sábado, 25 de enero de 2014

LA SEGUNDA IMPUTACIÓN DE LA INFANTA CRISTINA


UN DESMADRE DEL JUEZ Y DEL FISCAL, QUE NO AYUDA NADA A LA JUSTICIA


Antes de explicar en qué consiste el desmadre y por qué no ayuda, sino que perjudica a la Justicia, me parece necesario dejar sentados algunos puntos, de mucha más importancia aún que lo que considero un desmadre.

I.— El primero es éste: me parece temerario que quienes no conocen con detalle las actuaciones de la instrucción en ese proceso hayan alcanzado ya un veredicto, sea de culpabilidad, sea de inocencia. Es un juicio temerario, porque es un juicio sin conocimiento de causa de un caso con muchos hechos relevantes (acciones y omisiones durante años) que han de ponerse en relación con normas y criterios jurídicos de intenso tecnicismo, como son las que definen el delito fiscal o el blanqueo de capitales. No se trata de un solo hecho central y un pequeño cortejo de hechos accesorios (como un apuñalamiento que causa una muerte o recibir unos concretos regalos en razón de un cargo público, por poner dos ejemplos). Consecuentemente, lo que se escribe a partir de ese veredicto temerario me parece lamentable y, en ocasiones, repugnante, porque, en un asunto que requiere el debido proceso, esas opiniones no sólo prescinden de él, sino que lo obstaculizan y lo descalifican de antemano y, no pocas veces, descalifican injustamente a nuestra Justicia, que para sí quisieran muchos países, incluidos no sólo bastantes de los considerados civilizados, sino también algunas potencias mundiales. Dar por sentado con el máximo énfasis, con máxima rotundidad, que nada negativo le ocurrirá finalmente a la Infanta Cristina, sea porque la imputación se revocará o porque será absuelta, porque aquí no hay jueces y magistrados independientes, es un apriorismo injusto y falso, como nuestra historia reciente muestra.

Es tremendo desatino tirar piedras contra España con ocasión del “affaire Noos”, que es lo que objetivamente están haciendo esos comentaristas, sean profesionales o blogueros, al dar por sentado que la condena jamás se producirá aun siendo plenamente merecida. Pero se ve que muchos tienen a flor de piel una actitud propia de la “Ley de Lynch”: ahorcar rápidamente al cuatrero o, mucho peor, ahorcar de inmediato al negro que parece haber agredido a un blanco. La “Ley de Lynch” ha sido y es patrocinada y aplicada verbalmente aquí en bastantes casos. Es como si volviéramos al simplicísimo “nullum crimen sine pena”, como si no se hubiese alcanzado después la regla “nullum crimen, nulla pena, sine previa lege penale”, con el añadido “sine previo processo penale”.

Como ven, no se trata sólo ni principalmente de respetar la presunción de inocencia, sino de algo más elemental, como es hablar, opinar y juzgar con o sin suficiente fundamento. Y se trata también de no confundir la crítica política (y no digamos la crítica política instrumental de planes políticos) con la opinión jurídica sobre asuntos judiciales en curso (v. nuestro post CORRUPCIÓN SOBRE LA CORRUPCIÓN Y CORRUPCIÓN COMO DISTRACCIÓN, de 15 de abril de 2013: http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2013/04/corrupcion-sobre-la-corrupcion-y.html)

Dicho lo anterior, añadiré algunas cosas más. Aunque la Infanta no está aforada, es decir, está siendo sujeto pasivo de un proceso a cargo del juez ordinariamente previsto por la ley, los privilegios están saliendo a relucir constantemente en estos días. Pues bien, hace muchos años ya que tengo señalada y denostada la tremenda proliferación de aforamientos actual, que supera con creces a la franquista. Asimismo, hace años que me parece gravísimo el problema de la imputación y, en concreto, ésa que se produce de modo que se estigmatiza a una persona, en ocasiones con enorme e irreparable daño moral y patrimonial, pero el estigma se dice debido a la necesidad de ofrecer las mayores garantías a la persona a la que se imputa: “venga Vd., como presunto delincuente (porque eso es lo que deriva de la imputación), porque así tiene que venir con Abogado, sin el deber de decir verdad y con el derecho a guardar silencio sin que de éste se le derive ningún perjuicio. Es todo por su bien, imputado”. No es posible seguir manteniendo un sarcasmo tan nocivo como éste y pretender, a la vez, que nuestros procesos penales son impecables. Pero éste es un fallo mucho más de la ley y de cierta jurisprudencia que de este o aquel juez.

Llevo también mucho tiempo clamando contra la masiva violación del secreto del sumario o, en términos más precisos, de las actuaciones de instrucción. Son tantos los efectos negativos de esa habitual infracción jurídica que no me detengo en ella, aunque volveré sobre ella de modo muy concreto.

Por último, debo añadir que no tengo buena opinión, sino todo lo contrario, sobre el comportamiento de muchos miembros de la actual Casa Real. No me inclino en modo alguno a defenderlos, pero tampoco siento deseos de verlos condenados penalmente. Desde luego, no pienso que, aunque merezcan una condena, hay un interés público o del Estado en evitarla porque el Estado peligra. El Estado no peligra si hay una condena justa y bien fundada. Pero el Estado peligra tanto si se les absuelve malamente como si malamente se les condena.

II.— Sentado lo anterior, llego al punto que he calificado de desmadre.  El 3 de abril de 2013, el juez José Castro Aragón, titular del Juzgado de Instrucción nº 3 de Palma de Mallorca, dicta un auto, de 18 páginas, por el que citada a declarar como imputada a la Infanta Cristina. Aquí analizamos ese auto en el post SOBRE LA CITACIÓN DE LA INFANTA CRISTINA A DECLARAR COMO IMPUTADA, de 6 de abril de 2013: http://andresdelaoliva.blogspot.com.es/2013/04/sobre-la-citacion-de-la-infanta.html. Revocado este auto por la Audiencia Provincial, al cabo de bastante tiempo y tras nuevas actuaciones, el juez José Castro dicta un nuevo auto el 7 de enero de 2014, por el que nuevamente cita a la Infanta a declarar como imputada, esta vez por delito fiscal y blanqueo de capitales. El nuevo auto consta de 227 páginas.  A quien le interese mucho leerlo si no lo hizo en su momento (cosa comprensible y disculpable), aquí le dejo un posible enlace: http://www.elmundo.es/espana/2014/01/07/52cba147268e3ea3448b456a.html.

Con sorpresa (y disgusto) de muchos, se anuncia que la Infanta no recurrirá el auto de 7 de enero y que está dispuesta a declarar tan pronto como lo disponga el juez Castro. La Fiscalía Anticorrupción, personificada en Pedro Horrach, que ha seguido e impulsado el caso desde el principio, siempre al lado del juez Castro hasta una fuerte discrepancia sobre la imputación de la Infanta, anuncia poco después que tampoco recurrirá el auto. Pero el día 15 de enero de 2014, el fiscal Horrach presenta un escrito, de 11 folios y medio, pidiendo que, antes de recibir la declaración de la Infanta, Castro cite y tome declaración a varios Inspectores de la Agencia Tributaria (como peritos), a los representantes de varias empresas (como testigos) y, sin mencionar en qué calidad, a la Inspectora Jefe del Grupo de Delincuencia Económica de la Policía Nacional.  En este escrito (al que los lectores de este blog pueden acceder desde el siguiente enlace: http://www.elmundo.es/espana/2014/01/16/52d7d1c9e2704e486c8b4577.html), Horrach, para fundamentar su petición, analiza distintos pasajes del auto de Castro de 7 de enero de 2014 y critica muy duramente —con dureza en verdad insólita— algunas de las más importantes afirmaciones vertidas por el juez en su auto.

De inmediato, se acusa virulentamente al fiscal, desde distintas instancias, de buscar el desprestigio del juez Castro y de defender con parcialidad y sin objetividad a la Infanta. No pocos dan por sentada la intervención de Horrach en una “campaña de desprestigio” del juez Castro y, además, afirman una concertación del Fiscal con la defensa de la Infanta, etc. Me parece que, como diré más adelante, la realidad es distinta.

Si uno no pretende que conoce realidades extraprocesales que desconoce y no hace caso de quienes escriben como si las conocieran con certeza o, en todo caso, se prodigan en procesos de intenciones (contra o a favor del juez y contra o a favor del fiscal); si uno se atiene a los papeles, a las resoluciones citadas, la verdad que muestran no es otra que un desmadre: un total desbordamiento del cauce, una actuación desquiciada, sacada de quicio y, por tanto, moviéndose fuera del eje necesario y razonable. La única realidad clara es, por un lado, una resolución judicial que no busca estrictamente resolver, decidir, con la motivación necesaria (¡ojo!: hablo de la resolución judicial, del auto del pasado 7 de enero, no del juez Castro); y, por otro lado, una solicitud de diligencias de instrucción que va más allá de motivar esas diligencias.

El fiscal Horrach hubiese podido exponer la motivación de su solicitud de declaraciones y su discrepancia con el juez Castro sin sembrar su escrito de frases y expresiones hirientes, perfectamente superfluas para el fin de la administración de justicia. Pero el auto de 227 folios, cronológica y lógicamente anterior al escrito de Horrach, es un insólito documento al que le sobran muchos, muchísimos folios para justificar una citación a declarar como imputada a la Infanta Cristina. Y aquí, en el terreno de lo procesal, ineludible para hacer justicia, lo que abunda y sobreabunda sí daña, y mucho. Daña muchos bienes de la vida y jurídicos y daña, para empezar, la consideración que podrían merecer los autores de esos documentos.

No hace ninguna falta ponerse a calcular cuántos folios del descomunal auto de 227 folios están de más. Dejo también a un lado la grandísima paradoja que representa esa desmesurada extensión precisamente cuando es candente —y el mismo auto lo reconoce así varias veces— la polémica sobre la desigualdad de trato y el contraste con los habituales comportamientos procesales en el caso de la Infanta. Lo dejo de lado porque ni lo inusual es necesariamente ilegal o inmoral ni lo usual es siempre maravilloso y digno de aplauso. No es infrecuente que, en bastantes otros casos, juez, fiscal, abogados, etc., se aparten de lo habitual. Y no constituye un argumento jurídico que innumerables citaciones a declarar como imputado se acuerden en resoluciones de un folio o dos. He visto en mi vida bastantes citaciones practicadas aún más concisamente: mediante telegrama de tres líneas, ante el que el destinatario tenía que hacer gestiones para enterarse del motivo de ser citado, a veces tras infringirse la ley (porque, p. ej., se había omitido la inmediata comunicación al querellado de la querella admitida: art. 118 LECrim).  Me parece claro que todo esto, lo más frecuente y lo habitual, no es precisamente admirable y deseable.

El de 7 de enero de 2014 es un auto monstruoso en el más estricto sentido del término “monstruo”. Decir, como se ha dicho, que es el auto más motivado de nuestra Historia no será la mayor tontería publicada en nuestra Historia, pero es de las afirmaciones más estultas que recuerdo en el periodismo español sobre asuntos judiciales. La motivación no se mide al peso en papel o por número de bytes. Debería holgar decirlo, pero parece que es necesario. Lo que el auto del juez Castro puede tener de record es la extensión física, pero no lo considero en absoluto ejemplar. Las resoluciones judiciales (y, en general, los actos procesales escritos) deberían caracterizarse por la sobriedad en la exposición de hechos y de fundamentos jurídicos. Así son más claros y convincentes. De esa ejemplaridad se aparta mucho el referido auto del juez Castro. Es significativo que algunos profesionales del Derecho hayan llegado a escribir y publicar unos artículos encaminados a separar el grano de la paja y explicar la sustancia del auto a quienes estuviesen interesados en entender la imputación.

Hay mucha hojarasca en los 227 folios y una resolución con ese contenido y ese impacto hubiera debido caracterizarse por carecer de tantos elementos que están de más, que sobran y que, en definitiva, son estorbos para el fin de impartir justicia de modo sereno y convincente.

Sobran las numerosas páginas del auto en que se reproducen alegaciones de distintas partes procesales. Sobran porque el juez sólo tenía que tomarlas en consideración y para eso no necesitaba reproducirlas. Sobran porque muchas son innecesariamente denigratorias y sobran, en especial, las que denigran a personas que no son parte en el proceso. También están de más las páginas en las que el juez polemiza, mucho más allá de fundamentar lo que resuelve. Y polemiza a tutiplén. Polemiza con el Ministerio Fiscal, con la Audiencia Provincial, con la Agencia Tributaria e incluso con opiniones publicadas fuera del proceso. A causa de muchos pasajes, el auto aparece como una apología de su autor, lo que resulta comprensible, pero no por eso aceptable ni elogiable en una resolución judicial. Y el fiscal Horrach, aunque se equivoque en la forma, no carece de razón cuando aprecia que el auto abunda en elementos dirigidos al reproche ético a la Infanta, sin clara relevancia jurídica.

Sobran por completo las no pocas páginas en que se muestra la diferencia entre el comportamiento del Fiscal y de la defensa de la Infanta y el comportamiento de otros imputados, que no recurrieron las escuetas citaciones. El juez Castro considera necesario pormenorizar esos comportamientos, que, desde luego, fácilmente pueden dejar en mal lugar ante la opinión pública a la Infanta, pero que carecen de toda relevancia procesal. ¿O hay que decir que cada cual ejercita sus derechos como le parece oportuno, sin que eso sea reprobable? ¿Puede haber un reproche jurídico relevante a que el Fiscal recurriese el primer auto de citación de la Infante cuando la Audiencia le dio la razón y anuló el auto?

Para no alargarme más, señalaré otra característica del auto de 7 de enero de 2014. Se advierte, de cabo a rabo del texto, una fuerte tensión entre dos líneas argumentales opuestas. Por un lado, la dirigida a justificar la imputación y, por otro, la que insiste en la citación como imputada sólo busca preguntar. A ver si atino a explicarme con palabras llanas. El juez viene a decir: “Vd., imputada y citada, hizo esto y lo otro, que no está nada bien, por estos motivos, ¿cómo no la voy a citar a declarar como imputada?”. Pero, en el mismo auto, se viene a decir también: “Que yo la cite como imputada no significa que piense que ha delinquido: sólo trato de saber, sólo trato de escuchar, para ver si me explica Vd. esto y lo otro”. Sin embargo, lo cierto es que esa tensión, producto también del desmadre, muestra una indisimulable contradicción, porque en toda la cháchara del auto queda claro que el juez piensa que sus preguntas no pueden recibir respuestas que exculpen a la Infanta citada. Hay, pues, o así lo aprecio yo, un cierto aroma de impostura, de dialéctica tramposa.

Lo que se ha escrito en esos 227 folios podría legítimamente escribirse en cualquier medio de comunicación o de expresión. La crítica a la pareja Borbón-Urdangarín podrá discutirse en este o aquel punto, pero, insisto, sería legítima y pienso que nadie podría considerarla insultante y gratuita. Pero es completamente impropia de una resolución judicial. El auto de 7 de enero de 2014 es, sí, modélico, pero modelo de lo que, a mi entender, es una desorientación de un juez que, llegado un momento, más que centrarse fríamente en hacer el trabajo procesal de una imputación, se dedica a una apología de su labor investigadora y a salir victorioso en una polémica múltiple. El escrito del fiscal Horrach, por su parte, se desmadra formalmente en la crítica del descomunal auto de Castro y presenta, por ese motivo, un aire de duro ajuste de cuentas personal, aunque expone, con toda la concisión que le ha faltado a Castro, lo que puede exculpar a la Infanta Cristina. Desde el punto de vista de la retórica, lo que sobra en el auto de Castro debilita ante el público la imputación, mientras que la concisión de Horrach favorece la exculpación. Pero en una cosa coinciden ambos: juez y fiscal han escrito cara a la galería, bien conscientes de que el secreto del sumario iba a durar un nanosegundo. Y eso no está nada bien.

Acerca de si hay delito fiscal o blanqueo de capitales, o las dos cosas, no tengo criterio, porque se trata, como ya dije, de cuestiones que atañen al Derecho penal sustantivo en materias con un alto grado de tecnicismo. Pero, como procesalista, que ha leído resoluciones en casos especialmente “sensibles”, digo que es posible, porque se ha hecho, hacer en tales casos resoluciones judiciales serias y bien motivadas, sin desmadre alguno. Y eso, que siempre es bueno, resulta especialmente necesario en esos casos, entre los que está el de la Infanta de España.
 
PD. El "paseíllo" debe evitarse, no sólo a la Infanta, sino a cualquiera que esté amenazado con padecerlo. No existe esa pena. No es una cuestión de seguridad, sino de que en el espíritu de la ley está bien claro que todas estas actuaciones deben llevarse a cabo del modo que menos perjudique a la persona, a su reputación y a su patrimonio (arg. art. 520. 1 LECrim).

miércoles, 1 de enero de 2014

PARA EMPEZAR BIEN 2014


ELECTROCUTAR A LAS ELÉCTRICAS
 
UN TEST INFALIBLE SOBRE LA ALINEACIÓN DEL GOBIERNO CON LA CORRUPCIÓN O LA REGENERACIÓN


En la tremenda escandalera desencadenada en España por una subasta que arrojaba un aumento catastrófico del precio de la electricidad, situándolo como el más caro, de lejos, dentro de la Unión Europea, ha intervenido, sin duda, alguien más que el oligopolio de las productoras de esa energía: Iberdrola (alias Ibertrola), Gas Natural-Unión Fenosa (alias Unión Penosa), Endesa, etc. Estamos hoy en una situación de grave indefinición, de insoportable incertidumbre, para mañana y para pasado mañana, acerca de lo que va a costar la electricidad, lo que significa, entre otras cosas, estas dos: 1) que el ciudadano medio no sabe cuánto le dejará libre de sus ingresos la factura de la luz, por más que reduzca su consumo de los más diversos modos; 2) las empresas y, en especial, las fábricas, las industrias, no pueden saber el coste de producir lo que sea que produzcan. Así, entre otras cosas, nuestra competitividad, tan decisiva, está en el aire.

En la escandalera de la subasta de marras y en el presente estado de cosas, el denominado “Gobierno de España”  ha tenido y tiene un protagonismo importantísimo con una política (?) errática que viene de lejos, con decisiones de gobiernos anteriores, pero no mejoradas ni rectificadas por el Gobierno actual.

Por si hiciese falta confesarlo, declaro no ser un experto en el tema de la energía eléctrica en España. Soy uno más de los mártires del oligopolio, no sólo por el precio, sino por el pésimo funcionamiento de servicios tan elementales como el de proporcionar rápidamente la energía que contratas, lo que, en este preciso momento, me impide vivir y trabajar en una vivienda de mi propiedad. Pero, al margen de incidencias que me afectan gravemente (y no sé por cuánto tiempo), he tenido la fortuna de encontrar a varias personas que conocen el tema sin estar implicadas en el negocio. En sus excelentes explicaciones me baso para lo que voy a decir, aunque mi personal inclinación a sentar a las eléctricas mencionadas en una silla de las suyas esté muy motivada por mi presente martirio, que ya dura, aunque no se lo crean, bastante más de un mes.

Simplificando mucho: 1) Tenemos en España una capacidad de producción eléctrica instalada y de posible funcionamiento que supera nuestras necesidades de consumo; 2) Tenemos un sector mundialmente puntero en la fabricación de generadores eólicos de electricidad y, de hecho, uno de los resultados (no el único) de esa realidad es que una alta proporción de la electricidad que consumimos procede ya de nuestros parques eólicos; 3) El transporte y distribución de energía eléctrica por redes de alta tensión (de propiedad pública) corresponde a la empresa estatal Red Eléctrica de España, que funciona satisfactoriamente y con transparencia; 4) Las compañías de producción y distribución eléctrica final no se encuentran en crisis: obtienen cada año notables ganancias: lo único que sucede es que quieren no ver reducidas esas ganancias: si ganan seis mil millones, no quieren ganar sólo tres mil millones; 5) Pese a todo lo anterior, tenemos, insisto, la energía eléctrica más cara de la UE; 6) Una buena parte de ese carísimo precio se debe al denominado déficit tarifario o déficit de tarifa, que es lo que el Estado (o sea, todos nosotros) le debe supuestamente a los productores y distribuidores de electricidad a causa a una supuesta diferencia entre el precio al consumidor, supuestamente asequible, y el supuesto coste real de lo que las eléctricas dan a los consumidores.

A causa de una historia larga y complicada, plagada de trucos y de privilegios irracionales, resulta que, al pasar del monopolio a la “liberalización”, para que las pobrecitas eléctricas no subiesen y no suban los supuestos costes reales en el "recibo de la luz", la diferencia se la adeudamos los pequeños y grandes consumidores de electricidad, lo que significa que las pobrecitas eléctricas son acreedores del Estado. Lo que el Estado (es decir, todos nosotros) adeuda a estas pobrecitas eléctricas supuestamente a cambio de que no nos cobren la electricidad al supuesto coste real, asciende en la actualidad a unos 25.000 millones de euros y, previsiblemente, seguirá aumentando.

Como verán, son muchas las suposiciones con que se opera. Ninguna de esas suposiciones perjudica a las pobrecitas eléctricas. Todas les son favorables. Y que el Estado se endeude con estas pobres y sacrificadas compañías, para que no nos suban los “recibos dela luz” no ha impedido que ese “recibo” haya aumentado un 70% en seis años hasta el 2012.

Esto, aunque resulte increíble, sucede en el marco de una “economía de libre mercado”, con reguladores múltiples del “fair play”, que han ido cambiando de nombre y de configuración. Se trata de un sarcasmo hiriente, cruel, para quienes toda la vida hemos defendido la libertad económica frente a la planificación estatalista. Y es en ese marco supuestamente liberal en el que se pueden producir “subastas de energía eléctrica” como la última tan escandalosa, a la que las pobrecitas eléctricas concurrieron ante los representantes de los consumidores necesitados de electricidad, con una oferta de producción determinada por haber cerrado una central nuclear (que al PP le costó sangre mantener abierta) y por una notable disminución voluntaria de producción hidroeléctrica.

Ni qué decir tiene que una buena parte de las instalaciones de producción de energía eléctrica se encuentran ya plenamente amortizadas, muchas de ellas desde que se pasó del monopolio estatal al “libre mercado” o “liberalización” actuales.

Un comentario frecuentísimo cuando se trata de este sangrante asunto de la electricidad en España consiste en afirmar que es fortísima la presión que las pobrecitas eléctricas han ejercido y ejercen sobre todos los Gobiernos de la Nación,  cada una por sí y todas juntas a través de UNESA, Asociación Española de la Industria Eléctrica. Pues yo, para empezar este año 2014, respondo que, en grandísima medida, la presión es eficaz a causa de los presionados, que se dejan presionar sin gran dolor y no utilizan en serio las armas que les puede proporcionar un Estado social y democrático de Derecho.

Con una mayoría absoluta holgada en las dos Cámaras legislativas, con la posibilidad de afrontar urgentemente una situación intolerable mediante el instrumento del Decreto-Ley y con una oposición que no podría legítimamente atacar una actuación firme en esta materia, ¿no podría el Gobierno que preside el Sr. Rajoy dar, a comienzos de este año 2014, una prueba sólida de un afán de regeneración política y moral, cortando el nudo gordiano del déficit tarifario, por ejemplo? Así, de paso, nos libraríamos de la vomitiva impresión que nos produce ver a expresidentes del Gobierno y exministros cobrando millonarias cantidades de las pobrecitas eléctricas.

Si el Gobierno estuviese subvencionando directamente a grupos revolucionarios no contribuiría mejor que ahora, con sus acciones y omisiones, a la cólera ciudadana. Año nuevo, Gobierno nuevo. A nada que podamos, si no es por las buenas, tendrá que ser por las malas. Porque los abusos ya alcanzan la cota insufrible de la tiranía. Por si no estuviese claro, miren cómo la clase política, el establishment, se pretende blindar con proyectos de ley como los de la Seguridad Ciudadana y el todavía más vergonzoso de la Seguridad Privada, con el que se recurre al “mercado” para —no nos engañemos más— dar a ganar dinero a los amigos que les echen una mano.

martes, 24 de diciembre de 2013


MI NIÑO PEINADITO

Tengo delante de mí la pantalla del ordenador, claro, pero un poco más arriba tengo una pequeña preciosidad. Véanla, aunque la foto no sea muy buena:

 


Este pequeño tesoro vino del Perú un buen día y otro día, aún mejor, llegó a mis manos por la generosidad de un par de amigos.

Ahora, en la próxima madrugada, llega, aún más que cualquier día, el nacimiento de este Niño, mi Niño peinadito. Es Navidad y la celebramos con lo que necesitamos tener y necesitamos dar a todos: alegría y calor. Que no nos venza la tristeza ni nos domine la frialdad, la insensibilidad, la indiferencia, el egoísmo, la vanidad, la ambición, la codicia. Que no nos venza lo que puede destruir a las personas y está destruyendo nuestra sociedad.

Para muchos, es el Niño, Dios y hombre verdadero, mi Niño peinadito, la fuente de toda energía interior. Sin él estaríamos perdidos. Sin él ni siquiera creeríamos en él.

Por la historia, que no se puede alterar, lo que celebramos en estos días es el nacimiento del Niño, la Navidad. Con más o menos fe, o sin ella, es un hecho que el nacimiento de este niño peinadito a raya, más documentado que el de Alejandro Magno, cambió la humanidad: con grandísimas luces, aunque que nos hemos encargado de arrojar no pocas sombras a la vida de los hombres durante más de dos milenios.

Los creyentes no somos mejores que nadie. Como decía un gran hombre y un gran santo, estamos hechos del mismo barro de botijo que todos. Lo que tenemos son más deberes, más responsabilidad. No tenemos, de ordinario, ningún deber de juzgar y sí, en cambio, el deber de comprender (tarea de la cabeza, sobre todo) y de amar: el más lindo querer, que dice la jota navarra, el querer sin la esperanza de nada a cambio. Las fuerzas para intentar afrontar ese deber, esa responsabilidad, nunca las tendremos sin el Niño. Y sin su Madre.

A todos los lectores de este blog, piensen lo que piensen y crean o no, mi más intenso deseo de paz y felicidad en esta Navidad y en el nuevo año que se acerca. Lo escribo con el corazón enternecido al contemplar mi pequeño tesoro.

Y va mi recuerdo más afectuoso y compasivo —sí, compasivo de verdad— para quienes, en esta concreta Navidad, parecen no comprender que el valor de toda vida humana, también la de quienes aún se encuentran en el seno de su madre sin ser parte de ella, es un punto de partida necesario para edificar la convivencia sobre la base de la dignidad del hombre. No es una cuestión de fe. Es un asunto, con la más sólida base científica, de conocimiento y de sensibilidad, al alcance de todo hombre y de toda mujer. Si no valoramos como es debido la dignidad de cualquier vida humana, el edificio de nuestra vida en sociedad no se sostiene. No hablo de proyectos de ley ni de Constituciones ni de derechas o izquierdas: hablo de lo esencial y básico. Hoy, deseemos y procuremos con todas nuestras fuerzas que nazcan todos los que han de nacer, los que, siempre en la historia y ahora también, han sido llamados los nascituri. Nadie tiene un genuino derecho a declarar moriturus a uno solo de ellos.

¡Feliz Navidad a todos!

lunes, 9 de diciembre de 2013

A LOS 35 AÑOS DE LA CONSTITUCIÓN, ELLA NO TIENE LA CULPA DE NUESTROS MALES


ESBOZO DE UNA ESPAÑA MALTRATADA POR SUS DIRIGENTES
ESTAMOS EN MALAS MANOS

Para conmemorar el 35º cumpleaños de la Constitución de 1978, han consumado una orgía de politicastros falseando por completo ese órgano constitucional, ya en muy mal estado, que era (ahora sólo es una ficción a base de un cadáver embalsamado y acicalado) el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). De nada le va a servir al régimen, al establishment español, el enésimo intento de disfrazar la más clara expresión del Estado de partidos, que ha sustituido al Estado de Derecho. A nadie, a nadie en absoluto, han conseguido engañar con el nuevo CGPJ y el nuevo Presidente del Tribunal Supremo y del mismo CGPJ.

Pertinaces en la constante infracción de nuestra Ley de leyes, quieren distraernos también hablando de su reforma. Hay comentaristas presuntamente pensantes que han llegado a enumerar, como razones para esa reforma, los mejores, más claros y también más infringidos preceptos: la bandera, la lengua oficial que se debe conocer y ha de poderse usar, la “indisoluble unidad de la Nación española”, el derecho a la intimidad, el secreto de las comunicaciones, la igualdad ante la ley, la interdicción de la arbitrariedad. Todo eso no hay que tocarlo, sino cumplirlo y hacerlo cumplir. Y lo que hacen es incumplirlo y tolerar o amparar su clamoroso incumplimiento. Lo único verdaderamente nefasto de la vigente Constitución es su Título VIII (“organización territorial del Estado”) y mucho más en el desarrollo legal de su Capítulo III (“comunidades autónomas”) que en su propio texto. Pero milagroso sería que tirios o troyanos estuviesen dispuestos a cambiar eso: el desmadrado e insostenible “Estado de las Autonomías”.

Estamos en muy malas manos. Estamos, como es bien sabido, en manos de profesionales de la política, que no son tales por una ejemplar dedicación a ella, con los esfuerzos y las habilidades propias de un buen profesional, sino de personas que, incapaces o perezosos, no han hecho en su vida otra cosa que ocupar cargos políticos. Estos profesionales sustituyen sistemáticamente los principios de “mérito y capacidad” por la posesión del adecuado perfil: “ser de confianza”. Hemos llegado al colmo de un largo proceso de selección a la inversa: no interesa la cualificación probada y seria, sino la seguridad en el funcionamiento de una cadena de transmisión que empieza en el “ordeno y mando” del Jefe. Se rechaza a quienes pueden ser capaces de pensar por su cuenta, aunque sólo sea para sugerir, con la máxima suavidad, que esta ocurrencia o tal iniciativa presentan aspectos problemáticos. Hemos llegado a una imitación perfecta, en nuestra vida pública, de las frases mafiosas y gansteriles de las películas: «¿Es que te pago para que pienses?» «¿Qué parte no has entendido de “rómpeles las rodillas”?»

Una consecuencia de todo esto es que, para oficios de contenido netamente jurídico, nada de verdaderos juristas, que, además, son pocos, porque llamar “jurista” a cualquier Licenciado o incluso Doctor en Derecho es una tergiversación del lenguaje tan tremenda como sería llamar “sabio” a cualquier Licenciado o Doctor en Ciencias Físicas, Químicas, Biológicas, etc. En todo caso, nada de juristas consagrados o con trayectoria reconocida. Lo que interesan son leguleyos, escribanos, “juristas de alquiler”, personas que, si acaso, aprobaron en su día una oposición y, por lo visto, alcanzaron un punto de llegada insuperable e inmarcesible, en lugar de un punto de partida desde el que trabajar duro. De este modo, cabe leer que un Magistrado alpinista y encumbrado, de corto ejercicio jurisdiccional y larga implicación con el único poder (el ejecutivo, claro está) es un “jurista de fuste”, cuando las bases del ISBN (libros) y del ISSN (revistas) no registran una sola publicación de cierta categoría y no puede exhibir una sola sentencia admirable y admirada.

Así las cosas, ¿es de extrañar que no haya habido, en las últimas ocasiones, un solo profesional del Derecho independiente y serio, al que simplemente se le haya pasado por la cabeza ser el próximo Presidente del Tribunal Supremo o Magistrado del Tribunal Constitucional? De vez en cuando, suena la flauta y los partidos políticos se fijan en alguien que resulta ser digno. Pero ¿aspirar y moverse para uno de esos puestos que requieren consenso político-partidista? Eso sólo se les ocurre a los miembros “juristas” de la clase política, subclase judicial, universitaria o abogadil.


Con conocimiento de causa, puedo poner otro ejemplo de la selección al revés: los evaluadores de la investigación que no investigan. Pero ahora no entraré en detalles, porque no quiero amargarme el día deteniéndome en el escuálido curriculum científico que presentan los elegidos (no se sabe muy bien por quién) para evaluar, en concreto, la actividad investigadora de los profesores universitarios de Derecho. [Por cierto que sobre evaluaciones, impactos, índices, publicaciones de referencia, etc. no está de más conocer la denuncia del Nobel de Medicina, Randy Schekman, en The Guardianhttp://www.theguardian.com/science/2013/dec/09/nobel-winner-boycott-science-journals Titulares: Nobel winner declares boycott of top science journals
Randy Schekman says his lab will no longer send papers to Nature, Cell and Science as they distort scientific process. El artículo de Schekman aparece después en EL PAÍS: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/12/11/actualidad/1386798478_265291.html] También prefiero no referirme pormenorizadamente a los méritos de quienes dirigen diversos tinglados y chiringuitos varios, con escaso quehacer, entidades no eliminadas o degradadas a dependencias de menor coste sólo, me parece, para proveer holgadamente a las “necesidades” de los dirigentes. Abundan, entre éstos, los ex-jóvenes del tipo que aquí mostré tiempo ha (post del jueves, 10 de marzo de 2011, titulado MÁS SOBRE POLÍTICOS “COMPETENTES”: ELEMENTALIDADES OLVIDADAS O DESPRECIADAS EL "EX-OPOSITOR" (TRIUNFANTE) Y EL “EX-JOVEN”). Son (o eran) muchachos con look de seguridad en sí mismos, de autoestima por las nubes, pero de curricúlun por los suelos. De ésos que ya se han estrellado, pero se empeñan en creer que son los demás quienes circulan en dirección contraria. En pocas palabras: pequeños neotecnócratas patanes, dispuestos a comerse el mundo, sin saber que carecen de la adecuada dentadura.



Así resulta que es la ineficiencia, más aún que el compadreo o la corrupción, lo que está caracterizando a gobiernos y administraciones en los últimos tiempos. Porque ya han llegado en masa al poder y a la administración, expulsando o arrinconando a la gente decente, multitud de ineptos sin historial de trabajo positivo, pero con una chulería que supera a la de los proxenetas más abusivos. Son, con alguna frecuencia, macarras con vísceras neonazis travestidos de liberales. Y han abrazado, aunque quizá sin saberlo, la doctrina gallardoniana del poder sádico, del gobernar es hacer sufrir. (v. post del miércoles 12 de diciembre de 2012 RUIZ GALLARDÓN DEFORMA LA HISTORIA DE ESPAÑA HASTA HACERLA IRRECONOCIBLE.) Así que tienen que hacer sufrir al administrado, al súbdito, incluso si están a cargo del chiringuito menos relevante para el interés general.

Y eso, esa ineficiencia indisimulable, esa ineptitud grosera, pero con altanería de baja estofa, de verdaderos chulos, es lo que están padeciendo los contribuyentes, los expropiados mes a mes para nutrir las pesebreras. Pesebreras que no son todas públicas, sino también privadas y mixtas, fruto de una simbiosis incesante entre el poder político —con sus repartos de cuotas— y la vida económica. Para esa simbiosis, no hay nunca conflicto de intereses, sino confluencia de oportunidades de lucro. Porque lo peor de todo, lo más grave de todo, con mucho, es que tantos dirigentes y tantas personas con influencia social hayan abrazado la exacerbación calvinista más extrema del culto al dinero y, en consecuencia, de los salvoconductos y los privilegios a los adinerados, sobre todo a las corporaciones, a las grandes y no tan grandes compañías. Han arrojado a los cubos de la basura los últimos vestigios de sensibilidad hacia los que pasan apuros, menores o mayores: al parecer, piensan que bien merecido tienen la angustia económica o la indigencia. Las diferencias se hacen abismales.

Estamos en muy malas manos. Y, dejando ahora a un lado la alta política internacional y la recuperación económica, vistas las cosas muy de tejas abajo, la política interior resulta deplorable. Han entregado la educación al terrorismo de los asesinos de la enseñanza. No han hecho nada por sanear la financiación de la ciencia y de la investigación, sino que las han sometido a una dieta de hambre. Manejan como pollos sin cabeza la maquinaria recaudatoria, etc.

En la vida política hay —justo es reconocerlo— no pocas excepciones de personas que se esfuerzan en hacer bien su trabajo y procuran mejorar la parcela que les ha correspondido. Conocen muy bien y sufren en carne propia todo lo que acabo de escribir y pueden, como yo podría, poner nombres, apellidos y razones sociales a los inmorales que, en el mejor de los casos, son como incansables perros del hortelano. Pero esas personas callan, porque en su oficio público es inconcebible hablar alto y claro (y no les falta razón: serían expulsadas de inmediato). Y esas excepciones no cuentan para la Jefatura. Son hombres y mujeres kleenex, útiles para disimular mínimamente la ineptitud, la ineficiencia, pero desechables rápidamente.

Mientras tanto, millones de sufridos ciudadanos y miles de verdaderos emprendedores sostienen el país y consiguen lo que los políticos se apuntan como “brotes verdes”. El colmo.

No, no perdamos el ánimo. Mantengámoslo alto, puesto que hay tanto que hacer y los deprimidos apenas pueden levantarse de la cama. Pero el ánimo no puede sostenerse a base de eludir estar razonablemente informados, de desviar toda mirada a la realidad, de destruir nuestro olfato de la podredumbre, de cultivar una confortable ingenuidad inhibidora del sentido crítico, de permitir, en fin, que nos extirpen la conciencia y nos implanten, en su lugar, el chip de la corrección. Buen ánimo, sí, pero a pesar de los pesares, no por fingir que no pasa nada alarmante o que lo alarmante es normal y hay que aceptarlo con insensibilidad ovina.

Sé bastante bien que esto que sucede en España está ocurriendo, en grandísima medida, en muchos otros países, países occidentales e incluso “grandes potencias”. La crisis de nuestro tiempo es general. Pero tendremos que empezar, en todo, por aquí.

viernes, 15 de noviembre de 2013


LO VERGONZOSO HUBIESEN SIDO UNAS CONDENAS PENALES

ALGUNAS VERDADES SOBRE EL “PRESTIGE”
(¿“NUNCA MAIS” o más bien “OUTRO MAIS”?)
(actualizado a 19 de noviembre de 2013)



Voy a ser breve, para variar. Nunca una decisión de alejar de la costa un petrolero como el “Prestige”, o una decisión de intentar vararlo en una playa o llevarlo a un puerto, debiera haber sido objeto de un proceso penal. Si ahora mismo hasta el Presidente de la Junta de Galicia se queja de que nadie asuma los costes del “asunto Prestige”, debiera ese Presidente contar con algún asesoramiento jurídico elemental. Porque recuperar fondos de lo que aquel “affaire” costó (nos costó a los contribuyentes) no podía lograrse por la vía de unas condenas penales altísimamente improbables conforme a Derecho y de que en ese proceso penal se impusiesen también condenas a indemnizar los daños (los que no estuviesen ya indemnizados). Lo voy a explicar en este post. 

Conozco bien la zona en que comenzó la tribulación del “Prestige”. Leí en su momento, de cabo a rabo, las comunicaciones entre el buque y las autoridades marítimas de esa zona. Leí todas las opiniones que se escribían. Me informé sobre las opciones –algunas rechazadas tajantemente por quienes podían verse directamente afectados si el barco se rompía al llegar a sus supuestamente preferibles destinos, como coruñeses y ferrolanos- que algunos marineros de agua dulce iban proponiendo o propusieron después, a “Prestige” hundido y chapapote flotante. También hablé largo y tendido con gente que sabe de verdad lo que son olas de ocho metros en un temporal como aquel: pescadores de altura y de bajura, marinos mercantes muy experimentados, navegantes de muchos océanos y mares. Hablé con quienes afrontaron el rescate –una obra de arte del salvamento marítimo- de la tripulación y de quienes habían descendido al “Prestige”. Estuve allí inmediatamente después de que el chapapote llegase incluso a la más alta de las rías bajas. Estuve en la Isla de Sálvora, a la entrada de la ría de Arousa, mientras se limpiaba y hasta eché una manita. Que el chapapote girase en torno a la isla entera y la asfaltase toda (también la parte que da a la ría) contribuyó, junto con los ímprobos esfuerzos de todos los que salieron a sacar chapapote hasta con sartenes, más el cambio del viento, a no envenenar los fondos riquísimos de esa excepcional super-ensenada natural, que es la mayor ría de Galicia y de España, donde hibernaron antaño las flotas de guerra británica y alemana. Un lugar de nutrientes y de composición del agua singularísimos, estudiado en todo el mundo, con el resultado de mejillones, ostras, centollos, nécoras, etc. de tamaño y calidad insuperables.

El Gobierno de España, durante unos días, no reaccionó debidamente ante lo que podía avecinarse. Pero pasados esos días, se volcó en la zona y se arbitraron indemnizaciones y fondos que se pudieron hacer efectivos con una rapidez nunca vista. No me lo han dicho en Madrid: me lo han dicho pescadores, dueños de bares y tascas y docenas de los más diversos habitantes de la costa afectada; me lo contó un farero muy veterano y lo pude confirmar con otras personas: lo que decían en voz baja no era “nunca mais”, sino “outro mais”. Las indemnizaciones, aquella vez, de verdad compensaban.

Esto sentado, vamos a un punto claro: no había ni hay ningún criterio generalmente admitido en el mundo de la navegación y respecto del medio ambiente, acerca de la decisión preferible: acercar el “Prestige” de este modo o del otro y con este o aquel rumbo o llevarlo mar adentro.  Yo podría opinar, por ejemplo, que lo mejor hubiese sido abandonar el barco en marcha una vez fijado un rumbo de colisión contra un acantilado de la Costa da Morte, de manera que el petrolero se rompiese allí, donde la mayor cantidad de su contenido fuese a parar a las rocas batidas por el oleaje, frecuentemente fuerte. Así, con esa enorme presión natural y constante del agua, el chapapote se habría diluido, a costa de unos miles de percebes en ese año. Esto no pasaría de ser una opinión, discutible por muchos conceptos (aunque el poder de limpieza del oleaje es poco discutible: basta haberlo visto, como es mi caso). Cualquier otro criterio sería igualmente discutible. De hecho, se barajaron opciones diversas, todas discutibles y discutidas, y todas afectadas por la incertidumbre acerca de lo que el petrolero aguantaría sin romperse.

Pues bien: lo que sucede con los delitos culposos, como eran los de la acusación del proceso finalizado en Coruña, delitos en que no se aprecia dolo (o mala intención), sino  culpa (negligencia, falta de cuidado, error no invencible), es que se requiere aplicar a cada caso algunos parámetros generalmente aceptados sobre el modo correcto, apropiado y acertado de actuar: lo que hay hacer y lo que no hay que hacer. Así, por ejemplo, para apreciar la culpa, penal e incluso civilmente, como ahora sucede con frecuencia, por los daños físicos o la muerte que se produce relacionada a una actuación médica o sanitaria se acude a los conocimientos médicos generalmente aceptados: lo que se llama “lex artis” o “lex artis ad hoc” (la regla del buen hacer correspondiente a casos como los que se juzgan).

Eso es lo que no existía ni existe para un caso como el de la navegación del “Prestige” una vez que dio la voz de alarma (que no fue, por cierto, de hundimiento, sino de lo que se denomina, “quilla al aire”, es decir, vuelco). Y eso es lo que se juzgaba en A Coruña.

¡Claro que hay responsables de que aquel maldito barco surcase las aguas en las condiciones en que se encontraba! Pero, insisto no era eso -el estado del buque, cuando menos nada boyante- lo que estaba en tela de juicio en A Coruña. Los responsables de permitir que el “Prestige” navegase no eran españoles ni estaban al alcance de la jurisdicción de los tribunales penales españoles. Y la sentencia que se ha dictado no trataba de la responsabilidad por el estado del buque, un estado quizá inadmisible, sino de posibles responsabilidades por las decisiones que se adoptaron tras el grito de “quilla al aire”, lanzado, en medio de una tempestad seria, por un petrolero con más de sesenta mil toneladas. Así que, al no haber parámetros serios para juzgar lo debido, lo adecuado, siempre pensé que se trataba de un proceso penal con grandes dosis de artificialidad, más que nada en busca de más indemnizaciones, de más dinero, que ya se había derramado a manos llenas por el Estado, en gran parte bajo el rótulo del en su día famoso “PLAN GALICIA”.

Para mí, lo llamativo es que se haya mantenido tanto tiempo un proceso penal artificioso y que se haya tardado tantísimo en llegar a una absolución, haciendo cumplir a unas cuantas personas una “pena de banquillo” muy onerosa. Pero tampoco hay aquí reproche por mi parte al tribunal, porque su sentencia tiene que dedicar más de ¡¡130 páginas!! a la relación de partes acusadoras y sin duda muchas de ellas intervinieron en las sesiones del juicio, que quizás no pudo, por tanto, ser menos prolongado. Y uno, a la vista de tantísimos pretendidos perjudicados pretendidamente no indemnizados, llega a preguntarse si sólo los contribuyentes de a pie e inequívocamente no costeros decidieron no acusar.

Se quería una condena penal para que, sobre ella, hubiese condenas por responsabilidad civil. Y la situación era muy chusca, porque las personas físicas acusadas no hubieran tenido, ni quedándose desnudos en la calle, patrimonio con el que hacer frente a indemnización alguna de mínima importancia. Entonces, ¿sobre quién se habría hecho recaer la llamada (mal llamada, pero llamada) responsabilidad civil dimanante del delito? Sobre el Estado, en caso de condena del entonces Director General de la Marina Mercante (lean, porque vale la pena conocer su opinión, lo que declara en ABC: http://www.abc.es/sociedad/20131114/abci-prestige-entrevista-lopez-sors-201311132311.html). De este modo, el Estado tampoco hubiese recuperado un solo euro de lo que ya gastó en su día (procedente de nuestros bolsillos, de los contribuyentes). Al contrario: la catástrofe del “Prestige” hubiese costado bastante más. El doble, según las pretensiones de buen número de acusadores en el proceso penal. [AÑADIDO, a las 00.05 horas del 19 de noviembre de 2013: el Presidente de la Xunta de Galicia ha insistido hoy en Madrid en que recurrirá la sentencia en casación para recuperar el dinero invertido; algún medio añade que, según este Presidente, "la Abogacía del Estado" será la que recurra. Vean: http://www.elmundo.es/espana/2013/11/18/528a31f268434199318b457e.html. Pues a esta presidencial albarda sobre albarda respondo insistiendo en la necesidad de que el Sr. Núñez Feijoo se asesore: si pretende que el Tribunal Supremo condene a alguien a indemnizar  y recuperar así lo invertido y pagado (es decir, que se condene en cuanto a la responsabilidad civil a alguien que no sea el Estado), recurrir la sentencia en cuanto condena al capitán Mangouras y no le impone indemnizar sería un esfuerzo bastante estulto, porque no parece que Mangouras tenga dinero o patrimonio liquidable con el que recobrar ni la más ínfima parte de lo que el Estado pago (o sea, pagamos todos los contribuyentes. Y parece como si el Presidente de la Xunta ignorase que en cuanto a responsabilidades por permitir navegar a lo que, quizá con bastante razón, llama "chatarra flotante", ya se perdió un pleito ante un tribunal estadounidense. Si ahora propone nuevas demandas civiles, es para que darse atónito: si tan claras están esas demandas que anuncia el Sr. Núñez Feijoo (que, por cierto, no manda en el Estado español ni en la Abogacía del Estado, pequeña minucia), será incomprensible que no se hayan interpuesto antes, porque el proceso penal pendiente en Corcubión y en Coruña no las impedía]

A todas éstas: hoy se sabe muy bien, pero ya se sabía poco más de un año después del comienzo de la lucha contra el chapapote en rocas y arena, que no hay daños ecológicos. Tuve el privilegio -como en años anteriores- de pasar varios días en la isla de Sálvora, mucho menos de un año después (en mayo de 2003: inserto fotos de ese paraíso en aquellas fechas; les gustarán las fotos) del desastre: no sólo no quedaban rastros de chapapote, sino que la parada biológica de pesca y marisqueo había producido una abundancia de peces y mariscos nunca vista.



 
 

Pero siempre hay quien no está dispuesto a que un mínimo conocimiento de las cosas “limite” su “libertad de opinión”. Y hay también quien ni siquiera piensa antes de escribir su columnita diaria o semanal. Lo estamos viendo ahora, como en su día leíamos las propuestas de un corredor marítimo muy ancho y alejado de nuestra costa atlántica y las airadas protestas porque no existiese ese corredor. Estos opinadores no caían en la cuenta de la existencia del Canal de la Mancha o del estrecho de Gibraltar, que son atravesados a diario por centenares de buques. Así contribuyen a la pública opinión. Una pena.

Termino con el simple apunte de dos asociaciones de ideas con motivo de la “sentencia vergonzosa”, que dicen, de la Audiencia Provincial de Coruña. Respecto de la contaminación, tenemos ahora en Madrid una buena contaminación en curso. Y hay unos presuntos huelguistas de las contratas de limpieza que dejaron de ser huelguistas en el mismo momento en que, en vez de no recoger basura, se dedicaron -se siguen dedicando- a esparcirla y a insultar, escupir y amenazar al comerciante o al portero de finca urbana que intenta limpiar “su” trozo de acera. No es que no sean verdaderos huelguistas: es que son malhechoresgente guarra. Pero no hay un enorme clamor contra la impunidad de estos malhechores. Y respecto de la navegación marítima, pienso en el caso del enorme crucero “Costa Concordia” y me da la impresión de que, al menos en España, los muchos muertos -incluso los recientemente descubiertos- no han importado demasiado. Soy muy mal pensado, porque he llegado a pensar que hay demasiadas personas a las que los cadáveres humanos les importan menos que la pobre gaviota atrapada por el chapapote.

sábado, 28 de septiembre de 2013

NO NOS ENGAÑEMOS: NO HAY REBROTE ECONÓMICO, SINO UNA DISCRETA CONTINUIDAD DE LA ORGÍA FINANCIERA


LA CRISIS ECONÓMICA GLOBAL NO SE RESUELVE, TRAS UN GRAN SUSTO, PERSISTIENDO EN LO QUE LA CAUSÓ

EL CÍRCULO INFERNAL DEL ENDEUDAMIENTO


Parece que se respiran aires optimistas en España respecto de nuestra economía. No le cedo a nadie el primer puesto del ranking en el deseo de ser optimista. Y tampoco me gusta, sino que la aborrezco -lo he dicho aquí muchas veces-, esa suerte de perpetua tristeza e incesante dolor por una presunta España irredenta e irredimible, con un supuesto destino inexorable de fracaso total. Los más o menos prosaicos o líricos vates del fatalismo de lo español, además de ignorar o despreciar muchos e importantes logros, muchos e importantes hechos y cualidades, insistiendo siempre en los defectos hispánicos (que muchas veces no son tales, sino casi siempre universales, propios de la condición humana), no aportan nada positivo y hacen un daño tremendo al país y a cada uno de nosotros. La estética de esta fatalidad de lo hispano parece tener un intenso atractivo enfermizo y un buen número de adeptos que, aunque no lo sepan, obran como si un incansable denostar de lo propio les proporcionase tono y categoría intelectuales. A mí no me gustan ese tono y esa categoría y su correspondiente intelectualidad. Estos aguafiestas no suelen pasar hambre ni padecer necesidades vitales insatisfechas. Tienen recursos para dedicarse casi full time a su inútil y descorazonadora denuncia de nuestros males presuntamente incurables. Si son eruditos, lo son a la violeta, lo que ya debiera ser una clave para desconfiar enteramente de ellos.

Digo esto para dejar claro que, no sólo no pertenezco a esa intelectualidad agorera, sino que sigo teniendo una gran confianza en la inmensa mayoría de las personas que forman España, en su inteligencia y en su capacidad de esfuerzo y sacrificio. Y sigo afirmando que España posee un enorme y muy valioso capital (v., post en este mismo blog, post del viernes, 23 de septiembre de 2011, titulado ESPAÑA ESTÁ MUY BIEN: UN PAÍS EXCEPCIONALMENTE CAPITALIZADO y subtitulado SOMOS LOS ESPAÑOLES (CASI TODOS) LOS QUE ESTAMOS MAL. Es verdad que, pese a una política (?) con bastantes más sombras que luces, hay novedades positivas en la economía real española: el aumento de las exportaciones o el incremento de los ingresos por turismo, por ejemplo. Ya dije también aquí, hace mucho tiempo, que debía hacerse más énfasis en el turismo, que no se basa sólo (aunque se trate de activos difíciles de batir, seamos conscientes de ello) en el clima y los kilómetros de costas y playas.

Me permito recordar lo que decía en ese post hace más de año y medio:

«Como quiera que haya sido, tenemos trenes super-veloces para ir a de Madrid a Toledo, a Valladolid, a Sevilla y a Barcelona y, enseguida, a más sitios en distintas direcciones. Ya no vamos supervelozmente a Cuenca porque no queremos. Tenemos muchas autopistas y aún más autovías en un estado muy decente. A Toledo, por ejemplo, se puede llegar por tres distintas rutas automovilísticas de doble sentido, además del AVE. Tenemos buenos aeropuertos con notable tráfico y, además, cierto número de aeropuertos ultra modernos de reserva, por si acaso, por si a alguien, particular, institucional o empresarial, se le ocurre, en algún momento, volar a lugares como Ciudad Real o Castellón (…) Tenemos parques eólicos y huertos solares como casi nadie. Tenemos el Prado, el Thyssen y el Reina Sofía en Madrid, la segunda ciudad con más árboles de todo el planeta Tierra. Tenemos (perdón, señores soberanistas) la Sagrada Familia y otras joyas en Barcelona. Tenemos mucha historia y mucho arte del que gozar. Tenemos muchas ciudades bien cuidadas. Tenemos una excelente industria hotelera. Tenemos miles de kilómetros de playas. Tenemos un clima fabuloso. Y dos archipiélagos de ensueño. Y, por si fuera poco, somos, si queremos -y queremos, de ordinario-, gente acogedora, con buen humor y -esto es de gran importancia- de los que más veces se duchan al día y a la semana en el llamado mundo civilizado. Por supuesto, también tenemos buenos vinos y notables licores. Y hay cerveza potable.»

Y añadía, medio en broma medio en serio (es decir, bastante en serio):

«Pero es que, además, ha aparecido hace pocos días una buena noticia sobre España que “los mercados” debieran considerar definitiva, re-definitiva, para restaurar y tener por consolidada durante varias décadas su confianza en la denominada marca España: somos el país del mundo universo que menos gasta en “comida-basura” (v. http://www.abc.es/20110919/sociedad/abci-estudio-comida-rapida-201109191344.html). Los estadounidenses llaman a la “comida basura” “fast food”, con absoluto error, como tantos otros propios del american exceptionalism, que les sirve de constante excusa para su aislacionismo (digamos eso así, piadosamente, para señalar que millones de estadounidenses no han mirado nunca un mapamundi y muchos de sus dirigentes sólo ven el mundo desde sus satélites). “Fast food” significa, como es sabido, comida rápida y hace siglos que nosotros inventamos los bocadillos o “bocatas”, los “montaditos”, las “tapas” y los “pinchos” y comemos rápidamente, cuando queremos, pero sin embasurarnos por dentro.”»

«Si tenemos lo que tenemos y somos como somos (con grandes virtudes especiales junto a grandes defectos generales) y, además, comemos como nadie, la persistencia de la desconfianza en España sólo podría ser fruto de una manía atrabiliaria y de un sectarismo irracional. Y, como casi todo el mundo sabe, “los mercados” calculan fríamente con elementos reales, sin dejarse llevar de simpatías o antipatías. Así que tienen que caer en la cuenta, más pronto que tarde, de que aquí en España hay mucho capital -un capital excepcional- y gente muy valiosa.  La “fuerza de trabajo” española ya se lució en Alemania en la segunda mitad del siglo XX, la del “milagro alemán”.»

Algunas cosas más, completamente en serio, podría añadir en favor de España y de muchos españoles. Pero me parece innecesario para mi propósito de hoy. Lo que aquí quiero transmitir –sin la menor pretensión de originalidad: hay otros muchos que lo han dicho y lo dicen- son dos ideas que corresponden con dos realidades. La primera es la confirmación de algo que vi venir y adelanté aquí hace algo más de un año, en un post del domingo, 15 de julio de 2012, titulado EL "CÍRCULO INFERNAL" PARA INTERVENIR Y COMPRAR ESPAÑA (I) y subtitulado “NO HABÍA MÁS REMEDIO”, PERO EL REMEDIO NO REMEDIA (actualizado a 17 de julio de 2012), a saber: que “los mercados”, que sabían y saben lo que se hacen, han visto claro que ya no es la hora de estrangular más a España y a los españoles, sino la hora de comprar.  Conforme a lo explicado en julio de 2012:

«Lo que están haciendo es imponer condiciones de asfixia, para situarse a los mandos de este país y comprar (o permitir a otros comprar) a precio de ganga los muy buenos activos de una España previamente arruinada, pero con mano de obra cualificada, que se avendrá a trabajar por remuneraciones nada parecidas a las de la zona norte y centro de Europa y ni siquiera a las habituales aquí hasta hace poco, sino similares a las de los países del Este europeo o a los de la cuenca desregulada del sudeste asiático

En julio de 2012, escribía esa frase y otras complementarias en nuestra defensa y para alertar a quienes fuese necesario.  Tengo la impresión de que sirvió de poco, aunque quizá no hayamos sido tan asfixiados (máximamente asfixiados) como era de temer y no me duelen prendas por repetir que fue un histórico acierto de Rajoy resistir la brutal doble presión (de fuera y, aún peor, de dentro) para que España misma pidiera el rescate (que nos hubiese aniquilado). Pero, con todo, grandes porciones de España están ahora vendiéndose a buen precio. El tan repetido y celebrado “¡Viva España!” de Morgan Stanley –acertado o erróneo- fue un indicador público de las ventas a buen precio. Que “los mercados” hayan aflojado la presión de un modo llamativo -con la prima de riesgo ya mejor que la de Italia (!)- es, sin duda, mucho mejor que su contrario. Y lo mismo vale  para los pequeños frenos en el aumento del desempleo. Que unos cuantos personajes internacionales afirmen públicamente una mejoría de la situación económica de España es también mucho mejor que andar todos los días en titulares negativos y en informes con las peores predicciones. Pero, con todo eso, los mejores activos de España están en venta. Lean el texto de Carlos Sánchez en elconfidencial.com, de 26 de septiembre de 2013, del que dejo enlace: http://www.elconfidencial.com/economia/2013-09-26/casi-el-40-de-la-industria-espanola-esta-ya-en-manos-de-empresas-extranjeras_32567/. Algunos presuntos neoliberales no le conceden ninguna importancia a estas compraventas. Disputas ideológicas al margen, que las cosas cambien de nuestras manos a las ajenas tiene una importancia indiscutible mientras subsistan las Naciones y los Estados. Y se diría que esa subsistencia va para muy largo.

Esta realidad de la compra de España no configura un horizonte de esplendorosa luminosidad en ningún aspecto. Al revés: el horizonte es tenebroso. Ahora no puedo extenderme en estas afirmaciones. Pero si la compra y venta de España no se frena, el optimismo sería bastante estúpido.

La segunda idea y realidad es que la crisis económica global no sólo subsiste, sino que, mientras vivimos en esta especie de pausa general del pánico, como si hubiese un acuerdo tácito en darnos todos un respiro, abandonando la publicidad de las muy fundadas preocupaciones sobre el futuro global, siguen actuando las mismas fuerzas con los mismos mecanismos responsables de aquella crisis. O, con menos palabras, la crisis económica no hace sino empeorar, en España también, pero sobre todo allí donde debieran apreciarse trabajos para enmendar de raíz el inmenso globo del dinero ficticio y del endeudamiento colosal e inabordable. Ríanse un poco con este video que muestra el imposible pago de la deuda europea, aunque lo que dicen podría aplicarse a la de los EE.UU: http://www.youtube.com/watch?v=I5QwKEwo4Bc (aconsejo a quienes no dominen mucho el inglés activar los subtítulos, pero también pueden leer todo el trepidante diálogo del “concurso” en http://www.ritholtz.com/blog/2010/05/congratulations-youve-only-lost-1m/9)

En el mismo post del 15-17 de julio de 2012 decía:

«Y se ha acabado el gran engaño de Wall Street, inventado y lanzado con el inapreciable apoyo de la City londinense y de esa Gran Bretaña, que, astutamente, se ha mantenido fuera de la eurozona: “Europa nos estropea la economía mundial”. Mentira. Europa no anda bien, pero no es Europa el principal problema para la economía mundial, como ha repetido mendazmente Mr. Obama, flanqueado por los gurús de la ingeniería financiera. El principal problema del gigantesco problema de la megacrisis mundial -así lo ven ya “los mercados”- es la crisis de los EE.UU. Los datos macroeconómicos y los microeconómicos son concluyentes, por muchos enjuagues que se le ocurran a la Reserva Federal, dirigida por Mr. Bernanke. ¿Han visto lo del “twist”, o sea el retorcimiento, el tornado y el disloque de caderas?: las deudas a corto (plazo) las “reestructuro” y las coloco a largo. ¡Es muy bueno eso del twist de la reestructuración! ¡Pero qué listos son!»

Aclaro que cuando hablaba de haberse acabado el gran engaño sólo quería decir que los artistas de la ingeniería financiera y sus jefes ya no engañaban a una minoría de considerable tamaño. Lamentabilísimamente, el gran engaño persiste para la inmensa mayoría, porque ha generado un poder con el que ni siquiera quiere competir -al contrario, ha claudicado vergonzosamente, si alguna vez sus promesas electorales fueron sinceras- alguien tan poderoso como el Presidente de los EE.UU. de América, Mr. Barack Obama.

EL CÍRCULO INFERNAL DEL ENDEUDAMIENTO

De nuevo los EE.UU. se acercan al límite de su deuda y al borde de la suspensión de pagos. Y Mr. Ben Bernanke, a la estela de aquel nefando agente del capitalismo salvaje que fue Mr. Alan Greenspan, continúa lanzando al mundo dinero sin respaldo alguno, ni de oro y plata, ni de solo oro ni de economía real. Lean, al menos en diagonal, el espeluznante análisis de Antonio España, el 25 de septiembre de 2013, casi contemporáneo al antes citado de Carlos Sánchez: http://blogs.elconfidencial.com/economia/monetae-mutatione/2013-09-25/qe-n-la-madre-de-todas-las-burbujas_32103/. Adicionalmente, es de mucho interés también lo que en la misma fecha de este post afirma Daniel Lacalle, en El precipicio fiscal americano… y por qué esta vez es importante (http://blogs.elconfidencial.com/economia/lleno-de-energia/2013-09-28/el-precipicio-fiscal-americano-y-por-que-esta-vez-es-importante_33759/). [ACTUALIZACIÓN: los EE.UU. ya han caído en el precipicio fiscal. Probablemente saldrán de él, pero no pueden seguir, una y otra vez, con meros parches y la misma política financiera y monetaria. El cántaro, de tanto ir a la fuente, acabará por romperse.]

La gravedad de esta persistencia en una política que únicamente interesa a la muy pequeña elite de la riqueza es negada con una pertinacia suicida por los dirigentes políticos, entre los cuales no parece haber ni siquiera uno (hombre o mujer) que se parezca a eso que llamábamos un estadista.

La Gran Burbuja, que empobrece a millones y enriquece a muy pocos, sigue inflándose. Y nadie ha dejado de reconocer que el día en que estalle, la catástrofe no tendrá precedente comparable. Que apenas se hable hoy de este asunto central de la crisis y que ahora se guarde silencio sobre la necesidad de regular la economía financiera, de disciplinar la acción de la banca y, sobre todo, de adecuar el dinero a alguna realidad mínimamente mensurable, es para echarse a temblar.

Por cierto: tampoco es buen síntoma, de nuestras tejas para abajo, que España siga endeudándose, aunque Morgan Stanley recomiende con entusiasmo comprar nuestros bonos del Tesoro. Estamos demasiado cerca de que el endeudamiento supere el 100% del PIB.

sábado, 7 de septiembre de 2013

EL MODÉLICO ANTI-MODELO DE LA “CORRECCIÓN USA”


UN NOBEL DE LA PAZ, PALADÍN DE BOMBARDEOS HOMICIDAS

Por si la autolisis del establisment mundial (España incluida) (v. post de 23 de enero y 3 de febrero de 2013 en este mismo blog) no estuviese más que clara, por si se abrigase alguna duda, tenemos un Nobel de la Paz  —distinción archi-sorprendente en su momento — que lidera una acción bélica. Por supuesto, la acción bélica que propugna Barack Obama se justifica, nos dicen, porque se va a dirigir contra un país, Siria, en el que se han usado armas químicas y las ha usado el gobierno. Tienen pruebas sobre estos hechos pretendidamente justificativos de la guerra: los dirigentes USA han dicho que tienen pruebas, sin mostrarlas, porque eso iría contra la seguridad nacional (¡santas palabras: no se digan más!). Y se han sucedido afirmaciones en el mismo sentido de dirigentes franceses y británicos, que tampoco han mostrado nada, porque eso, las cosas concretas, pertenecen a lo que ahora llaman, con uno de los muchos trucos eufemísticos, “inteligencia” (antes, espionaje).

No me voy a entretener en la cuestión de las pruebas con el recordatorio de las armas de destrucción masiva que Irak-Sadam Hussein con toda seguridad poseía, mentira (no error craso de la “inteligencia”) hoy universalmente reconocida. Pasaré a examinar otro aspecto de la nueva iniciativa del gobierno USA: la decisión de limitarse a un bombardeo, sin invasión terrestre: “sólo vamos a lanzar bombas; no vamos a arriesgar la vida de ninguno de nuestros muchachos”, precisan. “Y tampoco bombardearemos mucho tiempo: será una acción limitada”, nos tranquilizan.

Yo no me tranquilizo nada y escribo este post, sin pretensión de originalidad alguna, porque estamos ante unos hechos reales  —los propósitos bélicos de Obama & partners, dentro y fuera de USA — y ante un probable acontecimiento, el bombardeo, que no consienten el silencio.

Supongamos que existen las pruebas del uso de armas químicas y del uso precisamente por el ejército gubernamental sirio. Y además de suponer lo no probado, prescindamos de otros muchos factores. Prescindamos, como Obama & partners prescinden, del Derecho Internacional, que  —ya ha sido expuesto en varios lugares estos días — no legitimaría en absoluto el bombardeo de Siria. Prescindamos, por tanto, de la ONU y de su Consejo de Seguridad. Prescindamos de que los adversarios interiores de Al Assad en esa guerra civil (con 100.000 muertos ya) no son precisamente unos acreditados defensores de los derechos humanos, sino responsables de numerosos asesinatos de civiles sirios. Prescindamos de los riesgos de extensión de la guerra que entraña el que Irán sea firme aliado de Siria. Prescindamos de las reiteradas advertencias de Rusia, con su importante base naval en la costa siria (se diría que Putin y Obama han debido llegar a algún acuerdo secreto, porque, de lo contrario, el riesgo de una nueva guerra mundial sería gravísimo y hasta un botarate teledirigido como Obama lo evitaría, digo yo, quizás con excesiva ingenuidad).

Una vez que hemos prescindido de tantas cosas, viene la pregunta clave: ¿puede Obama o cualquier partidario de los bombardeos a Siria, garantizar que las bombas no matarán cientos o miles de sirios sin responsabilidad alguna en el uso de armas químicas? (cuando, por cierto, Obama & Co. aún no saben los objetivos y no podrán saberlos con mediana certeza). Me parece que la respuesta negativa es la única posible. Con toda seguridad, las bombas de Obama & partners matarán a cientos o miles de sirios inocentes y destruirán sus hogares y centros de trabajo. Para quien aún conserve un resto de razón y un ápice de consideración por la dignidad de las personas, es un resultado abominable que, por unos muertos por algún tipo de gas, mueran cientos o miles de personas mediante bombas (por cierto: muchas de ellas son armas químicas, como lo eran los exfoliantes utilizados en la guerra de Vietnam). Si Al Assad ha cometido un “crimen contra la humanidad”, ¿justifica eso que Obama & partners cometan lo que sería otro “crimen contra la humanidad”?. Claro está que la pregunta es retórica. Y claro está también que, si el uso no de las armas químicas no puede quedar sin respuesta, mantra de casi todos en estos días, los bombardeos sobre Siria distan mucho de ser la única respuesta, como quieren presentarla.

El Papa Francisco ahora, como antes Juan Pablo II respecto de Irak y otros conflictos, lidera una clara oposición a la guerra que Obama & partners propugnan contra Siria. Me parece que, además de los valores indiscutibles en que estos Papas se apoyan, debió y debe ahora ser digno de atenta consideración que siempre han dispuesto de información sobre el terreno sumamente fiable. Que la Historia haya dado toda la razón recientemente a Juan Pablo II resulta hoy un elemento de juicio que no podría desdeñarse por personas razonables, aunque no crean en Dios.

Mas, por si lo anterior sobre Siria fuese una pequeñez, los dirigentes políticos y económicos USA, que, ciertamente, no son ninguna multitud, sino un pequeño grupo de políticos (demócratas y republicanos) y financieros, exhiben un historial reciente tan abrumador como el absoluto y cósmico desmadre del llamado “sistema financiero” y su incontrolable monstruo del dinero ficticio, las hazañas bélicas de Irak y Afganistán (si alguien puede imaginar un propósito más absurdo que instaurar la democracia en Afganistán, que nos lo cuente, por favor), la “Patriot Act” que permite suprimir y suspender derechos elementales, el gulag de Guantánamo y algo más, de suma importancia, aunque no tan noticioso, como es la exportación, a golpe de presión mediática y de dólares, de sus sistemas  —llamémosles así, piadosamente — de educación y de Justicia. El primero sólo funciona en dos docenas de Universidades (de entre miles, públicas y privadas) y el segundo, la Justicia, no funciona en absoluto en lo penal y, en todo lo demás, resulta inaccesible para el ordinary people. Del Derecho (?) penal USA nos quedamos con la dureza de sus castigos a ciertos delincuentes de cuello blanco, pero pasamos por alto innumerables atrocidades sancionadoras (y no hablo sólo la pena de muerte).

Por añadidura, en estos meses pasados hemos tenido abrumadoras pruebas  —pruebas de verdad — de lo que ya sabíamos: un masivo espionaje de los EE.UU. a todo lo que han considerado de interés para su “inteligencia” (NSA, CIA, etc.), un espionaje que no ha respetado ni siquiera a las más altas instituciones de países presuntamente soberanos. Un tal Mr. Snowden, sin duda desleal, ha pasado a ser la bestia negra del establishment, sin que lo que Snowden ha probado haya merecido la mitad siquiera de la publicidad y los comentarios dedicados al empleado de Booz Allen Hamilton, una empresa subcontratista de la NSA (National Security Agency). Para más inri, la NSA contó y supongo que sigue contando con la colaboración de Google, Yahoo, etc., así que todos sabemos ya que, a cambio de importantes prestaciones (como la de albergar este blog y miles similares), cada paso que damos en internet queda registrado en alguna parte que ignoramos y, probablemente, para utilidad de la “inteligencia” USA. Así se explica que en algún paraje de Utah, se estén construyendo nuevas instalaciones de la NSA, que consumirán más energía eléctrica que la misma capital de ese Estado, Salt Lake City.

(Entre paréntesis, el Nobel de la Paz, Barack Obama, prometió cerrar Guantánamo y meter en cintura a los lobbies del Congreso y a Wall Street. Nada de eso ha cumplido. Guantánamo sigue abierto y la simbiosis político-financiera se ha robustecido, mientras el endeudamiento USA les acerca de nuevo a la suspensión de pagos y amenaza al dólar como moneda de referencia y mientras en los EE.UU. la pobreza crece y las desigualdades antes enormes empiezan ahora a resultar abismales. El panorama del Detroit decadente es un símbolo escalofriante del indisimulable fracaso político y social en los USA de los valores humanos más elementales, precisamente los que buscaron garantizar los founding fathers de la gran nación norteamericana)

Todo lo que vemos ahora en los EE.UU. tiene largas y profundas raíces. Por poner sólo dos ejemplos, ya el Presidente Einsenhower, un militar de brillantísima carrera, al despedirse de su cargo en 1961, se refirió con suma preocupación al “complejo militar-industrial” de los EE.UU (http://www.youtube.com/watch?v=T-xEcChFC6I). Y John Kenneth Galbraight diseccionó “El nuevo Estado industrial” en 1967, señalando cómo la “tecnoestructura” creada distorsionaba, con el creciente poder del Estado, las leyes clásicas del mercado. En cuanto a la estructura y funciones del sistema bancario de la Reserva Federal (FED), han sido y son constantemente cuestionadas, pero nadie logra siquiera establecer la más elemental auditoría sobre lo que hace y no hace esa extrañísima institución, entre lo público y lo privado, pero, en todo caso, tan tremendamente opaca como poderosa.

Por si fuera poco, suceden en los EE.UU. acontecimientos de extrema gravedad y trascendencia, que no son satisfactoriamente explicados, por decirlo muy delicadamente. Me limitaré a dos de ellos. El asesinato del Presidente J.F. Kennedy en Dallas, Texas, el 21 de noviembre de 1963, se atribuyó por la oficial Comisión Warren, en 1964, a la acción solitaria de un solo tirador, Lee Harvey Oswald, que disparó desde detrás de la comitiva presidencial. Pero en 1979, un Comité oficial del Congreso de los E.E.U.U. concluyó que probablemente se había producido un cuarto disparo (frontal) por un segundo tirador, con lo que se estaría ante una conspiración, como en 2003 creía un 70% de los estadounidenses según una encuesta de la ABC News (el disparo frontal, por cierto, es perfectamente apreciable por cualquiera que vea el famoso video). En cuanto a los sorprendentes y letales ataques del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono, son numerosos y de suma importancia los interrogantes sin buena respuesta que suscita la versión oficial. Sin apuntarme a ninguna de las teorías conspirativas, veo que las verdades oficiales distan mucho de ser convincentes, tanto en el caso de Kennedy como en el del 11-S, acontecimiento que justificó tantas acciones posteriores. No es de extrañar que en los EE.UU. crezcan, sobre todo mediante internet, infinidad de resistencias al propio establishment USA, en un clima de creciente desconfianza radical en sus gobernantes. Muchos rechazan de plano todas las teorías conspirativas, con el fácil expediente de denominarlas conspiranoicas. Sin duda hay ingredientes paranoicos en muchas de las teorías, pero los hechos inexplicados persisten y las muy probables mentiras y ocultamientos de las verdades oficiales no son más disculpables que las teorías conspirativas o conspiranoicas.

Concluyo. En los EE.U. de América ha habido y todavía hay grandes hombres y mujeres. Se han manifestado y aún se manifiestan cualidades de todo tipo, también morales, con el resultado de acciones admirables y dignas de duradera gratitud. Pero, nacidos de Europa, los EE.UU. albergan hoy, en sus esferas dirigentes, una terrible traición práctica a los valores propios de la civilización europea occidental. No digo que Europa goce ahora de una decente salud axiológica y ética. Al contrario: padece, más bien, una anemia severa de principios, valores y virtudes. Lo que pretendo transmitir en este post es que uno de los más claros síntomas de la actual debilidad decadente de Europa (incluida España), es, precisamente, que, en lugar de inspirarnos en nuestras propias raíces, tomemos o continuemos tomando como modelo en casi todo el anti-modelo USA, su corrección social, política, económica y jurídica.

NO al bombardeo de Siria. Y NO al seguidismo estúpido y suicida del “modelo USA”,  hoy ya, lamentablemente, un anti-modelo.