jueves, 8 de abril de 2010

EN TIEMPOS DE LATROCINIO: LA "JOTA DE LOS RATAS"


TODAVÍA HAY CLASES ENTRE LOS MANGANTES

Hace poco más de veinticuatro horas que se ha conmemorado en Madrid el centenario de la inauguración de la Gran Vía, en 1910. El prolongado planeamiento y construcción de esta magnífica calle supuso tal acontecimiento madrileño que ya muchos años antes, en 1886, se había estrenado “LA GRAN VÍA” una zarzuela de Federico Chueca y Joaquín Valverde, con cinco cuadros sin hilo argumental conector y con solo el elemento común de ser retratos del ambiente madrileño, a modo de pequeños sainetes cada uno de ellos. A pesar de una inspiración tan coyuntural y localista, desde el primer día tuvo LA GRAN VÍA un éxito arrollador, con proyección internacional, que aún perdura. Ocurre que Federico Chueca, cuya formación musical era muy pobre, poseía, sin embargo, una inspiración prodigiosa, llena de gracia y modernidad, con un sentido excepcional de lo escénico. De modo que se puede decir sin exagerar que “LA GRAN VÍA” (Zarzuela) se encuentra entre las muestras más importantes de la música española. La obra se ha representado con éxito, no sólo en toda Hispanoamérica, sino también en París, Roma, Inglaterra, Austria, Holanda, Dinamarca, Suecia, Noruega, Turquía, Rusia, USA y Japón. Yo me proponía ofrecerles un panorama completo de esta zarzuela, pero he variado de criterio. Iremos por partes.

Hoy traigo a colación la famosa “Jota de los Ratas”, tres rateros, porque en días de tantos “imputados” políticos, escoltados por colegas mudos, ciegos y sordos, hay que decir que “todavía hay clases”. Hay quien se curra la mangancia, como los “tres ratas” y hay quienes, en cambio, la practican pomposamente desde confortables despachos, sin apenas riesgos inmediatos. Los “tres ratas” se presentan a sí mismos con humor y casticismo. Y con dosis de actualidad. Los de la política como “industria extractiva” no tienen coraje ni valor ni despliegan mayores esfuerzos, sólo la maldad de robarnos a todos. Tan penoso es lo que estamos viviendo desde hace tanto tiempo, que más nos vale un refresco musical.

Aunque no sea una extraordinaria interpretación, escuchen Vds. la “Jota de los Ratas” mediante el siguiente enlace:


Les acompaño la letra, con indicaciones entre corchetes:

Rata 1º Soy el Rata primero.
Rata 2º Y yo el segundo.
Rata 3º Y yo el tercero.

Los tres. Siempre que nos persigue/la autoridad,/es cuando muy tranquilos/timamos más.

Rata 1º Nuestra fe de bautismo ...
Rata 2º La tiene el cura ...
Rata 3º De Saladero. [antigua prisión de Madrid]

Los tres. Cuando nos echa mano/la policía/estamos seguritos/que es para un día.
A muchos les paece [popular: parece]/que nuestra carrera,/sin grandes estudios/la sigue cualquiera;/
pues oigan ustedes/lo que es más preciso/pa ser licenciado/sin ir a presidio.

[Aquí viene la descripción del “master” rateril]

Para empezar la carrera/hay que tener vocación,/yendo una vez tan siquiera/a ponerse el capuchón. [a la prisión, adonde se les conducía encapuchados]/Porque allí tan sólo/se puede apreciar/lo que vale luego/tener libertad./Por más que en saliendo,/siempre grito yo:/"Vivan las cadenas!/si parecen buenas/y son de reloj".

En los tranvías y ripperts [buses o tranvías tirados por mulas o caballos]/y en dónde se halla ocasión,/damos funciones gratuitas/de prestidigitación.
No hay portamonedas/que seguro esté,/cuando lo diquela [argot caló: diquelar: ver, darse cuenta de]/uno de los tres.
Y si cae un primo/que tenga metal,/se le da el gran timo,aunque sea el primo/un primo carnal.

Guardias. [Se supone que es remedo -la “u” en vez de la “o”- de pronunciación propia de gallegos]:

Lu que es el talentu,/lu que es la mullera,/a ver si este chisme/lu inventa cualquiera.
Lu menus tres meses hace/que vamus tras de estus pillus,/y gracias a este caletre/pur fin lus hemus cugidu./Caiga la trampa/con precaución,/que ya tenemos/dentru el ratón.
Este serviciu/pronto saldrá/en las colúminas/de "El imparcial". ¡Riá!

Los Ratas. ¡Ay qué gracia tiene/esta ratonera,/que se van los Ratas,/de cualquier manera!
Vamos con cuidado,/sin pestañear,/y ya van mil veces/que nos chuleamos/de la autoridad. ¡Riá

Escribió Federizo Nietzsche sobre esta jota: “Una importante ampliación del concepto – la opereta española La Gran Vía, que he escuchado dos veces, un acontecimiento madrileño de primer orden. Algo que simplemente no puede ser importado; se tendría que ser un pícaro y el demonio mismo, un tipo instintivo y solemne a la vez… Un trío de tres solemnes, viejos e inmensos villanos es lo más fuerte que he visto y oído… incluso en música: el genio no se puede formular. Pongamos por caso a Rossini, de quien conozco bastante su obra –ocho de sus óperas– y elijamos nuestra favorita, La Cenerentola, para compararla: pues bien, resulta mil veces más inocente cuando se confronta con las obras españolas. Sólo un completo pícaro podría concebir hasta el mero argumento; el modo en que los villanos aparecen en escena como un relámpago parece un juego de manos. Cuatro o cinco números musicales que merecen ser escuchados… La bella Helena de Offenbach escuchada inmediatamente después palideció tristemente. Me marché. Dura una hora exacta…”

Muy simpática y significativa de la internacionalidad de LA GRAN VÍA y de la música de Chueca me parece esta otra versión de la “Jota de los Ratas”, a cargo del Jarvis Conservatory, de Napa, California. Va con subtitulos en inglés.

1 comentario:

Anónimo dijo...

He disfrutado enormemente leyendo esta entrada, y me ha dado información de utilidad y anecdótica para adorar más aún la maestría de la jota de las ratas. Mil gracias.