domingo, 11 de julio de 2010

LA SENTENCIA SOBRE EL ESTATUT DE CATALUNYA: BALANCE GENERAL Y ACTITUD ACONSEJABLE


DESCALABRO PARA EL NACIONALISMO Y OPORTUNIDADES PARA ABOGADOS Y JUECES
(Actualización a 12 de julio de 2010, al final de este post: Montilla no entiende nada y Zapatero se las arregla para no pronunciar la palabra "España" ante los Campeones del Mundo)


Una vez publicado el texto de la Sentencia del Tribunal Constitucional (TC) español sobre el recurso de 98 Diputados del Partido Popular contra el reformado Estatuto de Autonomía de Cataluña (en adelante, “Estatut”), más cinco extensos votos particulares, me parece estar en condiciones de presentar a los lectores de este “blog” un balance general de esa sentencia. También considero de gran importancia que se adopte ante ella una actitud general acertada. Abordaré la actitud que considero atinada, por varias razones, al final de este “post”, tras el anunciado balance general.

No era difícil, hace unos días, a la vista de la parte dispositiva o “fallo” de la sentencia, más las diversas reacciones inmediatas, inclinarse a pensar que la sentencia, en conjunto, era desfavorable para los propósitos soberanistas y nacionalistas de la mayoría de la clase política catalana (v. “entradas” de 29 y de 30 de junio de 2010). El modo en que son designados los Magistrados del TC, las múltiples presiones y el método, típico del TC, de apurar las posibilidades de salvar al máximo la constitucionalidad, han influido, como era de esperar, en una extensa y farragosa sentencia. Se sabía que en ningún caso resultaría satisfactoria para todos. Empieza por no serlo para cinco de los diez Magistrados, que han presentado votos particulares, cuatro discrepantes y uno concurrente. Para los Magistrados discrepantes, el Estatut adolecería de más normas inconstitucionales y la sentencia presentaría condescendencias con el Estatut que consideran improcedentes en Derecho. El voto concurrente, del abogado Gay, viene a decir lo contrario. Con todo, se confirma plenamente que la sentencia supone un decisivo fracaso del soberanismo catalán. Me refiero, como en todo este "post", al plano jurídico, que era y es muy decisivo para toda España. Ahora no me ocupo del problema político, sino del problema que la constitucionalidad del Estatut suponía para el Estado de Derecho.  

Por supuesto, no he tenido tiempo disponible para leer los centenares de páginas ya publicadas. Sí he podido hacer, aquí y allá, “catas” suficientes para lo que ahora diré. Después, no me voy a dedicar enseguida a la lectura completa, por distintas razones poderosas (uno tiene otras cosas que hacer, más apremiantes e incluso más gratas). Y menos aún me propongo someter a los lectores más fieles de este “blog” a un serial temático sobre el Estatut y la sentencia. Hay temas menos plúmbeos y de mayor interés. Por eso, anuncio que este balance general y sus comentarios son, de momento, cuanto cabe esperar que se diga aquí sobre el Estatut y la sentencia. Me parece preferible que otros análisis, más concretos, aparezcan sólo en la medida en que surjan cuestiones importantes a las que haya que dar respuesta.

Vamos, pues, con el balance general. Estaba claro que unos y otros procurarían ver en una extensa sentencia los aspectos positivos para sus respectivas posturas y, a ser posible, unos y otros gritarían o cantarían victoria. Pero el contenido del Estatut incluía una serie de puntos abiertamente inconstitucionales, de aspecto muy marcadamente soberanista, de sesgo independentista incluso, sobre los que iba a resultar ineludible pronunciarse. La clave para juzgar la sentencia en su conjunto y considerarla positiva para el nacionalismo catalán o para una elemental defensa de las normas constitucionales estaba en lo que el TC resolviese (y cómo) sobre esos puntos. Pues bien: ya han visto Vds. que ni los “fans” más recalcitrantes del Sr. Zapatero, principal y decisivo impulsor de este Estatut, ni las fuerzas políticas nacionalistas, soberanistas e independentistas se han atrevido, tras conocerse el texto, a cantar victoria. De hecho, el "Gobierno de España" guarda silencio riguroso mientras termino este "post", tras la multitudinaria manifestación de Barcelona (Ministro Caamaño: ¿cómo no ha logrado Vd. convencer al President Montilla de que el 98 ó 99 por ciento del Estatut ha sido considerado constitucional?).

Como ya adelanté, la sentencia se ha confirmado contraria a la existencia de una Nación catalana. Ese era, es y será el punto principal. No hay más Nación, en sentido propio, que la Nación española. El texto de la sentencia es suficientemente contundente en este punto crucial para las pretensiones soberanistas de la clase política representada por el Partit des Socialistes de Catalunya, Convergencia i Unió y Esquerra Republicana de Catalunya. Lo que el fallo de la sentencia contiene se ve luego confirmado y remachado en el texto que ahora se conoce.

Decisivo, asimismo, era lo que el TC resolviese sobre un Poder Judicial propio de Catalunya, dado que la Constitución Española (CE) establece, sin lugar a dudas, que si bien las Comunidades Autónomas poseen Ejecutivo y Legislativo propios (con limitaciones, pero propios), carecen por completo, en cambio, de Juzgados y Tribunales propios y de Poder Judicial propio. A la vista del fallo, ya entendí (v. “post” del 4 de julio de 2010) que la sentencia era muy contraria al Estatut en este punto e incluso me pareció entre patética, ridícula y absurda, la tesis del “Gobierno de España”, lanzada antes de conocerse la sentencia completa, según la cual se haría por Ley Orgánica (en concreto, la del Poder Judicial: LOPJ) lo que no se pudiese hacer mediante el Estatut.

El texto completo de la sentencia confirma sin lugar a dudas que no cabe Poder Judicial propio en Catalunya y no por una formalidad sobre el tipo de norma, sino porque la Constitución lo impide directamente. Si el único Poder exclusivo y excluyente del Estado, de España como Nación, se hubiese consentido o disculpado de algún modo en la sentencia, la “indisoluble unidad de la Nación española” en que se fundamenta la Constitución (art. 2), se hubiese visto, no ya comprometida, sino abierta y duramente lesionada. Un segundo punto crucial en el que el soberanismo y el nacionalismo salen inequívocamente derrotados.

Un tercer punto era el de la lengua. Los nacionalismos utilizan la lengua (incluso reinventándola, si hace falta) como instrumento imprescindible de su política. En Cataluña, natural y espontáneamente bilingüe (lo que les ha convenido y les conviene hasta desde el punto de vista económico más prosaico, pero contra lo que han conspirado y conspiran muchos políticos catalanes), se ha estado arrinconando el castellano-español (no quiero reproducir la fuerte discusión constituyente sobre el tenor del art. 3 CE) e imponiendo el catalán, cuando la Constitución dice, con bastante claridad, que “el castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla” y que “las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos.” (la cursiva es mía).

El Tribunal Constitucional (TC) establece que es "inconstitucional y nulo" el artículo 6.2 del Estatut, "en su pretensión de imponer un deber de conocimiento del catalán equivalente en su sentido al que se desprende del deber constitucional de conocimiento del castellano". Afirma asimismo el TC que las Administraciones Públicas catalanas "no pueden tener preferencia" por ninguna de las dos lenguas. Son los particulares quienes tienen el derecho de utilizar tanto el catalán como el castellano en su relación con los poderes públicos "en perfecta igualdad de condiciones". La sentencia admite que "el catalán debe ser lengua vehicular y de aprendizaje en la enseñanza, pero no la única que goce de tal condición, predicable con igual título del castellano en tanto que lengua asimismo oficial de Cataluña.” Por si no estuviese claro, el TC afirma, literalmente, que "desde ahora hemos de dejar sentado en nuestra argumentación que, como principio, el castellano no puede dejar de ser también lengua vehicular y de aprendizaje en la enseñanza". Bilingüismo, pues, con igualdad de catalán y castellano.

En este tercer punto clave, por tanto, la causa del soberanismo pierde indiscutiblemente la batalla del Estatut (digo “la batalla”: otra cosa es la guerra, a la que después me referiré).

A mí, estos tres puntos me parecen, por sí solos, suficientes para concluir que el balance de la sentencia es muy negativo para el soberanismo y positivo para el constitucionalismo. O, con otras palabras, negativo para una Cataluña separada y positivo para la España, Nación única que reconoce y consagra la vigente Constitución de 1978.

Habrá quien diga que lo anterior es poesía o música celestial y que la clave está en la relación bilateral Cataluña-España pretendida en el Estatut y en la materia económica. Sin desdeñar ni menospreciar esos asuntos, más decisivos para nuestro futuro eran y son los tres puntos que he escogido.

De todas formas, es de señalar que, en lo económico, la sentencia tampoco acepta varios planteamientos del Estatut. De hecho, elimina la capacidad legislativa de la Generalitat para establecer tributos locales, porque considera que la creación y regulación de los tributos locales es "una potestad exclusiva y excluyente del Estado que no permite intervención autonómica". En cuanto a la famosa “bilateralidad” o relación bilateral igualitaria entre Cataluña y España, la sentencia afirma que “el Estado siempre ostenta una posición de superioridad respecto de las Comunidades Autónomas”. Se acepta por el TC una cierta bilateralidad en cuanto “manifestación del principio general de cooperación, implícito en nuestra organización territorial del Estado” y con tal de que no sea “excluyente de la multilateralidad”, sin entenderla como una relación entre entes políticos en condición de igualdad, capaces de negociar entre sí en tal condición.

Interesante resulta también que el TC, aunque admita como constitucional la Disposición Adicional Tercera, sobre inversión del Estado en infraestructuras con utilización como índice de la participación de Cataluña en el PIB durante siete años, establece que sólo corresponde al Estado determinar cuáles deben ser los esfuerzos fiscales de Cataluña y de las demás Comunidades autónomas, puesto que es el Estado el único garante de la solidaridad. De este modo, se elimina del texto estatutario el punto en que se condicionaba la aportación catalana a que el resto de comunidades realizaran un esfuerzo fiscal similar. Será, pues, el Estado, quien seguirá determinando el grado de solidaridad de cada autonomía y el nivel de de prestación de los servicios públicos fundamentales.

Dicho todo lo anterior, no piensen que la sentencia me parece excelente, casi perfecta. No es así. Ya adelanté aquí (v. “post” de 29 de junio de 2010) mi rotunda discrepancia con la abundancia de pronunciamientos que salvan la constitucionalidad a base de establecer la interpretación debida de numerosos preceptos del Estatut. Comparto las afirmaciones y argumentos contenidos en varios de los votos particulares discrepantes. Sin embargo, entiendo que el Tribunal Constitucional, enfrentado a un texto que nunca debió ser aprobado, no ha terminado dictando una sentencia deshonrosa para su función, sino una sentencia sustancialmente decente, que merece ser tomada en consideración, a partir de ahora, en todos sus términos.

Ha existido, durante mucho tiempo, el riesgo cierto de que el Tribunal Constitucional pasase por alto o disculpara disposiciones del Estatut abiertamente contrarias a la Constitución. De hecho, tanto el Sr. Zapatero, principal responsable del Estatut descaradamente secesionista y ventajista salido de Barcelona, como el todavía Ministro de Justicia (Francisco Caamaño, que pulió el Estatut en Madrid cara al Parlamento español, el constitucionalista del 98 % de constitucionalidad), flanqueados por Vicepresidentes, Ministros y otros personajes y personajillos diversos, afirmaron una y otra vez que el Estatut era plenamente constitucional e impulsaron centenares de declaraciones en el mismo y contundente sentido. Cada una de esas declaraciones era una presión pública al TC. La existencia de esas presiones es un hecho que ahora, cuando no han surtido el esperado efecto, no puede ser olvidado. Los esfuerzos de algunos Magistrados y su firmeza en medio de vicisitudes muy difíciles, que sólo ellos conocen plenamente, tampoco puedo dejarlas en el olvido. Por lo que valga, que conste mi gratitud, como jurista y como ciudadano.

Es de suma importancia, pienso, que los defectos que se consideren cometidos en la sentencia del TC sobre el Estatut y las consiguientes discrepancias no conduzcan a una descalificación global de esa sentencia, como las que ya se han producido. Primero, porque esa descalificación global no sería justa. Segundo, porque las consecuencias indeseables de la vigencia del Estatut hasta la sentencia y los desafueros que posteriormente quizá se perpetren pueden ser eficazmente combatidos sobre la base de esa sentencia, vía cuestiones de inconstitucionalidad planteadas por Juzgados y Tribunales (a su vez propuestas por las partes de muchos procesos), con recursos contencioso-administrativos contra normas autonómicas no conformes a lo declarado en la sentencia del TC (pienso, por ejemplo, en la guerra de la lengua, que seguirá) e incluso mediante recursos de amparo que fuercen al mismo TC a plantearse la llamada autocuestión de inconstitucionalidad. Jueces serios y abogados concienzudos y estudiosos tendrán oportunidades de defender el Estado de Derecho, a partir de lo que la sentencia dispone y dice.

Algún día desaparecerá el actual “Gobierno de España”. Para los siguientes Gobiernos, esta sentencia del TC debe ser una referencia de obligada actuación. Si se hacen leyes contrarias a lo que la sentencia afirma y dispone, será deber del Gobierno recurrir nuevamente al TC.
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Actualización a 12 de julio de 2010: Vean cómo el President Montilla no ha entendido nada y tampoco ha tenido a nadie capaz de hacérselo entender. Simplemente, reproduzco la noticia:

"El presidente de la Generalitat, José Montilla, ha afirmado este lunes que la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) sobre el Estatut está 'llena de ofensas gratuitas que no tienen efecto jurídico, pero sí el efecto de tocar las narices'. '¿Tienen que reiterar tantas veces la indisoluble unidad de España? ¿Por qué? Hay cosas que ya figuran en el Estatut, pero la sentencia se recrea en ellas'. "

Y ahora viene lo más democrático y lo más respetuoso con el Estado de Derecho:

"Montilla ha negado que la sentencia ponga en riesgo el desarrollo de la Ley de Educación de Catalunya (LEC), ni la aprobación esta semana en el Parlament del proyecto de ley de veguerías y del Área Metropolitana de Barcelona (AMB)."

"Lo ha dicho después de que la sentencia concluyera que es obligado que el catalán y el castellano sean reconocidos por los poderes públicos como 'vehiculares', y negara al Parlament la capacidad para crear 'vegueries' si se alteran los límites provinciales."

"Dado que esta semana el Parlament prevé debatir el proyecto de ley de 'vegueries' y el del del AMB, Montilla ha destacado que la sentencia no debe alterar su aprobación: 'Las leyes deben aprobarse; puede que con algunas observaciones del Consell de Garanties Estatutàries, pero no a la luz de lo que diga la sentencia'."

"A la espera de recibir las conclusiones de un informe jurídico que la Generalitat ha encargado a sus expertos, el presidente de la Generalitat también ha opinado que la sentencia no debe poner en riesgo el despliegue de la LEC, tanto en lo relacionado con la lengua como el proceso de inmersión. Ha recordado que el propio conseller de Educación, Ernest Maragall, ya se pronunció en este sentido." (...)

"El diputado del PSC en el Congreso Daniel Fernández ha apostado este lunes por la unidad de los partidos catalanes tras la manifestación pro Estatut del sábado, pero ha recordado que su partido solo participará en esta unidad si es para defender 'el íntegro desarrollo del Estatut' que se votó en referéndum, y no la independencia de Cataluña."

Lo que dice D. Daniel Fernández está muy bien, pero si lo que afirma el Tribunal Constitucional no le importa al líder del PSC, President Montilla (aquejado de severa hipersensibilidad nasal), porque lo que le  importa es lo que diga, si acaso, el Consell de Garanties Estatutàries (órgano que, por cierto, bien podría haber tocado las narices al Tribunal Constitucional, pero no lo ha hecho) y lo decisivo es "un informe jurídico (...) encargado por la Generalitat a sus expertos" y, sobre todo, lo que ya dijo el conseller Maragall, si lo que afirme el TC no es importante y sólo lo es lo que diga la Generalitat, eso de no querer la independencia de Cataluña es el descaro de la independencia a beneficio de inventario, es decir, la relación bilateral ventajista Cataluña-España en plano de igualdad, a la que ha dicho NO el Tribunal Constitucional. Yo ya planteé en este "blog" que deberíamos pensar en facilitar a estos demócratas titulares de poderes públicos no sometidos al Derecho una buena independencia, con salvaguarda de los derechos de los catalanes que quieran seguir siendo españoles. Un poco visceralmente -porque los juristas, al fin y al cabo, también tenemos vísceras (y narices)- estas declaraciones del President Montilla me reafirman en aquel planteamiento.

Mientras tanto, el Sr. Zapatero, Presidente del "Gobierno de España", claramente atribulado por la sentencia sobre el Estatut y, sobre todo, por la situación que le puede crear el PSC tras la sentencia sobre el Estatut, ha recibido en La Moncloa a la selección española de fútbol, un grupo humano de buenas personas y excelentes profesionales, que merecidamente han ganado el campeonato del mundo, discreta y prudentemente dirigidos por D. Vicente del Bosque. En estos momentos y desde anoche, hay centenares de miles de banderas españolas, quizá más de un millón, en las calles de España, incluida Barcelona (muy justamente contentos por la contribución de los extraordinarios jugadores del Barça) y Bilbao, por ejemplo. Está claro que los españoles, en una manifestación colectiva nunca vista, querían enseñar su bandera sin que les llamaran "fachas". Pues bien (o mejor; pues mal, muy mal): sea porque Zapatero no entiende lo que dice la Constitución Española vigente, sea porque está ante todo preocupado por Montilla y el PSC, el Presidente del "Gobierno de España" se las ha arreglado para no pronunciar la palabra "España" ni para referirse a su bandera (ha hablado de "la bandera que habéis defendido") ni en ningún otro momento de sus palabras. Ha tenido que ser el capitán de la selección, Iker Casillas (desde hace tiempo, a mi modesto entender, el mejor portero del mundo) quien hablase de España en La Moncloa y terminase sus palabras con un ¡Viva España!

No es de extrañar que hace dos días, ya apareciese en nuestra prensa una viñeta con un señor portando este cartel: "EL PULPO FOR PRESIDENT". Claro que sí. La fiesta sigue. Y yo sigo sin entender por qué el Ministro Caamaño, el constitucionalista del 98 ó 99 % de constitucionalidad del Estatut, no está en Barcelona explicándole a Montilla lo que de verdad ha dicho el TC. Zapatero debería tener a Caamaño en Barcelona, "full time", hasta que no convenza a Montilla. Añadido: Un anónimo comunicante me dice que el informe de los expertos de la Generalitat no coincide con lo que he escrito aquí. No me extraña nada la falta de coincidencia, pero me extraña que si ese informe es tan convincente siga el President tan desconsolado y Zapatero tan empeñado en ofrecerle satisfacciones y garantías.

miércoles, 7 de julio de 2010

LA LEY AMPARA A TODOS: TAMBIÉN AL DIABLO


“SÍ, POR MI PROPIA SEGURIDAD, YO OTORGO AL DIABLO EL AMPARO DE LA LEY”


El 9 de noviembre de 1986 publiqué en el periódico “ABC” un artículo titulado EL DIABLO Y LA LEY. Como el tema –la ley y el Derecho como amparo de los derechos y libertades de todos- es de perenne interés, es decir, de interés que nunca decae y que incluso se intensifica en ciertos momentos, me parece oportuno reproducir sin más aquel texto. Quedará claro, de este modo, que lo que pienso sobre ese punto capital no es una elaboración ocasional de mi magín, sino algo muy clásico y, como convicción personal, muy añejo. Sin duda, todo lector de este “blog” sabrá proyectar su contenido sobre acontecimientos de estos días. Yo pienso, p. ej., en el desprecio a la legalidad a que me referí a propósito de una propuesta española de euroorden de protección en mi “post” del domingo 13 de junio de 2010, titulado “Vacas y mujeres: su estatuto jurídico en la Unión Europea” y pienso también en anteriores y posteriores comportamientos de policía y Ministerio Fiscal (en especial, la llamada Fiscalía anticorrupción que se deslegitima y se corrompe, insisto, cuando algunos de sus miembros infringen la ley).

Seguidamente reproduzco el artículo EL DIABLO Y LA LEY tal cual, en negrita, sin comentario. Sólo señalaré que lo que decía –y reafirmo- de la violencia y el asesinato vale, claro está, para los cohechos, la malversación y otros delitos.

He recordado en estos días, tristes días para el Derecho y la libertad, un diálogo que se produce casi en el arranque de la excelente obra teatral de Robert Bolt, “A man for all seasons”, base del guión de la película posterior “Un hombre para la eternidad” [que ganó 6 Oscars, entre ellos el de mejor película, mejor director (Fred Zinnemann), mejor actor principal (Paul Scofield) y mejor guión, al mismo Robert Bolt]. Está Tomás Moro, ya Canciller (y, sin embargo, siempre jurista), con su mujer, Alicia; su hija, Margarita y su vehemente yerno, Roper. Acaba de marcharse de vacío el viscoso Rich, un trepador, que, al no recibir de Moro la prebenda esperada, amenaza con alinearse junto a los enemigos mortales del canciller. Roper y Alicia claman por el arresto inmediato de Rich:

“Roper: Arrestadlo.— Alicia: ¡Sí!— Moro: ¿Por qué?.— Alicia: ¡Porque es peligroso!— Roper: Por calumnia; es un espía.— Alicia: ¡Lo es! ¡Arréstalo!.— Margarita: Padre, ese hombre es malo.— Moro: Eso no es bastante ante la ley.— Roper: ¡Sí lo es para la ley de Dios!.— Moro: Dios entonces puede detenerlo.— Roper: ¡Sofisma sobre sofisma!.— Moro: Al contrario, la sencillez suma: la ley. Yo entiendo de la ley, no de lo que nos parece bueno o malo. Y me atengo a la ley.— Roper: ¿Es que ponéis la ley del hombre sobre la ley de Dios?.— Moro: No, muy por debajo. Pero deja que te llame la atención sobre un hecho: yo no soy Dios. Tú quizá encuentres fácil navegar entre las olas del bien y del mal; yo no puedo, no soy práctico. Pero en el bosque espeso de la ley, ¡qué bien sé hallar mi camino! Dudo que haya quien me pueda seguir dentro de él, gracias a Dios… (Esto lo dice para sí).— Alicia (exasperada, señalando por donde se marchó Rich): Mientras que hablas, se escapó.— Moro: El propio diablo puede escaparse mientras que no quebrante la ley.— Roper: ¿De modo que, según vos, el propio diablo debe gozar del amparo del Derecho?.— Moro: Sí, ¿Qué harías tú? ¿Abrir atajos en la selva de la ley para prender más pronto al diablo?— Roper: Yo podaría a Inglaterra de todas sus leyes con tal de echar mano al diablo.— Moro (interesado y excitado): ¿Ah sí? (Avanza hacia Roper). Y cuando hubieses cortado la última ley, y el diablo se revolviese contra ti, ¿dónde te esconderías de él? (Se aparta). Este país ha plantado un bosque espeso de leyes que lo cubre de costa a costa, leyes humanas, no divinas. Pero si las talas, y tú serías capaz, ¿te imaginas que ibas en resistir en pie los vendavales que entonces lo asolarían? (Tranquilo). Sí, por mi propia seguridad, yo otorga al diablo el amparo de la ley

“No puede ser —oímos decir con frecuencia— que los malos se aprovechen de la ley, no sólo para librarse del castigo, sino incluso para arreciar en sus maldades.” Es verdad lo segundo: eso es el fraude de ley o la ley desacertada, que urge reformar. Pero la primera es una proposición errónea: los “malos” sí pueden acogerse a la ley. Del mismo modo que sólo la defensa de la libertad ajena legitima defender la propia, únicamente el amparo del Derecho para todos es garantía de que el Derecho me proteja a mí. El riesgo de proteger al diablo es mi seguridad de que el diablo no me venza y, antes aún, de que no me califiquen y me persigan como diablo o como “malo”. “Sí —hemos de decir con Moro—, por nuestra propia seguridad, otorgamos al diablo el amparo de la ley.”

Por lo demás, ante la ley, ante el Derecho, no hay, en rigor, ni buenos ni malos ni ángeles ni demonios. ¿No es acaso bueno el guardián y malo el asesino? El guardián, ciertamente, es bueno. El asesino, en verdad, es malo. Podríamos decir que el diablo es la ETA y el GRAPO y cualquier terrorista violento. Y diablo será también el atracador, el violador, el traficante de droga, el torturador y el delincuente de guante blanco. Todos ésos, empero, son diablos-tipo, malos-tipo, no malos ni diablos concretos, con nombres y apellidos; ni malos o diablos en todo y para siempre. En cierto modo, todos somos, o podemos serlo, buenos y malos, según los tiempos y los lugares. ¿Quién se atreverá a juzgar sobre bondad y maldad sub specie aeternitatis?: ningún juez de aquí abajo, ningún gobernante de un terráqueo Gobierno legítimo. Sólo el déspota, el dictador, el tirano.

Aquí abajo, como el Tomás Moro imaginado por Bolt, hay que atenerse a la ley, al Derecho. Y el Derecho —lo insinuábamos antes— no se ocupa del ser bueno o malo, sino del comportarse bien o mal, encomendando al juez los juicios sobre comportamientos. El juez no se guiará por lo que le parece bueno o malo. Ha de ser la ley —el Derecho— la medida objetiva para ese juicio sobre la “maldad” y lo “diabólico” de las conductas, de los comportamientos.

Lo más elemental para no caer en el imperio de la fuerza es que no haya gentes con poder –Ejército, Policía, medios de comunicación, instrumentos económicos coactivos, etcétera- a las que se permita erigirse eficaz e impunemente en definidores –y definidores arbitrarios- de la bondad o maldad de cualquiera (…), acusando, juzgando y sancionando ellos mismos. Lo más elemental de nuestra convivencia reclama que no haya tendenciosas e interesadas descalificaciones de ciertas personas como “malos” o “diablos” y que la calificación de bondad o maldad de las conductas no se produzca sin un severos juicio por hombres imparciales, con justas oportunidades de defensa ante la demanda de condena.”

De cuando en cuando, vemos que se persigue o se castiga a alguien de forma ilegal, que se “justifica” por la “maldad” de esa persona, por la necesaria “eficacia” de la persecución y el castigo y por la pretendida excepcionalidad del caso. La conformidad individual con ese esquema de actuación es mortífera para el buen sentido personal. La conformidad colectiva, letal para una sociedad civil libre. Cuando se consiente una sola vez responder o reprimir al “mal” con “eficacia” antijurídica o ajurídica —contraria o marginal respecto al Derecho—, además de arriesgarse a tomar por “malo” a quien quizá no merece esa calificación, se está justificando la respuesta arbitraria, no regulada por una medida objetiva —la ley, el Derecho— y se realiza un acto propio tremendo: se admite —quiérase o no, se admite— cualquier arbitrariedad posterior de la que uno mismo sea la víctima.

Es ésta una cuestión de principios que no pueden claudicar, de regla sin excepción. O la arbitrariedad —con su alto riesgo de exceso, de irracionalidad, de injusticia material— o el Derecho. Si admitimos, proponemos o fomentamos que se tale el bosque del Derecho para atrapar al diablo, ¿en qué bosque nos refugiaremos cuando él nos persiga? Si se consiente una sola vez que el gobernante desobedezca, cuando debe obedecer, se viene a admitir que el gobernante, en otra ocasión, haga caso omiso de la decisión judicial que uno ha pedido y que constituye su tutela. Si toleramos, siquiera sea con el silencio, que se fulminen juicios de maldad por quien no debe y de un modo indebido y que se proceda contra los fulminados sin levantar mano, todo ello en aras de la “eficacia”, ¿con qué legitimidad podremos oponernos a que un mal día seamos nosotros los caprichosamente tachados de diablos o malvados y perseguidos como tales con esa misma “eficacia”?

“Mientras hablas, se escapó”, dice Alicia, desesperada. Mientras tratamos de “teorías”, dirán muchas Alicias, los criminales matan y siguen matando. Lo que urge, nos dirán, es prevenir e impedir o, al menos, castigar los asesinatos y demás fechorías. Es muy razonable y justa esa urgencia. Mas, precisamente porque lo que urge es algo tan decisivo como delicado, el apremio no debe traducirse en intemperancia despótica o en imprudencia temeraria. Esa urgencia no se atiende de veras prescindiendo o contrariando el Derecho, sino extremando el respeto a la ley y el sometimiento al Derecho. Someternos a la ley, acomodarnos sin excepciones al Derecho –mejorándolo cuando sea necesario- es la mejor garantía frente a la tentación –nuestra o de otros- de tratar con dureza y arbitrariedad al adversario. Es la seguridad de que de no igualarnos por completo con el violento. Porque se trata de no caer en esa igualdad, que sólo la fuerza bruta resuelve. Claro está que, frente al crimen, no tenemos armas iguales. Pero la aparente inferioridad del Derecho es la superioridad de la civilización. Y es también la imprescindible legitimidad para cualquier defensa contundente.

domingo, 4 de julio de 2010

TODO ARREGLADO: DIECISIETE NUEVOS CONSEJOS DE JUSTICIA


EN VEZ DE “ESTATUT”, LEY ORGÁNICA: EL PODER LO PUEDE TODO Y LOS “SÚBDITOS” SOMOS TONTOS


Todo el mundo sabe que hay una crisis muy seria. Casi todos la padecemos. El déficit público es grande; el paro sigue alto (bastante más de cuatro millones); el acceso al crédito continúa muy difícil para autónomos y pymes. Es muy problemático que la Administración del Estado, las Comunidades Autónomas Y los Ayuntamientos vayan a poder pagar sus deudas. Nos avisan por todas partes, después de una presidencia española rotatoria de la UE, que ha pasado sin conjuncion planetaria, con mucha pena y ninguna gloria. ¿Qué hacer, qué se le ocurre al “Gobierno de España”, presidido por el Sr. Zapatero? A falta de algo remotamente semejante a un plan sobre la recuperación económica general, la Fábrica Nacional de Ocurrencias Ocasionales, ubicada en la antigua sede del Instituto de Semillas Selectas (es en serio), dentro del "Complejo de la Moncloa", ha lanzado un producto muy original: lo que necesitamos es que en cada Comunidad Autónoma haya una réplica del Consejo General del Poder Judicial. Diecisiete órganos públicos nuevos: 17 Consejos autonómicos de la Justicia. A cualquiera se le revuelven las tripas ante tamaño disparate.

El coste elevadísimo de nuestro Estado de las Autonomías debería ser una preocupación general. De hecho, hace una semana, casi todos se declaraban preocupados por adelgazar ese “Estado de las Autonomías” y hacerlo más racional y más austero, sin redundancias costosísimas entre Comunidades y con la Administración General del Estado. Es verdad que el “Gobierno de España” se resistía y se resiste numantinamente a eliminar Ministerios, Secretarías de Estado, Subsecretarías, Directores generales y asesores “digitales” perfectamente prescindibles. La justificación estába siendo y continúa siendo tan razonable como la que pone un beodo para no dejar de beber: que sean otros los que empiecen a dejar la bebida. Igual actúa el principal derrochador: en vez de dar ejemplo y fortalecer su legitimación para exigir a los demás, señala a otros derrochadores y dice: “que empiecen ellos”. Que empiecen los otros a ser austeros. Que sean los demás los que den el primer paso para racionalizar sus estructuras y recortar sus gastos. Pero, a pesar de todo esto, el asunto del recorte y la austeridad estaba encima de la mesa. Era la perdiz a la que marear. Ahora ya ni eso.

Porque desde que se publicó el fallo de la aún desconocida Sentencia del Tribunal Constitucional (TC) sobre el “Estatut de Catalunya”, el asunto archi-prioritario en Moncloa, lo único que le preocupa a Zapatero es reforzar el “Estado de las Autonomías”, lo que significa, en lenguaje llano y sincero, tener contentos a los políticos catalanes nacionalistas. Difícil tiene esa enésima cabriola y ya se lo han avisado, pero Zapatero sigue de titiritero, aunque se le vaya agotando el repertorio.

¿Qué el “Consejo de Justicia de Cataluña” ha sido directamente eliminado del “Estatut de Catalunya” por el Tribunal Constitucional? “No importa”, dice el “Gobierno de España”, “lo reintroduciremos con una reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial”. El día 1 de julio de 2010, Zapatero afirmaba su mejor disposición a reforzar el desarrollo del “Estatut”, así, genéricamente. Pero un día después, el 2 de julio de 2010, la cosa se concretaba y podía leerse en EL PAÍS, p. ej., este titular:

“El Gobierno ve posible recuperar por ley el Poder Judicial catalán vetado por el Constitucional”

Reproduzco el texto de la noticia: “Fernández de la Vega dijo, tras el Consejo de Ministros, que veía ‘espacio’ suficiente como para que Cataluña y las comunidades autónomas que lo deseen puedan tener consejos del poder judicial con competencias delegadas por la Ley Orgánica del Poder Judicial y en el marco de la Constitución. Este ha sido uno de los aspectos más importantes del Estatuto de Cataluña, recogido en su artículo 97, que han sido mutilados por el fallo del Tribunal Constitucional. El artículo 97 del Estatuto de Cataluña, que consagraba el Consejo Judicial de Cataluña, así como otros 13 anulados abordaban esta misma cuestión.”

La vicepresidenta primera ha aclarado que la anulación de esa pretensión autonomista catalana por el Constitucional no se debía al fondo de la cuestión sino a la vía elegida. Esto es, que el Consejo Judicial de Cataluña no se podía establecer por la vía del Estatuto sino por la de la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial. De la Vega ha añadido que dicha reforma se produciría en desarrollo de la propia doctrina del Constitucional para avanzar en la configuración del Poder Judicial en el Estado de las autonomías. Fuentes del Gobierno han indicado que la reforma de la ley orgánica, que deberá aprobarse por mayoría absoluta, permitiría dar contenido a los consejos autonómicos de Justicia.

Seguramente muchos lectores de esta noticia se habrán quedado sorprendidos. Pensarán: “lo que es inconstitucional en un Estatuto de Autonomía, ¿no lo sería en una Ley Orgánica? ¿Por qué no? ¿Qué clase de truco es éste?” Como respuesta a estas preguntas, Fernández de la Vega, el rostro más representativo del “Gobierno de España”, afirma que, aunque los ciudadanos comunes no conozcamos la sentencia, ella sí la conoce y sabe que el “Consejo de Justicia de Cataluña” ha sido declarado inconstitucional y nulo simplemente porque se pretendía establecer mediante el “Estatut” y tendría que establecerse en la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ).

Se diría que, de nuevo, el “Gobierno de España” tiene poderes adivinatorios o información privilegiada sobre el contenido de la sentencia del TC. Pero no es eso. Lo que ocurre es que este “Gobierno de España” tergiversa de nuevo las cosas más claras e indiscutibles y prescinde nuevamente de la realidad. La realidad es que no se ha declarado directamente inconstitucional y nula únicamente la existencia del Consejo de Justicia de Cataluña, sino también las cinco primeras y más importantes competencias que se le atribuían, éstas: “a) participar en la designación del presidente o presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, así como en la de los presidentes de Sala y de los presidentes de las audiencias provinciales; b) proponer al CGPJ y expedir los nombramientos y los ceses de los jueces y magistrados incorporados a la carrera judicial temporalmente [...]; c) instruir expedientes y, en general, ejercer las funciones disciplinarias sobre jueces y magistrados en los términos previstos por las leyes; d) participar en la planificación de la inspección de juzgados y tribunales, ordenar, en su caso, su inspección y vigilancia [...]; e) informar sobre los recursos de alzada interpuestos contra los acuerdos de los órganos de gobierno de los tribunales y juzgados de Cataluña [...].

Ha habido más inconstitucionalidad directa relativa a la Justicia, que la Sra. De la Vega, el rostro fiel del “Gobierno de España”, o no conoce (y es una irresponsable e inepta, mera hipótesis) o carece de escrúpulos intelectuales en su actuación política (tesis). Por ejemplo, han sido declarados inconstitucionales y nulos los aptdos. 5 y 6 del art. 95 del “Estatut”, que decían:

5. El Presidente o Presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña es el representante del poder judicial en Cataluña. Es nombrado por el Rey, a propuesta del Consejo General del Poder Judicial y con la participación del Consejo de Justicia de Cataluña en los términos que determine la Ley Orgánica del Poder Judicial. El Presidente o Presidenta de la Generalitat ordena que se publique su nombramiento en el ‘Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya’.”

6. Los Presidentes de Sala del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña son nombrados a propuesta del Consejo General del Poder Judicial y con la participación del Consejo de Justicia de Cataluña en los términos que determine la Ley Orgánica del Poder Judicial. “

Las cinco principales competencias del Consejo de Justicia de Cataluña y estos otros dos “detallitos”, p. ej., no son asuntos que muten en constitucionales porque se pongan en una Ley Orgánica del Poder Judicial en vez de estar en el “Estatut”.

Es verdad que todas las normas básicas de la organización de la Justicia o “Poder Judicial” han de estar contenidas en la LOPJ, según el art. 122.1 de la Constitución (CE). Pero el apartado 2 de ese mismo artículo 122 CE dispone que “el Consejo General del Poder Judicial es el órgano de gobierno del mismo.” No dice la Constitución que el CGPJ sea el órgano “supremo” o “superior”, sino como “el órgano de gobierno”, al que se atribuyen directamente unas funciones sobre los “integrantes del Poder Judicial”, que son “los Jueces y Magistrados” (art. 117.1 CE). Lo que le corresponde constitucionalmente al CGPJ no resulta delegable. De modo que con un único CGPJ (por lo demás hiperdotado de personal y de euros) tenemos de sobra para gobernar el Poder Judicial, eso que han hecho tan problemático, aunque, bien entendido, sería muy sencillo (“nombramientos, ascensos, inspección y régimen disciplinario”, dice el mismo 122.1 CE).

Por otra parte, lo nuclear de la Justicia es competencia exclusiva del Estado. Así lo establece claramente el art. 149.1 CE: “El Estado tiene competencia exclusiva sobre las siguientes materias: (…) 5.ª Administración de Justicia.” Sé perfectamente que desde la desafortunada Sentencia 56/1990, de 29 de marzo, el Tribunal Constitucional distinguió entre “Administración de Justicia” y “administración de la Administración de Justicia”. Según esta distinción, la “Administración de Justicia” vendría a ser -lo diré muy llanamente- el conjunto de estos tres elementos: a) los Jueces y Magistrados (servidores públicos); b) los Juzgados y Tribunales (órganos públicos); c) el ejercicio de la potestad jurisdiccional por los Jueces y Magistrados en los Juzgados y Tribunales; en cambio, “la administración de la Administración de Justicia” comprendería lo relacionado con “los medios personales y materiales que sirven de ayuda o auxilio para el ejercicio de la función jurisdiccional”, por decirlo con palabras del mismo TC.

De esto último, pueden ocuparse y efectivamente se ocupan muchas Comunidades Autónomas (algunas de ellas arrepentidas de haber asumido la gestión y el pago de esos medios). Pero para eso no es necesario disponer de réplicas inconstitucionales del CGPJ, llámense como se llamen: “Consejo de Justicia de Cataluña” o “Concello de Justiza de Breogán" (la “Nazón de Breogán” es el último patético invento de los socialistas gallegos para referirse a Galicia). Nunca esos Consells o Concellos podrán hacer nada que no esté haciendo, en su caso, el Consejero autonómico correspondiente. Lo que se le ocurrió a Caamaño y a Montilla que hiciese el “Consejo de Justicia de Cataluña” se ha declarado por el TC directamente inconstitucional, salvo tres nonadas. Lo demás es mentira, engaño masivo en grado de tentativa y ganas de seguir arruinando a este país con la instalación de nuevos pesebres debidamente provistos de pienso.

¿Cómo es posible que, después de tantas mentiras descubiertas y de tantos disparates al descubierto, se les ocurran, para ir tirando en el poder (lo único que saben) majaderías del estilo de la reviviscencia frankesteniaba del “Consejo de Justicia” catalán”? A mí me parece que es porque, convertidos en déspotas puros, piensan que el poder lo puede todo. Y que todos nosotros, los “súbditos”, somos tontos. Pero no es verdad ni lo uno ni lo otro. Y se paga un gran precio por negar esas verdades. Pronto lo verán.

miércoles, 30 de junio de 2010

“PORCENTAJES DE CONSTITUCIONALIDAD” O EL MINISTRO SIN VERGÜENZA


EL “ESTATUT DE CATALUNYA” NO ES YA PLENAMENTE CONSTITUCIONAL, SINO MAYORMENTE CONSTITUCIONAL.


Supongamos que cualquiera de los lectores se somete a un chequeo médico completo (no lo recomiendo: es una hipótesis o “un suponer”, que decimos en Madrid). Le miran, le escanean, le radiografían, le pinchan de varias formas y en varios lugares, le analizan sangre y otros fluidos, le endoscopean, le cateterean, le bombardean con ondas atómicas: días o semanas de pruebas exhaustivas. Finalmente, tras cobrarle un Congo y entregarle un buen paquete de folios muy bien encarpetados, el médico director del chequeo le proporciona el siguiente resumen verbal: “Tengo la satisfacción de comunicarle que el 98’3 por ciento de su volumen de Vd., estimado usuario, presenta un excelente estado de salud, con elementos patológicos y mórbidos limitados sólo al 1’7 por ciento de su volumen. Enhorabuena, le agradecemos que haya acudido a nosotros y esperamos verle de nuevo a bordo de nuestras modernas instalaciones.”

Digo yo que el chequeado del ejemplo podría hacer dos cosas: irse muy contento con ese veredicto sanitario cuantitativo (centímetros cúbicos propios muy mayoritariamente sanos) o responder al imaginario médico, superando la sensación de tomadura de pelo, más o menos en los siguientes términos: “¿Le importaría a Vd., doctor, explicarme ese 1’7 por cierto patológico o mórbido? Porque, sabe Vd., yo me puedo imaginar que entre las caries, la alopecia y el colon irritable (el de antes, no el que se me está irritando ahora) podría llegar quizás al 1’7 %, pero ¿hay algo más? Y si lo hay, de qué se trata?”

Evidentemente, a quien, sin más, se marchase tan contento con su estupenda salud en el 98’3 por ciento de su masa le podríamos tener por imbécil. Y, en cambio, consideraríamos sensato (además de sumamente paciente, flemático y humorístico: un santo, vamos) al que aguantase el veredicto volumétrico y después interpelase educadamente al facultativo. Porque si el 1’7 por ciento patológico-mórbido de nuestra masa, además de dos pequeños quistes, una ligera alopecia y un menisco averiado, incluye un maligno tumorcillo de cuatro milímetros en el páncreas, no deberían felicitarnos por un porcentaje volumétrico tan alto de salud y no tendríamos motivos de satisfacción, sino de muy seria preocupación.

Pero ahora están de moda los porcentajes para todo. Por ejemplo, para los deportes: rebotes, asistencias, tapones, canastas (en baloncesto); aces, errores propios, dobles faltas, etc. (en tenis); posesión del balón en fútbol. Y así sucesivamente. Ése ha debido ser el motor intelectual que ha impulsado a D. Francisco Caamaño, Ministro de Justicia del “Gobierno de España”, a superar las primeras valoraciones cuantitativas (290-1, contra el PP, dijo Rubalcaba, siempre tan deportista él), a superarse a sí mismo (porque al principio Caamaño también habló de “goleada absoluta a la posición del PP”) y alcanzar una precisión muy superior. A base de porcentajes, el catedrático de Derecho Constitucional ha llegado a una exactitud sobre constitucionalidad realmente notable. Asombrosa.

Porque Caamaño ha dicho que la sentencia sobre el “Estatut” catalán, "viene a constatar que es casi plenamente constitucional en un 98 o 99%". "De un texto con cerca de 39.000 palabras y aprobado por las Cortes, el PP impugnó algo más de 16.000, y el TC dice que no hay más que 350 que merezcan algún reproche".

Antes, hace ya muchos años, la extensión de los textos impresos se medía por “cíceros”. Pero esa medida era propia casi únicamente de las imprentas. A los autores, tratándose de artículos breves, se les (nos) decía “no más de un folio” (o dos o dos y medio). Ahora, como casi todos sabrán, los textos se miden por “caracteres” o “caracteres con espacios”. Los “bytes” o Kb no son demasiado fiables. Pues bien, D. Francisco Caamaño ha debido utilizar la función “contar palabras” después de que sus asesores le pasasen a “word” los textos pertinentes. Y así tenemos un "Estatut" científicamente medido en su constitucionalidad: es entre un 98 y un 99 por ciento constitucional. Dejémoslo en un 1'5 de inconstitucional. O sea, que el “Estatut” goza de buena salud jurídica en el mayor porcentaje de su superficie, se mida en centímetros, caracteres o “bytes”. El 1’5 de inconstitucionalidad no es casi nada:  quantité négligeable, que dicen los franceses. Matemáticamente despreciable.

Un as de las imágenes, este Dr. Caamaño. Pero ocurren tres cosas, que más bien descabalan la última ocurrencia del Dr Caamaño.

1ª) Que D. Francisco Caamaño se ocupó de peinar, lavar y maquillar constitucionalmente el texto de “Estatut” procedente de Catalunya cuando hubo de someterse al escrutinio del Congreso de los Diputados. Así se ha dicho miles de veces, como consta en las hemerotecas sin rectificación alguna.

2º) Que, una vez aprobado el texto ahora enjuiciado por el Tribunal Constitucional, D. Francisco Caamaño declaró públicamente muchas veces (y así consta, también sin rectificación) que el Estatuto de Cataluña era constitucional, sin matizaciones ni reservas o que era “plenamente constitucional” o se ajustaba “plenamente” a la Constitución. Ahora, según Caamaño, el Estatut es “casi plenamente constitucional”, lo que, si bien se mira, es algo similar (perdonen las manidas comparaciones) a declarar a una doncella “casi plenamente virgen” o a una mujer “casi plenamente embarazada”.

3º) Y más importante: la relación del Dr. Caamaño con el 1’5 de inconstitucionalidad que él ha calculado.

A) Al Dr. Caamaño nunca le importó que en el Preámbulo del “Estatut” se definiese a Cataluña como Nación. Es más: defendía esa definición “vigorosamente”. Pues bien, al Tribunal Constitucional sí le ha importado ese punto del Preámbulo, de modo que lo ha llevado al fallo, en los términos reproducidos en el “post” anterior. Es constitucionalmente inaceptable que esa definición tenga valor y eficacia jurídica alguna. Duro palo a la soberanía y, desde luego, a la vehemente tesis de la irrelevancia total sostenida por el Dr. Caamaño.

B) El Dr. Caamaño, pulimentador del “Estatut” en su texto definitivo, dio su visto bueno al Título III, con el rótulo “Del Poder Judicial en Cataluña” (artículos 95-109). Después, pasó a ocupar el Ministerio de Justicia. Ahora, por lo que sabemos, si el fallo, en lo que declara directamente inconstitucional y nulo, es contundente en alguna materia resulta ser respecto del modelo de "Justicia catalana" avalado por Caamaño. Se declaran inconstitucionales y nulos (cito): “el art. 97; los apartados 2, letras a), b), c), d) y e), y 3 del art. 98; los incisos “y con la participación del Consejo de Justicia de Cataluña” de los apartados 5 y 6 del art. 95; el inciso “por el Presidente o Presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que lo preside, y” del apartado 1 del art. 99; el apartado 1 del art. 100; el inciso “o al Consejo de Justicia de Cataluña” del apartado 1 y el apartado 2 del art. 101”, todos ellos relativos a la Justicia.

No me entretendré en calcular el porcentaje de inconstitucionalidad que hay en los artículos 95 a 109, es decir, la inconstitucionalidad que ha chorreado y empapado especialmente a Caamaño, pero ¿podríamos hablar de un 90 por cien de su 1'5 por cien?. Una pieza clave de la Justicia de la nación catalana era el “Consejo de Justicia de Cataluña”. ¿Dónde se definía? En el art. 97 del Estatut, directamente declarado inconstitucional y nulo.

El art. 97 decía (ya no está) así: “El Consejo de Justicia de Cataluña es el órgano de gobierno del poder judicial en Cataluña. Actúa como órgano desconcentrado del Consejo General del Poder Judicial, sin perjuicio de las competencias de este último, de acuerdo con lo previsto en la Ley Orgánica del Poder Judicial.“ Ni la extravagancia retorcida de considerarlo “órgano desconcentrado del Consejo General del Poder Judicial” ni el “sin perjuicio”, han salvado este precepto de la quema total. Nada del purgatorio de los fallos interpretativos: directamente al fuego de la inconstitucionalidad y la nulidad absoluta.

Algún medio ha iniciado una encuesta entre sus lectores sobre la dimisión o no del “President” Montilla. A mí esa encuesta me ha parecido cruel, casi sañuda, porque D. José Montilla Aguilera, natural de Iznájar, Córdoba, es un político puro, sin títulos universitarios. ¿Qué iba a hacer sino seguir sus instintos políticos y los del Sr. Zapatero? Pero Caamaño es Doctor en Derecho e incluso Catedrático de Derecho Constitucional. Objetivamente, si alguien ha quedado especialmente desautorizado por lo que se conoce de la sentencia del TC sobre el Estatuto de Cataluña es el Sr. Caamaño. Si no fuese un animal político que, como hemos visto, manipula lo que sabe de Derecho para trepar políticamente (debería estar en el Bloque Nacionalista Galego, pero ahí no hubiese hecho la carrera que lleva) y carece absolutamente de vergüenza, el Dr. Caamaño habría dimitido. Pero es que estamos ante un peso pesado del zapaterismo más recalcitrante, que es un catedrático, un Ministro y un hombre sin vergüenza. Por algo menor (un error sobre la flagrancia, propulsado por el expresivo "motto" de la "patada en la puerta") dimitió José Luis Corcuera como Ministro del Interior cuando el TC declaró inconstitucional la patada. Dicen que Corcuera era muy bruto. No lo sé. Sí sé, en cambio que Caamaño lo es, y mucho, en el sentido italiano: “è un Ministro veramente brutto”.

martes, 29 de junio de 2010

SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL SOBRE EL “ESTATUT” DE CATALUNYA: A ZAPATERO Y DE LA VEGA LES PARECE ESTUPENDA, PERO EL “PRESIDENT” MONTILLA, CiU Y ERC ESTÁN MUY INDIGNADOS


A LA ESPERA DEL TEXTO COMPLETO, LEAN TONTERÍAS DE NOTICIA Y NOTICIAS DE TONTERÍAS


Se ha aprobado finalmente la ponencia de Dña. Maria Emilia Casas, Presidenta del Tribunal Constitucional, sobre el “Estatut de Catalunya”. El TC ha sentenciado. Naturalmente, cuando escribo no se conoce el texto de la sentencia, que seguramente se “filtrará” antes de su notificación oficial, porque son de prever votos particulares, que deben acompañar a la decisión del Tribunal.

Los “flashes” informativos de los “medios” señalaban casi unánimemente que la sentencia avala la mayor parte del “Estatut”. Nunca me he fiado de los “flashes”, que como hemos visto en sobradas ocasiones, pueden ser inexactos e interesados. Siempre he pensado que cuatro o cinco puntos son la clave para leer políticamente como favorable o desfavorable, en su conjunto, esta sentencia, que será muy compleja. En estos momentos, ni siquiera hay información completa sobre esos puntos, pese a la publicación de la parte dispositiva. Y, después de los “flashes”, en cuanto se conoció el “fallo” o parte dispositiva de la sentencia (2 folios y medio), Dña. María Teresa Fdez. de la Vega, rostro fiel del “Gobierno de España”, ha salido a la palestra para afirmar que el PP ha perdido “en toda regla” y como esta mujer resulta tan expresiva, ha derrochado felicidad en sus sonrisas y en sus frases de satisfacción. Pero debe tener algo (bastante algo) menos satisfactorio la sentencia porque CiU la califica de “gravísima” y el líder de Esquerra Republicana de Catalunya, Joan Puigcercós, ha afirmado que "después de la estocada mortal al Estatut, más catalanes creen que la independencia es el único camino razonable para alcanzar la plenitud nacional. Esquerra está y seguirá al servicio de esta causa y de la libertad democrática de Cataluña". El “President” Montilla, se ha considerado “defraudado” y “engañado” y ha llamado a una “movilización masiva”, es de suponer que superior al 70 por ciento de abstenciones en el referéndum aprobatorio del “Estatut”. Y, significativamente, el Molt Honorable President de Catalunya ha advertido al Presidente del "Gobierno de España" de que "habrá que rehacer el pacto que hizo posible el Estatut". Analicen, por favor, esta última exigencia del Montilla.

Total, que, en efecto, los “flashes” iniciables eran inexactos y muy probablemente interesados. De nuevo, más manipulación a cargo de quien ha lanzado la primera información y escasa o nula seriedad en cuantos se han hecho eco. Pasados los “flashes” algunas cosas se van sabiendo con certeza: 1ª) Las reacciones que acabo de consignar, 2ª) El rechazo del TC a un Poder Judicial propio de Cataluña; 3ª) El aptdo. 1º del fallo, que dice así:

“1º Carecen de eficacia jurídica interpretativa las referencias del Preámbulo del Estatuto de Cataluña a ‘Cataluña como nación’ y a ‘la realidad nacional de Cataluña’.”

Por supuesto, nunca se discutió que el Preámbulo carecía de fuerza normativa. Pero se le priva de la que podría tener: la interpretativa. Quiérese decir que no es conforme a la Constitución Española vigente que Cataluña o Catalunya se considere una nación o una realidad nacional.

A la necesidad de conocer el texto se une la prudencia y conviene esperar, quizá bastantes fechas, porque la sentencia será extensa, mucho más que el texto estatutario enjuiciado. Y habrá que leer, una vez ingerido el necesario protector gástrico (no uno cualquiera, uno potente) el "tocho" tremendo y releer el "Estatut". Cuando me haya recuperado (si me recupero) de tanta prosa indigesta y me haya hecho una idea, escribiré algo, pero no mucho. No soy el único español harto de este asunto (el del “Estatut” y el del “soberanismo” catalán, etc.). Desde luego, adelanto ya que me parece tremendo que haya se haya recurrido al expediente de la sentencia interpretativa, para salvar la inconstifucionalidad, respecto de una treintena larga de preceptos. Los fallos interpretativos se han venido considerando indeseables, por numerosos autores y por muchos motivos. Eso de “si lo que dice XX, se lee como si dijese XY, podrá entenderse constitucional", resulta poco serio en una sentencia, incluso de este TC. En la práctica, hace que el que quiera ser constitucionalmente ortodoxo (si queda alguien así entre los aplicadores del “Estatut”) necesite ir por la vida con dos textos: el del "Estatut" y el de la sentencia interpretativa. Como si hubiese dos “Estatut”, vamos.

Y, por ahora, lo del “Estatut” no da para más, salvo que ya sí se pueden darse nuestros próceres políticos la prisa que les parezca, con el tino que acostumbran, especialmente el PP, en renovar el TC.

Pero el mismo día 28 de junio de 2010, antes de que el pleno del Tribunal Constitucional se reuniese por enésima vez para votar la séptima ponencia de sentencia sobre el “Estatut de Catalunya”, varios medios de comunicación en España publicaban noticias que merecen ser subrayadas, no por la importancia de “lo noticiado”, sino cabalmente por lo contrario, por la insignificancia del hecho que ha sido considerado noticioso y, por tanto, publicado. O por convertir en noticia destacada algunas tonterías.

Para empezar, hay varias “noticias” en la prensa española relativas a Dña. Leire Pajín. Pero a mí me llaman la atención dos. Titular de la primera:

“Pajín: ‘Es nuestro Estatut, nos sentimos identificados con él’"

De todos los políticos involucrados en el Estatut (se calcula que más de 200.000), al parecer uno de los más relevantes para declarar sobre el asunto era esta donostiarra que aún no ha cumplido 34 años, licenciada en Sociología, con el impresionante curriculum vitae que pueden consultar en el consabido enlace:

http://es.wikipedia.org/wiki/Leire_Paj%C3%ADn, aunque es mucho más expresivo lo que aparece en la web del PSOE.


¿Cómo puede ser que lo que haya dicho o le hayan dicho a la Sra. Pajín constituya noticia en medios de comunicación serios? Porque Dña. Leire, siendo Secretaria de Organización del PSOE, partido mayoritario en España, puede hacer algunas cosas de interés. Y ha hecho cosas, a mi parecer nada provechosas y bastante perniciosas. Pero, como quiera que de esos doscientos mil (200.000) políticos profesionales que calculo que hay en España (mujeres y hombres), al menos la mitad hacen declaraciones, digo yo que ha de haber motivos muy poderosos para publicitar en estos momentos la autorizada opinión de Dña. Leire. Pero esos motivos son otro misterio de nuestro machacado "Estado de Partidos".

El titular de la segunda noticia protagonizada por la Sra. Pajín (ahora me he acordado de Bobby Deglané, un veteranísimo locutor de la radio, ya fallecido, que preguntaba a las mujeres que llamaban o eran llamadas por teléfono: “¿Señora o señorita?” y, cuando le respondían “señorita”, denominación antaño propia de las solteras, invariablemente afirmaba: “Será por usted quiere”), el titular, digo, es éste:

Zapatero a Pajín: "Leire, cuéntame cómo va a ser mi crisis de Gobierno"

Reconozco que no abundan noticias directas sobre la clase de conversación que puede producirse entre Zapatero y sus allegados, de manera que cabría clasificar este testimonio entre las curiosidades notables. La Sra. Pajín relata: "El otro día, hablando con José Luis, me dijo: 'Leire, cuéntame tú cómo va a ser mi crisis de Gobierno'. Es posible que la crisis le esté rondando por la cabeza, seguro que sí. Pero el único que lo sabe es él". Apuesto a que bastantes de los lectores habrán pensado, como yo, que podría haber bastante ironía y sarcasmo en la frase de “José Luis”. Pero a Dña. Leire no ha debido parecérselo. Asombra que con lo jovencísima que empezó en política aún conserve dosis de candidez.

“Cospedal amenaza a Bono con una querella por 'calumniar' a su marido”

Dice la Sra. Cospenal: "Si sigue insistiendo [Bono] en que una persona de mi familia levanta o dice cosas sobre él que pueden ser constitutivas de delito, tendré que plantear una acción judicial, o tendrá que plantearlo esa persona -su marido-, pues no se dedica a la política y no tiene por qué soportar mentiras, infundios y calumnias". Que el marido de Dña. María Dolores no tiene que soportar la política (incluída la de su mujer) es algo muy discutible. Porque aquí, en España, señora, todos apechugamos como podemos con nuestra dosis de política ajena. Pero a lo que voy es a que, suponiendo que el consorte de esta señora haya tenido que ver con el conocimiento público de datos sobre el patrimonio y los negocios de D. José Bono, Presidente del Congreso de los Diputados, no veo yo en eso ningún delito perseguible de oficio y, por tanto, no se me alcanza cómo podría considerarse calumniado el marido. Verdad es que la Sra. Cospedal, licenciada en Derecho, superó las pruebas de ingreso en el importantísimo Cuerpo de Abogados del Estado. Para eso no se exige en especial mucho Derecho Penal, pero las características esenciales del delito de calumnia prácticamente no se olvidan una vez que se estudian en la Carrera. Es deseable que Dña. María Dolores reflexione antes de calificar jurídicamente su indignación (y, así, de paso, dejaría a su marido expresarse con voz propia, lo que no estaría mal para la igualdad de género).

Dejo casi para el final esta clara “tontería de noticia”:

“España fue el tercer país de la Unión Europea (UE) donde las bebidas alcohólicas se vendieron más baratas en 2009”

¡Estaría bueno que España fuese de los países en que se vendiesen más caras las bebidas alcohólicas!. Lo curioso de la “noticia” es que Rumanía y Bulgaria nos superen en baratura. ¿Con qué alcohol hacen las bebidas alcohólicas en Rumanía y Bulgaria? Mejor no saberlo y, desde luego, si tienen que ir a esos países, les aconsejo llevarse una petaquita con el líquido espirituoso preferido y no probar los productos típicos del lugar, al menos mientras Eurostat no aclare el misterio del alchohol rumano y búlgaro.

¡Ah! Se me olvidaba otra "noticia": una revista de gran altura cultural publica el primer desnudo masculino en su portada (el de un personaje televisivo, claro). En los medios internéticos, ésta es una de las noticias más vistas. What a country, Miquelarena!

sábado, 26 de junio de 2010

LA PERVERSIÓN DE LA CIENCIA: SÍNTOMAS Y VACUNA (y III)


COMO VACUNA CONTRA LA PSEUDOCIENCIA Y LA MANIPULACIÓN, ¿NO VALDRÍA RECUPERAR LA UNIVERSIDAD?


En el “post” que era primera entrega de esta serie, mostraba nuestra paradójica y poco justificable ausencia de certezas en asuntos capitales: estado global de nuestro planeta, fuentes de energía a las que recurrir, causas y remedios de la profunda crisis económica y social. Describía a grandes rasgos los mecanismos de la manipulación interesada, la indefensión de la sociedad ante esa manipulación, la consiguiente falta de control sobre los centros de poder (difíciles de localizar, por cierto) y la resultante dificultad extrema que para muchos presenta adoptar decisiones acertadas y, para todos, juzgar si las que se adoptan son razonables y de posible eficacia para el bien común o, por el contrario, disparatadas y sólo beneficiosas -incluso demasiado beneficiosas- para unos pocos.

En el “post” inmediatamente anterior, les ofrecí un ejemplo de manipulación de los datos científicos indiscutibles. Ahora es el momento de proponer una vacuna contra la mistificación de las Ciencias y la implacable difusión de las manipulaciones.

Vaya por delante que no creo en recetas simples y menos aún en efectos de fulminante o rápida mejoría. Pero, si bien se mira, hay en el mundo una constelación de instituciones que pueden -y deben- operar positivamente sobre nuestra crisis de saberes y de sólidas bases para decidir. Me refiero, ya lo adivinan, a las Universidades. Lo que propongo es que, antes de imaginar inventos, pensemos, como remedio, como posible vacuna, en algo inventado hace siglos.

Muchas denominadas “Universidades” del mundo no nos sirven para lo que interesa. No nos sirven las “Universidades” que no investigan y sólo son centros de enseñanza. Pero, descontadas todas ésas, aún resta un gran número de Universidades que, pese a todos los pesares (en los que incluyo infinidad de cambios no precisamente positivos: p. ej., primar la rentabilidad económica de las actividades sobre la independencia, libertad, calidad y seriedad de la investigación y la docencia), todavía no se han alejado por completo de lo que, a fin de cuentas, ha sido y debe seguir siendo el núcleo de una verdadera Universidad: la búsqueda independiente y desinteresada de la verdad, sin otro requisito que la utilización de métodos científicos.

La idea clásica de la Universidad, sustentada y respetada durante siglos desde muy distintas perspectivas, presente en su ceremonial plurisecular o recientemente inventado, es el servicio a la verdad. Llevo toda mi vida en la Universidad convencido de esta idea. Pero ahora le encuentro más sentido que nunca a mi vieja convicción (personalísima, pero en absoluto original). Porque la independencia o la no sumisión de la Universidad a estos o a aquellos poderes, cobra una importancia capital en este momento. Con esa idea originaria y esencial, la Universidad prestaría hoy a la sociedad el servicio, muy apremiante, históricamente decisivo, de ser una instancia fiable de adquisición y difusión de saberes.

Testimonio de mi vieja convicción, acorde con la idea clásica de la Universidad, son los siguientes párrafos de un artículo publicado en ABC, el 5 de agosto de 1976, bajo el título “UNIVERSIDAD CRÍTICA”:

(...) La cuestión es ésta: ¿cuál es la inspiración fundamental de la Universidad? ¿Cuál es la experiencia sobre la que esta institución vive? (...) Cabe responder sencillamente que la experiencia fundamental de la que vive la Universidad (cuando está viva) es la verdad. La Universidad es aquel lugar donde se dice —o se puede decir y oír— la verdad. La literatura ceremonial universitaria insiste en este punto hasta caer en el tópico, pero se trata de un tópico válido frente a otros de baja ralea (...).

“Esta «centella primitiva» de la Universidad contiene también la solución al problema de su relación con la sociedad. En efecto: al preguntar a qué necesidad subviene la Universidad entre todas las instituciones sociales, la respuesta es: poner al hombre en relación con el todo. Porque verdad se opone, antes que a falsedad, a ocultamiento. La Universidad se ha de proponer, como proyecto expreso y metódico, una cultura, un cultivo del hombre, consistente en que se abra más y más. Ya definía Whitehead al pensamiento humano como el que se ocupa de la cuestión «¿qué hay con el todo?» (...)

“Muchas instituciones de la sociedad actual tienen una inclinación que puede hacerlas converger, mediante mecanismos propiciadores del anonimato, hacia el aplastamiento del hombre en cuanto ser personal. En este contexto, que es tanto el de las sociedades verdaderamente socialistas como el de la que Galbraith llama «sociedad posindustrial» y cuando se aprecia que, por paradoja, todo el «sistema» se ha puesto en manos de la educación, ¿quién no ve la situación privilegiada de la Universidad y quién no advierte que, al propio tiempo, la Universidad corre el peligro de converger con otras instituciones en la línea de la despersonalización? Soslayando ese peligro, la Universidad tiene el privilegiado deber de poner en tela de juicio —esto es, de enjuiciar sin prejuicios— los objetivos del «sistema» social y el sentido de lo que acontece. (...)”

“Suene como suene, poner en tela de juicio al ‘sistema’ constituye el objetivo que la Universidad ha de fijarse. Y eso no es la subversión social al uso (que, por cierto, nada subvierte), sino la iluminación que impulsa la acción libre, a partir del saber y de la decisión de buscar y decir la verdad.”

Ahora, en nuestros días, con tremenda perversión de las Ciencias por intereses parciales (quizá divergentes del interés de todos), por sumisión a poderes económicos y políticos y con problemas enormes ante los que, como he señalado, son demasiadas y demasiado injustificadas nuestras incertidumbres, la sociedad debería poder reencontrar en las Universidades fuentes seguras de conocimientos sólidos y, ni que decir tiene que desinteresados. Las Universidades podrían ser esos lugares, apremiantemente necesarios, donde se busque y se diga la verdad (aunque con falibilidad), donde no se tolere la manipulación y se combata la impostura.

Honradamente, pienso que mi propuesta de “vacuna” frente a la degradación científica y la manipulación no falla en cuanto a la lógica. Lo que las Universidades deben ser (y aún no ha desaparecido del todo en ellas) encaja perfectamente con lo que la sociedad más necesita en este trance histórico. Eso es seguro. Y no escribiría este “post” si mi diagnóstico no incluyese que en 2010 no han logrado todavía, entre unos y otros, la completa desaparición del llamado “espíritu universitario”, del que hablaré después. La dudoso es si aún es posible enderezar la deriva autodestructiva de muchas Universidades. Objetivamente, la rectificación es posible: no habría que lograr cambios que presenten dificultades insalvables y ni siquiera extremadamente difíciles (p. ej., asignar recursos económicos no disponibles). Las dificultades que hacen dudosa la viabilidad de una propuesta lógica y objetivamente posible derivan de la actitud subjetiva de los dirigentes directos e indirectos de las Universidades.

Sé que desde 1976 han ocurrido muchas cosas respecto de las Universidades. Y no todas ni la mayoría buenas. He sido consciente de esos cambios. Voy a mostrarles esa conciencia y también la persistencia de mi convicción, a sabiendas de que es la de muchos universitarios en todo el mundo.

He seleccionado algunos textos. Vean primero los procedentes del artículo titulado “UNIVERSIDAD: ‘ESTRUCTURA’, ESPÍRITU Y LIBERTAD”, publicado en el desaparecido periódico YA, el 1 de marzo de 1988:

“Es cosa notable que la Universidad viva aún, después de tantas leyes y reglamentos universitarios desorientados o insensatos. Y eso se debe a la hondura, a la profundidad de sus raíces. Claro que la vida de la Universidad (…) es hoy no tanto vitalidad o actividad de instituciones, de entidades orgánicas —organizadas, cohesionadas por principios de razón y orden— como vida universitaria, esparcida aquí y allá en pequeños núcleos personales, a modo de rescoldos dispersos de numerosas fogatas ya desaparecidas."

“(...) Se insiste en improvisar ‘profesores’ que proporcionen algunos conocimientos —no importa que sean vulgares y atrasados: se acepta lo que sea— al mayor número de personas. O lo que es igual: se insiste en eliminar la Universidad como lugar en que se busca la verdad, en el que se afrontan con seriedad unas tareas intelectuales arduas, las científicas, para las que, por ley de la naturaleza, no todos son aptos, ni como profesores ni como alumnos, y que, por lo demás, no a todos pueden gustar.”

“(..) Burocratización exacerbada: cada vez más papeles, cada vez más rigidez en los formularios, cada vez menos resultados positivos de los papeles y los formularios y más distancia entre éstos y los resultados. Asambleítis, comisionitis y reunionitis agudas. Mercantilismo feroz. Reproducción cada año más perfecta de la fenomenología de la política menor, de los vicios del parlamentarismo nacional y autonómico, del amiguismo y la picaresca nepotista, del esplendor de los ‘aparatchiks’ y los nomenklaturistas….(...)”

“Y, sin embargo, hay vida universitaria, hay trabajo de calidad: se publican libros espléndidos, manuales de buena calidad, trabajos de investigación de la máxima altura, se dan clases o lecciones genuinamente magistrales, se hacen algunas magníficas tesis doctorales, etc. Hay profesores y alumnos que se pueden codear con cualesquiera homónimos del planeta. Son los frutos de lo que se ha llamado frecuentemente, en contextos de cursilería o retórica trasnochada, pero, a fin de cuenta, con acierto, ‘espíritu universitario’.”

“Huelga decir que ese espíritu, esa auténtica ‘vocación universitaria’, no sobrevuela los recintos académicos como sustancias angélicas o ectoplasmas del espíritu: se encarna en y pertenece a personas concretas, de carne y hueso.”

Más recientemente, ya en este siglo, he vuelto a insistir (“UNIVERSIDAD, SOCIEDAD, EUROPA”, ABC, 5 de noviembre de 2005). Se trataba del “proceso de Bolonia”, ocasión para que el tiránico “lobby” pedagógico sostenga las más absurdas y retardatarias posturas, como verán. Esto es lo que escribí y en lo que insisto:

“Una vez más, se plantea una pugna sobre la cuestión del servicio de las Universidades a la sociedad. La ocasión de esta nueva pugna es la configuración del denominado ‘espacio europeo de educación superior’”.

“(…) Hay quienes, con el pretexto de la convergencia europea, quieren imponer una determinada idea del servicio de la Universidad a la sociedad, previamente reducida al mundo empresarial: la Universidad como una industria educativa auxiliar de ese mundo. Ningún documento de autoridades europeas con legitimidad normativa avala esa idea, pero en la constelación de nuestras Universidades no faltan unos cuantos entes (Direcciones generales, vicerrectorados, gabinetes, agencias, institutos, etc.) empeñados en lograr determinadas y no pequeñas transformaciones.”

“La principal transformación sería la de los profesores. Aunque parezca increíble, el objetivo transformador se resume, sin exageración, en los siguientes términos: los profesores universitarios no deben dedicarse a enseñar lo que saben. Habrían de dedicarse a procurar que los estudiantes adquieran ciertas destrezas, habilidades, aptitudes y actitudes. ¿Por qué esta mutación tan radical? Porque, dicen, personas con destrezas, habilidades, aptitudes y actitudes son lo que demanda el mundo empresarial. Y porque, añaden, el conocimiento es algo muy secundario en nuestros días. ‘Lo cognitivo’, dicen, ‘debe dejar paso a lo psico-sociológico’. Alguna versión concreta de la mutación deseada pretende que los profesores universitarios sean 'compañeros' de los alumnos y sus consejeros ‘psicológicos, sexológicos, ergonómicos y jurídicos”.

“(...) Es verdad que las Universidades no deben vivir de espaldas al mercado. Y es verdad que los profesores universitarios no deben desconocer la importancia de que su trabajo investigador y docente vaya más allá de la transmisión de conocimientos. Pero las exigencias del mercado (tan difíciles de establecer, por lo demás) no pueden ser el norte de la planificación de la formación universitaria básica: la formación básica superior en Matemáticas, Química, Derecho o Filología, p. ej., depende del estado de las correspondientes Ciencias."
(...) “De modo indirecto, la Universidad responde a muchas necesidades humanas, sociales. Pero la necesidad social y humana a la que responde directa y específicamente es la de un serio progreso en el saber y en un saber de totalidad, que incluye la investigación y el cultivo de parcelas aparentemente inútiles"

“Consecuentemente, la Universidad —repito— puede tener “patrocinadores”, pero no “clientes”; puede tener mecenas, pero no señores feudales; puede establecer conciertos y convenios, pero no venderse, alquilarse o condicionarse. Toda verdadera Universidad merece nutrirse con suficiencia de recursos allegados por la generalidad de los ciudadanos. Si los poderes públicos no lo comprenden, no comprenden la sociedad actual y lo ignoran todo sobre la Universidad. La “privatización” no debe invadir los trabajos universitarios. Hay muchas cosas que pueden no interesar a las empresas, pero que nos interesan y nos afectan a todos. Y, además, hay cosas que interesan a empresas, pero que conviene a todos que se lleven a cabo también al margen de cualquier interés particular, incluso perfectamente legítimo.”

(...) "En la entraña de esa función está que la Universidad, mediante la adquisición y transmisión de conocimientos científicos, pueda poner en tela de juicio (es decir, enjuiciar sin prejuicios) las percepciones de la realidad, el sentido de lo que acontece y hasta la estructura y los objetivos del “sistema” social. Eso no es ninguna temible subversión social (...): es la crítica libre, a partir del saber científico, lejos de toda virulencia o arrogancia, porque cuando se busca conocer, se conoce ante todo la propia vulnerabilidad al error. A partir de esa crítica libre y constructiva se progresa.”

Sostener, en el mundo actual, que el conocimiento es lo menos importante parece la idea fuerza de un sabotaje colosal para destruir la Humanidad o, si se liga sólo al “Espacio Europeo de Educación Superior”, para darle la puntilla a la vieja Europa, objetivo que quizás a algunos les interese. Pero las Universidades, de iure o de facto, poseen cierta autonomía para orientarse en aspectos claves -planes de estudios, métodos y exigencias de aprendizaje, condiciones y estímulo de la investigación y de la difusión de sus resultados-, desvinculándose de propuestas absurdas e incluso no ligándose fatalmente a las consecuencias y resultados de los anteriores escalones educativos. ¿Serían capaces unos cuantos Rectores de impulsar un cambio sustancial del rumbo de sus Universidades, orientándolas claramente a la seriedad de una investigación sin sujeciones ni dependencias y estableciendo alianzas para un apoyo mutuo en el trabajo así dirigido y para la máxima difusión de certezas y debates rigurosos?

Eso no es imposible, aunque si lo considero improbable de no mediar estímulos externos, que ahora no soy capaz de imaginar. En todo caso, afirmo que, objetivamente, se podría invertir la galopante tendencia a la degradación y a la manipulación de la ciencia. Si no ocurre, no será por falta de mimbres. Será porque no hay quienes quieran hacer cestos. Será que incluso los que presumen de dirigir Facultades, Institutos y Universidades de calidad están, a la hora de la verdad, preocupados principalmente, no por hacer Ciencia, sino por el “marketing”. En el ámbito de lo económico, la preocupación por  el "ranking" (debe haber varias docenas) raya en lo escandaloso. Y también me escandalizan un poco las instituciones universitarias dedicadas a la Economía y presuntamente serias que producen y difunden “papers” sobre clubs de fútbol, mientras un inteligente y laborioso jubilado explica por su cuenta a media España (y a medio mundo)  el origen y desarrollo de la crisis financiera. Decididamente, si siguiésemos por la cuesta abajo, la culpa sería de "dirigentes" sin talento y sin carácter, cortos de miras y egoístas. No querrían aplicar la vacuna, que ya existe.

jueves, 24 de junio de 2010

LA PERVERSIÓN DE LA CIENCIA: SÍNTOMAS Y VACUNA (II)


EL CAMBIO CLIMÁTICO Y EL DESHIELO DEL ÁRTICO: UN ESPLÉNDIDO EJEMPLO DE MANIPULACIÓN

Antes de abordar, en una tercera y última entrega, la posible y deseable vacuna contra la manipulación y la falsificación de la ciencia y las vías de recuperación de la confianza social en los trabajos científicos, voy dedicar este “post”, como anuncié, a un ejemplo de manipulación de datos que no me extrañaría que les hiciese exclamar: “¡increíble!”. Pero, se trata de un ejemplo real. Dos noticias aparecidas en medios de comunicación españoles (prescindo de nombrarlos, para no hacer publicidad en ningún sentido): la primera del 17 de septiembre de 2009 y la segunda, del día anterior, 16 de septiembre de 2009. Se trata del mismo asunto: la extensión del hielo en el Ártico (en relación, desde luego, con el calentamiento global).

Si Vds. introducen en su buscador (Google, p. ej.) los términos “superficie hielo Ártico”, como yo lo he hecho hace un rato, se encontrarán una abrumadora confirmación de la vigencia de esta verdad oficial: mientras la Antártida crece o, al menos, permanece terriblemente inmutable, el Ártico disminuye y camina hacia la desaparición. Por cada 100 entradas de Google sobre el tema, quizá 1 ó 2 presenten divergencias sobre esa verdad oficial. Las 98 ó 99 restantes son absolutamente correctas. Uno piensa que, a estas alturas de la vida humana, debe haber datos, mediciones. Que la superficie de hielo en el Ártico esté disminuyendo (más o menos dramáticamente), se mantenga sustancialmente invariable o vaya en aumento no parece cuestión ideológica, política o de apreciación subjetiva por razones estéticas o por las personales preferencias hacia el estado sólido o líquido del agua.

Las dos noticias deberían decirnos los datos que hay o que no los hay o que, por esta razón y esta otra, los datos disponibles no permiten responder a este sencillo interrogante: ¿está desapareciendo paulatinamente el hielo en el Ártico? Pues bien: las dos noticias coinciden en que hay datos y resulta que las dos noticias (si se pasa, como hay que hacer siempre, de los titulares al texto), transmiten los mismos datos, que seguramente el lector, como yo, considerará suficientes para hacerse una idea fiable acerca de si estamos en camino de que desaparezca el Polo Norte helado que hemos conocido siempre.

Expongo las noticias cronológicamente desordenadas porque aunque las dos incluyen dosis de orientación al lector y de “militancia”, me parece que la que reproduzco en primer lugar manipula más los datos, muy probablemente sin intención: se reproduce un despacho de agencia. Y aquí viene lo bueno: sobre exactamente los mismos datos de superficie helada, los dos medios transmiten mensajes opuestos. Una noticia se ajusta a la tesis “ortodoxa” -climatológicamente correcta- del calentamiento global y la otra, por el contrario, combate abiertamente esa tesis de la corrección. Vean.

El 17 de septiembre de 2009, en un acreditado diario de difusión nacional aparece el titular y el texto siguientes:

“La extensión del hielo marino alcanza su tercer mínimo en 30 años”

“El hielo marino del Ártico parece haber alcanzado su extensión mínima para este año, siendo la tercera más reducida desde que comenzaron las mediciones por satélite en 1979. Aunque esta extensión mínima está por encima de la de los dos últimos años, sigue la tendencia negativa observada en los últimos treinta años al final del verano.”

“Según los datos divulgados por el Centro Nacional para la Nieve y el Hielo (NSIDC, en sus siglas en inglés), la extensión mínima se alcanzó el pasado día 12 de septiembre, con una superficie de 5,10 millones de kilómetros cuadrados. A partir de ese día las señales parecen indicar que el hielo marino ha comenzado su ciclo anual de crecimiento en respuesta al frío del otoño.”

“La extensión para este año es 580.000 kilómetros cuadrados mayor que en 2008 y 970.000 kilómetros cuadrados sobre la superficie helada de 2007, año en que se batieron todas las marcas de deshielo acelerado. Aún así, la superficie alcanzada el pasado 12 de septiembre es 1,61 millones de kilómetros cuadrados inferior a la media entre 1979 y 2000 y 1,28 millones de kilómetros cuadrados menor que la media entre 1979 y 2008.”

“Sin recuperación”

“La explicación para que este año la extensión a final del verano no haya caído a los niveles de los dos años anteriores habría que buscarla en que las temperaturas durante el verano fueron relativamente más frías. Así, por ejemplo, la temperatura en el mar de Chukchi y en el mar de Beaufort fue especialmente fría comparada con la de 2007.”

“No obstante, a pesar de que el deshielo se ha contenido, los científicos no consideran que esto sea una recuperación. A pesar de las condiciones menos favorables para la pérdida de hielo, la extensión mínima de 2009 se sitúa un 24% por debajo de la media de 1979-2000, y un 20% si se tienen en cuenta los últimos treinta años. Además, en el Ártico predomina ahora un hielo joven y fino, que es más vulnerable al deshielo estacional, por lo que se espera que el declive de su extensión a final del verano continúe en los próximos años.”

El día anterior, 16 de septiembre de 2009, un diario digital, notablemente visitado, había publicado los titulares y el texto siguientes:

“El calentamiento global no evita que el hielo Ártico crezca un 24% desde 2007”

“La superficie de hielo polar ártico sigue creciendo a pesar de las predicciones de los alarmistas del cambio climático. El propio Gerd Leipold, director ejecutivo de Greenpeace, reconoció en agosto que mintió al predecir que el hielo en el Ártico se habrá derretido en el año 2030.”

Tras el titular y antes de los nombres de las personas responsables de la información, se podía leer el siguiente texto:

“La superficie de hielo polar ártico sigue creciendo a pesar de las predicciones de los alarmistas del cambio climático. El propio Gerd Leipold, director ejecutivo de Greenpeace, reconoció en agosto que mintió al predecir que el hielo en el Ártico se habrá derretido en el año 2030.”

Después de los nombres, aparecía el siguiente texto (con cuadros ininteligibles para los no especialistas, de los que prescindo aquí):

“Los datos reflejan que el supuesto calentamiento global que amenaza la vida en la tierra (según los alarmistas del cambio climático) no logra acabar con la superficie de hielo en el Ártico. “

“Así, según los datos de Nansen Environmental and Remote Sensing Center, el IARC-JAXA Information System y el National Snow and Ice Data Center, recogidos por el blog Desdeelexilio, la capa de hielo polar Ártico ha crecido un 24% desde el año 2007. Desde 2008, la subida ha sido del 12%.”

“Actualmente, la superficie helada en el Ártico alcanza los 5.301.219 kilómetros cuadrados, cuando en 2007 era de 4.267.813 kilómetros cuadrados y en 2008 de 4.731.875%. Estos datos reflejan un crecimiento del 12% interanual de la masa de hielo Ártica.”

“Además, según las estadísticas que nos ofrecen estos grupos de análisis, la masa de hielo polar Ártico se va recuperando. Estos datos reflejan las magnitudes medidas a día 15 de septiembre de cada uno de los años señalados.”

[Cuadro con el siguiente título: “The latest value: 5,301,094 km2 (September 15, 2009)]

“Estos analistas hacen estos cálculos empleando el algoritmo NORSEX. Es decir, la extensión del hielo es la superficie total de todas las cuadrículas polar del hemisferio norte que tienen al menos el 15% de concentración de hielo del mar, utilizando este algoritmo de NORSEX.”

“La zona de hielo es la suma de las áreas de la red celular, multiplicado por la concentración de hielo para todas las células con concentraciones de hielo de al menos el 15%.”

[Nuevo cuadro titulado “ICE AREA, NORSEX SSM/I”]

“En plena temporada de deshielo en el Ártico, la superficie del Polo Norte ha experimentado un aumento del 12% respecto al año pasado. No obstante y pese a que los datos del National Snow and Ice Data Center (NSIDC), reflejan un incremento de la capa de hielo ártico, sus analistas señalan que el deshielo sigue su curso. No obstante, es cierto que la capa de hielo se mantiene aún muy por debajo de la extensión alcanzada en 1979.”

“La trampa radica en cómo efectuar la comparación de tales mediciones, ya que el centro toma como referencia la extensión media de superficie helada entre 1979 y el año 2000. Así, en 2007 la extensión mínima de hielo ártico fue el 42,6% menor que en el período 1979-2000, mientras que en 2008 fue un 33,1% menor, y así sucesivamente. Es decir, continúa creciendo de un año para otro.”

Hasta aquí las dos “noticias”. No sé qué pensarán Vds., pero a mí me parece que el titular de la primera es retorcidamente manipulador. La afirmación de que “la extensión del hielo marino alcanza su tercer mínimo en 30 años” induce a pensar (aunque no sea eso lo que dice) que esa extensión marcó un registro mínimo en el año 2007, otro en el 2008 y otro en el 2009, partiendo de la extensión gélida medida (en el mismo momento de deshielo) en 1979, cuando se iniciaron las mediciones mediante satélite. Pero resulta que la medición de 2009 arroja una extensión de hielo superior a la del 2008, que fue, a su vez, superior a la del 2007. ¿Dónde están los tres "mínimos"? La noticia sólo afirma uno: el del 2007, "en que se batieron todas las marcas". Pero si en 2008 y en 2009 la extensión ártica helada ha aumentado, la del 2007 sería el único "mínimo". Hablar de 3 "mínimos" en el año 2009 son ganas de decir sandeces y enredar.

Cualquier profesor universitario español sabe hoy el peligroso potencial de los algoritmos. ¿Hay que comparar el expediente académico de varios concursantes? Antes atribuíamos 4 puntos a la Matrícula de Honor, 3 al Sobresaliente, 2 al Notable y 1 al Aprobado (las opciones respecto de valoración de “suspenso” o “no presentado” eran diversas). Durante mucho tiempo los resultados de esta cuantificación nos iban bien. Ahora hay que aplicar un algoritmo, para tener en cuenta la nota media de la promoción del concursante, las notas medias de las promociones en otras Universidades, etc. El resultado es que los miembros de las comisiones enjuiciadoras no entienden el algoritmo, aunque sean físicos o biólogos (lo he comprobado, aunque no, lo confieso, con matemáticos). Otro ejemplo: el profesor debe atenerse a un PDA (Plan de Dedicación Académica), todo o en parte medido en ECTS (los créditos "a la boloñesa"): en mi Universidad disponen de un complejo algoritmo, pues no en vano nuestro Vicerrector de Política Académica y Profesorado es un prestigioso matemático.

Otro día les reproduzco ese algoritmo. Pero, volviendo a nuestro asunto, nos encontramos con que el algoritmo NORSEX permite concluir que disminuye la superficie helada del Ártico, pese a que las mediciones de esa superficie, con el mismo método y en la misma época, arrojan los siguientes resultados, que no se discuten:

En el año 2007: 4.267.813 km. cuadrados de superficie ártica helada.

En el año 2008: 4.731.875 km. cuadrados de superficie ártica helada.

En el año 2009: 5.301.219 km. cuadrados de superficie ártica helada.

Con independencia de la militancia anti calentamiento de la segunda noticia, lo que se afirma en ella es cierto, frente a lo que se afirma en el titular de la primera, que es falso y que se revela falso cuando la noticia, con sus datos, se lee entera. Y para los que somos “de letras”, que conocemos “las cuatro reglas” (sumar, restar, multiplicar y dividir) e incluso sabemos calcular porcentajes, con esos datos hay que afirmar que el hielo crece notablemente en el Ártico en los dos últimos años con datos conocidos. Esperemos a las mediciones por satélite del próximo septiembre. Pero si el Ártico iba en camino de desaparecer, llevamos dos años con la tendencia invertida y no sólo ligeramente: los incrementos de superficie helada han sido de 464.062 kilómetros cuadrados en 2008 (extensión próxima a la de España) y de 569.344 kilómetros cuadrados en 2009 (extensión superior a la de España, que es de 506.019 kilómetros cuadrados). En dos años, más de 1.033.406 de kilómetros cuadrados de aumento del hielo en el Ártico (más del doble de la superficie de España). ¡Vaya deshielo! No me pronuncio sobre el calentamiento global, pero sí digo que, con los datos manejados, la primera noticia es un guisote periodístico lamentable para seguir sosteniendo que se deshiela lo que lleva dos años helándose mucho más.

Se cumplen 31 años de mediciones mediante satélites. ¿De qué nos sirve ese extraordinario instrumento si los resultados que arroja pueden ser aderezados por los manipuladores para presentar dos considerables aumentos de extensión del hielo ártico como "tres mínimos históricos" de esa extensión?

lunes, 21 de junio de 2010

LA PERVERSIÓN DE LA CIENCIA: SÍNTOMAS Y VACUNA (I)


NUESTRA "SOCIEDAD AVANZADA" SE ENVENENA POR MANIPULACIÓN

Hoy voy a atreverme mucho. Porque voy tratar de exponer una síntesis de lo más importante que está (nos está) sucediendo. Allá va. 

La crisis ética, junto con las enormes posibilidades modernas de comunicación, están conduciendo a la sociedad humana a su autodestrucción. Tenemos más medios que nunca para conocer la realidad, pero, paralelamente, son también mayores que nunca los medios para manipularla: para negarla, esconderla (total o parcialmente) y falsearla. El trabajo científico está siendo interferido, perturbado, ocultado e incluso suplantado como nunca. La discusión científica ha sido alterada del mismo modo y en la misma medida. Mentira, ocultación y tergiversación sistemáticas envenenan el tratamiento científico de muchos problemas humanos. Intereses de muy diversa naturaleza -entre los que destacan los económicos y los ideológicos y políticos-, defendidos mediante un nutrido complejo de entidades e instituciones, impulsan las tupidas redes de comunicación. Y los productos de los procesos de perversión científica e intelectual alcanzan rápidamente todas las terminales de opinión, deliberación y decisión.

La extraordinaria abundancia de informaciones (verdaderas o falsas, completas o parciales) y de opiniones (estudios, informes, declaraciones) apenas puede ser procesada a fin de resolver certeramente sobre infinidad de asuntos, en los que, además, confluyen con frecuencia bienes e intereses divergentes e incluso diametralmente opuestos. Así, hemos llegado a la situación paradójica de una sociedad científica, técnica y tecnológicamente muy avanzada que camina con suma desorientación y torpeza hacia un futuro que no conoce y que no tiene proyectado, lo que sin duda resulta muy peligroso. Tan peligroso como lo es para un alpinista no saber en qué lugar de la montaña se encuentra y a qué lugar querría llegar.

Consideremos, para comprobar que no hay exageración en lo anterior, estos tres puntos relativos a nuestro mundo:

1º) No hay certezas sobre el planeta que habitamos. Sabemos que en él se está registrando, como siempre, un cambio climático, pero, pese a la fuerza de una doctrina oficial, no existe un mínimo consenso científico ni sobre el cambio mismo ni sobre sus causas.

2º) No hay certezas tampoco acerca de las características de las fuentes de energía que necesitamos. Las llamadas “energías renovables” (solar, eólica, biocarburantes) están sometidas a una discusión muy seria. El uso civil de la energía nuclear (centrales nucleares) es también controvertido en bastantes países, como todo el mundo sabe. Y las fuentes de energía hasta ahora habituales han sido descalificadas por escasas y contaminantes.

3º) No hay certezas económicas, con las visibles consecuencias actuales y las muchas y muy graves incertidumbres sobre nuestro futuro.

La falta de certezas en los dos primeros puntos resulta especialmente llamativa, porque se trata de ámbitos en los que el saber se podría adquirir mediante el cultivo de las ciencias experimentales. En cuanto a la carencia de certezas en lo económico, no parece coherente con la convicción, muy extendida hasta hace poco, de que los mecanismos de la vida económica eran algo cognoscible científicamente e incluso, en parte, también mediante ciencias experimentales.

Antes de avanzar, desarrollemos un poco los tres puntos precedentes (por supuesto, en ese desarrollo acogeremos aquí incertidumbres que consideramos reales, aunque reñidas con la corrección y negadas por ella. Pero precisamente la corrección política, económica, cultural y ecológica es una de las imposiciones sociales causadas por los mecanismos de manipulación masiva descritos inicialmente).

- Nuestro planeta. Se discute si el cambio climático consiste en un calentamiento global. Y aún más discutido es si el cambio obedece principalmente a comportamientos humanos (emisiones de CO2) o a causas naturales, como la actividad solar. Algunas de las teorías sobre las causas del cambio climático enlazan estrechamente esta cuestión con la de las fuentes de energía.

- Fuentes de energía. La opción por las energías “renovables” presenta, según bastantes autores, elementos muy discutibles: en la actualidad y a corto plazo, es innegable que la electricidad producida por “granjas solares” o parques eólicos es mucho más costosa económicamente que la de origen hidráulico, p. ej. La falta de rentabilidad de las “renovables” ha conducido a la subvención y ésta, a su vez, a problemas económicos inmediatos. La producción de las llamadas “placas solares” parece ser contaminante y se afirma que es limitada la duración de dichas placas, de elevado coste de fabricación. Se duda también del espacio que se necesitaría para reemplazar con “energías límpias” o “renovables" (placas solares, molinos, cultivos especiales) el actual recurso a las fuentes energéticas convencionales. En cuanto a la energía atómica, se reconoce su carácter ilimitado y su escaso coste, pero las centrales nucleares se encuentran bajo sospecha por motivos de seguridad y se considera no resuelto (e incluso sin solución) el problema de las residuos nucleares. No sabemos si la inseguridad es baja, media o muy alta. Unos dicen una cosa y otros, la contraria. Al parecer, para esa cuestión, a la que pensamos que cabría responder científicamente, no vale la ciencia. 

- Economía. En los últimos tiempos se cuestiona con más fuerza el carácter genuinamente científico de la Economía. Con otras palabras, aunque se han estudiado seriamente y con resultados sólidos muchos aspectos de la Economía, las llamadas “Ciencias Económicas” parecen muy lejos de contribuir a un saber de totalidad e incluso cabe dudar de que alguna vez lleguen a proporcionar ese saber.

Manifestación innegable de lo que se acaba de decir es que no se sepa cómo salir de la crisis económica, en gran medida porque no se sabe, a ciencia cierta, cómo hemos llegado a ella. Sabemos mucho sobre distintos elementos de la crisis: sobre la burbuja financiera, sobre el gasto público excesivo, sobre la expansión excesiva del crédito y el endeudamiento general, sobre los fallos de los reguladores de mercados, sobre el papel de los bancos centrales, etc. Esos factores son conocidos, lo mismo que otros: los defectos de las grandes auditoras, los errores de las calificadoras, el desbordamiento de las instituciones bursátiles por la especulación. Pero lo que se sabe parece contribuir principalmente a suscitar más y mayores dudas e incertidumbres. Se llega a cuestionar el hasta ahora indiscutido dogma del crecimiento económico incesante. Se intenta averiguar qué contenido tiene hoy el concepto de “dinero”, de forma que cuando utilicemos esa palabra sepamos de qué estamos hablando. El desconcierto y la inseguridad llegan a tal punto que se duda del futuro del euro y del dólar, se alzan voces de retorno al patrón oro, se vaticinan guerras y los juicios sobre las economías “emergentes” (India, China, Brasil) no pueden ser más dispares. Con todo, no sabemos cómo desintoxicar la economía y reavivarla, con objetivos tan simples como sufrir mucho menos paro y menos estrecheces y soportar menos irritantes desigualdades.

Dicho todo lo anterior, parece indiscutible que la falta de certezas en cuanto a la situación de nuestro planeta y su evolución, como la que atañe a las cuestiones energéticas, obedece a una enorme y doble perversión: por una parte, de la comunicación de los resultados de la investigación y, por otra, de la discusión científica en los asuntos enunciados. Si no fuese así, y puesto que, junto a científicos oportunistas vendidos o en alquiler, hay muchos otros que llevan a cabo una rigurosa investigación, deberíamos disponer ya de respuestas sólidas a las cuestiones apuntadas, que, sin embargo, hoy permanecen dudosas en todos sus aspectos. Sin esa tremenda perversión, aunque los resultados de los trabajos científicos bien hechos no fuesen todavía concluyentes, cuando menos sabríamos con mediana precisión lo que ya se conoce con certeza y lo que falta por conocer y por qué. Si esos trabajos arrojasen resultados susceptibles de distintas interpretaciones, conoceríamos los resultados -los datos- y los precisos términos del debate o los debates sobre el cambio climático o sobre diversas cuestiones relativas a las distintas fuentes de energía. Pero lo que presenciamos, en vez de serios debates científicos con previos datos asentados, son informaciones (presuntas informaciones) contradictorias sobre datos, ausencia de foros insobornables de debate científico y disputas entre posiciones que parecen apoyadas primordialmente en intereses económicos, aprioris ideológicos de más o menos entidad y posturas políticas de menor o mayor consistencia (a veces, “tics”, manías, tradiciones).

El resultado es que, sin ningún control social (que incluye el político), los más poderosos en cada momento, lugar y ámbito están decidiendo sobre asuntos que nos conciernen y afectan a todos. La ciudadanía carece de informaciones fiables y de personalidades en quien confiar. Y es bombardeada interesadamente a diario con todos los productos e instrumentos de la manipulación. Pero la situación es crítica -el desconcierto general, del que quizá unos pocos se aprovechen, es máximo- porque la dinámica de la manipulación se ha disparado y la ausencia de criterios de decisión dotados de mediana coherencia acaba pasando factura. La manipulación acaba afectando a los manipuladores. Y la sensación general se resume en un “¿a dónde vamos a parar?” o en un “¿cómo va a acabar esto”?, interrogantes que ahora se formulan con la máxima hondura, porque ya no son preguntas sobre la coyuntura, sobre el corto plazo ni sobre el pequeño espacio vital de cada uno, sino que significan incertidumbre e ignorancia sorprendidas respecto del futuro también en clave global. Cuando se hacen esas preguntas, muchas personas no están pensando sólo en ellos mismos, sino en sus hijos y nietos.  Y, por apegados que estén a su tierra, esos interrogantes los proyectan sobre el planeta entero. No elucubro: podría poner nombres y apellidos a la inquietud planetaria de obreros y campesinos que nunca se podrán plantear invertir, sino sólo ahorrar como lo han hecho siempre la personas prudentes y austeras.

La crítica situación de la sociedad actual sólo se disimula por miopía o comodidad y sólo se niega por el interés de “vender” falsas certezas. Pero la opinión pública está infectada de dudas y mentiras. Aunque no le gustan tantas dudas ni se cree fácilmente tantas mentiras.

Por si todo lo anterior fuese poco, no hay certezas comúnmente aceptadas en aspectos básicos de la cultura. Por poner solamente un ejemplo, la incertidumbre o la confusión están muy extendidas en cuanto al aprendizaje humano, desde el infantil hasta el de la educación superior. Un asunto clave. Si, además de no saber a dónde vamos, no sabemos cómo se aprende, no es que estemos en muy mala situación, sino que, además, estamos en muy malas condiciones.

Hay que recobrarse, recuperarse. El pensamiento crítico no puede decaer: ha de abrirse paso, por cualquier resquicio, combatiendo con opinión informada y libre, con datos claros, con algunas imprescindibles diatribas, todas las manipulaciones, los tópicos interesados, las falsedades y los sofismas. En un próximo “post” les ofreceré un significativo ejemplo concreto de manipulación de datos. Y más adelante, me propongo ocuparme de los antídotos y la vacuna.