios:

aidílderi dijo...

Bueno, profesor, después de leerlo, tanto a usted como a Carlos Sánchez, en el artículo que usted mismo cita, me viene a la mente la imagen de un gigante torturado con múltiples golpes y heridas, con múltiples desgarros, al que los aliados tratan de curar con una simple tirita …, y se confirma también tras leer las noticias de hoy sobre la evolución del conflicto.

Me ha gustado mucho su artículo, y sobre todo me ha gustado encontrar su blog, ya que desconocía su existencia. Por una de esas casualidades no tan casuales en Internet he caído en él y pretendo seguirlo, si es posible.

Me ha gustado, como digo, porque no solo critica por criticar, sino que expone su opinión de forma argumentada, y creo que, uno puede estar de acuerdo o no con una opinión, pero facilita bastante el respetar la licitud de la misma, el hecho de que ésta sea argumentada. Permítame decirle además, que eso precisamente, es otro de los rasgos que la diferencian de otras críticas que he leído contra la operación militar en Libia, procedentes de periodistas en sus respectivos blogs. Ellos tan solo criticaban a través de la constatación de hechos, pero no con razonamientos sobre dichos hechos.

Desde mi punto de vista, estando situada España entre la espada y la pared (entiéndase por espada, la opinión pública, y por pared, nuestra enferma economía), creo que haberse decantado por la espada, es quizá lo menos ilógico, que podría haber hecho nuestro Gobierno.

Como dice Carlos Sánchez en su artículo, nuestro país padece de varios vicios crónicos, uno de ellos, que también comparten el resto de aliados, es nuestra incapacidad para planificar a largo plazo, o para cumplir los objetivos de contención del gasto marcados, pero esa incapacidad o esa falta de diligencia existió, existe y existirá independientemente de lo que ocurra o deje de ocurrir en Libia.

El hecho de que España optase, como hizo la “prudente” Sra. Merkel, por no intervenir en Libia, junto con el resto de aliados, no supondría más ayuda a la economía española que la que supone precisamente nuestra intervención en Libia. Es decir, tanto una decisión como otra, serían, o son, por sí solas, incapaces, de cambiar el signo de las cosas, tanto en un país como en el otro.

Para que la decisión de contener el gasto que supone nuestra intervención en Libia tuviese un reflejo efectivo en nuestras cuentas, deberíamos tener un plan en donde una tal omisión, tuviese su efectivo encuadre. Dudo, que eso sea así (incluso dudo que eso sea así en el caso de Alemania). Si eso no es así, nuestra intervención en Libia, supondrá un gasto, sí, pero no dejará de ser uno más de los innecesarios o imprudentes que se acometerán sin un plan de contención y de ajuste claro. Por poner otro símil, será una gota más en un vaso que ya está lleno, pero, ¿será acaso la gota decisiva que hará desbordar el vaso? Yo no lo creo, francamente.

aidílderi dijo...

Es recurrente escuchar, una y otra vez, a aquellos que achacan la intervención en Libia, y en este caso el apoyo del Congreso a la operación, a una mascarada para contentar o, mejor dicho, convencer a la opinión pública de las bondades de nuestros dirigentes. Y decir lo contrario, creo que sería pecar de una inocencia tosca.

Aún así, como la inocencia no es un pecado capital, permitáseme pecar un poco de inocente, aunque sea por un momento, y pensar que además de profesionales de la Política, actores frustrados de tragicomedias, nuestros dirigentes son también seres humanos, y como tales, capaces de sentir eso que te hace ponerte en el lugar del otro y que se suele llamar “empatía”. Al igual que lo sentí yo, creo que también ellos, pudieron sentir la imperiosa necesidad de dar respuesta a una gente amenazada de masacre sistemática, que nos estaba pidiendo auxilio.

Cuando empezaron los ataques aliados, tardíos, y sin cabeza visible, no pude por menos que alegrarme. Al fin y al cabo, no dejo de ser una rehén de la información selectiva que llega a través de los medios de masas, y una persona que aspira, que anhela, dejar de sentir, algún día, la sensación de que los Tratados internacionales en pos de los Derechos Humanos y los principios internacionales del mismo tenor, no son más que papel mojado.

Sobre la tardanza de la intervención, creo que es bastante comprensible, si uno conoce bien como funcionan las OI, la diplomacia, etc, etc, etc... No es más que otro mal endémico, aún sin solución, al igual que tantos otros.

Decía un experto militar en una entrevista por televisión en aquel día, que la intervención Española en Libia, era, no solo lógica, desde el punto de vista que acabo de señalar, sino también exigible, dado que el Mediterráneo es una de nuestras zonas de influencia estratégica y dejar de actuar en ella, sería algo así como hacer dejación de nuestras responsabilidades. Yo estoy de acuerdo también con esta postura. Independientemente de razones económicas, nos afecta más directamente lo que le pasa a nuestros vecinos próximos que aquello, por ejemplo, que le pasa a un país tan lejano como Japón.

En definitiva, y para no enrollarme más de la cuenta, decía antes que España se encontraba entre la espada y la pared, y en vez de subirse a la pared, se decantó por empuñar la espada. Tal y como se encuentra el escenario de la realidad de los hechos, y a pesar de ser cierto todo lo que usted expone en su post, y a pesar también de los resultados previsibles de la intervención en Libia, creo, insisto que era no solo la única, sino también la mejor opción posible, es decir, la menos mala, de las malas posibles.

Que en un futuro, España consiga enderezar su economía, y encuentre la coherencia necesaria tanto en sus cuentas como en sus políticas, que nos permita analizar aquellas situaciones en las que es necesario intervenir, sin tener esa sensación de encontrarnos atrapados entre dos frentes? … Pues no lo sé, espero que sí. Pero de momento no es esa la situación, de momento nuestros medios son más que limitados, y no solo desde el punto de vista económico.

Dejar de actuar, a pesar de nuestras limitaciones, y a pesar de lo irrelevante, quizá de facto, de nuestro gesto, desde mi punto de vista, habría sido más un fallo de intenciones, que un éxito de realidades.

Un saludo cordial de una abogada y ex-alumna.

Andrés de la Oliva Santos dijo...

Muchas gracias por los comentarios, por su forma y por su fondo. Me alegra mucho que el blog te interese, lo que resulta un aliento para seguir en él.

Comprendo bien, me parece, el punto de vista que vienes a defender en el asunto de Libia y, en especial, que, ante la masacre de Gadafi, pienses que mejor ha sido intervenir: a todos nos "pedía el cuerpo", por así decirlo, no permanecer pasivos. Y, desde luego, como explicas muy bien, la intervención con los "aliados" era la decisión coherente con el estado de cosas de este país, incluido, como tú misma apuntas, el desbarajuste en materia económica.

Lo que sucede es que, desde que empecé este "blog", he venido procurando ver las acciones y las omisiones de nuestros dirigentes, exactamente en la situación contraria a la de un "rehén de la información selectiva". Empecé el "blog" con el convencimiento de que hay opiniones que no caben en los periódicos, noticias que no llegan a serlo y puntos de vista preteridos, que merecen ser divulgados y tomados en consideración para que no caigamos en un estado de "pensamiento único". Con todo, me he esforzado mucho en no caer en un criticismo sistemático y en estudiar aquello sobre lo que me proponía formar un criterio y escribir.

Desde este punto de vista, me importa mucho más si se acierta en esto o en lo otro que comprender y justificar que se decida esto o lo otro. Por decirlo de alguna manera, un tanto exagerada: yo soy más "implacable" y tú, mucho más "comprensiva", en el sentido habitual, de "cercana" a quienes deciden esto o lo otro y de compasiva con ellos.

Pero, en todo caso, el punto que quizá sea clave es que, a mi parecer, la decisión de involucrarse en un conflicto bélico (salvo aquéllos que te exigen imperativamente defenderte)ha de adoptarse con mucha frialdad en el juicio. Precisamente porque es verdad el tópico de que se sabe cuándo se entra, pero no cuándo ni cómo se sale ni lo que va a costar.

España está implicada en Afganistán y en Líbano. Y está, económicamente hablando, "a la cuarta pregunta", con sus fuerzas armadas afectadas también por la crisis económica. Es significativo que USA, con un flota ya en el Mediterráneo, no haya querido abrir más frentes. Que nosotros abramos un tercer escenario bélico me parece, en sí mismo, irracional. Y menos aún dadas las circunstancias. Porque nuestro Gobierno debía saber que Sarkozy ansiaba intervenir y arrastraba a Cameron.

Si Gafafi cae -de lo que me alegraré- será porque Francia, GB y los USA (éstos últimos, al menos durante unos días decisivos) han decidido ir mucho más allá de la Resolución 1973. Si nuestros aviones estuviesen bombardeando a las fuerzas de Gadafi en tierra, la cosa tendría cierto sentido, aunque nos estuviésemos gastando lo que no tenemos. Pero que, sólo para la "zona de exclusión aérea" y el "embargo", España envíe aviones y barcos es poco razonable, muy infantil en el mejor de los casos y, mucho más probablemente, meramente electoral (como el Plan E). Si la Ministra española de AA.EE. piensa de verdad que "no hay ninguna manera posible" de evitar que el dictador siga al frente del país y que los anti-Gadafi lo tienen muy difícil, la decisión del Gobierno del que forma parte esa Ministra ¿cómo puede defenderse racionalmente? Es posible que la Sra. Jiménez se equivoque, pero, con ese planteamiento, ¿por qué nos hemos metido en el berenjenal? Quizá haya sido, al menos en parte, por "buenos sentimientos", pero aunque reconozco la bondad de los buenos sentimientos, no es ése el punto de vista que debería ser decisivo.

No quiero enrollarme más: me parece que nadie se hubiese extrañado si España se hubiera limitado a ofrecer sus bases para las operaciones aprobadas por la ONU.