jueves, 23 de diciembre de 2010

“… A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD”


UNA (OTRA) NAVIDAD A CONTRAPELO, PERO, ¡FELIZ NAVIDAD!


Varios seguidores de este “blog” me han reprochado, afectuosamente, mi tardanza desde la última entrada. Lo siento como el que más. No ha sido por falta de ganas ni, menos aún, por falta de temas. Ha sido por falta de tiempo. Ocurre que, de vez en cuando, a las obligaciones ordinarias se añade alguna extraordinaria, que requiere un esfuerzo muy especial, de modo que sólo queda tiempo para el mínimo descanso que permite seguir trabajando. Eso es lo que me ha sucedido, aunque no puedo hablar del asunto especial. Muchos son los temas interesantes (la entrada en vigor de una terrible vigésimosegunda reforma del “Código Penal de la Democracia” alumbrado en tiempos de Belloch; la derrota de la “ley Sinde”; el innecesario hachazo a los fumadores y a un importante sector económico: ya lo verán en febrero de 2011; etc.), pero no he tenido tiempo de estudiarlos, como me gusta hacerlo antes de escribir.

Y así, entre unas cosas y otras, la inminente Navidad me ha pillado, como a tantos otros, bastante a contrapelo, aunque, como es mi caso, crea firmemente en lo que la Navidad conmemora. Entiendo muy bien, me parece, a quienes, sin una base de esperanza que trascienda los datos y experiencias conocidos y sufridos día tras día, consideran imposible ponerse a tono con el “espíritu de la Navidad” o, sencillamente, encuentran insufrible, ya de entrada, un ambiente pre-navideño, que sienten como una fuerte presión para adoptar actitudes y sentimientos que les parecen por completo postizos. Me siento muy próximo a éstos, aunque también comprendo a las muchas personas que ven la Navidad como un remanso de alegre serenidad que necesitan y al que sus espíritus, sobreponiéndose a base de marcar un paréntesis de lo ordinario, se inclinan espontáneamente: esas personas que quieren estar alegres y sentirse dichosas. Lo quieren porque lo necesitan y tienen razón, porque la verdad es que lo necesitamos todos.

Aquí, en este “blog”, desfilan fenómenos y sucesos, con sus personajes, identificados o no, que no inclinan al optimismo ni a nada remotamente parecido a la euforia. Más bien, desdichadamente, ocurre todo lo contrario. En definitiva, la corrupción -política, jurídica, social-, de todos los tipos y en tantos y tan distintos ambientes, es muy real y muy grave, sin que se atisben “ramas” o “brotes verdes” de regeneración. Y esa corrupción nos ha conducido a una situación económica que no tiene traza alguna de mejorar, sino todo lo contrario, lo que resulta tremendo sin la más mínima exageración.

Con todo, aún vivimos rodeados de buenas personas, “en el buen sentido de la palabra, bueno”. Bastantes disfrutamos de amigos excelentes y de familiares queridos. Dormimos con la conciencia tranquila. No estamos completamente solos. Y, contra lo que muchos días y a muchas horas nos puede parecer, los hombres y las mujeres de buena voluntad superan -superamos- con mucho a los que, sin dar a nadie por perdido ni creernos impecables, pero sin buenismos tontos, llamamos malas personas, mala gente. Si no fuésemos más los de “buena voluntad”, ni siquiera saldríamos diariamente a la calle con la tranquilidad con la que abandonamos el portal de nuestra casa o de nuestro lugar de trabajo. ¿Qué quiénes son (somos) los de “buena voluntad”? Eso sí es sencillo y permítanme decirlo con Ulpiano, en el Digesto (al fin y al cabo este blog es Por Derecho). Buena voluntad es creer que en la vida hay que procurar hacer realidad los “iuris praecepta”: “honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere”: vivir honesta, honradamente, no fastidiar a los demás, dar a cada uno lo suyo, su derecho. Muy probablemente -o, mejor, casi con toda seguridad- no basta con Ulpiano para vivir razonablemente felices, pero la “buena voluntad” está bastante bien definida con esas tres reglas.

He recordado, a saber por qué, este soneto de Miguel Hernández, tan gongorino, pero tan inspirado, sentido y excepcionalmente expresivo como casi todos los de sus primeros libros:

Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.

Si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo
”.

Un amor, una voz. La clave es procurarlos, pretenderlos. Entonces, con paciencia, se logran. No hay malos presagios que eludir y se puede ir sonriendo, pero sin guardar la sonrisa para “entre pena y pena”, porque las hay, y abundantes, y, al fin y al cabo, el mismo Miguel Hernández dijo también: “Yo sé que ver y oir a un triste enfada”. No nos enfademos ni enfademos a los demás. Podemos ir y venir de la alegría constantemente. De la alegría que no necesita espumillón y cava. Aunque tampoco van mal.


A los lectores de este blog, mujeres y hombres de buena voluntad, les deseo paz y felicidad, con mi enorme gratitud por acercarse a estas páginas. Y disfruten escuchando esta excelente versión del maravilloso tema del inconmensurable maestro Ariel Ramírez, La peregrinación, de la Misa CriollaA la huella, la huella:




O esta otra versión, más personal, preciosamente cantada por la excepcional Mercedes Sousa

4 comentarios:

Sinretorno dijo...

Feliz Navidad Maestro y alegría porque lo importante está ganado.

Anónimo dijo...

Feliz Navidad, D. Andrés. Y que en el 2011, su Blog -su voz escrita- siga siendo el norte intelectual -en tantos aspectos- que pretendemos alcanzar muchos. Un abrazo. R. Cabrera.

SAM dijo...

Tienes razón, la Navidad repele y gusta casi a partes iguales. A mí, despojada de compromisos y de hábitos impuestos, me gusta celebrarla.
Esperamos tus comentarios sobre esos u otros temas que anuncias para cuando tengas tiempo!!!
Feliz Navidad!!!
Sara.

Javier Vicens y Hualde dijo...

Feliz Navidad.