LOS PRESUPUESTOS ESPAÑOLES COMO FRENTE DE BATALLA
Vuelvo sobre la cosa económica porque aquí, en España,
se han presentado los Presupuestos
Generales del Estado (PGE) con
un fuerte recorte del gasto público y, sin embargo, no sólo nuestra economía no
mejora (lo que era de esperar: de la noche a la mañana nada real cambia
apreciablemente), sino que empeora el juicio foráneo sobre nuestra
situación, con repercusión inmediata en la famosa prima de riesgo, que es un índice para la inversión en general y
para la captación por el Estado de recursos con los que afrontar sus
compromisos, que son enormes (34.000 millones de euros en este año 2012). Así
que, con las palabras tópicas en estos días, “los presupuestos de España no
convencen a los mercados”. Lo de menos son las penosas críticas de Rubalcaba a la política del Gobierno,
porque, en buena medida, son como la crítica del superpirómano a los limitados
resultados de los bomberos ante el magno incendio que él ha provocado (aunque parezca
mentira, hay quien es capaz de olvidar el daño de los dos mandatos de Zapatero;
daño adicional, si se quiere, pero como lo es la estocada o la puntilla). Lo
grave, lo que nos afecta a todos vitalmente, es que los nuevos PGE no despierten esperanza, confianza.
Que no relancen de inmediato la economía real es lógico. Que no despierten
confianza es muy malo. Porque si mala, visiblemente mala para cualquiera, es la
situación española presente y si podemos aceptar que no cambiará enseguida,
puesto que los mismos PGE suponen
sacrificios inmediatos al común de los españoles, resulta malísimo,
descorazonador, que ni siquiera aparezca la confianza en que esos sacrificios
no serán útiles para el futuro.
Con lo que queda dicho
quiero dejar claro que vuelvo a escribir sobre la res oeconomica porque la considero un asunto en verdad vital y no
por afición diletante a la economía. Claro es, desde luego, que también escribo
porque pienso tener algo personal que decir, que no es un “copia
y pega” o una opinión ya expresada por otros y suficientemente difundida. Ojo: no confundan lo personal con lo original y menos con lo inédito. Es personal porque no lo copio, sino que procede de mi esfuerzo. Por
supuesto, puedo estar equivocado, total o parcialmente: para tener en cuenta
otra visión de las cosas, para rectificar, matizar o completar están los
lectores y sus comentarios, en los que, directamente o por remisión, puedan
aportar datos y opiniones convergentes o divergentes con las tesis generales que
propongo.
Sentado lo anterior, ¿qué
ha sido inmediatamente determinante
de la desconfianza hacia España tras la presentación de los PGE? Lo determinante han sido las reacciones muy
negativas de unos cuantos foros económicos extranjeros. Por supuesto, dentro de
España ha habido opiniones críticas de economistas, fundadas, sobre todo, en lo
que los PGE no han abordado mucho más que en lo que sí suponen. Pero los mismos “medios” españoles se han nutrido, para
sus titulares, de tres o cuatro juicios muy desfavorables lanzados fuera de
España al día siguiente de presentarse nuestros PGE: Merrill Lynch y Citigroup abrieron el fuego, con toda
su artillería pesada. Al anatema de dos entidades de tamaño tan gigantesco como
cuestionable reputación (Merrill Lynch
se derrumbó en 2008 y fue comprada por el Bank
of America; Citigroup, que
protagonizó la gran estafa de las subprime
y en 2007 declaraba $18.000 millones de cuentas incobrables, está acusada de un
enorme fraude: v. http://noticias.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/seis-gigantes-financieros-acusados-de-manipular-los-prestamos-de-todo-el-mundo-para-ganar-mas-dinero_nsReCafbmlKLxeI32uHZU6/), se unió enseguida, como de costumbre, la prensa británica,
comenzando por el Daily Telegraph y
la BBC. No digo -porque carezco de
conocimientos suficientes- que los PGE
sean perfectos y ni siquiera muy buenos o buenos. Lo que digo es que la reacción
negativa que generó la desconfianza fue demasiado rápida y demasiado
contundente y que la fulminante condena procedía de entidades sin legitimación y,
en definitiva, muy sospechosas de estar mucho más interesadas en su propia
conveniencia que en ofrecer un criterio prudente y de la mayor objetividad
posible.
Me explico: uno tiene
también alguna fuente de gran solvencia en cuanto a la situación económica
mundial. Y lo que escucho y lo que leo me confirman en mi ya añeja tesis
(expuesta en este blog) de que los errores de la política económica y, en
especial, la locura del superendeudamiento y la refinada avaricia de la
ingeniería financiera, han provocado una situación de confrontación político-económica
disimulada, pero no menos intensa que un conflicto bélico. Los sucesos
concretos no deben verse de espaldas a esta guerra económica. En la crisis
general, el bloque encabezado por los EE.UU., con los "primos ingleses" y otros aliados, combate a Europa y, más
especialmente, a la Eurozona. Esta es la primera de las tesis de este post, tesis que, como digo, no aparece por vez primera en POR DERECHO.
ÉSTA NO ES UNA PELÍCULA DE “BUENOS” Y “MALOS: TODOS SON "MALOS" (PERO UNOS PEORES QUE OTROS)
Aunque Grecia, Italia y
España (hablo así para entendernos: ya he dicho que es mentira eso de que todos
tenemos la culpa) lo hayan hecho mal (nadie lo niega) la situación griega, primero, después la
italiana y, enseguida, la española, son vistas y tratadas por los EE.UU. y la
Gran Bretaña (GB) como armas de su batalla en el ámbito económico. Norteamericanos y
británicos se presentan como “los buenos” de la película, que combaten a “los malos”. Es en esta presentación donde muestran su falsedad
y se descubren como enemigos interesados, porque en la película de la crisis económica global, ellos (EE.UU. y GB: generalizo también para entendernos) no son “los
buenos”. Ésta es una película de ésas
en las que todos son “malos”, pero los pretendidos “buenos” bastante “más malos”
que los demás. Por los “más malos” empezó el desastre: ellos situaron la
economía financiera por encima y por delante de la real y ellos envenenaron el
mundo entero con sus productos financieros tóxicos, amén de otras abominaciones
entreveradas en la globalización. Sus modas (las de EE.UU., en especial) inspiraron e inspiran los errores ajenos (y no sólo en lo económico, desde luego: porque hay que ver el daño que están haciendo en lo educativo y en lo jurídico). Y
todavía, pese a la máquina de fabricar dólares incomparablemente más potente
que la de fabricar euros, el endeudamiento real de los EE.UU. es superior al de la
Eurozona e incluso al de España. Por si fuera poco, las enormes masas de dinero
en sus manos -en las de los falsos “buenos”- se siguen utilizando
principalmente para especular mucho más que para invertir.
EL CAMPO DE BATALLA EN LA CRISIS GLOBAL QUE YA NO ENTIENDE NADIE Y EN LA QUE CADA UNO VA A LO SUYO
No sé si han advertido
que en los últimos meses, los análisis económicos, traten del déficit público,
de la banca, del empleo, de la recesión o del crecimiento, de la inversión
bursátil, etc., resultan cada vez más oscuros y difíciles de entender. Se trata de análisis sectoriales, porque han disminuido,
hasta casi desaparecer, los intentos de explicación global de lo que sucede. Parece
manifestarse una incapacidad generalizada de describir –simplemente describir-
la crisis global y más aún de formular propuestas para ir saliendo de ella. Los cerebros de los economistas se dedican a lo sectorial y acentúan hasta el paroxismo un lenguaje realmente iniciático con
abundantísimas siglas, todas ellas de realidades y teorías expresadas en inglés
(en menos de 25 minutos y con sólo recorrer dos “medios” electrónicos,
encuentro los siguientes palabros: stagflation, start-up, hard landing, PMI manufacturero, ETF con código FXI, credit default swap o CDS, JOBS Act
(de 'Jumpstart Our Business Start-ups') (por descontado, se sigue hablando
de derivados, colaterales, preferentes, inventos de la ingeniería
financiera al servicio de la banca, incomprensibles para el común homo
sapiens sapiens, aunque posea una buena cultura y ejercite a diario el
intelecto).
Las biblias periodísticas económicas (Wall
Street Journal, Financial Times, The Economist) también han
dejado de analizar la crisis global: están dedicadas a las cosas de sus
habituales lectores, es decir, a señalar dónde y cómo se gana dinero y dónde y
cómo se pierde, más los amplios capítulos de lo que ocurre aquí y allá y de lo que hacen
éstos y a aquéllos (o sea, las noticias económicas propiamente dichas y, más
concretamente, las empresariales y bursátiles).
Los dirigentes políticos, hasta hace poco muy
locuaces, incluso charlatanes, guardan ahora silencio sobre la situación económica
general, sus causas y los posibles remedios. Merkel calla, Obama
calla, Monti calla y Sarkozy habla por los codos, pero en clave
electoral francesa. Los gurús económicos, del ámbito empresarial o del académico, también permanecen
en silencio, en especial si les compara con apenas un año atrás, en que se
prodigaban en análisis y propuestas. Recuerden a los Nobel de Economía,
declarando cada dos por tres: ahora callan.
Mi segunda tesis es ésta: no se explica o describe ya
la crisis económica global y no se formulan propuestas para afrontarla sencillamente porque la situación se ha revelado tan compleja y difícil que
nadie se considera capaz de ofrecer una síntesis bien estructurada de lo que
ocurre en el mundo, a partir de la cual indicar un conjunto ordenado de
acciones o medidas. Con otras palabras, la situación en su conjunto, aunque muchos
de sus elementos se conozcan, resulta ininteligible o, cuando menos, inefable,
es decir, inexpresable con palabras. El sueño de la economía, inducido
por alquimistas codiciosos, ha engendrado un monstruo fuera de control:
ni se controla intelectualmente, entendiéndolo, ni se controla prácticamente,
domesticándolo o destruyéndolo. En particular, la cuestión de la armonía entre
estabilidad presupuestaria y reactivación de la economía real (ya me conformo
con reactivarla; no me entrego al cuestionado dogma del crecimiento
constante) se presenta como un dilema insoluble. Ajustar las cuentas -en lo
que más se insistía hasta hace poco- parece conducir inexorablemente a la
recesión, con la que, a su vez, no parece posible cuadrar las cuentas. Hemos de volver sobre
esto.
Así las cosas en cuanto a la crisis global,
ahora busca cada uno su particular salida: cada empresa, cada sector económico
y, lo que nos interesa más aquí, cada bloque: el bloque USA y la UE (la
Federación Rusa y China siguen sus propios y oscurísimos caminos). Dirán que
siempre ha sido así. Y tendrán razón en la medida en que el particularismo
siempre ha estado presente. Pero ahora ya no hay disimulo alguno y, lo que es
más importante, ahora ya no se advierte ningún esfuerzo por luchar contra
la crisis económica con algún concierto universal (o, al menos, del mundo
occidental), un concierto que era y seguiría siendo lógico puesto que la
interconexión o globalidad es real. La necesidad derivada de la
naturaleza misma de la Unión Europea, con su aparato político común, fuerza el
concierto de buena parte de Europa. Los EE.UU, en cambio, carecen de límites a su
soberanía y navegan con el viento a favor de su magnitud, de su tradición
imperial y de ese aislacionismo cultural y vital al que se ha dado en llamar american
exceptionalism, que les sirve lo mismo para un roto que para un descosido.
Dedicados a lo sectorial, recluidos en su
interés particular, no es de extrañar la acentuación del lenguaje iniciático,
difícilmente comprensible, en el tratamiento de asuntos económicos. No hay
necesidad de que entienda nada quien no esté en el mundillo de que se trate. Y,
a la vez, ese lenguaje permite sustraer los “productos” periodísticos o
académicos (?) a la crítica de cualquier persona inteligente. Las columnas y
comentarios económicos se llenan de textos en clave, blindados para quienes no formen
parte de la cofradía (aun así, me he topado ayer mismo con un lector que
descubría el plagio mal traducido de un analista en un destacado digital
español).
Me quedo hoy en este resumen: en una situación
económica general, que se ha renunciado a entender y a afrontar concertadamente,
en la que cada cual va a lo suyo, los EE.UU. y GB prosiguen su guerra económica
a Europa (a la UE y a la eurozona) y ahora hemos sido y somos el blanco principal.
En España hay muchas cosas mal hechas (con Zapatero y con Rajoy: vean, sin ir muy lejos, http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2012/01/mas-que-un-tijeretazo-un-enorme-sablazo.html ) y muy difíciles de enderezar y enmendar
(en particular, la estructura excesivamente costosa de nuestro Estado). Pero no
somos “los malos” o los únicos “malos”. Y quienes ahora nos atacan no son “los
buenos”. Han sido y son los “más malos”. Por eso, nos atacan más precisamente
cuando se presentan unos presupuestos con un recorte de más de 35.000 millones
de dólares. No deberían perjudicarnos miserablemente, añadiendo dificultades a las que ya tenemos y sin reconocer el menor esfuerzo. Pero lo hacen. Anecdóticamente -pero qué anécdota, damas y caballeros: ¡qué
apoteosis de manipulación y de cinismo puritano!- el New York Times publica,
precisamente ahora, un extenso reportaje sobre España como turismo de burdel: In Spain, Women Enslaved by a Boom in
Brothel Tourism (por si quieren leer la amplísima investigación,
centrada en La Junquera, ahí va el link: http://www.nytimes.com/2012/04/07/world/europe/young-men-flock-to-spain-for-sex-with-trafficked-prostitutes.html?_r=2&pagewanted=1&hp. No sé qué me asombra e indigna más: si la maldad de estos genuinos plutócratas o la estulticia con la que ciertos "antisistema" regalaron al sistema, con ocasión de la "huelga (forzosa) general" del pasado 29 de marzo, las imágenes que el sistema buscaba para ilustrar el titular que les interesaba y que más daño podía hacer a los españoles sin empleo y en apuros: "Barcelona, la nueva Atenas".